Rafael Nadal se enfrentará al italiano Flavio Cobolli en la primera ronda del Trofeo Conde de Godó, en su regreso a las pistas desde enero.
El español de 37 años, 12 veces vencedor en Barcelona, sufrió una lesión abdominal en Brisbane, y desde entonces ha tenido que renunciar sucesivamente a varios torneos.
El sorteo ha impedido que el torneo pueda tener la final soñada, entre el mallorquín y Carlos Alcaraz, ganador de las dos últimas ediciones, ya que ambos se enfrentarían en semifinales.
“Estoy contento de estar aquí. Barcelona me ha dado muchas alegrías, he pasado muchas épocas de mi vida y este es mi club. Pasar días aquí, ver a la gente y poder entrenar con los jugadores es una alegría”, declaró Nadal tras el sorteo.
El balear, que lleva desde el miércoles preparando su regreso a las pistas en el RCT Barcelona, se enfrentaría en segunda ronda al cuarto cabeza de serie, el australiano Alex de Miñaur.
Alcaraz, que llegará este domingo a la capital catalana y probará cómo se encuentra de la lesión en el brazo derecho que le obligó a renunciar a Montecarlo, debutará el miércoles ante el francés Luca Van Assche o el chino Zhizhen Zhang. En octavos podría enfrentarse al croata Borna Coric y en cuartos al griego Stefanos Tsitsipas.
La parte baja del cuadro parece, a priori, menos complicada, con dos ‘top-ten’ como el ruso Andrey Rublev (6) y el noruego Casper Ruud(10) como principales favoritos para ser finalistas.
Un par de horas antes del partido, Carlos Alcaraz comía una pechuga de pollo en el restaurante Cambio de Tercio que hay dentro de la Rod Laver Arena, estudiaba el vaivén de los árboles del Melbourne Park a través de la enorme cristalera del local y reconocía lo que venía: no iba a ser fácil. El verano en el sureste de Australia es tan feliz como el verano en cualquier parte del mundo —no hay quien entienda a los amantes del frío—, pero hay días en los que se esconde. Se levanta un viento frío antártico y tú vas en pantalón corto. Se levanta un viento frío antártico y Alcaraz debe lidiar con ello sobre la pista.
Como en la primera ronda ante Adam Walton, su victoria en segunda ronda del Open de Australia frente a Yannick Hanfmann, por 7-6(4), 6-3 y 6-2, fue compleja, incómoda, antiestética. Todavía no ha disfrutado de un día tranquilo en el Grand Slam. Quizá llegue en tercera ronda, el viernes, ante Corentin Moutet.
O quizá no llegue en todo el torneo; también sería lógico. En su regreso tras dos meses de parón, Alcaraz está en busca de ese ritmo, ese feeling, ese no sé qué que te da la competición, y cuando lo encuentre se enfrentará a los rivales más poderosos. Ante Hanfmann apareció nervioso, perjudicado por el cambio de hora —debutó de noche y esta vez era mediodía— y molesto por el viento. Después de ciertos puntos ofreció gestos de extrañeza e incluso lanzó algún desaire; quejas al aire, nunca mejor dicho. En el primer set, un periodo que duró 78 minutos, empezó con problemas con su derecha que le llevaron a varios errores no forzados y muy pronto se descubrió con un break en contra. El 1-3 en el marcador era una amenaza.
Hubo un buen rato en el que a Alcaraz no le salía nada. Si hacía un malabarismo con la raqueta, se le caía. Si jugueteaba con las pelotas, se le escapaban. Pero la rotura de su servicio por parte de Hanfmann le obligó a reaccionar lo más rápido posible. En el juego siguiente recuperó el break y en el tie-break decisivo estuvo brillante. Su saque y su revés paralelo, los dos golpes que mejor le están funcionando en Australia, le dieron el triunfo, y el resto del encuentro fue de otra manera. Antes de empezar el tercer set, de hecho, Hanfmann se quedó con dolor abdominal y su juego se resintió.
