Unicaja se ha convertido en los últimos dos años en el gran animador del baloncesto nacional. Un reacción improbable de un equipo histórico, pero que pasó demasiados años en el olvido. Cuando hace cinco, en su Carpena, justo unos días antes de que estallase la pandemia, se coló en la final copera, fue como un espejismo: habían pasado 11 de la anterior. Este domingo (20.00 h.) se reedita aquella cita contra el Real Madrid con la sensación esta vez que, por el título lucharán en el Gran Canaria Arena los dos mejores equipos, de largo, de la ACB.
Quizá sólo Barça y Valencia se les acerquen, pero en la Copa han mostrado ambos una versión horrible, las dos grandes decepciones. “Unicaja es un equipo envidiable, se conocen de memoria, tiene un entrenador extraordinario, será un partido dificilísimo”, avisaba el sábado por la noche Chus Mateo, que también, sin embargo, se mostraba esperanzado: “Lo afrontamos con optimismo. Vamos a ir por ella con uñas y dientes, no se nos va a escapar. Se va a encontrar a un Real Madrid que va a dar guerra”.
Los blancos, apoyados principalmente en una versión top de Hezonja, se han mostrado sólidos en lo que va de torneo, exceptuando el amanecer de semifinales contra Gran Canaria, un serio aviso que en la final deberán tener en cuenta ante el colectivo de Ibon Navarro, que exhibe un físico y una rotación que nada tiene que ver. Son los dos últimos campeones los que se las ven, primero y segundo actualmente de la Liga, la reedición también de la pasada Supercopa, donde los malagueños (80-90, con Kameron Taylor como MVP) conquistaron en Murcia su cuarto título en dos años. El otro enfrentamiento entre ambos fue en el Palacio, victoria blanca en ACB el pasado 8 de diciembre (90-77).
La historia habla de cinco partidos coperos entre ambos, con un balance de 3-2 para el Madrid. En cuanto a finales, la igualdad es total, con un triunfo para cada equipo en los dos precedentes que existen. En 2005, aquel legendario Unicaja, en el que Chus Mateo era ayudante de Sergio Scariolo, se estrenó, y en la ya cita de 2020, con Campazzo de protagonista, ganó un Madrid que busca su título número 30 (27 del Barça, el siguiente en la lista).
"Me da vergüenza hablar de mi tesis a la gente", cuenta Lidia Sánchez-Puebla (Getafe, 1997), acostumbrada a podios y medallas, a los focos del deporte profesional, pero no tanto a los méritos y los elogios que tienen que ver con su otra vida, esa "dualidad" de la que sólo presume en bajito. Porque mientras batallaba con lesiones y sinsabores, con la cruel persecución de su sueño olímpico de marchadora, la madrileña desarrolló una brillantísima labor académica. Una novedosa investigación en la retina de los ratones para la detección precoz del alzhéimer por la que recibió el premio a la Mejor Investigadora Joven en el 28º Congreso Europeo de Retina y Visión. Además, en su tesis doctoral, defendida hace unos días, obtuvo una calificación de Sobresaliente Cum Laude.
A Lidia no le cuesta reconocer que pensó en más de una ocasión en tirar la toalla. Tanto en lo deportivo como en lo académico. Que avanzó muchas veces sin saber muy bien por qué, apoyada en sus espartanas rutinas, en "entrenar, estudiar y entrenar". Sin fines de semana. Tantos veranos sin vacaciones: "Aprovechaba para hacer las prácticas del hospital". Sacándose la carrera de Medicina a curso por año. Y cuando renunció al MIR porque "el atletismo siempre tuvo prioridad", rozando su clasificación para los Juegos de Tokio, llegó el covid y, a continuación, le azotaron duramente las lesiones. "Si tuviera que definir mi carrera deportiva de alguna forma, sería de mala suerte. Desde 2020 que me operaron del pie, he ido acumulando problemas. Otra operación, fracturas, tornillos en un dedo... Siempre me ha costado tener continuidad", desgrana el calvario que se alargó hasta los de París, en los que también se quedó a las puertas.
