Decenas de aficionados británicos, que se encuentran en el País Vasco para la final de la Europa League que disputan este miércoles el Manchester United y el Tottenham Hotspur en Bilbao, han protagonizado este martes graves altercados en el casco histórico de San Sebastián.
El partido se juega en San Mamés, pero durante el martes podía verse a hinchas de ambos equipos paseando por las calles de la capital donostiarra. Al inicio de la noche, decenas de ellos se han visto envueltos en peleas y altercados, según se puede apreciar en varios vídeos que testigos presenciales han publicado en las redes sociales.
En las imágenes se aprecian agresiones, lanzamiento de objetos, mobiliario urbano, mesas y sillas de terrazas y contenedores de basura.
La Ertzaintza se ha desplegado por el lugar, aunque no ha informado de que se hayan registrado detenciones.
El delantero del Barcelona Ferran Torres ha sido intervenido quirúrgicamente de urgencia este miércoles por una cuadro de apendicitis de forma satisfactoria, según ha informado la entidad azulgrana.
La operación ha sido realizada por los doctores Coroleu y Borras en el Hospital de Barcelona bajo la supervisión de los servicios médicos del club.
Así pues, el delantero barcelonista, que se había consolidado en la punta de ataque en las últimas semanas por los problemas físicos del titular habitual, Robert Lewandowski, causará baja en el derbi de este jueves frente al Espanyol en el RCDE Stadium en la antepenúltima jornada de LaLiga EA Sports. La victoria significaría el título liguero para el cub azulgrana.
Jimmy Murphy tocaba a Chopin, Grieg y Listz. «Le ayudaba a aquietar sus cavilaciones», escribe David Peace en Munichs (Contra, 2024), una recreación novelada del accidente del 6 de febrero de 1958 que acabó costando la vida a ocho jugadores del Manchester United, además de a otras 15 personas, entre integrantes de la tripulación, periodistas y directivos del equipo británico. Sobre Jimmy Murphy, uno de los supervivientes, segundo entrenador, cayó el peso de reflotar a un club devastado por la tragedia acaecida cuando el vuelo de British European Airways se estrelló frente a una casa abandonada en el tercer intento frustrado por despegar del aeropuerto de la ciudad alemana. El equipo regresaba de Belgrado, tras eliminar al Estrella Roja en cuartos de final de la Copa de Europa.
Jimmy Murphy afrontó el desafío de ocupar el vacío de Matt Busby, hospitalizado con heridas graves en la ciudad alemana. Busby ya era una leyenda. «Para mí, Jimmy Murphy es el héroe de esta historia, un hombre complejo que llevó adelante al equipo, hasta conducirlo incluso a la final de la FA Cup. Si él hubiera muerto, pienso que la historia del club habría sido muy distinta. Es una pena que la entidad no siempre haya reconocido su papel y al final le tratara de una manera muy pobre», explica Peace (Ossett, 1967) a este periódico a través del correo electrónico.
Destacado autor de novela negra, nuestro interlocutor, residente en Tokio, es también un gran aficionado al fútbol. Entre sus obras ajenas a este deporte figuran la tetralogía Red Riding Quartet, editada en España por Alba, la trilogía Tokyo Redux (Hoja de lata), y GB84, en la misma editorial, donde afila el bisturí para novelar el pulso colosal entre los mineros del Reino Unido y Margaret Thatcher, entonces inmisericorde primera ministra.
Latido político
Dentro o fuera del fútbol, Peace nunca ha disimulado un latido político en cuanto escribe. «Munichs es una novela sobre el norte de Inglaterra y su clase trabajadora», afirma, incorporándola, además de a las obras citadas, a una secuencia donde también están Red or dead (Faber and Faber, 2013), no editada en España, sobre el Liverpool de Bill Shankly, y Maldito United (Contra, 2013), alrededor de la histriónica figura de Brian Clough y su breve paso por el Leeds.
