El torneo de Candidatos es la mayor competición que puede jugar un ajedrecista después del Campeonato del Mundo. Sus ganadores, de hecho, obtienen el derecho a retar a los campeones, que ahora mismo son dos chinos: Ding Liren y Ju Wenjun. En la primera jornada del torneo que se celebra desde este jueves en Toronto no faltaron emociones, pero a la hora de la verdad solo una partida de las ocho disputadas no acabó en tablas. Tan Zhongyi, excampeona mundial en 2017, venció a la actual subcampeona, Lei Tingjie.
La importancia de esta competición es tan grande que cabía esperar que en la primera ronda imperara la prudencia. Por otro lado, el formato de juego es una liga a doble vuelta en la que, para evitar posibles compadreos, la FIDE fuerza que los jugadores con la misma nacionalidad se enfrenten entre sí en las primeras rondas. Ese factor, de un modo u otro, también suele incrementar el porcentaje de tablas.
Pese a todo, no solo el duelo entre las chinas ofreció una lucha a muerte. Los dos estadounidenses, números 2 y 3 del mundo y grandes favoritos para ganar el torneo absoluto, libraron una batalla vibrante. Hikaru Nakamura, con negras, planteó una variante rara y arriesgada de la defensa siciliana, una línea con la que logró sorprender a Fabiano Caruana.
Nakamura se marca un Luis Enrique
El propio Nakamura explicaba su elección de la apertura en un vídeo publicado minutos después de terminar la partida. Sorprende que en pleno torneo de Candidatos pierda el tiempo en mantener viva su actividad como ‘streamer’, pero ahora mismo es su principal vía de ingresos, por encima de los premios que consigue en los torneos. El italoamericano, por su parte, acusó la sorpresa y empezó a gastar demasiado tiempo, aunque se las arregló para conseguir una pequeña ventaja.
Nakamura, que jugó muy rápido la primera mitad de la partida, empezó a sentirse en peligro y trató de salvarse con un sacrificio de torre que lo dejó al borde del precipicio. Si Fabiano Caruana se hubiera comido la pieza, no habría podido evitar las tablas, pero el gran favorito del torneo es un tipo serio, enseñado desde pequeño a no aceptar regalos de desconocidos. Fabi, casi la antítesis del ‘showman’ nacido en Japón, quiso castigar su espíritu juguetón, pero en un momento dado eligió un plan erróneo: cambió una torre y ya no pudo esquivar las tablas. El resultado no era malo del todo, pero después de ver cómo se produjeron es probable que anoche tuviera que contar demasiadas ovejas.
Otro de los duelos más interesantes de la jornada fue el que mantuvieron dos de los más jóvenes participantes, el francés Alireza Firouzja (20 años) y el indio Rameshbabu Praggnanandhaa (18). El primero, con blancas, construyó una posición con vistas a la victoria, pero su joven rival no se dejó impresionar y, después de algún desliz mutuo, encontró la salida a todos sus problemas por un camino tan estrecho como resbaladizo.
Las otras dos partidas del Candidatos masculino tuvieron menos historia. El ruso Ian Nepomniachtchi no encontró el modo de doblegar al más débil del torneo, el azerí Nijat Abasov, quien ha llegado a Canadá con una pierna herida, pero la cabeza sobre los hombros. En el duelo entre dos de los tres indios, por último, Gukesh (17), el más joven del grupo, tuvo que defenderse contra Vidit Santosh Gujrathi, quien pese a llevar las piezas negras y a figurar entre las supuestas víctimas de la competición fue quien arriesgó y dio espectáculo.
Torneo de Candidatas
En el cuadro femenino, las tres primeras partidas también acabaron en tablas, pero en la última en terminar, Lei Tingjie perdió con blancas contra su compatriota Tan Zhongyi. Estamos en los albores del Candidatos, pero la primera ya tiene cuesta arriba volver a jugar un Mundial, tras su experiencia del año pasado. En 2023 perdió en su primer asalto al título contra Ju Wenjun.
