Rafa Nadal, ausente desde Roland Garros, regresó a la competición individual este martes con un triunfo en primera ronda del torneo de Bastad (Suecia), por 6-3 y 6-4, ante el sueco Leo Borg, hijo de la leyenda Bjorn Borg. El español continúa con su preparación para los Juegos Olímpicos de París 2024.
En su camino por recuperar sensaciones y ritmo, Nadal, que ya el lunes jugó y ganó el dobles con el noruego Casper Ruud, se mostró bastante sólido, sin dar opción al sueco, a quien superó en apenas en 86 minutos.
El español se mostró especialmente seguro con su saque (un 82% de puntos ganados con el primer servicio, 32/39), como evidencia que no lo entregara en todo el partido ni siquiera concediera una bola de rotura. En cambio, rompió en dos ocasiones (una en cada manga) el de su rival, lo que le bastó para el partido.
Así, en la primera manga, el mallorquín dominó el marcador imponiendo un ritmo elevado de contraataques y cortadas. Nadal lideró el marcador logrando el ‘break’ (3-1) con una dejada inalcanzable para un precipitado Borg, que buscó hacer daño con golpes ganadores que terminaron en seis errores no forzados. Rafa necesitó de dos bolas de set para certificarlo en su favor, por 6-3.
En el segundo, el de Manacor rompió de inicio el servicio a su rival, con un punto final donde fue ganando terreno hasta desplazar a Borg con un ángulo y forzar su fallo. Nadal confirmó la rotura sin problema.
Se entró en una fase donde cada jugador hizo valer su saque, lo que le sirvió a Nadal para cerrar el partido en su favor en un décimo juego y con la segunda bola de que dispuso para ello. Borg logró salvar la primera de ellas, pero no pudo impedir que el mallorquín lo certificase luego.
Nadal ofreció buenas sensaciones, aunque su rival (n.461 ATP) perdió los últimos cinco partidos disputados y se metió en el cuadro grande de Bastad por una invitación. En la segunda ronda se medirá al británico Cameron Norrie, al que ya ha derrotado en cuatro de los cinco enfrentamientos.
"Esperamos disfrutar de la etapa", había pronunciado Pogacar 24 horas antes, abrochado el tercer Tour de su palmarés en Isola 2000, el de la reconquista. Pero cómo dejar pasar la gloria cuando entre todos la ponen a tu alcance. Cómo tener clemencia cuando eres, indiscutiblemente, el más fuerte. Por las carreteras donde entrena desde su residencia en Montecarlo, en una etapa con cuatro puertos que fue un viaje de placer para él, el líder volvió a levantar los brazos, por quinta vez este Tour, ganando el mano a mano en la meta a Jonas Vingegaard. Una tiranía que necesita explicación, pues, efectivamente, esta vez no fue buscado. [Narración y clasificaciones]
Hace un año, derrotado doblemente días atrás en la contrarreloj de Combloux y el col de la Loze, Pogacar se llevó el triunfo un sábado como éste en los Vosgos. Una despedida agridulce que no tuvo Vingegaard. Había atacado el danés en el último puerto, harto de los movimientos de un Evenepoel que soñaba con birlarle el segundo puesto. Le había pedido una colaboración a Tadej que no encontró y le había llevado hasta el sprint final con relativa comodidad. Y no hubo piedad.
Bajo el sofocante sol de Niza, su Vieux Port abarrotado en la salida, los más valientes hacían cábalas para su última ocasión, tantos y tantos con la cartera vacía a estas alturas. Una oportunidad inesperada en los Alpes Marítimos, donde se auguraba que la batalla entre Pogacar y Vingegaard siguiera viva, el penúltimo episodio de un guion perfecto a la espera de la contrarreloj final del domingo.
