En el benévolo clima de Florida, en un parque público de Tallahassee, la capital del estado, el ugandés Jakob Kiplimo y la keniana Agnes Ngetich se coronaron, con dos soberbias exhibiciones, campeones mundiales de Campo a Través. Del viejo, sufrido y querido Cross.
Se impusieron en otro de esos contrasentidos del deporte moderno. Temperatura primaveral para una competición invernal. Sol. Público abundante y en camiseta y pantalón corto. Césped ralo a ras de tierra dura. Bosque. Arena de playa. Una balsa de agua teñida con innecesario pero vistoso colorante azul. Barro postizo, como viruta seca. Caimanes de pega, de madera... Un decorado. Un espectáculo muy made in USA. Recorrido bonito, ancho, luminoso, artificial. Duro, no obstante, por el trazado, el calor y la humedad.
Kiplimo, que ganó en octubre el maratón de Chicago con 2:02:23, récord nacional, soportó sin desgaste ninguno la condición de máximo favorito y conquistó su tercer título consecutivo, a imitación y equiparación de John Ngugi, Paul Tergat y Kenenisa Bekele. Cuando aceleró, nadie pudo seguirlo y cruzó sonriente, casi aparentemente fresco, la meta. El etíope Berihu Aregawi, subcampeón en las dos últimas ediciones, volvió a serlo en ésta. Y otro de los kenianos, Daniel Ebenyo, ocupó la tercera plaza.
Thierry Ndikumwenayo, campeón de Europa, no se desgastó en esfuerzos estériles y peligrosos. Consciente de la superioridad de, en general, ugandeses, kenianos y etíopes, corrió dosificando las fuerzas y empleándolas para ir ganando terreno poco a poco, sin prisa y sin pausa, y terminar en octava posición, una mejor que la novena conseguida hace dos años en Budapest. Nacido en Burundi, es algo atrevido decir que fue el primer europeo. Pero, en este mundo globalizado, también y muy especialmente en el deporte, técnicamente así es y debemos constatarlo, celebrarlo y agradecerlo.
Desde el primer kilómetro
Agnes Ngetich ofreció una exhibición aún más portentosa que la de Kiplimo. Plusmarquista mundial de los 10 km en ruta, era, como el ugandés, la principal favorita, habida cuenta de que su compatriota Beatrice Chebet, la reina mundial del fondo, embarazada, no era de la partida. Desde el primer kilómetro, que resolvió en 2:55, puso las cosas en su sitio. Reventó en el acto la carrera y dejó a las demás la lucha por la plata y el bronce, las migajas del éxito. La ugandesa Joy Cheptoyek y la etíope Senayet Getachew, que también contaban en los pronósticos, las disfrutaron.
María Forero, de 22 años, campeona de Europa sub-23, estuvo notable. En su estreno en la categoría absoluta, se tomó, como Ndikumwenayo, la carrera con cautela y sabiduría. Fue a más metro a metro y terminó en la decimocuarta posición. Un puesto que no dice mucho tomado así, de modo frío. Pero significa bastante si se considera que María, onubense, fue la primera europea en medio de un mar africano. Prosigue su aprendizaje y su mejoría.
En todas las categorías, menos en el ambiguo relevo mixto, en las sub-20 masculina y femenina y, dicho está, en las sénior, en las absolutas, predominaron las camisetas de Kenia, Uganda y Etiopía. Nada nuevo bajo el sol. El de Florida y el de cualquier otro sitio.