En el resto de partidas hubo pocos sobresaltos, hasta el punto de que uno de los detalles más significativos, seguro que casual, fue que la búlgara Nurgyul Salimova planteara la defensa rusa a la ucraniana Anna Muzychuk. Además de su empate, las indias Vaishali Ramershbabu y Humpu Koneru firmaron otro aún más soso, mientras que las rusas Aleksandra Goryachkina y Kateryna Lagno, dos subcampeonas del mundo, tampoco encontraron motivos para matarse entre ellas con tanto torneo por delante.
Acortar las partidas y suprimir los incrementos, para hacerlas más dramáticas, y monetizar de una vez el segundo deporte más practicado son algunas de las propuestas que Magnus Carlsen, Hikaru Nakamura y Levy Rozman lanzaron el martes en el ICE Barcelona. Los números uno y dos del mundo también criticaron el rumbo actual de la FIDE, con matices, y jugaron una partida a la ciega que fue narrada en vivo por GothamChess, nombre por el que siete millones de personas conocen a Rozman. Justo antes, los tres tenores del tablero hablaron con EL MUNDO y ampliaron las ideas expuestas en su charla para el público de la feria.
El escenario evidenciaba la pujanza del sector del juego. La Fira de Barcelona era un babel de lenguas con decenas de miles de visitantes. A unos pocos metros, Luis Figo y Alessandro del Piero protagonizaban su propio evento, a simple vista menos intelectual. A este lado de la riada humana, Nakamura se mostraba más crítico que Carlsen, reconciliado en algunos de sus frentes con la Federación Internacional tras sus recientes polémicas. Ninguno mostró, en todo caso, demasiado entusiasmo por la organización presidida por Arkady Dvorkovich.
Para saber más
Entre unas actividades y otras, unos pocos aficionados lograron un recuerdo imborrable, al poder jugar contra sus ídolos partidas relámpago, de tres minutos. Los astros no perdieron la calma ni cuando se enfrentaron a algún experto infiltrado. Alba de Lomas, campeona de España de parejas mixtas y campeona de Cataluña, puso a prueba la proverbial velocidad de Nakamura y el gran maestro argentino Tomás Sosa cayó por tiempo en una lucha disputada contra Carlsen. El noruego era el gran protagonista del acto, en su calidad de embajador de Betby, proveedor de apuestas deportivas de compañías de primer nivel.
El ejemplo del béisbol
Nakamura puso el ejemplo del béisbol, deporte estrella en su país. "Tradicionalmente, se considera demasiado lento. Los partidos duraban demasiado, pero ahora se lanza cada 30 segundos y lo disfruta más gente. Yo mismo lo odiaba y ahora me encanta. En ajedrez también necesitamos más velocidad, si queremos captar al aficionado ocasional. Hay otras soluciones, como quitar los incrementos. Si te quedas sin tiempo, pierdes y ya está. Necesitamos patrocinadores y los formatos más rápidos son la única forma de lograrlos. La Copa del Mundo de eSports lo hizo de maravilla. Las campañas que hacen son impresionantes. No hay razón por la que el ajedrez no pueda hacer lo mismo. Tiene que ser un juego más digerible. El potencial está ahí. ¿Cómo es posible que no tengamos patrocinadores de relojes, bolígrafos...? No me hagas hablar".
Rozman apuntó algunos datos y su propio diagnóstico: "Al menos entre 300 y 400 millones de personas juegan al ajedrez en todo el mundo. Creo que el fútbol es el único deporte con más aficionados. El gran problema del ajedrez reside en la dificultad de monetizarlo. Es un juego casi gratuito. En muchos de los principales deportes, se pueden vender muchos más productos que un tablero y unas piezas. Y tenemos un organismo rector que, en mi opinión, no se preocupa realmente por los jugadores; solo por el funcionamiento de la organización. Por supuesto, hablo de la FIDE".
¿Supone el Freestyle o ajedrez 960 una solución? "Creo que es la forma más pura de ajedrez que podemos encontrar", responde al toque Carlsen, "porque hay que pensar desde el principio. Se centra en las cosas que originalmente se suponía que debía ser el ajedrez, pero una cosa es tener un buen producto para los jugadores y otra para los aficionados, convencer al mundo. Hasta ahora no ha sido fácil. Yo no disfruté con las intrigas que han rodeado esta modalidad y la incertidumbre vivida, pero jugarlo ha sido muy divertido. Aparte de la Copa del Mundo de eSports, fueron mis torneos favoritos el año pasado".
