Albert Luque confirma que se ultiman los detalles para prolongar el contrato del seleccionador. “Estamos en el mejor momento y ha hecho una labor magnífica”, insiste.
De la Fuente, con Dalic y Spalletti, tras el sorteo en HamburgoAFPAFP
Había pocas dudas de que Luis de la Fuente será quien se siente en el banquillo en la Eurocopa pero, con unas elecciones en la RFEF a la vista, el director deportivo, Albert Luque, las disipó. El riojano cerrará su renovación como seleccionador hasta el Mundial de 2026 en las próximas semanas. “Quedan pequeños detalles y en las próximas semanas habrá información. Estamos en uno de los mejores momentos deportivos y la labor de Luis ha sido magnífica. Con eso lo digo todo”, advirtió Luque desde Hamburgo en declaraciones a la Cadena SER.
Esta decisión, bajo la presidencia interina de Pedro Rocha, la tendrá que asumir el ganador o ganadora de las elecciones que debe celebrar la RFEF, que tendrán que convocarse durante el próximo mes de enero. El sucesor de Luis Rubiales tendrá que decidir entonces si se presenta a la reelección o si, por contra, renuncia y se mantiene al frente de la comisión gestora que tutelará el proceso.
La intención es que el seleccionador, que acaba contrato el 30 de junio, antes de que finalice la Eurocopa, pueda trabajar con seguridad los siete meses que quedan hasta el inicio de la competición que será su mayor reto desde que se sentó en el banquillo de España a principios de 2023.
“Aplicarnos desde el primer momento”
“Si no es el grupo más difícil es uno de los más. Todos los partidos van a ser complicados, porque Albania, por ejemplo, fue primera en la clasificación por delante de Chequia o Polonia. Es un grupo que nos va a exigir aplicarnos desde el primer momento para ofrecer la mejor imagen”, advirtió que, si bien es prudente, tampoco se arruga.
“Ninguna selección querría haberse tenido que Italia o Croacia, pero tampoco a España. Vamos con convencimiento y ya hemos visto el crecimiento y el potencial de nuestros jugadores, que son de los mejores del mundo”, aseguró el seleccionador.
Para Luque, el grupo depara enfrentamientos “de los que les gustan a los futbolistas, pero en el palco preferíamos otros rivales de inicio para luego cruzarte con equipos como Italia o Croacia.
Sarri y Dalic
Si De la Fuente veía dificultad, también Zlatko Dalic. Para el croata será un grupo “difícil e incierto, porque jugamos con el actual campeón de Europa y de la Liga de las Nacionales. Tendremos un trabajo muy difícil porque abrimos contra España en Berlín y en el partido probablemente decisivo jugaremos contra Italia”.
Sarri tampoco se confía: “El sorteo podía haber sido mejor, pero nada nos quita conciencia de ser Italia y tener que jugar todos los partidos con orgullo”.
Jorge Vilda era el gran protagonista del día. Era el entrenador que vivió la rebelión en el fútbol femenino, persona non grata para muchas futbolistas y el único que cada día deslizaba pequeños mensajes a los periodistas en la puerta de la Audiencia Nacional en el juicio del beso de Luis Rubiales a Jenni Hermoso. "He recibido muchos mensajes de ánimo de jugadoras", "tengo muchas ganas de declarar" y este miércoles, ante la marabunta de medios que le intentaba sacar unas nuevas palabras: "Esto es casi como un penalti".
El ex seleccionador, así como el ex director de fútbol de la selección masculina Albert Luque y el ex director de marketing de la RFEF Rubén Rivera debían declarar por un presunto delito de coacciones a la futbolista tras el beso en la celebración del Mundial de Australia en agosto de 2023. La Fiscalía solicita para los tres un año y medio de prisión por todo lo que transcurrió desde el país oceánico hasta el famoso viaje a Ibiza de las jugadoras.
La declaración del ex entrenador empezó con casi una hora de retraso por un problema técnico y se extendió algo más de 30 minutos. Vilda mantuvo que "jamás" habló con Jenni Hermoso tras lo ocurrido en la celebración de las medallas y que estuvo más preocupado durante esos momentos por el estado de salud de su hija, afectada de un problema médico en Australia. "No presencié ni nadie me dijo, nadie del staff, que se estaba sintiendo presionada", expresó el ex técnico.
