El técnico del Girona, Míchel Sánchez, ha revelado este lunes en la rueda de prensa previa a la visita al Valladolid que su hospitalización se debió a “una trombosis venosa profunda en la pierna izquierda” y ha dado el tema por “zanjado”.
“En los próximos días se harán estudios ambulatorios para ver la procedencia, pero estoy bien y ahora toca poco a poco regresar a la normalidad, con la tranquilidad de siempre, y hacer lo que más me apasiona, que es entrenar al Girona”, ha apuntado Míchel.
El técnico del conjunto rojiblanco se ha mostrado “enormemente agradecido y orgulloso” por el trato de todos los médicos y por todos los mensajes recibidos en los últimos días, y ha reconocido que se siente “muy afortunado de tener el cariño y la preocupación de toda la gente”.
El entrenador del Girona ha explicado que lo pasó “muy mal” viendo la derrota del sábado contra el Villarreal (0-1) desde el hospital, porque la señal llegaba “30 segundos más tarde” y por “la impotencia de no poder ayudar”.
“Pero tenía mucho confianza en todo el mundo porque pienso que tenemos un ‘staff’ de ‘Champions’ y estaba convencido de que el equipo estaba en buenas manos”, ha añadido el técnico madrileño.
Míchel fue hospitalizado el jueves por precaución y este domingo ya recibió el alta. Este lunes se reincorporó al trabajo y el martes dirigirá al Girona en el partido en el Estadio José Zorrilla con el Valladolid, trascendental en la pelea por la permanencia.
Había incertidumbre, había devoción, había miedo, había pasión, había mucha, muchísima emoción. Volvió Rafa Nadal a jugar al tenis y volvió en casa, en la pista donde creció y ante el público que aún lo recuerda de niño. En el Real Club de Tenis de Barcelona nunca se vivió un partido así. El lleno en las gradas superó cualquier final -había aficionados sentados en los pasillos, en los vomitorios, en cualquier sitio-, pero también el sentimiento. Aquí Nadal ganó 12 títulos y la electricidad siempre fue otra. Esta vez todo era un misterio: su tenis, su físico, su mentalidad. ¿Y si era su último partido?
"Pensaba que nunca volvería a verle jugar", comentaba una fan a centímetros de otra porque este martes donde había dos sillas cabían tres personas. Sólo en el segundo set, cuando su victoria en primera ronda del Conde de Godó ante el italiano Flavio Cobolli -6-2 y 6-3- ya era un hecho, la afición pudo resoplar y celebrar con él algún golpe, algún punto. Hasta entonces, todo el mundo vivió entre la emotividad de su regreso y el pavor a su despedida. Incluso el propio Nadal.
Su regreso fue exitoso en el resultado, pero apenas le permitió extraer conclusiones para los días que vendrán. Si el ganador de 22 Grand Slam está listo o no para competir con los mejores sigue siendo una incógnita. Más allá de los nervios del principio -con una doble falta en el primer punto, cosa rara-, Nadal estuvo algo lento y le faltó peligro con la derecha, es decir, Nadal no fue Nadal. Si brilló fue con el revés, una buena noticia, eso sí. En realidad tampoco fue culpa suya. La atmósfera en Barcelona asustó a Cobolli que, a sus 21 años, ante el mito, no supo jugar.
PAU BARRENAAFP
Basta decir que cometió 41 errores no forzados, una barbaridad. Basta decir que no llegó al 50% de primeros servicios. Para su primer partido, Nadal seguramente hubiera preferido un rival más hecho, que le activara las piernas después de tanto tiempo parado y que le exigiera más peso en sus golpes, pero Cobolli fue lo que fue. Posiblemente en segunda ronda del torneo, este miércoles no antes de las 16.00 horas ante Alex de Miñaur, el español encontrará más exigencia, lo que necesita.
Media hora de fotos
"Rafa, Rafa, Rafa", se escuchó en todo el club desde que llegó hasta que se fue. Más aclamado que nunca, perseguido por los pasillos por centenares de niños y aclamado en cada rincón del recinto de Pedralbes, Nadal mostró dos caras muy distintas. Antes del partido, al salir de los vestuarios y dirigirse a su pista, se le notaba tenso, muy tenso, con una leve sonrisa como única respuesta a la afición que le ovacionaba. Después del partido, en cambio, se entregó a los suyos.
En otras ediciones hubiera firmado unos cuantos autógrafos y se hubiera marchado a la ducha para prepararse para mañana, más teniendo en cuenta que este martes es día de Champions, pasión entre sus pasiones. Esta vez no. Pese a que su recuperación posiblemente se alargó hasta la noche, tardó más de media hora en llegar a la casa club, atendiendo a peticiones de fotos y de pelotas firmadas. "Eres mi ídolo desde pequeño", le gritaba al máximo volumen un adolescente por los pasillos y Nadal le miraba y se reía.