Alba de Lomas, campeona de España de parejas mixtas, contra Nakamura.BETBY
Nakamura coincide en lo esencial: "Como ajedrecista, el estilo libre es muy divertido. Me recuerda a cuando Magnus y yo éramos muy jóvenes. Te preparas muy poco, te presentas y simplemente juegas. En cierto modo, ves quién es mejor, pero desde un punto de vista comercial tiene bastantes fallos. El ajedrez clásico tiene historia. Hay aperturas magníficas, como la Ruy López, ya que estamos en España, relatos románticas de los siglos XVI y XVII que son un gran atractivo. Los torneos de estilo libre no atraen igual a la audiencia, así que soy pesimista sobre su futuro".
Desaparición del pensamiento crítico
En Barcelona se habló mucho sobre las estrellas emergentes, aunque Magnus destacó el valor de su generación y cómo aprendieron ellos: "Los niños progresan ahora mucho más rápido gracias a internet, pero diría que una de sus desventajas es que se vuelven muy dependientes de los programas informáticos y de sus criterios. Gukesh, actual campeón del mundo, es muy bueno en parte porque su entrenador no le dejaba usar estos programas hasta que fue un jugador muy fuerte. Muchos niños se obsesionan con los motores informáticos y esto perjudica el pensamiento crítico. Algunos de los grandes maestros más jóvenes incluso carecen de algunas habilidades de pensamiento crítico, de lógica".
A propósito de Gukesh y sus resultados recientes, ¿el título puede ser una carga? "Las expectativas que se tenían sobre él eran poco realistas", responde Carlsen. "En parte, él mismo se lo buscó, al jugar torneos tan fuertes, pero en el Candidatos jugó increíble y en la Olimpiada completó una de las mejores actuaciones de la historia, llevando a la India al oro. Su duelo contra Ding Liren fue más dispar, pero aun así es difícil discutir sus resultados. Recordemos que aún es joven y hasta hace poco nada sugería que sería tan bueno de forma consistente. Creo que ha llegado a un período de normalización y que está aprendiendo. En ciertos aspectos, se ha vuelto más fuerte, pero no es fácil demostrarlo en cada partida. Defender su título en cada torneo no es fácil, pero le irá bien. Su trayectoria es buena. Otra cosa es que debemos ser realistas con su generación, porque mi carrera o la de Hikaru no se da muy a menudo. Gukesh podría convertirse en uno de los mejores de todos los tiempos, pero lo más probable es que acabe siendo un jugador de élite que tuvo la mejor racha de su vida y se convirtió en campeón. Eso en sí mismo ya es genial".
No presionar a los niños
El número uno del mundo también habló sobre Faustino Oro, al que invitó a Oslo unos días a jugar. ¿Será tan bueno como él algún día? "Esa es la cuestión. Está Faustino y está Roman Shogdzhiev, maestro internacional de 10 años y potencialmente incluso más fuerte que Faustino a esa edad. A los 12, no hay nada que sugiera que el argentino no pueda ser uno de los mejores de todos los tiempos, pero estadísticamente lo más probable es que no lo consiga. Por eso hay que evitar presionar demasiado a estos chicos, pero viendo sus partidas, es evidente que Oro es increíblemente bueno para su edad y que tiene una comprensión excelente, un gran sentido posicional. No abruma a sus oponentes con tácticas, sino que entiende las posiciones y eso es muy alentador. Además, le encanta el ajedrez y juega siempre que puede. Cuando veo a un jugador que no disfruta de las partidas informales lo considero una señal de alarma. El ajedrez es el mejor juego del mundo. ¿Por qué no querrías practicarlo sólo por diversión?"
Carlsen y Nakamura también hablaron de su reciente paternidad y lo que puede afectar a un gran maestro. "En mi caso, no supone un gran cambio", afirma Nakamura. "Por la etapa de nuestras carreras en la que estamos Magnus y yo, no tiene el mismo impacto. Hace cinco o seis años, habría sido muy diferente. Yo aún puedo crear contenido y hacer retransmisiones en vivo, pero si eres un ajedrecista como Wesley So, que tiene 32 años y juega todos los grandes torneos, sí puede afectar a tu ajedrez de forma muy negativa. Veremos cómo me va en el Candidatos, pero de momento no ha cambiado mucho mi vida. Si acaso, juego algún torneo por internet después de haber dormido peor y quizá me va un poco peor".
