Tras el tremendo susto del primer partido, en el que evitaron la derrota sobre la bocina y triunfaron en la prórroga, los Celtics no jugaron con fuego este jueves en el TD Garden de Boston y ganaron a los Indiana Pacers por 126-110 para tomar una ventaja de 2-0 en las finales del Este, que se desplazan ahora a Indianápolis.
Dejaron pasar una enorme oportunidad a los Indiana Pacers hace dos días en Boston y este jueves los hombres de Joe Mazzulla no les dieron opción, liderados por un espectacular Jaylen Brown de 40 puntos y cinco rebotes.
Mazzulla cree que el partidazo de Brwon fue motivado por el hecho de quedar fuera de los equipos All-NBA de esta temporada. Brown, un jugador que el año pasado firmó un contrato de cinco años y casi 305 millones de dólares, no fue incluido en los tres equipos All-NBA anunciados el miércoles y decididos por las votaciones de un grupo de 99 medios. “Jaylen es de mis jugadores favoritos. Creo que le interesa (el All-NBA) en el sentido de que es algo que le motiva. Luego ganar es lo más importante”, dijo Mazzulla en la rueda de prensa posterior al partido del TD Garden.
Los Pacers, además de la derrota, se fueron de Boston con el susto de su estrella Tyrese Haliburton, quien se retiró del partido tras sufrir un problema muscular en un muslo.
Jayson Tatum tuvo un comienzo lento, con apenas cuatro puntos en la primera mitad, pero reaccionó en la segunda y acabó con 23 puntos, seis rebotes y cinco asistencias pese a su uno de siete en triples. Derrick White aportó 23 puntos y cuatro triples y Jrue Holiday, un doble doble de 15 puntos y diez asistencias.
El dominicano Al Horford contribuyó con seis puntos, diez rebotes y dos robos en 25 minutos en pista.
Los Pacers no consiguieron tutear a Boston pese a la gran noche de Pascal Siakam, protagonista con 28 puntos, siete rebotes y trece de 28 en tiros de campo.
Haliburton acabó con diez puntos, cuatro rebotes y ocho asistencias, pero disparó las alarmas cuando notó un problema muscular en el mismo muslo que le obligó a estar diez partidos de baja en enero.
Necesitará someterse a pruebas e intentará recuperarse para los dos próximos partidos, fijados en Indiana, contra unos Celtics que ganaron cuatro duelos de cuatro lejos del Garden en esta postemporada.
Los Pacers tuvieron un buen comienzo de partido, tomaron una ventaja de seis puntos en el primer cuarto antes de que los Celtics respondieran con un demoledor parcial de 20-0 que les permitió colocarse arriba 42-27.
En ese 20-0 Brown contribuyó con diez puntos, y pese a que los Pacers redujeran la desventaja a seis puntos para ir al descanso, en el tercer período, los de Boston volvieron a dejar las cosas claras.
Fue Pascal Siakam en intentar mantener con vida a los Pacers en ese periodo, al anotar 10 puntos en menos de cinco minutos, con un asombroso 12 de 14 de acierto en tiros de campo. Su magnífico ritmo anotador permitió a los Pacers colocarse a tan solo dos puntos de los Celtics en el 66-68.
Pero Tatum encontró ritmo anotador y sus diez puntos permitieron a los Celtics escaparse hacia el 93-78.
Los de Boston incrementaron el margen hasta los 19 puntos en el 113-94 del cuarto período y pudieron vivir con tranquilidad los últimos minutos en el TD Garden.
La serie se desplaza ahora a Indianápolis para el tercer y cuarto partido, fijados, respectivamente, este sábado y lunes.
El ganador de esta serie se enfrentará en las Finales de la NBA a uno entre los Dallas Mavericks y los Minnesota Timberwolves, que ve a los texanos por delante 1-0 tras la victoria de este miércoles a domicilio. Las Finales de la NBA comenzarán el próximo 6 de junio.
