Joan García (Barcelona) como cuarto portero. Mosquera (Arsenal) como central. Carlos Soler y Barrenetxea (Real Sociedad) como centrocampistas, Víctor Muñoz (Osasuna) como delantero… Luis de la Fuente ha aprovechado las bajas, que son muchísimas, y ha puesto patas arriba la lista de la selección española, la última antes del Mundial. Entran un montón de caras nuevas que se suben a la pelea por estar en el gran evento del próximo verano, donde España acude como la gran favorita para ganar.
Había mucha expectación (toda la que genera la selección española fuera de los grandes torneos) por conocer la lista que haría el seleccionador teniendo en cuenta esos dos factores: primero, que es la última antes de dar la de los que irán al Mundial, y segundo, que hay no pocos lesionados entre los que, si no lo estuvieran, serían fijos (así, a bote pronto, faltan Fabián, Mikel Merino, Nico Williams, Pubill, que iba a entrar, incluso Pablo Barrios, etc…).
Entre eso y bajas formas (Le Normand) o gente que no tiene ritmo (Carvajal), el técnico riojano ha optado por dar paso a muchos nombres, algunos de ellos llamativos. La reacción de la Real Sociedad en las últimas semanas se sustancia en que a Oyarzabal se le unen Soler y Barrenetxea. La ausencia de Nico da paso a Víctor Muñoz, un relámpago en Osasuna, y en una maniobra muy extraña, el entrenador ha llamado a cuatro porteros para ver en directo a Joan García. Llamar a cuatro guardametas es algo realmente poco habitual.
De la Fuente ha estado estas últimas semanas muy inquieto. Concretamente desde que se cayó la Finalissima, un partido al que le tenía muchas ganas incluso con esas bajas. La incertidumbre sobre contra quién y dónde jugaría los dos últimos amistosos antes de dar la lista del Mundial se resolvió apenas unas horas antes de ponerse hoy delante de los medios.
Así las cosas, la selección se enfrentará el viernes 27 a Serbia en Villarreal y el martes 31 a Egipto en Cornellá.
LISTA DE CONVOCADOS
PORTEROS: Unai Simón, David Raya, Alex Remiro y Joan García.
DEFENSAS: Marcos Llorente, Pedro Porro, Laporte, Cubarís, Huijsen, Mosquera, Cucurella y Grimaldo
CENTROCAMPISTAS: Rodri, Zubimendi, Pedri, Fornals, Carlos Soler, Dani Olmo y Fermín.
DELANTEROS: Yeremi Pino, Alex Baena, Barrenetxea, Víctor Muñoz, Oyarzabal, Ferran Torres, Borja Iglesias y Lamine Yamal.
Tener bula para algo significa, según la Real Academia, «contar con facilidades negadas a los demás para conseguir cosas u obtener dispensas difíciles o imposibles». Nacho Fernández, uno de los pocos seres humanos que tienen seis Copas de Europa, ha tenido bula en la selección para poder tramitar su fichaje, y cerrarlo, en plena concentración de la Eurocopa. No existe nada peyorativo en el término, definitorio de una situación que es extensible a otros muchos jugadores de la selección, que estos días analizan ofertas, opciones y ciudades futuras a donde ir o, incluso, a donde volver. Pero en el caso del ya ex jugador del Real Madrid, las facilidades otorgadas por la Federación, y por el cuerpo técnico, tuvieron confirmación ayer en su boca.
«Me hubiera gustado tener resuelto mi futuro antes de llegar aquí, pero a veces los jugadores estamos expuestos a estas circunstancias», dijo el madrileño. Pero no pudo ser. Según contó él mismo, el Madrid sabe desde hace muchos meses que se marcha, y le ha mantenido, más bula, la puerta abierta por si finalmente no salía la aventura árabe. Así que, cuando llegó a la concentración de España, el pasado 6 de junio, habló con el seleccionador para explicarle que tenía negociaciones abiertas para cerrar su contrato con el Al-Qadsiah, el equipo de Arabia que entrena Míchel. «No te preocupes», fue la respuesta del técnico.
Nacho, que participó en el amistoso contra Irlanda del Norte (día 8) y fue titular ante Croacia en el debut, día 15, cerró el acuerdo el martes, una vez que él mismo y su gente de confianza revisó toda la documentación en un serial interminable de e-mails y whatsapp. Seis días después, el pasado lunes, el mismo día del partido contra Albania, se produjo una circunstancia muy poco habitual.