Carlsen también está encantado: "Ser padre ha sido una bendición increíble y coincido con Hikaru en que estamos un poco fuera del circuito. No viajamos tanto y todo encaja mejor. Definitivamente, no quiero estar lejos de mi hijo demasiado tiempo. Me alegró volar ayer para venir a Barcelona, pero también me alegra saber que esta noche estaré en casa y veré a mi familia".
Carlsen saluda a Nakamura, con Rozman de presentador.F.M.B.
La última pregunta es sobre el nuevo supertítulo de campeón mundial recién creado por la FIDE, en el que se mezclarán varios ritmos de juego. Nakamura ve "un par de cosas muy cuestionables". "Lo primero es que todos asumen que llamar a algo campeonato mundial automáticamente te da prestigio. Según tengo entendido, Noruega compró el derecho a llamar a esta nueva competición Campeonato Mundial Total y no creo que fuera necesario. Soy bastante escéptico con todos los que pagan a la FIDE una licencia para usar dicho nombre. Por otro lado, hay demasiados eventos llamados campeonato mundial y demasiados campeones mundiales. La marca se diluye y no me gusta. Y si miro a Gukesh, añadiré algo que puede sonar grosero, pero no va a ganar el Campeonato Mundial Total. Esto lo sabe todo el mundo. Y si hay demasiados campeones mundiales, la FIDE también perderá prestigio, porque el campeón mundial clásico dejará de ser considerado el mejor del mundo. No es que no ocurra ya, pero esto enturbiará las aguas. Por eso soy tan escéptico con todo lo relacionado con la FIDE".
Carlsen, un poco "deprimido" por los argumentos de su colega, suaviza el diagnóstico: "A ninguno nos impresiona especialmente el esfuerzo de la FIDE por aprovechar la explosión que ha vivido el ajedrez por internet en los últimos seis o siete años. Aplaudo los esfuerzos recientes para considerar las partidas ligeramente más rápidas como ajedrez clásico, pero ya veremos. En general, estoy muy contento de no tener que lidiar con la FIDE durante, digamos, al menos 350 días al año".
Para terminar, Carlsen admitió en público su capacidad para verse envuelto en polémicas: "Recuerdo a una persona, cuyo nombre no revelaré, que decía que se topaba con imbéciles cada vez que jugaba y no entendía por qué. Obviamente, era probable que él fuera el problema. Así que empiezo a pensar que tal vez yo también sea el problema, como denominador común. Al mismo tiempo, lo que pasó en los Mundiales de Qatar fue pura emoción. Los días son largos y a veces puedo agobiarme y eso es parte de la vida. Uno aspira a tener el control en todo momento, entrena para tenerlo, pero no siempre lo consigue. Supongo que soy de esas personas a las que les resulta más fácil dejar salir las emociones en lugar de guardárselas. Pero por suerte, también mostré una faceta de mí de la que me siento orgulloso: he demostrado que puedo pasar por momentos difíciles y luego recuperarme". "También sigo siendo bueno en lo que hago, lo que hace que todo sea un poco más tolerable para los demás", añadió con su pizca de humor noruego.
Garry Kasparov siempre defendió con firmeza que la historia del ajedrez es un reflejo de la historia de la civilización. En el prólogo de su 'Mis geniales predecesores', el ex campeón desarrolla esta tesis, que fue llevada al extremo por Lenin, hace un siglo, cuando convirtió un pasatiempo burgués en una cuestión de Estado. El propio Kasparov le explicó a Billy Crystal en televisión, hace 10 años, que «el ajedrez era tratado en la Unión Soviética como una herramienta ideológica clave para demostrar la superioridad intelectual del régimen comunista sobre el decadente Occidente».
