Tras una destitución que pocos comprendieron, el ex entrenador del Real Madrid, lejos ya de polémicas, repasa el pasado de una era inigualable y muestra su lado más personal. “Para mí, el reconocimiento de un camarero es tan grande como un título”, admite
Pablo Laso pide un café solo y un agua con gas. Está algo más delgado y bastante más sonriente. Han pasado seis meses desde aquella noche que recuerda «sin miedo» que desencadenó los acontecimientos que iban a poner fin, no sin polémica, a una era en
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Si ya de por sí el Real Madrid parece un punto competitivamente (lo ha parecido todo el curso) por encima del Barça, luego está Sergi Llull. Y su genialidad desatada. Sus triples fuera de guion que son puñaladas a la mente del rival. El segundo round dejó a los blancos a un paso de la final de la ACB y al Barça completamente sobre el abismo de una temporada aciaga. Viaja la semifinal al Palau con un 2-0 rotundo, un equipo lanzado y que ha logrado olvidar en cinco días la final de la Euroliga perdida, y otro completamente desquiciado sobre el diván de sus dudas. [Narración y estadísticas: 104-98]
Pero el hombre es Llull, en esta madurez estupenda en la que habita. Lejos del declive, luce su temporada más pulcra que las anteriores, pero llegada la hora de la verdad, siempre está ahí. En el primer partido asestó cuatro triples de carrerilla en menos de dos minutos, puro éxtasis para dar la puntilla a los azulgrana. Este viernes fue de principio a fin, eléctrico, contagiando al resto, una segunda parte poderosa para dejar al Barça tiritando.
Y eso que, como no podía ser de otra forma, fue otro Barça. O lo intentó. 48 horas atrás hubo síntomas de hasta desidia, de poca bravura, de conformismo ante el vendaval del rival. Ahora, conscientes del abismo, con un quinteto bien diferente, las cosas estaban más claras. Más ritmo, más valentía y, sobre todo, más inteligencia táctica. Eso se tradujo en el 3-9 de salida, con un Willy menos miedoso ante Tavares y un Madrid fallón.
Tavares tapona a Willy.JUANJO MARTINEFE
La rápida reacción fue un 11-0, en una noche de ritmo algo alocado, aún sin dueño. Da Silva era el termómetro azulgrana y Vesely (24 puntos, su tope en ACB) y Jabari, sus mejores hombres. Pero el que no entra en ningún plan es Llull. Se maneja en plena efervescencia, lleno de confianza y disfrutón. Cuando anotó su segundo triple le dijo al banquillo que aguardara su cambio. Se fue al descanso con 13 puntos cuando el Madrid, que siempre tiene la buena costumbre de meter la última antes de ir al vestuario, volvía a mandar.
El Barça se fue diluyendo como un paracetamol en agua. Punto a punto, golpe a golpe. Hezonja, que en la primera mitad se había cogido un cabreo de los suyos, hacía de todo en la pista y Musa le acompañaba con sus puntos fáciles. Un mate de Tavares puso la máxima (67-53) y, aunque con el empuje de Joel Parra pareció el Barça rehacerse algo, ahí estaba Llull para clavar sobre la bocina una mandarina desde 10 metros. Otro mazazo psicológico.
En la recta de meta, el Madrid estaba ya lanzado como un sprinter. Con sus veteranos en pista, con Rudy peleón como si fuera un rookie y el Chacho rompiendo tobillos... Avanzaban los blancos con tres marchas más (llegaron a mandar por 17) y el Barça sin perímetro, sin rebote y sin defensa. Y desquiciado. A su temporada le pueden quedar dos días, un año para olvidar.
La era Chus Mateo amaneció en un lugar insospechado, para siempre ya el Farum Arena, un recóndito y pequeño recinto a las afueras de Copenhague, unido al nombre del seleccionador llamado a comandar la resurrección de España. Porque de eso se trata, de que no demasiado lejos ni tarde esta selección vuelva a donde solía, a ser la temida por todos, la que no se bajaba de los podios. Para empezar, un triunfo de energía y recarga de autoestima ante un rival menor. [64-74: Narración y estadísticas]
Porque aún escuece la frustración acumulada, el fracaso del reciente Eurobasket, los tiempos de apreturas y eliminaciones prematuras. Las nuevas joyas del baloncesto español se forjan a fuego lento, la mayoría en Estados Unidos, pero ya empiezan a romper el cascarón de la elite. Y mientras, los que nunca fallan son los de la clase media, tan reivindicativos como cada vez que se les ha necesitado.
Casi ninguno tan representativo de todos ellos como Jaime Fernández, campeón de Europa en 2022, letal ante Dinamarca hasta sus problemas físicos -tan decisivo como otro veterano, Oriol Paulí-, nombre propio de un triunfo que dejó los destellos de ambición del debutante Great Osobor, una perla nacida en Tudela que, tras brillar en la NCAA, ahora destaca en el Jena alemán. O el desparpajo de Álvaro Cárdenas, de otro criado en el universo americano y que ahora comanda al Peristeri griego, cedido por el Valencia.
El primer quinteto de Mateo -acompañado para esta aventura de un cuerpo técnico renovado, con dos de sus asistentes en el Madrid (Paco Redondo y Guillermo Frutos), Paco Aurioles y Arturo Ruiz- fue una declaración de intenciones. El futuro es importante, pero más lo es el presente. Y en cancha puso a cinco veteranos de las ventanas, que respondieron de forma inmediata. La primera canasta fue de Fran Guerra y Alberto Díaz no tardó en robar un balón en campo ajeno. Un 12-21 de salida, con puntos fáciles de Yusta y Jaime Fernández, penetraciones fugaces que ni rozaban los daneses.
Fran Guerra, ante Dinamarca.feb
Fue con la segunda unidad cuando más dudas surgieron y eso que Great Osobor dejó una estupenda sensación de intensidad. Algunos desajustes, menos capacidad ofensiva y un triple sobre la bocina de Heede-Andersen para arrimar a los locales.
La ventaja volvió con los movimientos de banquillo, de repente con dos bases, ahora sin ninguno puro, con Izan Almansa de cuatro o sin ala-pívot claro en cancha. Esas probaturas de Mateo mantenían al equipo en tensión (bien reflejada en el rebote ofensivo) y dos triples de Jaime Fernández dieron la máxima a la selección al descanso. La nota negativa fue la lesión de Dani Díez, que se torció el tobillo derecho al lanzarse a salvar un balón de fondo. No volvió al partido.
Fue tras el paso por vestuarios cuando España comenzó a romper la contienda. Especialmente con la irrupción de Osobor, que mueve sus kilos sobre la cancha con una agilidad de asombro. Culminó una contra tras robar un balón en primera línea y otra tras un alley-oop para la máxima (38-52). La puntilla llegó después, tras otro rato de indefinición, desde el perímetro, al fin Francis Alonso y Alberto Díaz
Todos ellos, héroes de las ventanas, son los que deberán conducir a esta nueva España al Mundial de 2027. Un proceso largo de clasificación en el que conviene ir acumulando triunfos. Pues en el horizonte no será tan sencillo como ante esta Dinamarca sin estrellas que no resistió la velocidad ni la determinación de los meritorios chicos de Chus Mateo. El domingo aguarda Georgia en Tenerife, la de Shengelia y Shermadini, y esa prueba ya será otra historia. El próximo febrero será Ucrania el rival. Y más allá, Grecia, Montenegro...