Traslado
En Düsseldorf, una furgoneta con los cristales tintados, como todas las de la organización, trasladó a Nacho desde el hotel de concentración de España, el Lindner Seestern, hasta otro hotel, el Kö59, donde, como adelantó Marca, estuvo una hora y media firmando su nuevo contrato (más las fotografías y vídeos protocolarios) con los emisarios de su nuevo equipo en uno de los salones. Transcurrido ese tiempo, de vuelta al hotel para comer. Es cierto que Nacho no podía jugar por las molestias musculares que le habían apartado ya contra Italia, y es cierto que no había nada en juego contra Albania, pero en otras circunstancias, o si se hubiese tratado de otro futbolista (Laporte, sin ir más lejos), el ruido hubiese sido ensordecedor.
«Quería tener palabras de agradecimiento para Luis, porque se ha portado estos días bien conmigo, me ha apoyado en todo momento en días que no han sido fáciles con tantas cosas en la cabeza», explicó ayer el central, que dijo estar perfectamente recuperado para discutirle el puesto a los titulares porque, dijo, «no es por echarme flores, pero me considero uno de los mejores. Lo de 'Nacho siempre cumple' estaba bien al principio, pero ahora ya he demostrado que lo hago bien contra los mejores equipos y los mejores delanteros del mundo».
No solamente fue el seleccionador el que se mostró comprensivo con Nacho. También todo el staff y la gente que rodea al equipo, que estos días iban preguntándole por cómo iba la cosa mientras le veían muchas horas metido en su habitación ultimando todos los detalles de un movimiento que, reconoció, «me va a poner la vida patas arriba». Va a dejar su Alcalá natal y vital para vivir en un país extraño y con él irán su mujer, María, y sus cuatro hijos: Alejandra, Nacho, Guillermo y Lola, que tiene apenas cuatro meses. «Pero es lo que necesito», cerraba ayer alguien que reconoció haber tenido dudas durante el año, pero que afirmó estar totalmente seguro de lo que ha hecho.
Luis de la Fuente está cogiendo una costumbre. Cuando llega a una ciudad y abre un entrenamiento, al día siguiente, o ese mismo día, agradece al público su recibimiento. "Quiero mostrar mi agradecimiento a la gente de Valencia. Lo que yo vi ayer, 30.000 personas en un entrenamiento, no recuerdo haberlo visto en ningún sitio", comenzó su rueda de prensa en Mestalla, justo antes del último entrenamiento para enfrentarse a Países Bajos este domingo.
Tal es la tranquilidad en este grupo que lo más jugoso de estos días ha sido la famosa frase de Nico Williams tras el partido de ida. "En Valencia les vamos a pintar la cara". Lo dijo en ese lenguaje juvenil que maneja, y que no tiene ningún sentido peyorativo, pero por si acaso el seleccionador quiso remarcarlo.
"Sabemos todos cómo es Nico. Fue un comentario muy coloquial y no dijo nada que se pueda interpretar como una falta de respeto. No tengamos en cuenta esa expresión", solventó el técnico, que medita algún cambio en el once, aunque dijo que todos (Morata y Le Normand también, aunque no entrenaron el viernes) están disponibles.
Anduvo la cosa enredada en el tema del falso nueve. "Aquí de falso tenemos poco", bromeó De la Fuente. "Nosotros siempre jugamos con delantero. Veremos, porque tenemos muchas opciones ahí. Está Álvaro, está Oyarzabal, Dani Olmo o Ferran también pueden jugar ahí... Incluso Samu", reflexionó el entrenador, que aprovechó para reivindicar a su equipo, a la versión que ofreció el jueves. "Ganamos más duelos que ellos, tuvimos más posesión, tiramos más a portería... Y parece que estuvimos a su merced".
"La suerte que tengo es que hay jugadores tan buenos que puedo hacer dos selecciones", concluyó.
En el minuto 84, la afición italiana celebró un córner como si fuera un gol, y quizá no haya mejor resumen que ese para explicar lo que fue el partido de anoche. Un España-Italia dominado de principio a fin por España, mucho mejor, más vertical, más atrevida, más divertida, más coral, más todo. A lomos de un futbolista brutal como Nico Williams, la selección de Luis de la Fuente bailó con Italia, hizo con ella lo que quiso y certificó, más allá de lo ajustado del marcador, dos cosas: primero, que jugará los octavos de final y, segundo, que en Alemania hay un señor equipo y se llama España. [Narración y estadísticas (1-0)]
Cuando Vincic, un árbitro terrorífico cuyo único mérito debe ser compartir nacionalidad con el presidente de la UEFA, dispuso el descanso, España había hecho 25 ataques, por cinco de su rival; había disparado nueve veces, por una de su rival (de ellas, cuatro a portería, por ninguna del rival); había dado 299 pases, por 177 del rival... ¡Ah! Y había tenido el balón un 61% por el 39% del rival, pero como el debate de la cansina posesión ha sido superado, quede a título meramente informativo. Cuando Vincic, pues, dispuso el descanso, España había hecho suficientes cosas como para ir ganando el partido, pero su rival, Italia, salió indemne del primer tiempo, que era lo mejor que le podía pasar. La selección, mucho mejor en todas las facetas del juego, más dinámica, más peligrosa, más ambiciosa, se dejó en las manos de Donnarumma y en sus propia ceguera la opción de ponerse por delante.
