El italiano Andrea Fondelli preparaba y preparaba el lanzamiento y, al final, del agobio, chutaba al centro, al cuerpo de Unai Aguirre, que no perdonaba. Durante todo el partido, el portero de España no perdonó ni una. Y minuto a minuto fue decidiendo las semifinales del Europeo hasta que no podía haber otro resultado posible: después de vencer a Italia por 7-4 la selección masculina buscará ante Hungría o Croacia el primer título continental de su historia en la final de este martes (20.15 horas, Teledeporte).
Que España es una potencia en waterpolo es un hecho confirmado desde los años 90, con aquella plata en Barcelona 1992 y aquel oro en Atlanta 1996, pero nunca el país había dominado tanto el deporte como ahora. A las puertas de los Juegos de París 2024, todo son alegrías: la selección femenina, ya con el billete olímpico, se proclamó subcampeona de Europa el pasado sábado y la selección masculina aspira incluso a más en las próximas horas.
Campeona del Mundial en 2022 y de la World Cup en 2023 -son cosas distintas, aunque no lo parezcan- a los hombres que dirige David Martín le sobran armas, empezando por la combinación entre Marc Larumbe y Alberto Munarriz en ataque, siguiendo por la veteranía de Felipe Perrone y Blai Mallarach y acabando por la defensa histórica, con Aguirre en la portería.
Italia, que en el actual torneo había marcado 15 goles a Grecia y 14 a Montenegro, anotó sólo un tanto en los tres primeros cuartos, con sus lanzadores desesperados, como evidenciaba Fondelli. Únicamente en el último cuarto, en una reacción de orgullo (del 5-1 al 6-4), el conjunto transalpino logró superar la barrera de Aguirre, pero ya era tarde. Los nervios no frenaron a España; su pase a la final ya era un hecho
En toda la historia de los Europeos, con más de 20 ediciones, sólo tres países han conseguido que sus equipos masculino y femenino disputen la final al mismo tiempo: Hungría en 1995, Italia en 2001 y España, que ya lo logró en 2020 -con sendas platas- y repite ahora, sólo cuatro años después.
Suena 'Tu Calorro' de Estopa en la piscina del Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Sant Cugat y sirve como anuncio: ya está aquí Andrea Fuentes. Si la natación sincronizada fue una disciplina de niñas obedientes al ritmo de la maldita música del Cascanueces, pronto dejará de serlo. La revolución Fuentes se basa en romper los dos axiomas, en «empoderar a las nadadoras para que tengan voz propia» y en «hacer cosas que nunca se han visto en una piscina». La mejor nadadora artística de la historia de España es ahora, por fin, su seleccionadora y su estilo, tan propio, se nota en cada minuto del entrenamiento que presencia EL MUNDO, el pasado miércoles
Encima de una tarima, con un micrófono en la mano, Fuentes no para y hace que el resto no pare. Falta una eternidad para los Juegos de Los Ángeles 2028, pero las nadadoras españolas se machacan en unas series de ejercicios con Melendi, AC/DC o Linkin Park de fondo. «¡Las chinas están aquí entrenando con vosotras! ¡A ver quién aguanta más!», desafía Fuentes a quienes son sus pupilas desde hace un mes. En los Juegos de París, la China que entrena Anna Tarrés se llevó el oro, Estados Unidos con la propia Fuentes al frente se colgó la plata y España se quedó con el bronce. Ahora, pese a la reincorporación de Rusia, a España ya sólo le vale ganar.
Dígame que España nadará en Los Ángeles 2028 a ritmo de Estopa.
(Risas) De momento nos sirve para entrenar a tope. Para los ejercicios, aún estoy buscando, pensando en crear algo nuevo, realmente diferente. Veo espectáculos de circo, conciertos, no sé, miro cuadros. Yo qué sé, estudio el cubismo y a ver qué saco de ahí. Para mí es especial que seamos distintas al resto. El otro día hice una propuesta y una nadadora me dijo: 'Eso es muy Andrea Fuentes'. No sé exactamente qué quería decir, pero me gustó.
