Pese a las declaraciones más o menos optimistas de Luis de la Fuente y de algunos compañeros al término del partido contra Alemania, los pronósticos se cumplieron y este sábado se ha conocido que Pedri sufre un esguince lateral interno, de grado dos, en su rodilla izquierda.
Pese a que la Federación no ha hecho público el tiempo estimado de baja, lo razonable es que el mediapunta del Barça esté sin jugar durante un mes aproximadamente, con lo cual se podrá incorporar a la pretemporada de su equipo poco antes de que comience la Liga, el fin de semana del 18 de agosto.
El canario, según ha informado la propia Federación en un comunicado, se va a quedar junto al resto de sus compañeros durante el resto de la concentración, que podría terminar el próximo martes por la noche, si el equipo pierde con Francia en semifinales, o el lunes siguiente, tras jugar la final.
Durante la mañana del sábado, el futbolista, acompañado por los servicios médicos de la selección, ha pasado varias pruebas en un hospital cercano a Donaueschingen, donde está concentrado el equipo.
También durante la mañana, Toni Kroos ha expresado, a través de sus redes sociales, su pesar por haber lesionado al futbolista español. Y una última cosa que es muy importante para mí: ¡Perdón y que te mejores pronto, Pedri! Lógicamente no era mi intención hacerte daño. Una pronta recuperación y todo lo mejor. Eres un gran jugador”.
Los temores que el pasado viernes tenían una parte del cuerpo técnico y de la Federación respecto a la actitud del Barça con Lamine Yamal de cara a esta concentración tomaron cuerpo este lunes y han provocado un cataclismo este martes. A través de un durísimo comunicado contra el Barça, la Federación ha desconvocado al jugador para los partidos contra Georgia y Turquía.
¿El motivo? Que el Barça sometió al jugador el lunes por la mañana, día de inicio de la concentración de la selección, y sin avisar a los médicos federativos, a un "procedimiento invasivo de radiofrecuencia" para tratar su pubalgia, y los médicos del Barça enviaron, ya con el jugador en Madrid, un informe médico que recomendaba reposo de entre 7 y 10 días.
La secuencia de los hechos es así. Lamine juega casi todo el partido en Vigo el domingo por la noche. El lunes por la mañana, es sometido a ese "procedimiento invasivo de radiofrecuencia" por los médicos de su club, y la Federación se entera a las 13.47. Por la tarde, el jugador viaja por la tarde a Madrid y se concentra en la Ciudad del Fútbol. Pero a las 22.40, los médicos de la selección reciben el informe de sus 'colegas' del Barça explicando el tratamiento y "en el que se indica la recomendación médica de reposo entre 7 y 10 días". Tras una noche de lo más tensa, esta mañana se ha decidido desconvocar a Lamine y que vuelva a Barcelona.
"Ante esta situación, y priorizando en todo momento la salud, seguridad y bienestar del jugador, la Real Federación Española de Fútbol ha tomado la decisión de liberar al deportista de la presente convocatoria. Confiamos en que pueda evolucionar favorablemente y le deseamos una pronta y completa recuperación", cerraba la Federación el durísimo comunicado que, sin citar al Barça, hace explícita una guerra que comenzó en septiembre, cuando Lamine se lesionó.
En esa ventana de partidos, contra Bulgaria y Turquía, Lamine llegó a la selección con unas molestias en la espalda por las que fue infiltrado, para evitarlas, de cara al segundo choque, en Konya contra el equipo de Güler. Según la versión que luego ofrecería Flick, el técnico del Barça, el futbolista se lesionó, en el pubis, en ese partido. "No lo han cuidado", dijo el alemán. Sin embargo, en la Federación sostienen que Lamine volvió a Barcelona un lunes sin decir nada del pubis, pasó unos días en la Ciudad Condal, incluso entrenando, y el sábado fue cuando se conoció la dolencia.
En todo caso, el de este lunes es el último episodio de una guerra que se enfriará si España consigue la clasificación para el Mundial, pues la siguiente cita ya será en marzo, dentro de muchos meses. Otra cosa será si España no alcanza el Mundial con esta extraña baja de su estrella.
