El traspaso de Giorgi Mamardashvili al Liverpool no es la última operación del Valencia en el mercado de fichajes. El club quiere reforzar la plantilla de Rubén Baraja, eso sí, sin invertir ni un euro. Una temporada más, acude a operaciones de última hora con otros equipos para negociar cesiones. En esta ocasión había apalabrado con el Aston Villa el préstamo hasta junio del centrocampista argentino Enzo Barrenechea y con el Clermont de la segunda división francesa la del central belga de 27 años Maximiliano Caufriez.
Sin embargo, la llegada de Barrenechea, de 23 años, está paralizada. Se trata de un pivote que llegó al equipo de Emery el pasado mes de junio tras pagar a la Juventus ocho millones de euros. Los villanos, dada la buena relación de Emery y Damià Vidagany con Baraja, veían como opción interesante enviarle a Valencia para tener controlada su progresión y garantizarle minutos en una liga competitiva. Sin embargo, decisiones internas del Aston Villa relacionadas por el mercado en la Premier le han hecho paralizar un acuerdo que estaba apalabrado.
En el caso del central belga, su llegada se está ultimando. Caufiez salió de su país en 2022 camino del Spartak de Moscú para después recalar en Francia. La cesión podría llevar aparejada una opción de compra el próximom mes de junio.
Ahora bien, estas dos operaciones están cerradas de manera verbal, pero están condicionadas a la marcha de Cenk al Valladolid, que lleva días a punto de cerrarse, y la posible salida de André Almeida camino del Benfica o de algún otro jugador del centro del campo. Sólo en esos casos llegarían a Paterna.
El Atlético lleva puesto el traje de villano que amenaza el liderato del Real Madrid, pero no sabe vivir tranquilo. Genera una tensión que acelera los corazones del Metropolitano, como si necesitara ponerle picante a los partidos y que las victorias se cierren de manera tan agónica como explosiva. Una catarsis colectiva con un componente casi atávico. Tuvo al Mallorca contras las cuerdas y, pese al gol de Samu Lino, lo dejó vivo hasta que apareció Griezmann al rescate en el añadido para ponerle picante al derbi en el Bernabéu. [Narración y estadísticas: 2-0]
Necesitaba el Mallorca recuperar sensaciones y se plantó en el Metropolitano con las ideas muy claras, dispuesto a resistir lo suficiente hasta que llegara su oportunidad. El plan de Arrasate pareció que lo descosían entre Julián Álvarez, revoloteando por la mediapunta, y un endiablado Giuliano convertido en estandarte de la filosofía familiar. El Simeone entrenador celebraba 500 partidos en el Atlético y el hijo luce con orgullo la camiseta de superhéroe al rescate, haga o no falta. Ante el Mallorca no necesitó superpoderes.
Las grietas de los baleares comenzaron a aparecer a los veinte minutos, que fue lo que tardó el Atlético en arrinconarlos. Un desmarque de Sorloth que leyó Julián Álvarez acabó con Greif evitando el gol del noruego. Era la primera aparición del eslovaco, que vio cómo Barrios no ajustaba un disparo de lo más peligroso. Mientras, Oblak era un espectador más.
El Atlético ganaba en fútbol y en intensidad. El Mallorca no conseguía ajustarse ni encontrar a Larin y Muriqi. La única vez que logró contactar con el kosovar se anticipó Le Normand, impidió su control de espaldas y apareció Giuliano para cazar la pelota e iniciar una carrera endiablada hacia el área que pilló descompuesto al rival. Atrajo defensas y le dio a Samu Lino, que aparecía por la izquierda, la oportunidad de batir la portería balear. Habían conseguido llevar su control al marcador sin haberse llevado ni un solo susto.
El Mallorca jugaba muy lejos del área rojiblanca y no hallaba la forma armar ataques. Sin balón y sin colmillo para robarlo, pensar en el empate parecía una quimera. Hasta se les escapó un suspiro de alivio cuando, otra vez, Greig salvó el segundo gol. Esta vez llegó por la superioridad que fueron creando los colchoneros por el costado izquierdo. Reinildo, Lino y Julián Álvarez, que apareció en la orilla del área para romper la cintura de Valjent y poner un centro a Giuliano que, a bocajarro, salvaron las manoplas de Greif, convertido en el hombre que mantenía con vida al equipo de Jagoba Arrasate.
Necesitaba el Mallorca inquietar y para eso dio un paso adelante al inicio de la segunda parte. No bastaba con ser un equipo tan ordenado como romo, y empezó a afilarse por la banda de Mojica. Un centro llovido lo cazó Valjent y no cogió portería porque se estrelló en Lino. La amenaza empezaba a asomar y, al instante, el Cholo movió el banquillo. Protegió a Julián de la amarilla que le hubiera apartado del derbi ante el Real Madrid y dio la varita a Griezmann mientras que refrescó la medular con las piernas y los pulmones de Gallagher.
Nada impidió que es esfumara su control y comenzaran a aparecer los errores, como la amarilla innecesaria de Le Normand que le deja sin jugar en el Bernabéu. El Mallorca fue creciendo y encontrando el camino guiado por Sergi Darder, por primera vez al mando. El primer aviso lo dio el centrocampista estrellando una falta envenenada en el larguero. El segundo fue obra de Dani Rodríguez con un disparo a centro de Rober Navarro. Asano y Mojica había se habían colado en la banda de Llorente casi sin oposición.