A sus 29 años, los mismos que María Pérez -"de niñas la ganaba. Y ahora ella es campeona del mundo y olímpica..."-, es como si a Sánchez-Puebla, que no empezó con la marcha hasta los 13, cuando ya tenía alguna medalla en cross a nivel nacional, todo le empezara, al fin, a sonreír. "Venía de un 2024 en el que había apostado todo por ir a París y decidí no ver nada de esos Juegos. Me fui a Italia a trabajar tres meses a un hospital. Y a hacer un reset. Estaba agotada mentalmente. Y luego me lesioné con dos fracturas por estrés, desde octubre hasta febrero, muchos meses complicados. El atletismo era mi vida, pero me estaba costando la salud. Decidí tomármelo con tranquilidad", repasa.
Lidia, con su premio a Mejor Investigadora Joven en Estudio de Retina en el 28º Congreso Europeo de Retina y Visión.ÁNGEL NAVARRETE
Precisamente en la primera concentración invernal en Sierra Nevada, en febrero, conoció a Juanpe López, el ciclista recién fichado por el Movistar, "el chico andaluz que habla con todo el mundo", su pareja desde entonces, con el que compartió, por ejemplo, la reciente San Silvestre vallecana. "Me ha dado mucha estabilidad", desvela. Una calma que, curiosamente, se traduce en los mejores tiempos de toda su carrera. "Con esta nueva filosofía, sin quizá entrenamientos espectaculares, llegué a hacer marca personal en 20 kilómetros. A quedar séptima en el Campeonato de Europa por equipos en mayo. A nada de la mínima RFEA para el Mundial. Y pude rematar con un bronce en el Campeonato de España"...
Ahora Lidia avanza, deportivamente, paso a paso. No mira tanto a Los Ángeles, quizá su última oportunidad, como al próximo campeonato de España, en marzo. "No hago marcha porque sea un deporte en el que gane dinero. Pero siempre he tenido un sueño, ser olímpica. Me queda esa espinita y no sé si lo voy a conseguir. He vivido dos ciclos, he tenido el caramelo en la boca... He tenido tantas lesiones que te planteas: '¿Hasta cuándo?'. Aunque ahora estoy con ilusión. Creo que todavía tengo que explotar en el deporte. Sólo espero un poquito de suerte, poder entrenar a gusto y tranquila, que las ganas ya las pongo yo", asegura.
Mientras todo eso ocurría, había otra Lidia, con bata, también con empeño, compaginando una carrera como la de Medicina con sus entrenamientos en el Centro de Alto Rendimiento, al que al principio, antes de que obtuviera una plaza para vivir en la Residencia Blume, acudía desde Getafe, más de tres horas al día en transporte público. "Se me hacía muy cuesta arriba. Pensé incluso en dejar la carrera. Desde primero tuve que aprender a marchas forzadas que tenía que organizarme muy bien", recuerda.
Lidia Sánchez-Puebla posa para EL MUNDO.ÁNGEL NAVARRETE
Cuando terminó la carrera, su mentor, José Manuel Ramírez (profesor de oftalmología en la Universidad Complutense), la convenció para que no se desvinculara de la Medicina. Lidia completó un master en ciencias de la visión y después consiguió un contrato predoctoral con la Universidad. "Me he dedicado a investigar la retina en un modelo de ratón con alzhéimer. La retina comparte muchas similitudes con el sistema nervioso central. El objetivo principal era ver si los cambios que vemos a través del ojo se reflejarían en el cerebro y cómo a través de ello, en un futuro, podría haber biomarcadores para la detección precoz del alzhéimer", relata con orgullo el proyecto recién culminado con el premio y el Cum Laude.
