Escocia otra vez celebra, revive el Seis Naciones. Caminaba Francia inspirada por el torneo, tres triunfos en tres partidos, presumiendo de su vendaval ofensivo mientras sus rivales tropezaban hasta que este sábado, de repente, se ha estrellado en Edimburgo. No es que fuera imposible -el ADN escocés nunca permite descartar nada- pero la trayectoria de unos y otros daba más posibilidades a un triunfo visitante que podría haber finiquitado el torneo a falta de una jornada. Al quince escocés, por el contrario, la derrota en el primer partido ante Italia le auguraba una edición, otra más, sin grandes opciones. Pero venció a Inglaterra, este sábado también a Francia y llega al partido final incluso con la posibilidad de proclamarse campeona.
Escocia solamente atiende a las jerarquías y sus
pronósticos para desafiarlos. A favor y en contra. Imponiéndose a rivales a priori superiores; perdiendo ante escuadras con menos recursos. Este sábado en Edimburgo sacó partido a su osadía por segunda vez en un mes. Reescribió aquella vieja frase atribuida a Jim Calder, jugador de los 80: “Ganar a Inglaterra es un deber, ganar Francia es un placer”. Porque el XV del Cardo se ha dado un gustazo durante 60 minutos. Con un comienzo en el que, enchufadísima y muy confiada, se ha adelantado en el marcador (7-0). Andaba todavía con el subidón cuando Francia le recordó el orden natural, con dos ensayos consecutivos para el 7-14.
Ambos zarpazos acabaron de encender a Escocia. Llevó el partido a campo contrario y, casi por primera vez en el torneo, obligó a Francia a defender. Asomaron entonces las costuras de la selección visitante. Muy exigida por la delantera escocesa en el combate, su línea superada por los alas Graham y Steyn. El XV del Gallo no necesita mucho balón para liderar el marcador. Pero hoy, durante un buen tramo, se quedó sin él y sin capacidad de respuesta. Dos ensayos consecutivos de Escocia le devolvían el mando (19-14) del encuentro al descanso y elevaban su confianza a las nubes.
Si la primera parte de Escocia había sido buena, el arranque de la segunda quedará para el recuerdo de sus aficionados. Los medios White y Russell al mando de las operaciones; los delanteros, sobresalientes, gobernando en la mina. Se multiplicaban para llegar los primeros al agrupamiento, proteger los balones propios, presionar los ajenos. En ataque, lanzados como arietes al desgaste hasta derribar el muro.
Cuatro ensayos consecutivos ha metido Escocia a Francia para marcar un sonrojante 47-14 en el minuto 63. El naufragio galo se asomaba a los ojos de la estrella Dupont, que por una vez cometía errores incomprensibles para su categoría. La selección acostumbrada a recoger tantos balones sueltos se encontraba fuera de control. Sentenciado el partido, con Escocia por delante en la clasificación del Seis Naciones, Francia sólo podía aspirar a anotar dos ensayos más que le dieran un punto extra.
A toda velocidad, con un contraataque de lado a lado del campo, sumó Francia la tercera marca en el 73 y al fin se reencontró. El partido agonizaba cuando Francia consiguió desconectar a Escocia, que regresó a su habitual intermitencia para emborronar un triunfo que podría haber sido memorable. Al fin a gusto en el campo, reactivado su instinto anotador, el quince galo posó tres marcas en los cinco minutos finales. No sólo consiguió maquillar la derrota (50-40), sino que recuperó la iniciativa de cara a la última jornada.
Ahora Francia depende de sí misma para llevarse el próximo sábado el torneo: si derrota a Inglaterra en París anotando cuatro o más ensayos se proclamará campeona del Seis Naciones 2026. Si no gana o no llega a cuatro ensayos, Escocia, que visita a Irlanda, podría levantar el título si consigue ambos objetivos. E incluso Irlanda tiene opciones si vence a Escocia y Francia pierde con Inglaterra. Ocurra lo que ocurra, este torneo dejará dudas sobre la solvencia del vencedor como posibles rival de las grandes selecciones del sur. Y un año más, si no de excelencia en el juego, podrá presumir del encanto de la emoción.