«Teníamos millones de niños que pasaban por estas redes en el país, donde había pocas opciones para chicos con talento: los negocios, la política y la ley no eran una opción. Todos los padres buscaban oportunidades para sus hijos y el ajedrez era una de ellas, como la música, el ballet, la ciencia y los deportes en general». No fue casualidad ni un milagro genético que el ajedrez soviético arrasara en la segunda mitad del siglo XX. Su alineación de campeones (Botvinnik, Smyslov, Tal, Petrosian, Spassky, Karpov, Kasparov y Kramnik) solo fue interrumpida, de forma fugaz, por la insolencia de Bobby Fischer, en 1972. Después del americano, en el mundo libre se conformaban con tener héroes como el neerlandés Jan Timman, fallecido hace unos días y conocido por los propios rusos como el «mejor de Occidente». Era un número 2 bohemio y disfrutón, sin la disciplina necesaria para ser campeón, un fabuloso representante de nuestra decadencia.
El primer "bárbaro"
Hasta el siglo XXI, Moscú era la capital mundial del ajedrez y la corona sencillamente les pertenecía. El desmoronamiento de la URSS no se reflejó de forma inmediata, pero no tardó en hacerlo. El primer «bárbaro» en asaltar el imperio fue el indio Viswanathan Anand, procedente de un país que pasó en cuatro décadas de ser la cuna irrelevante del juego a luchar por la hegemonía mundial, en dura competencia con Estados Unidos y China.
El pentacampeón indio da varias claves: «Rusia es una fracción de la Unión Soviética y las computadoras hicieron que todas las ventajas de su entrenamiento fueran irrelevantes. Y cuando el país se derrumbó, muchos emigraron a otros países».
250 grandes maestros
Pese a todo, Rusia todavía es el país con mayor número de grandes maestros, unos 250, más del doble que Estados Unidos, que supera por poco el centenar. España está entre los 10 mejores, con más de 50, pero si hablamos de calidad y no de cantidad, el declive ruso es palmario. En julio del año pasado, por primera vez se quedaron sin representantes en el 'Top 10'. En 2026 ya han sido expulsados del 'Top 20', un descalabro inédito desde que la FIDE publicó su primera lista en 1971.
El mejor ruso en la clasificación es Ian Nepomniachtchi (22), justo por detrás de Hans Niemann, quien solo es el sexto mejor de EE.UU. El vuelco es radical. Leonard Barden, columnista casi centenario de 'The Guardian', asegura que la situación actual era «inconcebible en los días de gloria del imperio soviético». En 1970, por ejemplo, la URSS derrotó al «Resto del mundo», en Belgrado, por 20,5 a 19,5. «En esos años», dice Barden, «habría sido una broma sugerir que la supremacía rusa desaparecería en medio siglo y sería reemplazada por una rivalidad entre India y Estados Unidos».
El duelo se repitió en 1984, en Londres, con nueva victoria soviética (21-19). En Madrid (1988), la URSS ganó una vez más (32,5-31,5), con Miguel Illescas en el equipo occidental, junto con una Judit Polgar de solo 12 años. En Moscú (2002), la historia había virado, dentro y fuera de los tableros, y el Resto del mundo venció por 52-48. Ya no tendría sentido organizar algo así.
Lo peor para Rusia es que no parece capaz de darle la vuelta. Nepo tiene 35 años y sus mejores días son historia. El siguiente en la lista es Andrey Esipenko, de 23 (puesto 35), pero está algo estancado desde los 19. Luego tienen a Peter Svidler, casi un cincuentón semijubilado. A corto plazo, su gran esperanza es Volodar Murzin (64), de 19 años. A medio, Roman Shogdzhiev (10 años) rompe récords en la estela del argentino Faustino Oro, pero es una bala lejana y solitaria.
Mejor las mujeres
Algo mejor resisten las ajedrecistas, que el año pasado ganaron en Jaén el Mundial Femenino por Equipos, aún sin derecho a exhibir su bandera. En una lista internacional en la que China copa las cinco primeras posiciones, la mejor rusa es Aleksandra Goryachkina (7), que llegó a ser número 2 y aún puede ganar a cualquiera. Kateryna Lagno (9) y Polina Shuvalova (10) demuestran que Rusia es aún una potencia, aunque en la clasificación por países (una media de Elo de las 10 mejores), las rusas son sextas -con China, India y Ucrania en el podio-, mientras ellos mantienen el cuarto puesto.
En la Rusia actual, el ajedrez es secundario, aunque Nepo y Sergey Karjakin recibieron un amplio apoyo cuando retaron a Carlsen por la corona. En realidad, la superioridad intelectual ya no preocupa demasiado en casi ningún lugar del planeta.
