Clément, Anne y su hijo vinieron hace un par de días a París desde Grenoble para poder disfrutar de unos días olímpicos. El chico juega al tenis y querían ir a ver a Rafa Nadal, pero no pudieron acudir a ninguna de las pruebas porque los billetes «estaban por las nubes». «Preferíamos ir a varias competiciones y así ver distintos espacios olímpicos en lugar de gastar todo el presupuesto en una sola cosa», dice este francés, que viene de desayunar:
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Desde el pasado jueves, disfrutar de un paseo por el Sena o cruzar de un lado a otro del río por alguno de los puentes, a pie o en coche, es un desafío gigantesco. La semana pasada se activó el perímetro de protección antiterrorista en París de cara a los Juegos Olímpicos que arrancan el viernes y la zona donde se va a celebrar la ceremonia de apertura (en el Sena, por primera vez fuera de un estadio) está blindada, vallada e inaccesible.
Sólo las personas que han solicitado un permiso puede pasar con un código QR. «Está la zona roja, la zona gris... Es un lío, ya no sabes por dónde puedes moverte, y encima la mitad de las paradas de metro están cerradas. Esta semana esto va a ser un caos», protesta Marie, que trabaja en una tienda cerca de la Asamblea Nacional y ha tenido que modificar su itinerario habitual para poder llegar a su destino cada día.
París es estos días una ciudad blindada, hiper vigilada por tierra y aire, con militares y policías en cada esquina. Se han instalado unas 44.000 rejas en la zona del Sena, normalmente llena de turistas pero hoy tan poco transitada que recuerda al confinamiento durante la pandemia: no hay apenas tráfico ni ruido. Un silencio inusual. Han empezado las restricciones en la red de metro, de manera que hay que estar recalculando trayectos.
Los tiempos se dilatan más de lo normal y cruzar de un lado del río al otro, si no es en el suburbano, es complicado. Muchos parisinos se han ido de la ciudad. Los que viven en las zonas acotadas y los comerciantes han tenido que pedir la autorización, a través del citado QR, para moverse.
Varios policías en la orilla del Sena.AP
A cinco días del comienzo de los Juegos Olímpicos en París, hay un fervor contenido por el evento y, sobre todo, mucha inquietud por la seguridad. Los preparativos y las molestias generadas por el protocolo antiterrorista añaden irritación a una población que ha ido perdiendo entusiasmo. El 60% de los franceses se alegra de que París acoja los Juegos, según un sondeo realizado por Odoxa esta semana. En septiembre era casi un 80% de apoyo, pero va cayendo a medida que se acerca la fecha.
En la zona del Sena, los comerciantes se quejan del impacto de las restricciones en sus negocios. Los hoteles pensaban forrarse, pero en los últimos meses habían elevado tanto los precios que han acabado disuadiendo al turista y a última hora han visto que no tienen el lleno como pensaban. «No hay casi turistas, la actividad ha bajado mucho desde que se activaron las restricciones. Esto parece el confinamiento», insiste Laurent, en una tienda de regalos de la zona.
Si esta semana muchos parisinos han aprovechado para irse, otros son conscientes de que es una vez en la vida. «Siempre hay inconvenientes con este tipo de eventos, pero son sólo unos días y la experiencia merece la pena. ¿Cuándo vas a vivir una cosa así en tu ciudad? Solo una vez», explica Khaled, camarero de un bar cerca de la Asamblea Nacional, zona afectada por las restricciones.
Las obras han acabado y ahora empiezan a desmontarse los andamios, se han creado zonas verdes en muchas calles, ahora peatonales, y en los puentes del Sena se han instalado tribunas para ver la ceremonia, que transcurrirá a lo largo de seis kilómetros del río. Todas las calles están llenas de banderines olímpicos y en los parques se han acotado zonas para celebrar. Se ha reclutado a un total de 45.000 voluntarios para estas semanas. Lo que más preocupa es la seguridad: el 68% de los franceses está inquieto por los problemas que pueda haber en los transportes o en las zonas más turísticas, por el peligro de un ataque. Hace tres semanas que se han triplicado las patrullas en el metro. En las fanzone se esperan unas 50.000 personas. El 65% tiene miedo de acudir. Francia está en nivel máximo de alerta terrorista y el día de la ceremonia habrá 45.000 miembros de las fuerzas del orden desplegados. Además, hay unos 18.000 soldados movilizados, 10.000 en la región de París. Nunca la capital ha estado tan protegida. El día de la ceremonia habrá una burbuja aérea.
Gasol, junto al presidente del CIO, Thomas Bach, en la Villa Olímpica.AFP
«Estamos preparados, y lo estamos durante todo el periodo olímpico, gracias a las fuerzas de seguridad», ha dicho el presidente, Emmanuel Macron, que visitó ayer la villa olímpica, construida en Saint Denis, uno de los barrios populares de la periferia parisina. Macron ha destacado que la seguridad «es la prioridad» y para ello se ha desplegado un dispositivo como nunca antes. Han llegado refuerzos extranjeros, entre ellos centenares de policías y guardias civiles españoles.