David RamirezAraba Press
¿Por qué su propuesta es distinta a lo que ya existe en la sincro?
Porque para mí es muy importante que la nadadora tenga el poder y eso no es lo habitual en mi deporte. El primer día le pedí cuatro cosas al equipo: autenticidad, unión, determinación y positividad. Quiero que cuando las nadadoras lo dejen o salgan del equipo lo hagan poderosas, fuertes, libres, que piensen que todos los entrenamientos valieron la pena ganemos o no el oro. En China o Rusia todavía siguen el sistema antiguo, más obediente, y quiero ver lo que aguantan con eso. Cuando sus nadadoras vean en TikTok que aquí vivimos mejor y comprueben que les podemos ganar pensarán: '¿Y yo por qué tengo que aguantar este trato?'.
Sin duda, es diferente a lo que había en su época como nadadora.
Es el cambio de filosofía que quiero aportar. Lo abro todo a diálogo y antes eso no pasaba. Yo quiero que hablen, que me pregunten por qué, que me discutan. 16 cerebros piensan más que uno. Es lógico, no estoy tarada y, además, lo imponen las nuevas generaciones. Si no lo hago así tarde o temprano pensarán: '¿Por qué voy a estar ahogándome debajo del agua cuando puedo pirarme a hacer skate?' Hay que escuchar, hacerlo divertido e inspirar. Al final es más potente la inspiración que el miedo.
En China no se cuestiona a la autoridad porque no hay salida. Aquí las nadadoras son distintas, pueden tener otra vida si no les gusta, dedicarse a otra cosa. Pero aquí las nadadoras tienen ese carácter de toraco, les corre sangre por las venas, no horchata. No me metería con su capacidad de trabajo. En China o en Rusia las nadadoras son máquinas, pero aquí si les enciendes el fuego y les echas gasolina, cuidado.
Es un método discutido en la educación por miedo a la relajación.
Pero en el equipo hay 16 nadadoras y sólo entran las ocho mejores. Hay muchísima exigencia de por sí: ¿Te imaginas quedarte fuera de unos Juegos Olímpicos? Es absurdo pensar que se van a relajar si no las abronco, si no las insulto, si no las machaco. En Estados Unidos aprendí el poder de la competencia. Allí en el colegio de mis hijos siempre les decían: 'Muy bien, lo están intentando'. Y yo preguntaba: '¿Y cómo van a aprender?'. Pues al final aprenden porque todos quieren ir a las mismas universidades. No es necesario destrozar la moral para enseñar. Mi labor no es exigir, es empoderar y que cada una saque el máximo. El buen trato no tiene nada que ver con la exigencia.
David RamirezAraba Press
De pedir un determinado peso mejor ni hablamos.
Lo dije en la primera reunión: 'Nunca os pediré nada que tenga que ver con vuestra imagen física'. En nuestro deporte siempre ha habido problemas y no puede ser. Me importa un pedo que seas gorda o delgada, en mi vocabulario eso no existe. Pero tienes que rendir. Las nadadoras deben preguntarse si les conviene más un bistec a la plancha que una hamburguesa del McDonalds. El reglamento puntúa según cuánto saques el cuerpo del agua así que si eres supertocha y subes hasta el cielo, eres una crack, te vean como te vean. Además, es tan dañino decirle a alguien que está muy guapa porque está delgada que decirle que está gorda.
La contraoferta de EEUU
Da la sensación de que esto le llega en el momento preciso.
Sin duda. Después de retirarme [en 2013] quería explorar muchas cosas. Me gustaba la idea de ser entrenadora, pero no quería serlo simplemente porque no supiera hacer otra cosa. Me fui a Mallorca, monté un negocio de nutrición saludable, pero me dí cuenta de que no me quería dedicar a eso. Empecé a escuchar ofertas de países que me ofrecían proyectos.
De muchos sitios, menos de España. Daba la impresión que de la polémica con Anna Tarrés se había quedado en medio y, por eso, apartada.