Los padres de Sergio Rodríguez se conocieron en una cancha de baloncesto. Eso podría explicar muchas cosas. "Cuando nací, los primeros regalos eran juguetes de baloncesto". En concreto, una canasta de los Celtics con la que jugaba compulsivamente en su habitación. Eso, también. O quizá el secreto del chachismo, esa marca ya para la eternidad de un jugador irrepetible, sea una frase de Pablo Laso: "Lo más importante, él ve esto como un juego".
Pepu Hernández, el entrenador que le hizo debutar con 17 años -en el quinto partido de unas finales ACB, en el Palau-, solía usar un juego de palabras con su pupilo, que también lo sería dos años después en el oro mundial de Saitama con la selección. Las letras que conforman el nombre de Sergio son las mismas que riesgo. Riesgo, imaginación, naturalidad, osadía, talento, profesionalidad y sobre todo, de nuevo, mucho amor por algo que él siempre vio como eso, un juego. El asombroso viaje del Chacho durante dos décadas es todo eso. De Tenerife a Getxo con 14 años, del Siglo XXI a Madrid, del Estudiantes a Portland, de Nueva York (paso por Sacramento) de nuevo a Madrid, del Real Madrid a Filadelfia, de la NBA a Moscú, del CSKA a Milán y del Armani de nuevo al Real Madrid, para cerrar una carrera repleta de éxitos, tres Euroligas, un Mundial, dos Eurobasket, Ligas y Copas en España, Rusia e Italia... y todo un MVP de la Euroliga en la temporada 2013-2014.
Pero Sergio Rodríguez es mucho más que su palmarés, es casi una filosofía. Un jugador que trasciende. Es el Chacho, el apodo que le pusieron en su primera preselección con España, en 2002, porque no paraba de decir, como buen canario, aquello de "muchacho". Jugaba entonces en La Salle con su primer maestro, Pepe Luque, y fue justo antes de marcharse a Bilbao, a esa experiencia llamada Siglo XXI, donde chavales cadetes y juniors convivían y se formaban baloncestísticamente. Fue por entonces cuando dio el estirón físico, aunque todavía le llamaban "polilla" porque no paraba de moverse.
Sergio considera aquellos años lejos de casa, previos al Estudiantes, clave en todo lo que iba a suceder después. El primer año en Madrid, donde se le atragantaron los estudios en el Ramiro, combinó el equipo EBA con el júnior y llevaba un mes de vacaciones cuando Pepu le llamó para la final contra el Barça. La noche antes había estado viendo la NBA y tuvo que despertarle una vecina. Aquella canasta en penetración en el Palau es el comienzo de un época. "Esos 20 segundos del final de liga con Estudiantes me marcaron. Nunca había ido convocado con el primer equipo. Venía de vacaciones, no me sabía las jugadas, estaba preocupado... Esa tensión desde el minuto uno de profesional me ha ayudado", confesaba en una entrevista con este periódico años después.
Ese verano también ganó el Europeo júnior, en Zaragoza, a las órdenes de Txus Vidorreta y con el 10 a la espalda (el eterno 13 lo llevó Antelo). "Un chico con mucho gancho", tituló su primer artículo en EL MUNDO un periodista que era a la vez admirador (como todos) de aquel insólito mago.
"El sueño de toda mi vida". La NBA fue la siguiente estación, a la que llegó con 20 años -dos años antes estuvo por primera vez en EEUU, en el Nike Hoop Summit de San Antonio-, campeón del mundo (esa semifinal contra Argentina...), número 27 del draft (por los Suns que tenían a Steve Nash y deciden traspasarle a Portland) y sin saber inglés. Y con el golpe de realidad de tantos, mucho banquillo y "pocas explicaciones" de Nate McMillan. Pero sin perder la esencia. "Podría estar triste si estuviese aquí perdiendo el tiempo, pero al contrario. Estoy mejorando técnica y físicamente y aprendiendo un idioma. Todo va muy bien para mí", confesaba en una entrevista a ABC en diciembre de 2006.