Desde que obtuvo la nacionalidad española por carta de naturaleza, el 11 de mayo de 2021, Aymeric Jean Louis Gerard Alphonse Laporte (Agen, Francia, 30 años), que así se llama en un DNI interminable, ha sido titular siempre que el equipo tenía algo en juego. Bueno, siempre no. Hubo un día en el que no fue titular y no por su rendimiento deportivo, sino porque estaba castigado. Fue en el tercer partido de la fase de grupos del Mundial de Qatar, ante Japón. Laporte, el tipo duro, el hombre fuerte del vestuario de la selección española, vio desde el banquillo aquel choque porque, dos días antes, en la Universidad de Qatar, en el campo base del equipo, se atrevió a enfrentarse a Luis Enrique.
Más que a enfrentarse, a decirle a la cara que el equipo debía tener un Plan B para cuando las cosas no salieran bien. Al entrenador asturiano, admirador de sí mismo y de su estilo, no le sentó bien. Era la primera vez, y fue la última, en cuatro años, que un futbolista se atrevía a decirle a la cara lo que muchos, la mayoría, pensaban. Así que Laporte fue suplente contra Japón. Y España perdió, por cierto.
El episodio define muy bien a un tipo, Laporte, Ayme para todo el mundo en la concentración, que desde su debut, el 4 de junio de ese 2021, justo antes de la Eurocopa, ha ido labrándose su propio papel en España. De entrada, hoy ante Dinamarca cumplirá su partido número 40 (dos goles). Es, ya de lejos, el jugador nacionalizado que más veces se ha puesto esta camiseta, muy por delante de Alfredo Di Stéfano (31 partidos), Marcos Senna (28), Rodrigo Moreno (27) y Diego Costa (24). Su llegada no fue fácil. En una rueda de prensa en Las Rozas en aquellos días de 2021, se enganchó con un periodista a cuenta de su sentimiento de pertenencia a España. Ahí empezó una difícil relación con la prensa que continúa hoy, y de hecho, durante la pasada Eurocopa, fue el cabecilla del equipo en su rebelión contra una emisora de radio donde, pensaban en el vestuario, alguien les estaba faltando al respeto.
Ascendencia sobre Gavi
Laporte no se calla. Con un toque altivo si no deja a su interlocutor acercarse, es alguien con una personalidad muy marcada. «No voy a depender de lo que pueda pensar la gente para tomar decisiones en mi vida. Si tomo esas decisiones es porque creo que es lo mejor para mí. Puedo acertar o no, pero hay que respetar», decía el pasado miércoles en una entrevista en la Cadena Ser. Por eso, pese a los muchos reproches que encontró en los micrófonos, dejó el Manchester City hace un par de temporadas para fichar por el Al Nassar saudí. Se especuló mucho entonces sobre si el ritmo de competición de una liga tan débil le podía perjudicar para seguir viniendo a la selección, pero siempre ha sido un indisctubile, también para Luis de la Fuente.
Aymeric Laporte.PABLO GARCÍARFEF
En la caseta, cuando Ayme habla, los demás escuchan. Especialmente los jóvenes, sobre los que tiene una ascendencia innegable. Y dentro de los jóvenes, Gavi. El centrocampista del Barcelona, que lleva un año fuera de la selección lesionado, es con quien mejor ha conectado el central, hoy en boca de todos porque en enero podría haber noticia. El Real Madrid tiene su nombre encima de la mesa en caso de que se decida a fichar después de la lesión de Eder Militao. A Carlo Ancelotti le vuelve loco, pero quien tiene que soltar el dinero que presumiblemente pedirían los saudíes no lo tiene tan claro. Él, por su parte, se deja querer sutilmente, asumiendo que su ficha en Arabia, por encima de los 20 millones, no sería posible en el Bernabéu.