Incluso en los despachos flaquea la vieja hegemonía. El presidente de la FIDE, Arkady Dvorkovich, ha sido incluido por la UE en su lista de 30 personas y 64 organizaciones acusadas de socavar la soberanía de Ucrania y apoyar la guerra. Puede parecer solo un gesto, pero Kirsan Iliumzhinov, antecesor y compatriota de Dvorkovich, renunció tras ser sancionado por EE.UU en 2018, debido a sus negocios con Siria.
Google lo ignora y la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) también. En realidad, casi todos los que escribimos de ajedrez hemos "olvidado" alguna vez que Ruslan Ponomariov es el campeón mundial más precoz de la historia, más incluso que el vigente poseedor de la corona, Gukesh Dommaraju. Pono ganó el título a los 18 años, después de vencer en la final a su compatriota Vasyl Ivanchuk. Nacido en Jórlivka (Ucrania) en 1983, lleva tanto tiempo entre la élite que es fácil asociarlo a las estrellas del pasado. Aún sigue en el top 100 y compite de vez a gran nivel, como demostró en el torneo Salamanca, cuna del ajedrez moderno, donde concedió esta entrevista.
El gran maestro ucraniano no tarda en esbozar su teoría -convencimiento más bien- de por qué la Federación Internacional se resiste a reconocerlo entre sus grandes campeones, pese a que ganó el título oficial en los tiempos (1993-2006), en los que Garry Kasparov promovió una organización paralela.
Ponomariov es un tipo simpático y locuaz. Vive en Bilbao desde hace dos años, está casado con una española y habla un castellano muy correcto, salpicado de expresiones pintorescas. En su rostro aún brillan los ojos del niño prodigio, uno de los más fulgurantes que han visto los tableros. Con 14 años se convirtió en el gran maestro más joven de la historia. Luego superó la plusmarca de Kasparov, en casi cuatro años, como campeón más precoz. Con 12 ganó el oro en el Europeo sub'18, metal que repitió un año después en el Mundial juvenil.
En la presentación del torneo salmantino, alguien volvió a decir que Gukesh lo había superado como campeón más joven y Ponomariov, en lugar de enfadarse o corregir el error, lanzó una sonrisa. «Yo también soy persona. La primera vez que lo oí, me enfadé. "¿Por qué no miran la fecha de nacimiento de uno y otro?" Recuerdo que la FIDE me llamó para que comentara una partida y les pregunté: '¿pero quién es el campeón más joven?' 'Eres tú, eres tú, decían'. '¿Y dónde está esa información?", repliqué. Topalov me recomendó que diera algunas entrevistas, pero no voy a dedicar mi vida a eso. Prefiero seguir viviendo». Hace poco, en el Europeo de selecciones de Batumi, en el hotel había una sala de honor con fotos de los campeones del mundo. Ruslan tampoco se encontró allí. "¿Por qué pasa esto? El presidente de la FIDE [Arkady Dvorkovich] es ruso. Obviamente, mi nacionalidad es un problema. Me enfadé un poco, pero me centré en jugar y ganamos. Dvorkovich apareció un día en la sala de juego. Iba a hacer el saque de honor. '¡Joder, que va a venir a mi partida! ¡Yo me marcho!' pensé. Pero entonces anunciaron que haría la jugada en la sección femenina. Él no podía ir donde estaba Ucrania".
Cabe aclarar que la FIDE ya incluye a Ponomariov en su página web, en la lista de campeones. No obstante, hace un año, cuando Gukesh se proclamó campeón, todavía insistían en que el indio era el más joven de la historia, pese a que se coronó unos meses más viejo que él.
Ponomariov sostiene que la FIDE no debería readmitir a los equipos rusos, como parece a punto de aprobar. "Él siempre lo intenta, pero yo no estoy cómodo", admite el ucraniano. "En Samarcanda permitieron jugar a los jugadores neutrales", afirma subrayando la última palabra. "Me tocaron tres en once rondas. ¿Cómo puede ser? ¿Intentaban algo?".
¿Cree que castigar atodos los rusos es justo, dado que algunos están en contra de Putin?