Buen nivel de Hanfmann
Fue una pena para él. Porque hasta ese momento había merecido más, mucho más, como mínimo llevarse algún set. A sus 34 años, fuera del Top 100 del ranking ATP, el alemán se presentaba ante Alcaraz como un rival de vuelta de todo. Un tipo fuerte, uno de tantos, ya en declive. Ciertamente, el español podía incluso recordar cómo en 2019, cuando solo tenía 16 años, le venció en el challenger de Sevilla e imaginar un triunfo asequible. Pero Hanfmann proponía una reivindicación.
WILLIAM WESTAFP
Con una derecha deliciosa, muy parecida a aquella que dio gloria a Andy Murray, tomó todos los riesgos posibles y asedió a Alcaraz todo lo que pudo. Su resto, metido dentro de la pista, demostraba que, si tenía que morir, lo haría con las botas puestas. En la Rod Laver Arena, ante una audiencia millonaria, estaba decidido a probar que su tenis puede ser mejor de lo que indica su palmarés. Y con ello obligó al número uno a actuar como número uno. Entre el viento, los cambios de hora y la falta de ritmo, Alcaraz siguió en pie, que es, al final, lo único imprescindible.
"El público mira el ranking y pienso que será un partido sencillo. Pero cada rival es diferente y hay rivales que hacen sentir incómodo ne la pista. Además las condiciones cambian, el otro jugué de noche, hoy había viento... Estoy muy contento de haber superado el primer set y haber mejorado después", analizaba el español que, al final el encuentro, mandó un mensaje a las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz: "Mucho ánimo a lo que está pasando en España".
Entre las ambiciones históricas de Carlos Alcaraz hay una que se presenta más inaccesible que el resto, empinadísima, esquiva: acabar las temporadas como número uno del ranking mundial. Lo hizo en 2022, pero desde el año pasado Jannik Sinner se ha convertido en un adversario desmesurado. La lista ATP premia la regularidad, y ahí el italiano continúa un paso por delante. Pese a los tres meses de sanción que cumplió en primavera, Sinner recuperó este domingo el número uno después de imponerse a Felix Auger-Aliassime por 6-4 y 7-6(4) en la final del Masters 1000 de París.
Es su quinto título de la temporada, después del Open de Australia, Wimbledon y los ATP 500 de Pekín y Viena; un éxito que le sitúa con opciones reales de cerrar 2025 en lo más alto. Sinner y Alcaraz se lo jugarán todo en las ATP Finals, que se disputarán del 9 al 16 de noviembre en Turín. El español mantiene una ligera ventaja: para recuperar el número uno depende de sí mismo. Necesita ganar los tres partidos de la fase de grupos o alcanzar la final del torneo. Pero ante cualquier tropiezo, Sinner está preparado para aprovecharlo.
Como ya ocurrió en 2024, este curso el italiano sólo ha encontrado oposición real en Alcaraz, que le ha derrotado en cuatro finales; el resto de rivales apenas logran inquietarle. Este domingo, frente a otro especialista en pista dura indoor como Auger-Aliassime —uno de los jugadores más físicos y potentes del circuito—, su victoria nunca pareció en duda. El canadiense resistió especialmente en los compases finales, pero la consistencia del italiano terminó imponiéndose con la misma serenidad que le caracteriza-
En su recorrido hasta la final del Masters 1000 de París, Sinner no había cedido ni un solo set y apenas concedió opciones a sus rivales. De hecho, sólo Francisco Cerúndolo, en octavos, consiguió arrebatarle más de cuatro juegos en un mismo parcial, un 'hito' que repitió Auger-Aliassime. "Está claro que no estoy al 100%", admitió entonces, sin precisar la naturaleza de sus molestias físicas. Pero en los días siguientes no mostró signo alguno de debilidad. Desde su regreso en mayo apenas ha tenido descanso, igual que Alcaraz, y seguramente sólo acuse el desgaste acumulado.