Al acabar el encuentro estaba feliz por el triunfo, pero más por haber vuelto a competir. De hecho, ante la prensa estuvo más elocuente que nunca. Ni una respuesta de trámite, ni un tópico. "Después de tanto tiempo parado no se me van a quitar las dudas en un día, sobre todo a nivel físico, tengo que jugar más", comentó y reconoció que había sacado con mucha precaución: "Tengo mucha ilusión, pero no puedo hacer cosas que salgan de la lógica. No voy a sacar como un loco, tengo que ir con cuidado".
Ante los micrófonos, antes de abandonar el Real Club de Tenis de Barcelona, Nadal admitió que el partido había estado marcado por el nivel de su rival y que los próximos encuentros serán distintos. "Yo he hecho lo que podía hacer, lo lógico, no he cometido errores de bulto. Él [en referencia a Cobolli] ha cometido más fallo, ha sido una buena primera ronda", comentó y añadió: "No sé cómo afronto el partido ante De Miñaur. Ni me lo he planteado. Voy día a día. Para mí mi cuerpo es una selva, no sé que me encontraré mañana. No sé si voy a poder mantener el ritmo".
Ferrari, en tierra, es sin duda sinónimo de velocidad. Ahora, la marca del Cavallino Rampante se ha tomado muy en serio serlo también sobre el agua. Eso es lo que quiere lograr a través de su nuevo proyecto Hypersail, desvelado ayer. Un concepto con el que pretende evocar la tecnología y las prestaciones que de los Hypercars, los coches que compiten en el Campeonato del Mundo de Resistencia o pruebas con tan míticas como las 24 horas de Le Mans, pero, en este caso, cambiando el asfalto más o menos regular de los circuitos por una superficie tan endiabladamente variable como pueden llegar a ser los grandes océanos.
El gran reto ha sido diseñar una embarcación capaz de competir en regatas en alta mar, durante largos periodos de tiempo, sin escalas, sin la opción de contar con paradas en boxes para llevar a cabo las correspondientes reparaciones, de ser necesarias. Y, desde luego, sin ninguna clase de apoyo externo. La apuesta de Ferrari en este sentido ha sido diseñada por el arquitecto naval francés Guillaume Verdier, quien ha dado con una fórmula absolutamente innovadora. Su diseño cuenta con un monocasco de 30 metros de eslora que se apoya en foils, los alerones hidrodinámicos que se han convertido en uno de los grandes secretos de las altas velocidades que pueden llegar a alcanzarse en la Copa América, por ejemplo, pero a los que les ha aportado también una serie de matices muy interesantes. Por un lado, el hecho de que utiliza tres puntos de contacto sobre el agua, uno en cada lado del barco, de manera alternativa, así como otro situado en el timón y un tercero que, en este caso, se integra a su vez en una quilla basculante.
"UN YATE REVOLUCIONARIO"
"Este es un desafío emocionante, respaldado por un equipo verdaderamente único que aúna la excelencia de Ferrari con la experiencia de especialistas en diseño de navegación oceánica. La unión de diferentes culturas y tecnologías avanzadas nos permite construir un yate revolucionario en muchos aspectos. Desde una perspectiva náutica, es innovador tanto en su estructura como en su vuelo; en cuanto a sistemas, la contribución de Ferrari está impulsando el desarrollo de una tecnología de control a bordo nunca antes vista", señala Giovanni Soldini, director del equipo Hypersail, en la presentación del proyecto en Maranello.
"Giovanni Soldini es un pilar clave de este proyecto, no solo por sus logros como regatista, sino también por su inigualable experiencia en el desarrollo y la construcción de yates. El excelente trabajo en equipo entre Ferrari y Guillaume Verdier está dando vida a una embarcación única que surcará los océanos, lo que representa una verdadera oportunidad para la innovación tanto en el mundo náutico como en el de la automoción", indica, por su parte, su presidente de la marca italiana, John Elkann.
El yate de Verdier, diseñado para convertirse en la plataforma principal de investigación y desarrollo para lograr que la irrupción de Ferrari en los océanos llegue a ser realmente sonada, será absolutamente autosuficiente a nivel energético. O, dicho de otra manera, no incluirá ningún tipo de motor de combustión para obtener la potencia necesaria para llevar a cabo sus operaciones. Algo que, dada la gran tradición de la marca italiana a la hora de desarrollar piezas de ingeniería automotriz que muchos consideran prácticamente como verdaderas obras de arte, puede parecer tremendamente paradójico, pero que resulta imprescindible a la hora de competir en grandes travesías a mar abierto.
El viento, el sol y la energía cinética serán los impulsores de las embarcaciones. Sí tendrá presencia, no obstante, otro aspecto en el que también han brillado sus diseños para el asfalto: la aerodinámica. El control de vuelo sobre el agua del yate a través de sus foils se ha desarrollado teniendo en cuenta toda la experiencia automovilística acumulada para volcarla en su nuevo bólido acuático. "Nuestra máxima prioridad es lograr el equilibrio perfecto entre la búsqueda del máximo rendimiento y la máxima fiabilidad", concluye Soldini.