Daniel Cuesta y su mujer Mireia, los dos valencianistas en luna de miel retenidos en Singapur, ya han recuperado sus pasaportes y están de regreso a casa. Así lo ha confirmado su familia en un comunicado después de siete días de angustia ante la incertidumbre del castigo que podrían recibir por haber mostrado una pancarta contra el máximo accionista del Valencia, Peter Lim, y haber pegado una pegatina en la valla del edificio en el que se reside.
El joven aficionado del Valencia colgó en redes sociales su ‘protesta’ y eso provocó que, al tratar de continuar su viaje hacia Bali, fueran retenidos y a Dani se le retirara el pasaporte y el teléfono móvil. Sin poder abandonar el país, tuvieron que prestar declaración dos veces y recibieron en todo momento la asistencia consular de la Embajada de España en Singapur. Con su familia en España se mantuvo en contacto permanente la Delegación del Gobierno en la Comunidad Valenciana.
Según han confirmado los familiares en un comunicado, Dani y Mireia regresaran a Valencia “en el primer vuelo disponible” porque “finalmente todo ha quedado en una amonestación“.
Una de las primeras medidas que ha tomado la pareja tras confirmar que pueden abandonar el país ha sido borrar de las redes sociales todas las publicaciones que hicieron sobre su visita a Singapur, tanto las previas como las que publicaron ya en el país y que desataron todo el problema.
“Queremos agradecer a todas aquellas personas e instituciones (Embajada de España en Singapur y Delegación del Gobierno en Valencia) que se han preocupado realmente por ellos”, aseguran. Pero añaden algo más: “lamentar el ruido generado por otras [personas] que han retrasado, por intereses personales, la resolución de esta pesadilla”.
La familia pide ahora “intimidad” para que la pareja pueda “volver a la tranquilidad y recuperar la normalidad del día a día”.
Dani y Mireia no continuarán la luna de miel en Bali y, además, del susto que han vivido todos estos días tendrán que hacer frente a los gastos imprevistos que les ha generado estancia en Singapur, más larga de lo previsto.
Rafa Mir tiene asumido que se sentará en el banquillo acusado de dos presuntos delitos de agresión sexual con acceso carnal aunque sigue negando que los cometiera. El delantero, que juega cedido por el Sevilla en el Elche, compareció vía telemática ante la jueza que instruye la denuncia que dos jóvenes presentaron el 1 de septiembre de 2024 después de haberlo conocido en una discoteca y haber pasado la noche en su casa de Bétera. Esta declaración indagatoria es consecuencia del auto de procesamiento hecho público por la magistrada en el que recoge que hay "indicios y no meras sospechas" de la agresión.
El jugador, según fuentes próximas a la declaración, no ha contestado a las preguntas de la jueza y, por boca de su abogado, Jaime Campaner, se ha ratificado en su primera declaración, cuando aseguró que las relaciones fueron consentidas.
Tambén ha solicitado que sean tenidas en cuenta en la causa las contradicciones que existen entre las declaraciones de las jóvenes y los testimonios que prestaron en el juzgado quienes primero las atendieron. De un lado, los empleados de la empresa de seguridad de la urbanización, que declararon haber escuchado a las víctimas hablar de agresión sexual. Sin embargo, en el informe remitido por la empresa al juzgado, no se recoge este hecho.
Delito leve de lesiones
Tampoco los cuatro agentes de la Policía Local de Bétera que acudieron a la vivienda recibieron ninguna denuncia por parte de las chicas de haber sido víctimas de una violación, y a estas contradicciones se agarra la defensa de Mir, que está procesado junto a su amigo Pablo Jara, que además, golpeó en la cara a una de las jóvenes, por lo que suma un delito leve de lesiones.
Lo que no hará Rafa Mir es prolongar el proceso. El jugador no va a recurrir el auto de procesamiento de la jueza, lo que puede acelerar, a la espera de que se pronuncien las defensas y la Fiscalía, que se abra juicio oral y Mir acabe sentado ante un tribunal de la Audiencia de Valencia.
Por el momento sigue en libertad con una fianza de 12.500 euros, para cubrir la posible responsabilidad civil que se derive de una condena.
