Después de una derrota, Rafa Nadal nunca necesitó aliento, un «¡Alegra esa cara!», porque en esos momentos el fuego le arde por dentro y sólo quiere abrasarlo todo, pero un periodista colombiano lo intentó este lunes en la zona mixta de Roland Garros. Con gracia paisa, le reclamó una sonrisa. Y Nadal le miró, elevó su ceja izquierda hasta el cielo, se abrió de brazos y le dejó claro que no estaba para fiestas: «Con una derrota así, ¿Qué te espera
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"Veo que todavía hay niños por aquí. ¿Qué hacéis aquí? Deberíais estar durmiendo. A mi me va a costar mucho dormir con la adrenalina que llevo, así que si hay alguna fiesta me apunto". Eran las 3:08 de la madrugada en París cuando Novak Djokovic, feliz por seguir vivo en Roland Garros, bromeaba ante el público de la Philippe Chatrier y salvaba así a la organización del torneo.
En aquel instante, después de salvar su partido ante el italiano Lorenzo Musetti, cualquier cosa hubiera podido pasar. En caso de derrota quizá el serbio habría puesto el grito en el cielo. Si Iga Swiatek, la número uno de la WTA, se quejó por el ruido en las gradas... ¿Qué hubiera dicho de jugar plenamente de madrugada? Pero Djokovic, alegre, juguetón, simplemente hizo un chiste con la hora. En la pista central del Grand Slam parisino, en un ambiente de after, los aficionados celebraron sus palabras, aunque previamente habían empujado a Musetti.
EMMANUEL DUNANDAFP
Porque el italiano de 22 años estuvo cerca, muy cerca, muy, muy cerca de la victoria de su vida. Como en otras ocasiones, Djokovic se asomó al abismo, sonrió y saltó. Musetti llegó a ganarle dos sets, pero el serbio aceleró entonces para llevarse el encuentro por 7-5, 6-7(6), 2-6, 6-3 y 6-0 en cuatro horas y 29 minutos. La actuación del todavía número uno del ranking ATP es imposible de analizar.
En los primeros sets se le notó cansado, exhausto, jadeando después de los intercambios largos, incapaz de poder seguir el ritmo. Desde hace días se especula sobre alguna lesión o alguna dolencia oculta que provoque sus extraños movimientos, pero él lo niega. Y razón tendrá pues en los últimos sets volvió a ser el Djokovic de cerca, un tenista iracundo, el amo del circuito. El serbio necesita levantar su 25 Grand Slam para no perder el número uno ante Jannik Sinner y ahora no se puede descartar que lo haga.
El set de Dimitrov
Más bien todo lo contrario. Si es capaz de remontar así puede ser capaz de cualquier cosa. En octavos de final se enfrentará al argentino Francisco Cerúndolo, aunque antes deberá recuperar del tute al que le obligó la organización de Roland Garros. Porque su partido se alargó, es cierto, pero se jugó de madrugada por otro motivo: empezó justo antes de que tocaran las 23.00 horas.
Por culpa de la lluvia incesante, el torneo lleva días añadiendo partidos a los horarios de las dos pistas centrales, la Philippe Chatrier y la Suzanne Lenglen, y este sábado se la jugaron a todo o nada. Antes de que empezara el Djokovic-Musetti había un hueco de un par de horas y colocaron ahí el enfrentamiento interrumpido entre Zizou Bergs y Grigor Dimitrov. Si el búlgaro vencía en tres sets todo iría rodado, pero lo hizo en cuatro y el planning se descuadró. Años atrás, antes de que existiera la sesión nocturna, la única que emite en Francia la tele de pago -Amazon Prime-, los partidos en Roland Garros se interrumpían a la medianoche. Este sábado Djokovic casi empieza a esa hora. Suerte que se lo tomó con humor.
"No meto un resto dentro", se quejaba Carlos Alcaraz en uno de los descansos de su primer partido en la Laver Cup, perdido, visiblemente disgustado. La competición que enfrenta a tenistas de Europa contra tenistas del resto del mundo debía ser un entretenimiento para él, pero empezó este viernes con un mal rato. Haciendo pareja con Alexander Zverev, el actual número dos del mundo, el español cayó ante el dúo estadounidense formado por Ben Shelton y Taylor Fritz por 7-6(5) y 6-4.
Los titubeos con el saque de Alcaraz y, sobre todo, los problemas de Zverev en la red condenaron al equipo europeo que pese a ello salvó la jornada. Gracias a las victorias de Stefanos Tsitsipas ante Thanasi Kokkinakis y de Grigor Dimitrov ante Alejandro Tabilo se terminó con empate a dos después de que en el primer partido Francisco Cerúndolo superara a Casper Ruud. Este sábado, Alcaraz ya disputará un encuentro de individuales, con el doble valor de los puntos, y lo más probable es que repita el domingo, cuando los puntos valen triple.
RONNY HARTMANNAFP
Ganar o perder la Laver Cup no es importante, pero en este momento de la temporada Alcaraz necesita acumular alegrías en el torneo que organiza Roger Federer. Y de momento no lleva ninguna. Pese a que el español disfrutó del show previo y de sentirse la estrella de la competición, sobre la lenta pista negra del Uber Arena de Berlín estuvo desacertado. Por varias razones, lo tenía difícil. Esta temporada ha jugado dobles en los Juegos Olímpicos con Rafa Nadal y en la Copa Davis con Marcel Granollers, pero igualmente su experiencia en la especialidad es escasa. Y además no tenía ninguna sintonía con su compañero, Zverev.
Pareja para el espectáculo, sin partidos ni entrenamientos previos, ambos se notaban incómodos e incluso en sus mejores juegos -como cuando consiguieron forzar el tie-break del primer set- no llegaban a conectar. Al otro lado, en cambio, la pareja estadounidense se lo pasaba pipa. Con otro compatriota, Francis Tiafoe, lanzando continuas bromas desde su banquillo, ambos sacaron su mejor versión, especialmente un Shelton imparable. A sus 21 años, confirmado como uno de los mejores sacadores del circuito, ayer en la Laver Cup anunció que también domina la red y que si logra estabilizar su juego en el futuro habrá que contar con él para los títulos más importantes.