Hay un eco espectral en este relato de 449 páginas que le ha exigido un severo trabajo previo de documentación. «El proceso de creación es siempre el mismo. Consulto con detalle en la biblioteca pública periódicos y libros relevantes de no ficción mientras construyo la narrativa de la novela dramatizando la verdad tan poderosamente como puedo».
En Munichs habitan los vivos y Los Muertos, siempre evocados en letras versales. El espíritu de James Joyce y The Dead, adaptada al cine por John Huston, otorgan un vuelo singular a esta historia. «Dublineses [el libro de relatos al que pertenece The Dead], y en particular Los Muertos, han sido una gran influencia en la escritura de este libro. Para mí, en mi trabajo y en mi vida, Los Muertos es una presencia constante», afirma.
Geoff Bent, 25 años, Roger Byrne, 29, Eddie Colman, 21, Mark Jones, 24, David Pegg, 22, Tommy Taylor, 26, Liam Whelan, 22, y Duncan Edwards, 21, éste último ingresado durante dos semanas en el Recht der Isar Hospital de Múnich, perdieron la vida como consecuencia de aquel accidente. «Incluso hoy mantienen un estatus mitológico. Diría que se debe a que murieron tan jóvenes, con un potencial ilimitado. Representaban el futuro perdido y un mundo que pudo haber sido». Aquella generación había ganado las dos Ligas precedentes con una media de 22 años. Jóvenes y talentosos, exhibían además un enorme grado de compromiso sentimental con el club, ajenos a los cantos de sirena que venían desde Italia y otros clubes.
Peace nació nueve años después de la tragedia. Su padre le contó la historia cuando era un muchacho. «Él había visto jugar muchas veces a los Busby babes ante el Huddersfield Town, nuestro equipo, y también estuvo en en el último partido que disputaron en Inglaterra en 1958, contra el Arsenal. Era un año más joven que Duncan Edwards y el accidente tuvo un efecto profundo sobre él, como sobre mucha gente». La narración de aquel encuentro, del 1 de enero de 1958 -«un partido que viviría para siempre, en el recuerdo y la imaginación»-, ganado por el Manchester United en Highbury por 5-4, ejerce de prólogo en el libro, antes de que, mediante continuos saltos en el espacio y en el tiempo, se gradúe la acción dramática. «Quería que el libro fuese una experiencia viva para el lector, devolviéndole a 1958».
Un fútbol distinto
El fútbol de entonces poco tenía que ver con el de hoy. Parte de la magia de Munichs se encuentra en su capacidad para transmitir la estrecha vinculación entre los aficionados y sus ídolos de carne y hueso, cercanos, integrantes de un mismo hábitat social. «Antes del desastre, los Busby Babes ya eran célebres, pero todavía iban a los cines locales y las salas de baile y vivían en alojamientos compartidos», apunta Peace.
Adiós a Duncan Edwards, un extremo izquierdo audaz y relampagueante, la figura que mejor encarnaba el aura de los muchachos de Busby, forjados por Murphy en las categorías inferiores. Munichs, cuyo plural pretende denunciar el uso que aún hacen algunos aficionados de equipos rivales en tono de burla, es dolor, pérdida y culpa, pero también lucha y redención, liderada ésta por la inmensa figura de Bobby Charlton.
«Murphy, que no había viajado, creía que debería haber estado en el avión. A Busby le persigue la culpa por haber llevado al Manchester United a Europa y por no impedir al piloto hacer un tercer intento de despegue. Charlton también sufre, en su condición de superviviente, sin poder explicarse por qué vivió mientras algunos de sus amigos morían», explica el autor del libro.
Diez años después, el equipo liderado por Charlton, que había estado cerca de dejar el fúbol, George Best y Denis Law, fallecido el pasado día 17, vencía 4-1 al Benfica para ganar la primera de sus tres Copas de Europa, la primera de un club británico. Ya no eran los Busby Babes, sino los Diablos Rojos, rebautizados por su hacedor. Al frente seguía Matt Busby. Tras recibir la extremaunción, había escapado del destino de Los Muertos.
"Uno tras otro iban convirtiéndose todos en sombras. Mejor pasar con valentía a aquel otro mundo, en toda la gloria de alguna pasión, que marchitarse y apagarse lúgubremente con los años".