No se va a poner nervioso, en todo caso, por eso. Es alguien que sabe esperar. De hecho, su pasaporte español llegó en 2021, cinco años después del primer intento, con Julen Lopetegui en el banquillo, en 2016. En aquella ocasión, un par de pesos pesados de aquel vestuario, alineados con un alto cargo de aquella Federación, consiguieron pararlo. Finalmente la unión entre España y Laporte llegó, y llegó hasta el punto de ganar la Eurocopa -«es lo mejor que me ha pasado en la vida», reconoce- y, el pasado mes de octubre, en Murcia, convertirse en el segundo jugador nacionalizado que porta el brazalete de capitán, después de Ladislao Kubala. Hoy, ante Dinamarca, donde un punto le da a España matemáticamente el primer puesto del grupo (ya está clasificada) volverá a ser referencia.
La vida sigue, mal que bien, en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas, donde el campo número dos parece el escenario de una película de terror (están cambiando el césped), las salas aledañas al gimnasio se llenan de periodistas porque es el día (ayer) de atención a los medios y el sol aprieta tanto que Mikel Merino baja de la residencia en chanclas y con los pantalones puestos como si fuera un bañador turbo.
«Es que el sábado, con la tontería, nos jugamos el Mundial», recuerda un empleado de la Federación, resumiendo en esa frase el nuevo mantra que rodea a la selección: hay que pasar página del caso Lamine. Eso, lógicamente, es mucho más fácil de decir que de hacer, y basta repasar cómo fue la jornada de ayer para comprenderlo. Por la mañana, habló Joan Laporta, el presidente del Barcelona: «El jugador tiene que estar a disposición del Barça, y eso no perjudica a la selección española». Luego, a mediodía, y puestos a hablar, habló José Manuel Rodríguez-Uribes, la máxima autoridad del Gobierno en asuntos deportivos, que en este caso tampoco es decir mucho pues ni al Gobierno ni al propio Uribes les interesa demasiado el deporte. El presidente del CSD acudió a lugares comunes: «Hay que pensar en los intereses de todas las partes, que son compatibles», dijo. Pues eso.
El caso es que todo el mundo habla de Lamine Yamal aunque no esté. Y en el cuerpo técnico lo entienden, cómo no hacerlo, pero desde ayer mismo se han puesto manos a la obra para poner el foco en el césped, en lo que ocurrirá a partir de las 18.00 horas del próximo sábado en Tiflis, la capital de Georgia. Una victoria allí clasifica a Espara para el Mundial, acaso no matemáticamente, pero sí virtualmente (en la última jornada tendría que caer goleada, por muchísima diferencia, con Turquía en Sevilla). No hace ni un mes que se produjo la victoria contra los georgianos en el Martínez Valero de Elche (2-0), pero en su estadio será otra cosa.
Y además España acude a la cita no solamente sin Lamine Yamal, sino sin una lista bastante grande de titulares, o al menos presuntos titulares. Faltan Carvajal, Le Normand, Pedri y Nico Williams. Contando al extremo del Barça que llegó el lunes por la noche y se marchó el martes por la mañana, son cinco futbolistas que, en condiciones normales, estarían en el once. Bien es verdad que el desempeño de tipos como Zubimendi, Oyarzabal o Álex Baena han hecho que, de momento, no se eche de menos a los que no están, pero no es menos cierto que un tropiezo en Georgia podría, probablemente de forma innecesaria, el cartel de urgente al último partido contra los turcos.
Luis de la Fuente hizo la ronda de las radios en la noche del martes para intentar zanjar con ello todo lo relacionado con Lamine, pero no lo consiguió. Ayer no se hablaba de otra cosa, incluso en la presentación de un nuevo patrocinio en el que estuvieron Unai Simón y Cucurella. Hoy el equipo entrenará por la mañana y viajará por la tarde para llegar a Tiflis a cenar. Mañana, será el turno del seleccionador en rueda de prensa, donde él sabe que tendrá que volver a hablar de Lamine. Intentará poner el foco en el césped, pero en la propia Federación no tienen muy claro cómo hacerlo. La dureza misma del comunicado del martes invita a pensar que las heridas no están cerradas.