Además, uno de esos trabajos para la tesis tuvo un protagonista inesperado. "Mi padre es físico, profesor de la Universidad Carlos III. En una de las partes yo debía contar unas células del ojo del ratón. Tenía tantas imágenes... Y tenía que medirlas manualmente, diferentes parámetros. Un día, él, viéndome en casa, me vio muy estresada 'pintando celulitas'. Y creó un programa, basado en la Inteligencia Artificial, que me ha salvado la vida. Lo que hubiese tardado un año y medio en hacer, en cuestión de horas está resuelto. Eso es lo que defendí en el Congreso y por lo que gané el premio a Mejor Investigadora Joven", explica Lidia, que defiende el empeño de los atletas y también de los jóvenes. "Siempre se dice que somos cada vez más vagos. Pero creo que estamos cada vez más formados y podemos aportar bastante a la sociedad. En mi caso, el entorno que tengo, la verdad es que es súper trabajador. Todos tenemos ambición, aspiraciones. En el atletismo es un poco así ahora. La gente estudia para tener un respaldo por si los resultados no acompañan".
Entre la investigación y la marcha. Entre el atletismo y los estudios. Entre los ratones y las zapatillas. "Siempre digo que mi vida es como una bici con dos ruedas. Una es el deporte, la otra es mi trabajo. Cuando ha habido épocas de mi vida que he pinchado la rueda del deporte, porque he estado lesionada o porque ha habido menos motivación, he tirado con la otra. Y al revés. Cuando con la tesis he estado muy agobiada, de hasta pensar en dejarlo, he tirado del deporte". Lidia, un ejemplo.
El sábado (8.00 h.), en la salida del maratón de los Juegos desde el Hotel de Ville, junto a Kipchoge o Bekele habrá un joven de Aluche que soñaba con ser piloto de Fórmula 1. A sus 29 años, Yago Rojo (junto a Tariku Novales e Ibrahim Chakir) debutará en unos Juegos en el espectacular circuito parisino, un recorrido que es un escaparate (la Ópera de París, la plaza Vendôme, el Jardín de las Tullerías, las Pirámides del Louvre, la Plaza de la Concordia, el Grand Palais, los Jardines del Trocadero, el Palacio de Versalles y la Torre Eiffel antes de la meta en 'Los Inválidos'), pero que también es una trampa, con rampas por encima del 13% de desnivel. El "premio a toda una vida dedicada al atletismo" para un chaval al que su padre le dijo que "era un paquete jugando al fútbol". Y entonces...
"Pues me apunté a una carrera en el instituto y quedé segundo", cuenta a EL MUNDO el madrileño, que comparte entrenamientos maratonianos con su novia, Laura Luengo (con mínima, se quedó a las puertas de compartir el sueño olímpico), en el grupo que dirigen Luismi Martín Berlanas y Juan del Campo, y que en el pasado Europeo del Roma finalizó 17º en el medio maratón.
Para saber más
¿Cómo se imagina mañana en la salida?
Va a ser algo mágico. Desde que lo supe hace unos meses llevo levantándome con una ilusión que no he tenido en mi vida. He disfrutado mucho del camino. Todo ha girado en cuanto a los Juegos. Es normal, es la competición más importante y lo entiendo.
Tiene 29 años, relativamente joven para la distancia. ¿Cuándo uno es consciente de que puede estar en unos Juegos?
Nunca había pensando estar en unos Juegos. Yo hacía 1.500, luego 10.000, una prueba en la que es muy difícil estar en los Juegos. Cuando debuté en maratón con el 2:09, era la mínima para Tokio pero no fui porque cuatro compañeros corrieron más rápido que yo. Ahí pensé, a lo mejor tengo alguna oportunidad. Luego fueron sucediendo varios acontecimientos, dos positivos por pasaporte biológico y un 2:07 que me ha valido para estar en París, aunque siempre quise ser muy cauto. Cuando vi la selección, fue una felicidad que nunca había sentido.