Sólo el 40% de franceses quiere que la ceremonia de apertura se mantenga. Había un plan B, en Trocadero, mucho más reducida y sin la espectacularidad que supondrá ver desfilar los barcos por el Sena. También un plan C, en el Estadio de Francia, en caso de amenaza extrema. París, además, acoge estos juegos en medio de una tormenta política, tras la decisión de Macron de adelantar las elecciones legislativas, que han dejado un Parlamento dividido en tres bloques y ninguno con mayoría suficiente como para formar Gobierno. El que había está en funciones, precisamente para poder gestionar los juegos.
El París de antes y después será muy distinto. Además del nuevo barrio de Saint Denis, donde hoy está la villa olímpica, la posibilidad de bañarse en el Sena cambiará la ciudad para siempre.
Entró en el palacio de cristal como si fuera un caballero medieval, con su sable y su armadura, agitando su larga melena rubia, antes de colocarse la visera. Sobre la máscara de protección, los colores de su bandera: azul y amarillo. Sobre su espalda, su nombre, jaleado por parte de la grada cada vez que conseguía tocar a su contrincante y anotar un punto: Kharlan. Acabó logrando la primera medalla olímpica para Ucrania.
Olga Kharlan (Mykolayv, 33 años) era ayer uno de los focos de atención en el majestuoso palacio de cristal donde se están celebrando las pruebas de esgrima,el Grand Palais. La atleta ucraniana, además de en lo deportivo, fue protagonista porque, con su sable, ha hecho bandera de la batalla para impedir la presencia de los deportistas rusos en estos Juegos Olímpicos de París.
La campeona olímpica fue eliminada del mundial de esgrima de Milán el año pasado tras haberle negado el saludo a su contrincante, la atleta rusa Anna Smirnova, de 23 años. Esta representaba al país bajo el estatus de «atleta individual neutro».
Después de la prueba, como es habitual, la rusa se le acercó, pero Kharlan la apartó con su sable antes de girarse y marcharse. La guerra en el país, el debate sobre la relación entre la geopolítica y el olimpismo, se escenificó en aquella pista aquel mes de julio, a través de dos mujeres vestidas de blanco y espada en mano.
La rusa protestó ante la federación de esgrima, que descalificó a Kharlan. Esta no ha dejado de defender su causa: «Nunca le daré la mano a un atleta ruso», reivindicó. El destino de la campeona ucraniana en estos Juegos estuvo en el aire hasta que el presidente del Comité Olímpico Internacional, Thomas Bach, le envió una carta invitándole a participar en el evento olímpico y se le retiró la sanción. Kharlan tiene cuatro medallas olímpicas y 60 podios mundiales.
«Me resulta imposible imaginar cómo te sientes en estos momento: con la guerra en tu país, el sufrimiento de la población en Ucrania, la incertidumbre sobre tu participación en el Mundial de Milán (...) Es admirable cómo has gestionado esta increíble situación y quiero expresarte mi apoyo», le decía Bach en la misiva.
En el Grand Palais de París, bajo su impresionante cúpula, Kharlan fue batiendo ayer a sus contrincantes. Empezó por la mañana imponiéndose a su rival japonesa. Cada punto anotado, la ucraniana gritaba. Después, eliminó a la de Azerbaian y a la italiana. La eliminó la francesa para llegar a la final, pero consiguió imponerse a la coreana y lograr el bronce, la primera medalla para Ucrania.
Últimos juegos
Estos de París pueden ser sus últimos Juegos, pues ella misma ha ya ha dicho que quiere tomarse un tiempo de descanso. La guerra rusa en su país y su combate para denunciar la participación rusa, la han desgastado.
Kharlan dijo que, tras la guerra, pensó en dejar el esgrima. «En la competición tenía muchas ganas de demostrar algo y ganar para mi país y para mis padres, porque el deporte da esperanza y emociones positivas. Pero durante medio año no tuve fuerzas para un mínimo resultado individual o de equipo», dijo cuando fue descalificada en el mundial de Milán.
En estos Juegos no han participado esgrimistas rusos ni tampoco bielorrusos. Podían hacerlo pero no con su bandera, sino bajo el estatus de atleta individual neutral. Ninguno de los que podrían haber competido se inscribió.
La que quedó eliminada en su debut olímpico fue la esgrimista española Lucía Martín-Portugués. La deportista, que aspiraba a lograr medalla, fue abatida a la primera. «Qué vergüenza, he perdido a la primera cuando venía a por medalla. No me he encontrado», dijo la atleta, llorando, en declaraciones a la prensa. En la grada la arroparon las infantas Leonor y Sofía, así como por presidente el del Comité Olímpico Español, Alejandro Blanco. La española ha devuelto el esgrima español a la competición olímpica tras 16 años sin participación.
«He cumplido mis sueños de niño: llegar a unos Juegos, conseguir una medalla y ahora un diploma olímpico». Ojalá todo el mundo asumiera la decepción como Ray Zapata. El gimnasta español, de 31 años, se mostraba sinceramente satisfecho con el séptimo puesto en la final de suelo celebrada ayer en París. No logró la tan ansiada medalla, la que diera continuidad a la plata conseguida en Tokio, pero sonreía. «Venía de una lesión, pero he creído en mí,
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