Pero todo se acabó más pronto de lo previsto en este Tour por el abrumador dominio del esloveno, que este domingo en la Costa Azul, en este inédito final de Tour que nunca olvidará, celebrará su reconquista, la tercera corona que le iguala a Louison Bobet y Greg Lemond, a solo una ya de Chris Froome. Prometió tregua y así fue por su parte. Pero tampoco iba a perdonar un repóker histórico: el último en lograr algo así fue un sprinter, Kittel, en 2017.
Enric Mas, durante la fuga del día.Daniel ColeAP
Y no había casi nadie entre los necesitados como el Movistar, cinco años persiguiendo una etapa que se resiste (desde Nairo Quintana en Valloire), especialmente en este Tour en el que tanto lo intentaron (sobre todo con Lazkano y con Gaviria en los sprints), en el que bien temprano se quedaron sin ninguna baza en la general con la dimisión de Enric Mas. "Como un niño" dijo el balear que se sentía últimamente, tercero en Superdévoluy, y desde el mismísimo Col de Braus, bien temprano, agresivo en la búsqueda de la escapada del día. Protagonista sin éxito: fue premiado con el premio al combativo y acabó quinto en la Couillole.
Había logrado marcharse Enric pronto, junto a Kelderman y Almirail, aunque en la ascensión al Col de Turini se les unieron ocho peligrosos compañeros, entre ellos el siempre amenazante Carapaz -asegurando matemáticamente su maillot de la montaña para completar un Tour extraordinario- y Marc Soler, liberado por Pogacar. Contaron con el permiso del UAE, aunque ya al final del puerto el Soudal Quick Step tomó la responsabilidad, anticipando sus intenciones finales. Lo había pronunciado Mikel Landa en la salida: "La cuarta plaza está a mi alcance. Joao está muy fuerte, pero la etapa es muy dura hoy y con mucho calor. Voy a probar suerte".
En el Col de la Couillole todo empezó a resolverse. De los fugados, Carapaz y Mas eran los más poderosos y no tardaron en demostrarlo. Y por atrás, Landa culminó el trabajo de sus compañeros con un ritmo al que sólo pudieron engancharse los cinco mejores del Tour. Pero lo del Soudal resultó un suicidio, una jugada nefasta. El zarpazo posterior de Evenepoel, sin demasiada fe, eliminó al vitoriano, que pronto comprobó diluidas todas sus opciones del cuarto puesto por el poderío diésel del Almeida. Mucho peor Carlos Rodríguez: eliminado a las primeras de cambio, perdió hasta su sexta plaza en la general en favor de Adam Yates.
Cuando Remco lo volvió a intentar, Vingegaard dijo basta, sacó toda su rabia de campeón y se marchó en compañía de un Pogacar al que le estaban poniendo entre todos el triunfo en bandeja. Los dos dioses del ciclismo pronto dieron caza a Mas y Carapaz, que no resistieron el ritmo mortal del danés. Y en los últimos metros, exhausto el del Visma, no hubo piedad por parte del líder, que remató a falta de 200 metros. Hubiera sido más humillante no ganar su quinta etapa, la 16ª victoria en el Tour a los 25 años.
El 2 de junio del año pasado, con medio Leganés de fiesta en Butarque tras conseguir el equipo el ascenso a Primera tras vencer al Elche, Allan Romeo Nyom (Neuilly-sur-Seine, 1988) cogió el micrófono y, eufórico, dijo: "Ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos". Frase mítica del futbolista filósofo. Un mes después, a sus 36 años, Nyom estaba en el paro. "Es fútbol. Creo que más que por nivel me juzgaron por la edad, porque el año anterior había jugado muchos partidos y creo que había competido bien", explica a EL MUNDO el futbolista. De la euforia a la tristeza, o no.
