De visita en Melbourne para recibir un homenaje, Rafa Nadal paseaba ayer por la ciudad lo que no pudo pasear como jugador. O, al menos, lo intentaba. En una de las orillas del río Yarra disfrutaba del sol junto a su padre, Sebastián, y su responsable de prensa, Benito Pérez-Barbadillo, pero la tranquilidad duró poco. En un corto trayecto se montó la marimorena: decenas de aficionados aparecieron para pedirle fotos y hubo que acortar el camino. Nadal se retiró, pero sigue siendo Nadal: uno de los mejores de la historia, ganador de 22 Grand Slam y, entre un millón de cosas más, el jugador más joven en conseguir el Career Slam, el pleno de torneos grandes. Al menos, de momento. Quizá hasta este domingo.
Si Nadal completó su palmarés con 24 años y 101 días, Carlos Alcaraz puede hacerlo con 22 años y 274 días si vence en la final a Novak Djokovic (09.30 horas, HBO Max y Eurosport), y por eso este Open de Australia obsesiona al actual número uno.
«¿Firmarías ser campeón aquí y no volver a ganar otro Grand Slam en toda la temporada?», le han preguntado en las últimas dos semanas. Y su respuesta siempre ha sido la misma: «Sí, este año sí lo firmaría». Los deportistas de la talla de Alcaraz no suelen dar importancia a los récords, porque si no el peso de la historia no les dejaría ni levantarse de la cama. Es el más joven en llegar a 100 o a 200 victorias en la ATP, el más joven en ganar un torneo en todas las superficies, el más joven en alcanzar cuatro finales consecutivas de Grand Slam, el más joven en… De muchos de esos logros ni tan siquiera es consciente, pero el Career Slam es distinto. El Career Slam le sitúa entre las leyendas.
“Es mi objetivo principal”
Si el español vence, será la confirmación de una versatilidad que otros no tuvieron o que, como mínimo, tardaron más en adquirir. Hay campeones históricos con agujeros en su palmarés, como Pete Sampras, que nunca ganó Roland Garros. Y luego están los campeones históricos que sufrieron lo indecible para lograr el pleno, como Roger Federer y su larga travesía hasta conquistar París.
«Este Open de Australia es mi objetivo principal de la temporada. Otros años no había sido así, pensaba en llegar al máximo a la primavera y al verano, pero esta vez ya planteamos la pretemporada con este título en la cabeza. Completar el Career Slam es un objetivo muy importante para mí, sería maravilloso hacerlo», comentaba Alcaraz hace unos días.
AP
En años anteriores, en el entorno del jugador se consideraba que para ganar el Open de Australia debía pasar la Navidad en el verano austral, disputar algún torneo previo -como los ATP 250 de Adelaida o Auckland- y llegar rodado a Melbourne. Pero este año Alcaraz planteó a los suyos otro enfoque: hacerlo a su manera. En lugar de centrarse en adaptarse al cambio horario y en jugar partidos antes del primer Grand Slam del curso, organizarían la pretemporada más exigente de su vida, y lo harían en Murcia, rodeado de su familia y amigos. Así llegaría preparado y, al mismo tiempo, feliz.
El trabajo en invierno
Al contrario que la mayoría de tenistas, Alcaraz pasó la Nochebuena, la Nochevieja e incluso los Reyes en casa y solo después tomó un avión a la otra punta del mundo. Pero eso no significa que estuviera descansando. Tras la separación profesional de Juan Carlos Ferrero, Samu López le organizó una serie de sesiones con sparrings de lujo, como Flavio Cobolli, pensadas para exigirle el máximo. Además de perfeccionar el saque, Alcaraz trabajó la concentración con simulaciones de partidos de hasta tres horas en las que relajarse estaba prohibido. Era diciembre y solo eran entrenamientos, pero debía vivirlo como si fuera una final de Roland Garros contra JannikSinner. Visto lo visto, funcionó.
«Hemos trabajado mucho la atención. Ahora cada vez tiene menos altibajos. Lo está haciendo muy bien», valoraba López antes de la cita de Alcaraz con la historia. El jugador más joven en conseguir el Career Slam, un récord que importa.