Sergio Rodríguez posa para EL MUNDO en Nueva York, en su etapa en los Knicks.EL MUNDO
Estuvo tres temporadas y media en Portland (coincidió con Rudy Fernández, con quien el destino le tenía preparada una despedida a la vez), unos meses en Sacramento (con Nocioni) y otro curso en los Knicks, vida en la Gran Manzana. El sueño se cumplió, con toda su realidad y toda su crudeza también. Se codeó con aquellos que admiraba (Iverson, Garnett...), danzó en ese mundo idealizado desde la infancia e incluso coleccionó momentos deportivos inolvidables. Pero se amontonaron las ganas de más. Tan valiente para partir como para regresar, sin pronunciar jamás una frase de arrepentimiento, y un fichaje por el Real Madrid de Messina.
Nada sencillo aquel ambiente, donde, él mismo lo reconoce, todo se magnificaba en negativo. Con Messina huido y Lele Molin a los mandos, los blancos se colaron muchos años después en una Final Four, la que iba a ser primera de muchas para el Chacho (aunque aquello fue un revés en el Sant Jordi, acabaría jugando seis finales y ganando tres Euroligas). Sin saberlo, aquel verano de tiroteos, de la llegada con pocas bienvenidas de Pablo Laso, era el comienzo de una era.
Rudy, Chacho y Llull, tras ganar la Euroliga de 2015.EL MUNDO
Con el estallido personal del Chacho en los playoffs de 2012, especialmente en las semifinales contra el Baskonia, cuando a su virtuosismo e imaginación se unió el acierto desde el triple. Esa primera etapa de lasismo fue su cénit, el MVP de la Euroliga, el título en 2015 en el Palacio... Hasta que la NBA volvió a cruzarse en su camino. Y los sueños de infancia, sueños son. Aunque el Chacho y Ana ya fueran padres de Carmela y aunque Claudio, su bulldog, no pudiera viajar con la familia a Filadelfia, donde eligió un apartamento en el centro de la ciudad.
Los Sixers se encontraron a un base diferente, maduro, inteligente, ambicioso. El Chacho asistió al debut de Joel Embiid, que le saludaba con una peineta en la visita de este periódico en febrero de 2017. Fue a menos en la rotación de Brett Brown y las ofertas para seguir un año más, demasiado inestables, no le convencieron.
Sergio Rodríguez, tras proclamarse campeón de la Euroliga en 2019 con el CSKA.Juan Carlos HidalgoEFE
Y cuando tocó volver a Europa, el Madrid ya había armado su equipo y el CSKA le puso sobre la mesa una oferta de esas que no se pueden rechazar. De USA a Rusia, la familia Rodríguez, una aventura vital que iba a coronar con su segunda Euroliga, en Vitoria 2019 (primer español en ganarla) con un club extranjero. De ahí a Milán, siempre cotizadísimo, el reencuentro con Messina, donde de él se enamoró cada aficionado del Armani e incluso el propio dueño Giorgio, que llegó a decir: "Me gusta todo de él. Amo a sus niñas. Su actitud dentro y fuera de la cancha es ejemplar. Y luego su sonrisa y su mirada profunda dicen mucho de él, son el espejo de su alma". Y un par de temporadas para cerrar el círculo en el Real Madrid, hasta otra Euroliga, la de Kaunas, protagonista principal el Chacho en la Final Four y en la feroz serie de cuartos contra el Partizán en la que se echó al equipo a la espalda, otro destello maravilloso.
Y, durante todo este tiempo, siempre su querida selección, de la que se retiró tras los Juegos de Tokio y se ausentó, por descanso, en el Mundial de 2019 que fue oro en Pekín. Más de 150 partidos y siete medallas con España, de Saitama a Saitama.
"Siempre soñé con retirarme estando bien físicamente y ganando mi último partido. Y ahora la vida me ha ofrecido este regalo", dice en su carta de despedida quien no ha querido homenajes jugando. Pues para él, el baloncesto siempre fue diversión, no nostalgia. El secreto lo guardó y las canastas ya echan de menos el chachismo, al eterno 13.
