Caso Usain Bolt
El caso de Usain Bolt, arruinado por la estafa de un fondo de inversión, vuelve a poner de manifiesto los problemas de las estrellas a la hora de manejar sus ahorros. “A veces la mejor inversión es no invertir”, dicen los expertos.
Caso Usain Bolt
Actualizado
El caso de Usain Bolt, arruinado por la estafa de un fondo de inversión, vuelve a poner de manifiesto los problemas de las estrellas a la hora de manejar sus ahorros. “A veces la mejor inversión es no invertir”, dicen los expertos.
Dani Milagros recuerda la tarde en la que le llevaron a descubrir el hielo. Difícilmente podría olvidarla: las sensaciones fueron raras, rarísimas, y además ocurrió hace apenas un par de años. Pese a ello, ya está en la élite del patinaje de velocidad sobre hielo; será uno de los dos españoles que participarán en los Juegos Olímpicos de invierno de Milán-Cortina d'Ampezzo del mes que viene.
Milagros es una auténtica rareza en los deportes invernales españoles. Normalmente, esquiadores, snowboarders e incluso pilotos de skeleton como Ander Mirambell alcanzan los Juegos Olímpicos de invierno tras toda una vida dedicada a sus disciplinas. Él, de repente, se convirtió en pionero. Nunca hubo un español olímpico en patinaje de velocidad y en unos días habrá dos: Milagros será uno de ellos. En 2024, su primer año sobre el hielo, entró en la Copa del Mundo sub-23. La temporada siguiente se marchó a vivir a Alemania para competir con los mejores. Y ahora, la cima.
Aunque hay un truco. Milagros se beneficia de la lucha de un compatriota, Nil Llop. Tras muchos años en el hielo, Llop logró dos plazas para España, en los 500 y los 1.000 metros, y aceptó compartir una de ellas con Milagros.
«Me lesioné y no pude luchar por mi plaza como quería. Estaba junto a Nil en Noruega; los de la Federación le preguntaron si estaba dispuesto y él aceptó. Yo flipé. Le estaré súper agradecido toda la vida», comenta el patinador, de 23 años.

Los Juegos Olímpicos le han cambiado la vida: ahora puede dedicarse al deporte. Pero haga lo que haga, siempre tendrá un sueño pendiente: patinar en casa.
España verá debutar en unos Juegos Olímpicos a sus primeros patinadores de velocidad, pero sigue sin contar con pistas donde puedan entrenar. Las instalaciones de Jaca, Puigcerdà, Majadahonda, San Sebastián, Pamplona o Logroño, donde se juega al hockey hielo, son demasiado pequeñas para el patinaje de velocidad -se necesita una pista de 400 metros, como la del atletismo-, y fuera de esas ciudades solo hay instalaciones lúdicas o temporales.
Enviado especial París
Actualizado Domingo, 25 mayo 2025 - 23:11
Hacía una hora que el homenaje a Rafa Nadal en Roland Garros había finalizado y varios familiares del 14 veces campeón seguían en el palco de la Philippe Chatrier, charlando, riéndose, secándose las lágrimas, compartiendo unas bolsas de chucherías. Tantas celebraciones habían vivido en esos asientos que se resistían a abandonarlos: necesitaban su propia despedida. Allí estaba el tío Toni, a quien su ex pupilo dirigió un especial agradecimiento en su discurso. Allí estaban los primos que tanto enervan a Nadal, según confesó ante millones de personas. Y allí estaban sus padres, más callados que el resto, digiriendo la emoción.
A esas horas, antes de que empezara la sesión nocturna, ya se habían marchado sus abuelas Isabel y María Ana, de 94 y 92 años, que visitaban la pista por segunda vez: la primera fue el año pasado en el último partido en París de su nieto. Demasiado tute para ellas, demasiada emoción, más después del recuerdo de su nieto a sus respectivos maridos, los abuelos.
Caía el sol en París y mientras muchos de los suyos continuaban entre las gradas, Nadal disfrutaba en las entrañas de la pista de la compañía de su hijo y de sus rivales y amigos. El pequeño Rafa Jr. entretenía a su padre, Roger Federer, Novak Djokovic y Andy Murray en una escena crepuscular para ellos y para todos. Nos hacemos mayores. El pequeño de dos años y medio lanzó «choca esos cinco» a cada uno mientras Djokovic le premiaba en castellano: «¡Qué fuerte estás!». Luego los cuatro departieron durante unos minutos, Murray bromeó sobre la victoria del Arsenal sobre el Real Madrid en cuartos de final de la Champions -después de la eliminación ya envió un mensaje de Whatsapp al español: «¿Cómo te va la vida, Rafa?»-, se hicieron fotografías para la historia y, pronto, reclamaron a Nadal. Le tocaba un paseillo, un último paseíllo, ante los micrófonos de todo el mundo.
Christophe EnaAP
«Los cuatro hemos demostrado que a pesar de nuestra rivalidad podemos ser amigos. Nuestro legado es ese, que hay cosas más allá de los resultados», agradeció Nadal que después del acto estaba eufórico, pletórico, feliz. Antes, lo confesaba, andaba nervioso porque este tipo de actos no son lo suyo: «Sigo siendo un poco tímido, todavía no me gusta ser el centro de atención, pero lo he disfrutado mucho».
El español apareció en el recinto de Bois de Boulogne cinco horas de que empezara el acto y aprovechó la larga espera para comer con la directora de Roland Garros, Amelie Mauresmo, y el presidente de la Federación Francesa de Tenis, Gilles Moretton y repasar con ellos los detalles de lo que ocurriría después. El público se amontonaba por donde pasaba y él regalaba fotografías y autógrafos, pero todavía se le notaba preocupado.
Había preparado unas frases en francés para el público de París y eso le inquietaba. «Gracias Francia y gracias París. Me habéis ofrecido emociones que nunca pude imaginar. Me habéis hecho sentir un francés más», proclamó finalmente, con éxito. Sabía que la organización le guardaba una sorpresa, lo que finalmente fue la placa con su pisada que se quedará sobre la tierra batida de la Philippe Chatrier, y eso también le agitaba. «Pensaba que era para este año, pero no puedo explicar lo que he sentido cuando me han dicho que era para siempre. Es un honor increíble», aceptó sobre el reconocimiento para toda la vida.
DIMITAR DILKOFFAFP
«Ha sido un homenaje perfecto, no puedo imaginar un día más emocionante que este. Le he dado las gracias a todos los que han participado», anunció y reconoció que últimamente no tiene tanta memoria como antes y de ahí que se dejara un papel de su speech. Cuando le tocaba dar las gracias a su mujer, Mery, descubrió que le faltaba texto y no le quedó más remedio que admitirlo: «Me falta una página, pero no lo necesito». Hubo humor, hubo intriga. Pero en unos segundos, su responsable de prensa, Benito Pérez Barbadillo, dio con el folio extraviado y se lo hizo llegar a través de una voluntaria.
Ahora, ya cerrada la necesidad de su despedida como deportista, le toca buscar nuevas motivaciones, nuevas distracciones, una nueva vida: «No he tocado una raqueta desde que me retiré y ahora mi rutina es que no tengo rutina. No echo de menos el tenis. Estoy bien, estoy feliz. He perdido ese instinto competitivo. Me dedico a cuidar de mi familia y estoy descubriendo qué me motiva».