Con ese circuito, con dos rampas tan pronunciadas, ¿habrá sorpresas?
Para mí estar aquí ya era un premio. Y no quiero vender que vaya a ganar una medalla o un diploma. Pero ya que estamos en París, el circuito nos beneficia. Pueden pasar cosas. Nos abre un poco más el abanico. Un perfil tan agresivo y difícil, puede que los de detrás recojamos cadáveres y rasquemos algo.
Será apenas la quinta maratón de su vida
Todas en Valencia, más la de Múnich del campeonato de Europa. Que también tenía una cuesta, pero no tiene nada que ver con la de aquí.
¿Cómo empezó con el atletismo?
Siempre me ha apasionado el deporte. Yo era feliz cuando a los 12 ó 14 años quedábamos por las tardes con la bicicleta y nos zurrábamos por la Casa de Campo. O si jugábamos al tenis o al fútbol, pues estaba toda la tarde, nada de relax. No era el típico al que le gustaba dar un paseo. Como vi que no valía para el fútbol, quedé segundo en una carrera de mi instituto y se me abrió una oportunidad. Me enganché a esto... y hasta hoy.
Jesús España ha sido clave en su carrera deportiva
A él le debo todo. Los entrenadores que he tenido me han enseñado mucho. Pero Jesús... El entrenamiento invisible, la recuperación, la autoexigencia de un día tras otro. Y saber entrenar, no machacarse cada día. A veces hay que ir con el freno de mano. Le agradezco todo lo que me ha enseñado. Con él dejé de tener dudas sobre mí mismo. Una cabeza amueblada también es importante.
¿Se renuncia a muchas cosas en el deporte de élite?
He renunciado sí, pero no he hecho sacrificios. Un sacrificio es dejar de hacer algo que te gusta por algo que te gusta menos. A mi me gusta ir con mis amigos, pero no me importa irme pronto a la cama porque al día siguiente soy feliz entrenando. He dejado de hacer algunas cosas, pero disfruto mucho de este viaje.
Y mientras, se sacó una Ingeniería, casi nada
Fue duro. Porque en España la Universidad no apoya mucho. No me cambiaban los exámenes, tenía que ir a septiembre porque me coincidía con el campeonato de España... Es algo que deberíamos mejorar. Ahora que ya he llegado a la élite es más fácil, pero antes nadie me ha apoyado. ¿Ahora de qué me vale?
¡Quería ser Fernando Alonso!
Me gusta mucho la Fórmula 1. No me he perdido ni una carrera de F1 desde 2003. Y mis opciones eran o ser deportista o intentar llegar algún día a la F1. Pero como piloto... Mi padre me decía: 'Chaval...'. Entonces, ya que como piloto no podía, como ingeniero de competición. Me informé del camino, Ingeniería Mecánica, luego algún Máster en Inglaterra... Eso de momento lo tengo parado. Y mira que Alonso ha sido longevo. Si me hubiera dedicado sólo a ello, lo mismo hubiera llegado.
¿Dónde cree que puede estar su mejor marca en un futuro?
Soy muy cauto. Nunca había pensado hacer ni 2:08 y tengo 2:07. Tengo 29 años, soy joven y a lo mejor en el futuro puedo bajar. Que la vida me vaya llevando.
Para los mortales, ¿qué les sorprendería de sus rutinas de vida y entrenamiento?
Duermo en una cámara de hipoxia. Hago semanas de 215 kilómetros. Y luego, hay algo que me supone un gran esfuerzo. Yo, que soy muy casero, irme tres semanas a Sierra Nevada, a un sitio en el que estás encerrado, en altitud, sólo para entrenar y entrenar... A veces es realmente duro. Cuando llego allí, me compro hierro para la altitud. Son 21 cápsulas y siempre voy descontando para volver a casa.
¿Y después de un maratón olímpico?
Lo veré con mis entrenadores. Pero me apetece correr un 'major'. Boston, Nueva York...