No, no, tuve una oferta para quedarme aquí. Mayu [Fujiki, anterior seleccionadora española] me ofreció ser su ayudante, pero yo quería un programa para mí sola, quería cambiar el sistema. Recibí ofertas de Estados Unidos, Australia y Suiza para ser head coach y escogí Estados Unidos.
David RamirezAraba Press
Los Juegos de 2028 serán en la puerta de su antigua casa en Los Ángeles. ¿Por qué ha vuelto justo ahora?
Por muchas cosas. Me habían doblado el sueldo, pero no quería hacerlo por dinero. Allí había cumplido una misión. Pensaba que ganaríamos una medalla en 2028 y lo hicimos cuatro años antes, en 2024. Además no me quería hacer mayor y que mis hijos crecieran allí. En España se vive muy bien y no te das cuenta hasta que no te vas. Aquí salgo de casa y me siento segura, doy un paseo, me tomo un café o una cerveza con las amigas. Allí estaba todo el día en el coche, temía que un tío fuera a cargarse a mis hijos al cole con una pistola, veía como el fentanilo estaba haciendo mucho daño. No lo veía como el sitio ideal para vivir ni mucho menos.
En la pista de patinaje de Boadilla del Monte un joven da vueltas y vueltas a una velocidad de vértigo bajo la atenta mirada de de Elba Alonso, su entrenadora. Guillermo Gómez Correas (Aranjuez, 2007) gira, salta, baila, hace piruetas, cae y se levanta, una y otra vez. «No duelen, estamos acostumbrados», explica después. Hace un par de meses se proclamó campeón del mundo júnior de patinaje artístico en Rimini (Italia), dominando el programa corto y el largo con una superioridad tal que su puntuación global (257,76) estuvo por encima incluso de la de los competidores senior.
«Y sólo pude llegar al 90% de lo que era capaz, porque hubo un combinado que por la lesión no pude entrenarlo del todo», rememora el patinador sobre su pesadilla, una fractura por estrés en el pie por la que tuvo que renunciar al Europeo para intentar acudir en la mejor forma posible al Mundial, un escaparate imprescindible. Porque pese a su excelencia, el sueño de Guille es de esos que van contra corriente, una disciplina no sólo minoritaria sino también fuera del universo olímpico, el gran anhelo.
Sólo el skate logró colarse en el programa de los Juegos de verano de los deportes que engloba el patinaje sobre ruedas, aunque la modalidad sobre hielo sí que este incluida en los invernales. Ahí está la leyenda de Javier Fernández, un espejo en el que Guillermo se mira, aunque en su paradoja cierre puertas, visibilidad y subvenciones. «A nosotros sólo nos faltaría ser olímpicos. El nivel es altísimo. Por rivalidad y competitividad, estamos por encima del hielo, que, sin las patinadoras rusas, ha bajado. Sin ellas no hay saltos cuádruples. Y los triples también los hacemos en ruedas», expone Gómez Correas, familia de nadadores, cuyos inicios se sitúan en el club Patinaje de Ocaña hasta que Albert Palau le descubrió en su primera competición: «Un diamante en bruto».
Guillermo Gómez Correas, en acción.JAVIER BARBANCHOMUNDO
Ese hándicap nunca frenó su deseo. Guillermo creció viendo los éxitos de Pau García, cuatro veces campeón olímpico ya retirado, y a ello aspira. Aunque por el camino no sólo tenga que realizar malabares sobre los patines. «Por suerte, el material me lo subvencionan mis patrocinadores. Pero tenemos que pagar las coreografías, el montaje de discos, los trajes, los viajes a las competiciones...», detalla ante la atenta mirada de su madre, Loli, que también es la que le prepara físicamente y que seis veces a la semana recorre 150 kilómetros para que su hijo pueda entrenar en Boadilla después de terminar en el instituto. Ante los obstáculos, Guillermo nunca dudó en recurrir al ingenio.
