La esquiadora italiana Matilde Lorenzi ha muerto este martes a los 19 años en el hospital de la ciudad Bolzano, donde había sido ingresada un día antes tras sufrir una caída entrenando en una pista de los Alpes.
Lorenzi formaba parte del equipo deportivo del Ejército italiano, especializada en pruebas de velocidad, y la pasada temporada había destacado ganando el campeonato italiano de esquí absoluto y en la modalidad supergigante en Sarentino.
El Ministerio de Defensa ha confirmado el fallecimiento esta mañana de esta esquiadora “promesa del esquí nacional” y ha transmitido su pésame a sus allegados.
Lorenzi, natural de Turín, habría cumplido 20 años el próximo 15 de noviembre pero su vida se truncó este lunes al sufrir una grave caída mientras entrenaba descendiendo una de las pistas de la estación de Val Senales, en Alto Adige.
El ministro de Exteriores, Antonio Tajani, también ha lamentado su muerte y recordado su “talento cristalino roto por el destino”.
La Federación Internacional de Esquí también ha emitido un comunicado de pésame en X. “FISI está de luto, junto a su familia, amigos y todos los que amaron a Matilde, honrando su memoria hoy y siempre”.
Después de los Juegos Olímpicos y antes de las finales de la Copa del Mundo, en la zona de Lillehammer (Noruega), los próximos 21, 22, 24 y 25, Mikaela Shiffrin obtuvo, en el eslalon de Are (Suecia), su 109º triunfo en la Copa del Mundo. La estación de Are le es muy propicia. En ella ha obtenido ocho victorias (siete en eslalon) y dos oros mundiales.
Dos días después de cumplir 31 años, la estadounidense nacida en Vail (Colorado), en las Montañas Rocosas, certificó de nuevo su condición de reina histórica del esquí mundial. Antes de la prueba, ya era matemáticamente, por novena vez, la ganadora del Globo de Cristal de la disciplina. Luego de su victoria, aumenta, por otra parte, su ventaja sobre la alemana Emma Aicher en la general absoluta de la Copa del Mundo.
Pero la suerte no está echada. Shiffrin tiene 1.286 puntos, 140 más que Aicher. Sin embargo, la joven alemana (22 años) practica todas las modalidades y quedan 400 máximos puntos en juego: los 100 que se atribuyen al vencedor en cada disciplina.
La primera manga ya había coronado provisionalmente a Shiffrin, con Aicher segunda a 51 centésimas y la austriaca Katharina Truppe tercera, a 57. Diferencias notables en un deporte que se rige cronométricamente por pestañeos. Pero no tranquilizadoras: el esquí, y quizás especialmente el eslalon, también está sembrado de trampas en cada metro del recorrido.
Shiffrin no cayó en ninguna en la segunda manga. Cuando tomó la salida, Aicher había realizado el mejor tiempo conjunto. Y la suiza Wendy Holdener, cuarta en la primera manga, el siguiente. Tenía presión Mikaela. La soportó admirablemente. Segura, elegante, esquió en la mejor de sus líneas. Y no de un modo conservador: hizo el segundo mejor tiempo de la manga. El podio lo completaron Aicher, a 94 centésimas, y Holdener, a un segundo.
Shiffrin ha ganado esta temporada, incluido el olímpico, todos los eslalons menos uno. Sólo cedió ante Camille Rast en Kranjska Gora.
«A veces me hablan de él y yo pienso: ¡A mí qué me cuentas!», exclama Jaume Pueyo sobre el absurdo que le persigue. A sus 23 años ya ha celebrado el mejor resultado de un español en la Copa del Mundo de esquí de fondo y con su estilo está logrando que la modalidad sea cool, que se sigan sus retransmisiones en Eurosport -fue lo más visto en el canal el pasado fin de semana-, que se multipliquen sus seguidores en redes sociales, pero tiene que aguantar un recuerdo que nada tiene que ver con él: «¿Oye, eso no es lo que hacía Juanito Muehlegg?». Lo era, lo era.
«Supongo que es inevitable porque mucha gente es lo único que ha visto de esquí de fondo. Pero yo no había cumplido ni un año, no quiero que me relacionen con él y, por supuesto, que nadie me acuse de lo mismo. No sé casi nada de él, sólo que era un dopado a más no poder, que lo nacionalizaron sin tener relación con España y que ganó tres medallas en los Juegos de Salt Lake City 2002 antes de que le pillaran», cuenta Pueyo sobre un estigma difícil de borrar. Aunque si alguien puede hacerlo es él.