Aprovechando unas molestias de última hora de Nacho, De la Fuente dio carrete a uno de sus fetiches. Laporte es un futbolista con una jerarquía incuestionable al que solamente su decisión de jugar en una Liga de juguete, con todo lo que ello conlleva, permite cuestionar. El central zurdo es uno de los referentes del vestuario y en tanto que eso, que líder, supone un asidero hasta emocional para el equipo a juicio del entrenador. Quitando eso, el resto fueron los mismos que el sábado, no hace ni una semana, tiraron menos, atacaron menos, pero iban ganando 3-0 al descanso.
Sin noticias de Chiesa y Barella
La primera jugada fue un aclarado para dejar a Nico frente a frente con Di Lorenzo. Le encaró y sacó un centro que, de no haber sido Pedri el cabeceador, hubiera sido gol. Pero el menudo mediapunta remató con la destreza con la que hubiera colgado una lámpara. Ninguna de las suertes le resulta familiar, de modo que, con toda la portería para él, se la puso a Donnarumma en el guante. El portero italiano, con todo, sufrió para sacarla por lo cercano del remate. Los italianos, por cierto, también eran los mismos que le ganaron a Italia. Spalletti, un buen técnico, está construyendo desde el verano pasado un equipo bastante apañado, pero no cuenta con la calidad individual de otras épocas. La baja forma de Chiesa y Barella, probablemente sus dos mejores jugadores, tampoco ayuda.
La segunda jugada fue más de lo mismo. Nico contra Di Lorenzo. Vencedor, Nico. En el otro costado, Lamine Yamal estaba más vigilado, primero por Di Marco, el lateral, pero luego por Barella y Pellegrini, atentísimos a esas ayudas. España intentó probarse otra vez su traje nuevo de equipo vertigionoso, y un balón largo de Unai Simón lo bajó Morata para Pedri, y Pedri para Morata y Morata para Nico, que a medio metro de la portería hizo lo más difícil que podía hacer en su remate de cabeza: echarla fuera.
España veía pasar por delante ya muchas opciones, media docena a la media hora tras un eslalon de Lamine, un disparo desde su casa de Fabián que despejó apuradísimo Dunnarumma y un 'huy' de Morata, algo ofuscado. Veía pasar España esas opciones y observaba un partido raro, con Italia relativamente cómoda pese al acoso y con algún susto cuando Scamacca lograba, fue muy pocas veces, dejar de cara para que corrieran los de fuera. Nada serio. De hecho, lo más serio fue la amarilla a Rodri que le impedirá jugar contra Albania el lunes.
Chiesa, ante Cucurella, en el Veltins Arena.AFP
A la vuelta del descanso, Spalleti quitó a Jorginho. El jugador del Arsenal las había pasado canutas con Pedri a su espalda. Entró Cristante, que le dejó un recado a Rodri a modo de saludo y que vio la amarilla. La tuvo Pedri tras otra buenísima jugada de todo el equipo, pero la envió, como Nico en la primera parte, incomprensiblemente fuera.
Prueba de madurez
Llegó el gol, no podía ser de otra manera. Y llegó, tampoco podía ser de otra manera, con Nico otra vez encarando a Di Lorenzo (el lateral del Nápoles va a tener pesadillas con el chico). Su centro no lo atrapó Donnarumma y Calafiori se lo metió en propia puerta. Era una prueba de madurez para el equipo, ya por delante tras haber jugado realmente bien y con un equipo enfrente, Italia, a la que le faltará calidad, pero nunca le sobra coraje (ni algo de suerte). Dio un paso adelante el equipo de Spalletti, no le quedó otra, pero entretanto Pedri no cazó una por muy poco y Nico, quá noche la suya, estrelló un balón en la escuadra.
Agotado Pedri y confuso Yamal, De la Fuente dio entrada a Ferran Torres y Alex Baena, dos que debutaban en el torneo, igual que Ayoze. Dio igual. España no concedió un solo tiro más a Italia. Fueron 20 tiros contra tres. Fueron 57 ataques contra 11. Fue poca posesión (56%). ¿Y? Fue, así como suena, un baile.