El año pasado, para poder revalidad su oro en la Copa del Mundo, tenía que competir en Trieste y, sobre todo, en San Juan (Argentina). Ante lo elevado de la cuantía, organizaron un crowdfunding y en pocos días superó los 4.000 euros que necesitaba. En su lucha por dar visibilidad a sus hazañas no sólo recurre a las redes sociales, donde es todo un fenómeno viral con sus hipnóticas coreografías. Cuando tenía 13 años impresionó en el programa televisivo Got Talent, donde se presentó ante el jurado con un emotivo discurso: «Quiero que el patinaje se presente en televisión, porque es un deporte muy bonito y con mucho sacrificio».
Gómez Correas, entrenando en Boadilla.JAVIER BARBANCHOMUNDO
También ha aparecido en una serie americana de Disney +, 'Saturdays'. Y hasta ha batido un récord Guiness. «Me escribieron del programa, me habían visto con la spinner y creían que se podía batir el récord. Empecé a ensayar más, a plantearme el objetivo. Lo logré al primer intento», explica sobre un reto 'mareante' para «seguir visualizando el patinaje artístico a nivel mundial». El 27 de febrero en Milán, en el programa de televisión italiano 'Lo Show Dei Record', Guillermo dio 92 giros con una sola pierna sobre su spinner de entrenamiento en sólo un minuto.
Pero, más allá del show, que él asume como necesario para reivindicar su disciplina, lo de Guillermo es pura pasión por el patinaje artístico, un talento único. En lo artístico -«me encanta emocionar a la gente, no sólo quiero ganar, quiero transmitir»-, donde cuenta con la complicidad de las tribunas, y en lo deportivo. Ahí, el madrileño ha supuesto todo una revolución a la hora de romper estereotipos. Porque su patinar no sólo se apoya en poderosos saltos de dominio físico, también ha incluido un nivel altísimo en las piruetas, algo que parecía exclusivo de las patinadoras. «Se ha comprobado que un chico puede saltar, hacer triples perfectos, pero también piruetas igual que las chicas o mejor. Eso antes no pasaba», asegura quien hasta logró que la Federación Internacional homologara una pirueta única, bautizada con su nombre. La Hell-Biellmann Go-Co (Gómez Correas, sus apellidos) fue incluida por World Skate en el reglamento en 2020, una combinación inédita de dos dificultades en una con un valor base de 5,8 puntos, el mayor de los que se realizan.
Gómez Correa, durante un entrenamiento en Boadilla.JAVIER BARBANCHOMUNDO
Toda esa destreza la tuvo que poner a prueba en el Mundial de Rimini, a pesar de que los meses anteriores fueron una tortura por una lesión a la que sigue buscando solución. Tuvo que renunciar al Europeo -que ganó otro español, su compañero de selección Unai Cereijo- y asumir mentalmente que no llegaría en la plenitud deseada. Lo bordó en el programa corto, pero después le llegó «una crisis de ansiedad» que estuvo a punto de arruinarlo todo. «Las expectativas eran altas. El pabellón estaba lleno, todo el mundo estaba esperando que Guille lo hiciera perfecto, que hiciera un discazo y toda la grada se levantara. Había mucha presión, pensamientos intrusivos, no estaba seguro de querer salir a competir, estaba mal», recuerda quien logró superar el trago cuando la música comenzó a sonar. Campeón del mundo júnior, el objetivo de una vida. «Estaba contento, pero en el fondo sabía que podía haber hecho mucho más. Es raro, pero fue un poco sabor amargo», admite.
A Guille le queda un año más en la categoría , donde tratará de revalidar todos sus títulos -«he ganado todo lo que he competido», entre otras cosas cuatro veces consecutivas campeón de España- antes de dar el salto inaplazable a la absoluta. Seguirá esquivando prejuicios («muchos piensan que el patinaje es un deporte más femenino, pero a la gente que no te hace bien hay que silenciarla») y luchando por una disciplina en la que España e Italia son los dominadores mundiales y que reivindica con un discurso claro: «Es un deporte que abarca muchísimo. Tienes que correr para hacer cardio, hacer gimnasio para estar fuerte, saber interpretar todo tipo de músicas, ser buen bailarín, flexible... y, por supuesto, patinar. Y, además, ser mentalmente fuerte. Es la suma de muchas pequeñas disciplinas. Tiene tantos detalles, que te acaba enamorando esa suma».