Jaume Pueyo, en competición, el pasado fin de semana.Jean-Christophe BottAP
Un aro en cada oreja, un gestito guapo en cada foto, un trend en TikTok, un baile al llegar exhausto a meta. «Hago un poco el perla, ya está bien de vez en cuando. Sé que es muy difícil en España, pero hay mucha gente que esquía y el fondo les puede molar. Es un deporte muy guay, es como el ciclismo, muy táctico a veces, muy explosivo otras veces. En países como Noruega o Suecia es el deporte nacional y aquí va creciendo poco a poco», explica en pleno despegue.
Fans de los países nórdicos
La temporada pasada fue décimo en una prueba de la Copa del Mundo, lo nunca visto por un español -más allá del innoble Muehlegg-, y este curso va a por mucho más. El 7 de diciembre, en la noruega Lillehammer, fue tercero en la clasificación del sprint, algo que obligó a los expertos de los países nórdicos a preguntarse: «¿Pero éste quién es?». «He visto que hay gente de Noruega que ha empezado a seguirme. Supongo que les hace gracia que sea español, ese flow nuestro. También tienen que estar hartos de ver ganar a noruegos, que son muy serios, que no hacen nada de show», asume Pueyo.
Mientras sus rivales noruegos llevan con ellos una decena de entrenadores y otros tantos skimans, es decir, los especialistas en encerar los esquís, Pueyo sólo va acompañado de dos técnicos y recibe la ayuda del equipo italiano para lo demás. Junto a él suele viajar Bernat Sellés, de su misma quinta, también habitual en la Copa del Mundo, y en ocasiones también los dos juniors, Marc Colell y Peio Añarbe. «Creo que lo nuestro tiene mucho mérito porque somos cuatro que tenemos que ser buenos sí o sí. En los países escandinavos tienen miles de esquiadores en la base y sólo llegan los mejores a la Copa del Mundo», analiza Pueyo con un objetivo en mente: los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina d'Ampezzo 2026.
El diploma olímpico, la ambición
En la anterior cita, los Juegos de Pekín 2022, ya participó con sólo 19 años y se quedó a un segundo de las rondas finales en el sprint estilo libre. «En 2026 el sprint será estilo clásico, que me va a un poco peor, pero da igual, estoy mejorando. Creo que puedo conseguir un diploma, me encantaría», finaliza en conversación telefónica desde Davos, en Suiza, donde este sábado volvió a colarse en los cuartos de una prueba de la Copa del Mundo.
Hasta que acabe el Mundial de Trondheim, en Noruega, que tendrá lugar en marzo, dará vueltas por las montañas de medio planeta en busca de éxitos para hacer que el esquí de fondo tenga más seguidores en España y para borrar de la memoria colectiva la imagen del tramposo Muehlegg ganando medallas en Salt Lake City 2002.
Intratable, insaciable, implacable, Mikaela Shiffrin alcanzó en el eslalon de Gurgl (Austria) su victoria número 99 en la Copa del Mundo de Esquí Alpino. Todos los elogios anteriores se repiten, acumulativos, reiterativos, para incorporarse con los mismos epítetos a la suma de triunfos de la maravilla de Veil (Colorado).
Al mismísimo borde de la centena de máximos podios, la estadounidense añadió un grado más a la escala de Shiffrin, una tabla a la que sólo accede ella. Nadie en la actualidad se le aproxima ni remotamente. Todos, ellos y ellas, se encuentran mucho más allá del horizonte visible. Incluso del intuido. Si alguien pica alguna vez tan alto, será dentro de muchísimos años. Puede que ni siquiera los nietos de Mikaela, que todavía no tiene hijos, puedan verlo.
Ya vencedora de la primera manga, Shiffrin apuntaló en la segunda su victoria. Esquió, como siempre, segura, elegante, fluida, no dando pie a las dudas o los sobresaltos. El próximo día 30, en el eslalon gigante de Killington, en el estado de Vermont (USA), tiene la posibilidad de convertirse, a los 29 años, en centenaria.
La prueba conoció un bonito resultado con la albanesa Lara Colturi, segunda, y la suiza Camille Rast, tercera, ambas en sus primeros podios en la Copa del Mundo. Colturi, una estrella juvenil, campeona mundial júnior, que cumplió 18 años el día 15, es turinesa de nacimiento y se siente, según sus palabras, "totalmente italiana". Pero su madre, Daniella Ceccarelli, oro olímpico en supergigante en Salt Lake City2002, es la directora técnica de la Federación albanesa.