El partido enloqueció convertido en un correcalles sin dueño, a merced del equipo que no cometiera errores y tuviera más pegada. Los dos entrenadores se habían buscado en sus banquillo toda la artillería posible. Probó Riquelme en una falta a un palmo de la medialuna que se estrelló el travesaño. Simeone, brazos en alto, pensaba que ya sólo le quedaba apelar al rugido del Metropolitano para aguantar la victoria... pero tenía a Griezmann.
No podían aguantarse en el banquillo. Álvaro Morata no quería mirar al campo. Se llevaba las manos a la cabeza, se abrazada con el utillero, lloraba, miraba a su familia... No había manera de contener la tensión mientras llegaba el pitido final. Entonces estalló todo. «Nadie daba un duro por nosotros y lo hemos logrado», decía Le Normand sin poder contener el llanto. «Dijimos desde el principio que éramos un equipazo y no nos creían», decía Nico Williams, que abrió el marcador para avanzar a España en sociedad con su bro Lamine Yamal, que se lo regaló.
El navarro fue el MVP de la final y el catalán el mejor joven del torneo. Olmo la Bota de Oro a pesar de haber rescatado ese remate bajo palos de Inglaterra. Ellos han hecho historia, pero también otros secundarios como Mikel Oyarzabal, a quien buscó Remiro tras el gol al filo del pitido final. Su compañero sabe lo que ha sufrido. «Han sido meses muy difíciles por la lesión, por todo lo que he pasado», explicaba entre lágrimas el donostiarra. Mientras, Gavi saltaba con Lamine y Williams, que se habían marcado otro bailecito. Ambos se han regalado una Eurocopa, la cuarta para España, por su cumpleaños.
Mientras buscaban las camisetas con el 4 de cuatricampeones a la espalda, Morata se preparaba para su momento. Salió del campo el minuto 67, después de vaciarse, como en cada partido, y Luis de la Fuente buscó la frescura de Oyarzabal. Otro acierto del seleccionador. Morata pudo haber jugado sus últimos minutos con la camiseta de España, pero el destino le iba a deparar el mejor premio: recoger la copa del campeón. También fue justo con Rodri, que fue proclamado mejor jugador del campeonato. España era campeona después de masticar el hueso inglés y reponerse de golpes futbolísticos y anímicos.
En una de las últimas jugadas del primer tiempo, Rodri buscó un despeje y arrolló a Laporte. Se temió por la rodilla del central, pero la lesión la sufrió el pivote. Se llevó las manos a los isquios de la pierna izquierda, advirtió a Unai Simón de que no iba a poder seguir y, cuando el colegiado señaló el descanso, encaró el túnel de vestuarios con lágrimas en los ojos y diciéndole a sus familiares que se había roto. Un contratiempo fue perder a la pieza que da equilibrio a España, perseguida por Foden todo el partido. Saltó Zubimendi y, antes de que lo ubicaran los ingleses en el campo, las dudas las solventó Nico Williams. Luego hubo que afrontar el zurdazo de Cole Palmer hasta que apareció la contra que remató Oyarzabal para batir a Pickford. Las lágrimas de Rodri lo decían todo.
El Rey y la Infanta, felices
Si en el césped se sufrió, en el palco también. Presidiendo el partido junto a Alexander Ceferin estuvieron Felipe VI, acompañado de la futbolera Infanta Sofía, y el Príncipe Guillermo, que acudió a Berlín con su hijo George. Las confidencias entre ambos acabaron en cuanto arrancó el partido. Mientras el monarca español ha visto a la selección campeona de Europa dos veces y campeona del Mundo, la Casa de Windsor se tiene que conformar con las imágenes en blanco y negro del Mundial de 1966, cuyo trofeo entregó la fallecida Reina Isabel en Wembley.
«Es un partido muy igualado, estamos dominando el juego, ahora tiene que haber ocasiones y que las aprovechen. Pero tengo fe», confesaba Felipe VI al descanso. Acertó y tanto él como la Infanta Sofía posaron con los campeones.
Stones abatido, ante la piña de los españoles.AFP
Estuvieron en el palco representadas las dos coronas, pero también los jefes de Gobierno. Pedro Sánchez, junto a la ministra Pilar Alegría, compartió un saludo con el recién estrenado Primer Ministro británico, el laborista Keir Starmer, y departió durante con el presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier. Pedro Rocha, como la presidenta de la Federación inglesa Debbie Hewitt, estuvieron en la primera fila, pero esta vez les tocó guardar un discreto segundo plano.
A los poderes fácticos se unieron también los futbolísticos, con muchos quilates. Estaban campeones de la Eurocopa 2008 y 2012, algunos también campeones del Mundo. Estaba Andrés Iniesta, David Villa y Xavi Hernández. Imposible de igualar la calidad en un palco donde los británicos más reconocibles eran Ashley Cole y el galés Gareth Bale. Al partidazo se apuntaron neutrales como Patrick Kluivert o Giorgio Chiellini, encargado de entregar la Copa Henri Delaunay.