El jugador, fruto de su edad o de su madurez, aceptó esa situación sin rencores, en paz por su compromiso con el deporte que se lo había dado todo. "Yo estaba preparado para dejarlo, así es el fútbol", apunta el futbolista y añade con sorna: "no puedes obligar a la gente a ficharte". Así que empezó a preparar su vida de después del deporte profesional porque "cuando se está jugando no te das cuenta que se puede terminar" y también a disfrutar más de su familia. De hecho, su mujer e hijos habían sufrido la carrera de un futbolista bastante nómada: siete clubes y tres países en 16 años.
Durante cuatro meses, el gusto por el gimnasio y estar en forma le mantuvo activo y físicamente bien para lo que pudiera venir. Mientras, compatibilizaba sus entrenamientos personales con el título de entrenador. "No salió nada que me gustase. Entonces, para ir a un sitio y no ser feliz, mejor estar en casa", revela el jugador. Así, entre pesas y apuntes de tácticas, casi dos meses después del inicio de la temporada, llegó la llamada.
El jugador en un momento de la entrevista.Angel NavarreteMUNDO
"Me llamó Javi, del cuerpo técnico, tuvimos una conversación y me dijo que había una posibilidad, pero yo no me lo creía, pensé: 'No me quiere un equipo de segunda división, me va a querer uno de Primera", revela Nyom. Pero en unos días, Allan Romeo Nyom volvía bajo el ala de su general: soldado de Bordalás. "Para mí esta prórroga fue un regalo", apunta el jugador.
Desde entonces, el polivalente futbolista de origen camerunés ha jugado 642 minutos en 12 partidos de liga, más de 53 por encuentro. "Disfruto cada entrenamiento, cada partido, cada momento en el vestuario, cada charla del míster, de cada detalle que te das más cuenta cuando lo pierdes", explica y desvela que, si puede, dejará el fútbol antes de "arrastrarse por el campo".
Pero Nyom no es precisamente de los que se arrastra, su juego físico, duro es de los que gusta en el Coliseum y temen los rivales. "Cuando era más joven no medía y entrenaba como jugaba", cuenta con la media sonrisa de alguien que ha dejado muchos recados entre sus propios compañeros. "Mi estilo es más de Bordalás que de Guardiola", completa su filosofía de juego.
Eres el más duro del Getafe?
(risas) No, Djené es muy duro, Omar, Diego Rico, Arambarri también... aquí casi todos son muy duros
Son sonados los roces que ha tenido con Koeman o Ansu Fati y él sabe y aprecia ese otro fútbol que muchos critican, no el antirreglamentario, sino el que emplea los límites del deporte. De hecho, ellos lo sufrieron en Butarque en su último encuentro, pero Nyom tiene claro que "lo que pasa en el campo, queda en el campo" y que el objetivo de todos los equipos es ganar, aunque a ellos ya les cansa esa etiqueta perenne de equipo marrullero.
El futbolista sujeta una lámpara.Angel NavarreteMUNDO
Nyom o los que elija Bordalás para enfrentar al Atlético esta tarde deberán emplear todo lo que tengan para intentar cambiar la suerte ante el conjunto rojiblanco. No le han ganado desde la llegada de Simeone: 14 años y 27 partidos sin una victoria azulona. "Es un equipo de Champions, hecho para estar arriba, pero al final es un partido", apunta el azulón y ya espera con ansia el duelo de dos entrenadores con mentes privilegiadas.
Derrota o victoria el domingo, Nyom ya ha ganado sólo con volver a calzarse las botas en un vestuario. El jugador getafense está en paz consigo porque sabe que él se ha vaciado y se vacía en el fútbol. Cuenta que la pandemia le "hizo un clic" en su cabeza para "vivir más la vida". "Te das cuenta que la vida es súper corta, que hoy estás y mañana no, entonces hay que disfrutar, ver las cosas positivas, incluso en los momentos malos", apostilla el jugador.
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LUIS NÚÑEZ-VILLAVEIRÁN
@LNvillaveiran
Actualizado Viernes,
20
octubre
2023
-
19:01Ver 7 comentariosSegún la federación, existe desde 2018 y la conocen...