Esto no es así. Todos estamos contra la guerra. Encuentra a alguien que no lo esté. ¿Hay casi un millón de soldados rusos en Ucrania por equivocación? Han pasado varios años y están calladitos. El silencio también mata.
Ponomariov también deja sitio a la autocrítica: "No voy a pedir cuentas a nadie. También siento culpa por no hacer lo suficiente. En el Campeonato de Europa teníamos a Igor Kovalenko, que está luchando en el frente, mientras que yo no. Para él era muy duro jugar. No quería contar detalles. Era demasiado doloroso. Él me decía que, aparte de luchar, siempre se puede hacer algo, como donar dinero".
¿Cómo ganaron el oro en esas circunstancias?
No teníamos expectativas y nos sentíamos privilegiados, sin bombas, sin sirenas. Descubrí que durante el campeonato Igor dormía en el suelo. Ya estaba acostumbrado y no podía hacerlo en la cama. Nuestro entrenador nos contó que tenía dolores en la espalda y tomaba medicinas, pero luego jugaba con un espíritu tan positivo que también ganó el oro individual.
Ponomariov, en Salamanca.FEDERICO MARÍN BELLÓN
Han pasado muchos años, 23. Cuando ganas un torneo estás muy emocionado, porque entra dopamina en el cerebro, pero es un efecto muy corto. La gente te felicita, pero en una semana la vida vuelve. Tampoco cambia el mundo. Entré en la historia, sí, pero ahora tengo que luchar para que no se cambie. Es curioso. Y hablando de la historia, yo nací en 1983, cuando había pocos soviéticos. Parece que estaban ocultos. Dábamos muchas cosas por sentadas. Ahora, a veces, me da un poco de miedo.
Su rival fue su compatriota Vasyl Ivanchuk, uno de los grandes genios sin corona. Ponomariov recuerda que no llegó a sentir lástima por él, porque "una cosa es la vida y otra cosa el tablero". "Hay que distinguir. Vasyl tenía categoría para haber sido campeón del mundo también y se quedó a un paso". Ivanchuk, por otro lado, a veces exterioriza su dolor después de una derrota de un modo inusual entre los grandes maestros: "El ajedrez no es tan físico como otros deportes, pero se sufre mucho. Con el tiempo, Vasyl aprendió a expresar sus emociones, no a encerrarse en sí mismo. Antes podía perder una partida y estar muy mal, como si la vida se acabara. Creo que es mejor expresar el dolor y luego seguir jugando".
¿Hay que ser especialmente fuerte para llegar a lo más alto en el ajedrez?
Nadie te enseña a ganar y perder. Mi entrenador no lo hacía, pero vas ganando experiencia. Tampoco hay muchos libros que te digan qué hacer después de una derrota. Yo no trabajé con psicólogos, pero ahora que tengo un hijo me interesa mucho ese tema. La mayoría de los hombres piensa que es una chorrada. En Batumi estuve con David Navara, una persona amable, que habla muchos idiomas. Me dijo que estuvo muy mal, que Kramnik lo había amenazado con llevarlo a juicio, pero que por fin se sentía un poco mejor y ya podía jugar por su equipo. [David Navara fue el gran maestro de ajedrez que cayó en depresión tras ser señalado como tramposo].
¿Tuvo una infancia feliz?
No sufrí mucho, pero tenía ventajas y desventajas. Mis compañeros se iban de fiesta, jugaban al fútbol y yo dedicaba más tiempo al ajedrez, aunque nadie me obligaba. Pero no querría eso para mi hijo. El problema es que a veces tu cuerpo está aún creciendo y no está preparado del todo. Debes pasar tiempo con chavales de tu edad. Quizás mi educación fue un poco forzada.
¿Tiene algún consejo para Faustino Oro, el joven de 12 años?
Que piense a largo plazo. No es solo conseguir algo en dos años y quedar desgastado. Tiene la capacidad, pero también hay que prepararse mentalmente para la presión. Me gusta leer historias de deportistas, como JudeBellingham, un chaval muy responsable. Luego tenemos a Lamine Yamal, que va a fiestas. Hay mucha presión y no voy a decir cómo deben vivir, pero ahora tengo más experiencia y me gusta compartirla, enseñar y ser útil.