Los dos grandes maestros que se disputan el título de campeón del mundo en Singapur son recompensados con 200.000 dólares cada vez que ganan una partida. Es una prima jugosa que se extrae de la bolsa de premios. Lo que sobre de los dos millones y medio del fondo se dividirá a partes iguales. Es una fórmula pensada para incentivar el espectáculo, pero en un Mundial la gloria pesa mucho. Más que el dinero. Más aún en el caso de Ding Liren, un campeón del mundo humilde y frugal (o 'arrozal'), que daría todo lo que tiene por recuperar la paz interior.
En ese contexto socioeconómico, alguno esperaba que Ding, con las piezas blancas, se lanzaría al cuello de Gukesh Dommaraju en busca de una segunda victoria con la que fantaseaban sus fans. Habría sido un golpe casi definitivo contra un aspirante de sólo 18 años, que pasaría de favorito a casi desahuciado en 48 horas. El campeón, sin embargo, no fue tan ambicioso y se presentó a jugar la segunda partida con dos únicos objetivos: no perder la ventaja conseguida y seguir recuperándose de una larga depresión que lo ha expulsado del top 20 mundial.
Lo que no se le puede negar a Ding es que en Singapur está desconcertando a todos. Fue una sorpresa mayúscula que ganara con las piezas negras en la partida inaugural y este martes demostró a su rival que sabe cómo aparecer por donde menos se les espera para desactivar sus impulsos agresivos. El ajedrecista chino parece dominar el arte de la guerra y todos sus matices psicológicos, justo la faceta en la que se suponía que mostraría mayor debilidad. Ding Liren jugaba con blancas, pero prefirió no arriesgar. Ante un rival con ganas evidentes de atacar, secó la posición en las primeras jugadas y, una vez superada la apertura, se encaminó a una posición incómoda para Gukesh, quien se tuvo que conformar con evitar males mayores.
Larga lucha de maniobras
En la segunda partida se jugó una apertura conocida como giouco piano, juego lento en italiano. Suele conducir a una larga lucha de maniobras, muy diferente al desequilibrio que se alcanzó en la jornada anterior. Con todo, la posición que alcanzaron ambos jugadores tenía sus peligros. Pisar una mina es cada vez más fácil en el ajedrez moderno y si las negras no tenían cuidado, podían dirigirse a un final con aspecto de encerrona. No por casualidad, en los primeros 14 movimientos el indio empleó 45 minutos más que su oponente, que jugaba de memoria y con los índices de confianza más altos que ha registrado su organismo desde que logró la corona.
Por suerte para Gukesh, Ding apretó lo justo, vio que el aspirante estaba prevenido y decidió acordar unas rápidas tablas. El reglamento del Mundial prohíbe ofrecer el empate antes de la jugada 40, pero hay formas tan sencillas como repetir jugadas para firmar la paz antes de tiempo. Así, después de 23 movimientos, los grandes maestros se dieron la mano, acudieron a la rueda de prensa con las ganas justas de irse de la lengua y empezaron a preparar la partida de mañana.
Palabras sanadoras
La estrategia de Ding puede parecer demasiado modesta, como él mismo. Quedan todavía 12 enfrentamientos y es pronto para jugar a mantener el 1-0, pero es Gukesh quien debe probar que puede asaltar el fuerte chino. Eso sí, todavía no tiene motivos para desesperarse. Este martes demostró su madurez al mantener la calma y conformarse con la igualdad. Mañana, con blancas, tendrá una buena oportunidad.
Gukesh reveló que las palabras de Gaju, su segundo, el gran maestro polaco Grzegorz Gajewski, fueron de gran utilidad para recuperar su particular nirvana después de la derrota inicial. "No sólo me ayuda en el ajedrez, sino también en prepararme mentalmente y mantener mi bienestar. Me dijo unas pocas cosas que me ayudaron a recuperarme rápidamente. Hoy ha sido un buen día y espero que vengan jornadas aún mejores", declaró el aspirante.