Parecían imparables y se estrellaron contra sus propios desaciertos. España puso contra las cuerdas a Inglaterra sin poder golpearlas. Perdió el gol en las decenas de ocasiones que pisó área y cayó en trampa de las las inglesas para jugárselo a penaltis. Arrancaron fallando el lanzamiento de Mead, repetido por doble toque, pero ni otra parada de Cata Coll evitó que la tanda fuera un desastre. Marcó Patri y fallaron Mariona, otra vez, Aitana, para sorpresa, y Salma Paralluelo, para colmo de un partido de desaciertos. España se marcha sin triple corona, sin haber perdido un partido y víctima de una seleccionadora, Sarina Wiegman, que siempre hace a sus jugadoras creer en el milagro. [Narración, minuto a minuto (1-1, 3-1)]
España las obligó a revolverse cuando Mariona hizo aparecer sus galones para abrir una final que parecían haber entendido mejor las inglesas de inicio. Montse Tomé sorprendió con la titularidad de Athenea, pero España tenía un plan muy claro que la seleccionadora neerlandesa se sabía de memoria. Mientras las españolas buscaban tejer sus conexiones, Inglaterra se movía como un acordeón. Era capaz de replegarse en su campo para ahogar a España, robar y hacer el que balón corriera hacia el área de Cata Coll, que tuvo que salvar un remate de Alessia Russo. Las británicas sabían que de cada error en la sala de máquinas española nacía una oportunidad. Asfixiaron a Patri Guijarro para quitarle la brújula, engrisecieron a Alexia e intentaron que Aitana no encontrara ni un espacio. Si la forma era con un patadón a la espalda de Ona Batlle o de Olga Carmona, no había vergüenza.
Aún así, España trataba de crecer y Hampton tuvo que tapar a bocajarro un disparo de Esther tras un centro que bajó con el pecho. La delantera del Gotham, peleona, buscó el gol que le calzara la bota de oro del torneo y encadenó oportunidades sin acierto. La selección se iba acercando a la zona de peligro con más confianza, tanto que Stanway tuvo que poner la espalda para desviar un chut de Athenea, con la portería siempre en la cabeza.
Contundente respuesta
No estaba incómoda Inglaterra, su plan estaban funcionando y, de nuevo, Stanway armó un disparo que avisaba de su voracidad. Pero la campana la hizo sonar Hemp, cuando aprovechó un desajuste entre Cata y Aleixandri en la salida de pelota que hizo a la portera mallorquina sacar un pie extraordinario para desviar el disparo de la extremo inglesa.
La respuesta fue contundente. Otra vez pasado el minuto 20, como en el Mundial de Australia, España encontró las costuras de su rival. Y lo hizo por tesón. Athenea y Aitana pelearon la pelota en la orilla derecha del área, nadie les mordió los tobillos, se la intercambiaron, la protegieron y acabaron por filtrársela a Ona Battle para que la colgara con mimo al segundo palo, donde apareció Mariona para batir a Hampton. España había vencido la resistencia inglesa con sus mejores armas y se quedó con el control absoluto del partido.
Durante 20 minutos, ni Sarina Wiegman ni sus jugadoras se pudieron levantar de la lona y un testarazo de Esther a centro de Aitana que se escapó junto a palo de Hampton. La única reacción del banquillo británico llegó por la lesión de Lauren James, que llegó renqueante a la final y aguantó solo 40 minutos. Llamó Wiegman a Chloe Kelly para buscar una reacción que llegó en la segunda parte.
Athenea, ante Carter, el domingo en St. Jakob Park.AFP
Inglaterra ha demostrado en esta Eurocopa que no necesita fútbol para hacer goles. Le falta una chispa para encenderse y, aunque la selección quiso volver a tener el control, ellas buscaban su momento. Lo encontraron cuando Chloe Kelly se escapó pegada a la banda y sirvió el balón para el cabezazo de Alessia Russo, cómoda en el salto ante las centrales españolas. Empujadas por su ruidosa grada, las actuales campeonas habían reaccionado y generado dudas en las españolas. Incluso volvieron a hacer lucirse a Cata Coll en un golpeo cruzado, otra vez, de Kelly.
Sin puntería
La respuesta de Montse Tomé fue sentar a Alexia, desdibujada, y buscar la energía de Clàudia Pina, que forzó a Hampton con su primer zurdazo. España necesitaba volver a la fluidez que logró tras el gol y, sobre todo, fabricar ocasiones con picante, no remates mansos que se sacudía con ligereza la defensa de las lionesses. Más estiradas, ellas confiaban en la fuerza de Agyemang en los minutos en que más peligrosas han sido en esta Eurocopa.
España, roma, tardaba en encontrar cómo aprovechar el filo que empezaba a crear Pina. Fue en el 89 cuando Salma Paralluelo y Vicky salieron para dar el último apretón, pero el remate de la madrileña lo salvó Hampton para forzar la prórroga. El plan siguió siendo el mismo, como el resultado. La selección apretaba y no golpeaba. Las tuvo Salma de todos los colores no supo cómo sacar provecho de su velocidad y rozó demasiado el gol sin conseguirlo. Pina insistía, aunque sin ajustar el punto de mira. Ni aunque Aitana cogió galones pudo evitar los penaltis con los que soñaban las inglesas. Con razón.
La selección se va de la Euro sin haber perdido un partido, con la Bota de Oro para Esther y Aitana como la mejora jugadora del torneo. Pero sin título. Sin gol, al fútbol no se gana.