Se quejaba Winston Churchill de que la fe en la democracia se tambalea después de hablar un cuarto de hora con el elector medio. La fe en la NBA puede llegar a tambalearse viendo que un jugador con sobrepeso como Luka Doncic es una superestrella. Lleva seis años en Estados Unidos y está cada vez más rellenito. No obstante, es también cada vez mejor jugador. En ataque, se entiende, porque el excesivo tonelaje incide de modo negativo en las tareas
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La dupla Jaylen Brown y Jayson Tatum llevó de la mano este lunes a los Boston Celtics en el triunfo por 102-105 en el campo de los Indiana Pacers que cerró con un contundente 4-0 las finales de la Conferencia Este y envió al equipo de Joe Mazzulla a las Finales de la NBA.
Los Celtics irán a por el decimoctavo título de su gloriosa historia en las Finales NBA que comenzarán el próximo 6 de junio en Boston contra el mejor del pulso entre los Dallas Mavericks del esloveno Luka Doncic y los Minnesota Timberwolves, serie que ve a los texanos por delante 3-0.
El TD Garden de Boston volverá a acoger unas Finales NBA por segunda vez en tres años, después de que en 2022 los Golden State Warriors negaran la gloria a los Celtics.
Jaylen Brown, elegido MVP de las finales de la conferencia Este, brilló con 29 puntos y seis rebotes y Jayson Tatum selló 26 puntos, trece rebotes y ocho asistencias en una nueva noche en la que el equipo de Joe Mazzulla logró el triunfo en un final apretado.
Los Celtics, que estuvieron a un paso de la derrota en el primer partido de la serie y que remontaron 18 puntos en el tercero, cerraron el duelo de este lunes con un parcial de 15-4 que tumbó a unos Pacers por segunda vez consecutiva huérfanos de su estrella, Tyrese Haliburton.
Los de Boston sellaron la victoria en un día de conmoción por el fallecimiento del legendario Bill Walton, campeón de la NBA con los Celtics en 1986. El ex de UCLA murió a los 71 años tras una larga lucha contra el cáncer y fue honrado en los prolegómenos del partido con un minuto de silencio.
Volvieron a lucir una defensa feroz en los momentos de máxima necesidad los Celtics, liderados por un impresionante Derrick White, que selló cinco robos y tres tapones, además de 16 puntos, cuatro rebotes y cuatro asistencias. Jrue Holiday acabó con 17 puntos, nueve rebotes y dos asistencias.
El dominicano Al Horford, de nuevo titular en el quinteto de Joe Mazzulla, aportó siete puntos, ocho rebotes y cinco asistencias. Suma 181 partidos de 'playoffs' en su carrera e irá a por el título, tras quedarse a las puertas de la gloria en 2022.
Triunfaron los Celtics tras un duelo muy apretado, en el que los Pacers tomaron la máxima ventaja de la noche en nueve puntos en el cuarto período, sin poder defenderla.
El propietario de los Celtic, Wyc Grousbeck, levanta el trofeo de campeones del Este.JUSTIN CASTERLINEAFP
Andrew Nembhard volvió a brillar con un doble doble de 24 puntos y diez asistencias tras los 32 puntos sellados en el tercer partido. Pascal Siakam aportó 19 puntos y diez rebotes y TJ McConnell metió 15 puntos saliendo del banquillo.
McConnell disparó las alarmas en el cuarto período cuando acabó tendido al suelo tras recibir un fuerte golpe en la cara por parte de Brown, de forma involuntaria. Los árbitros revisaron la jugada, pero decidieron no pitar una falta flagrante.
Y el parcial de 15-4 con el que los Celtics cerraron el partido acabó con las opciones de los Pacers, que pagaron su falta de experiencia en estos escenarios.
El equipo de Rick Carlisle volvía a las finales del Este por primera vez en diez años y no pudo frente a unos Celtics que llegan a las Finales tras ganar todos los partidos disputados fuera de casa en esta postemporada.
Tendrán ahora varios días de descanso los Celtics antes de comenzar las Finales, con toda probabilidad contra los Mavericks de Doncic.