Vilda no presenció el beso de Rubiales en la entrega de medallas ya que él era uno de los últimos de la fila, y comenzó a darse cuenta cuando hubo gente que lo empezó a comentar en el césped pero "nadie le daba importancia". Los momentos posteriores del vestuario ya cogieron al entrenador preocupado por el estado de salud de su hija.
Así, aunque Rubiales, al que no le vio incómodo ni disgustado, sí le comentó en el autobús camino del aeropuerto que le habían preguntado por el beso y "había contestado mal", Vilda no empezó a darse cuenta de la gravedad de los hechos hasta que estuvo viendo varias noticias ya sentado en el avión hacia Qatar.
Es en esas circunstancias en las que el entrenador, "de motu proprio" viendo la importancia que se le estaba dando al beso y no a la consecución del Mundial cuando decide actuar. "No vi oportuno hablar con Jenni, que estaba con sus amigas, Misa, Alexia, Laia y no quería molestarla", mantuvo.
El técnico admitió que sólo habló con el hermano de la jugadora, Rafa Hermoso, en el vuelo a Doha. Que la conversación se basó en el fútbol y en la preocupación por el "impacto mediático que sufriría la selección por las citas deportivas que venían". "Le dije es si podía buscar una fórmula para normalizar la situación y que se hablara de lo importante que era el campeonato del mundo", expuso.
El propio Vilda negó que le dijera a Rafa Hermoso, hermano de la futbolista, que "habría consecuencias" si la jugadora no accedía a realizar el vídeo con el entonces presidente de la Real Federación Española de Fútbol. "Yo no le advertí de consecuencias personales adversas al hermano de Jenni si ella no accedía a lo que se le pedía. Es falso", declaró. Y también reveló que el propio Hermoso calificó el beso como algo "anecdótico y sin importancia".
Pese al jolgorio y felicidad que decía el ex seleccionador que observó en todo momento entre las jugadoras, Vilda sí dijo que pudo ver a Jenni con cara de "cierta preocupación" mientras miraba el móvil en el avión. Una jugadora a la que conoce desde hace 17 años y que, a su juicio, debió preocuparse por ella tras lo sucedido. "Después del mundial no hemos vuelto a hablar y escuché que ella se sentía dolida porque no le había preguntado, igual le tenía que haber preguntado", ha lamentado el entrenador.
Otros acusados
Después de Vilda, debían declarar Albert Luque y Rubén Rivera por las supuestas presiones a las que la futbolista fue sometida en el viaje de celebración del mundial a Ibiza que realizaron todas las integrantes del combinado femenino.
Luque se presentó como amigo de la víctima y mantuvo que su presencia en la isla era porque estaba da vacaciones con su familia y que se acercó al hotel de las jugadoras porque la propia Hermoso no contestó a su mensaje de preocupación porque la situación se estaba "volviendo más grande".
El ex futbolista no pudo hablar con ella porque "no quería hablar con nadie" y sólo lo hizo con la amiga de la jugadora Ana Ecube. "Yo estoy decepcionado con mi amiga y solo quiero que dos amigos, si puedo hacer algo, puedan llegar a un entendimiento", explicó Luque su relación también con Rubiales rechazando la posibilidad de intentar presionar a Hermoso o a su entorno.
Algo que también manifestó Rivera, ex director de marketing de la Federación, y con el que el juez José Manuel Clemente Fernández- Prieto tuvo algún encontronazo: "Nos ha traído un rollo preparado, escuche", le ha reprendido el magistrado.
Rivera fue el encargado de organizar ese viaje pero, según él, no acudió más que por las funciones que tenía en la Federación. "Por supuesto que no, no fui enviado, era mi trabajo estar allí", ha espetado. Rivera dice que apenas cambió unas palabras con Jenni porque le solicitó que tuviera el móvil cargado por si tenían que hablar con ella y que su relación fue también con su amiga Ecube. "Pruebas y datos matan relato", repitió en más de una ocasión.
España - Escocia (20:45 h.)
EDUARDO J. CASTELAO
@EJCASTELAO
Sevilla
Actualizado Miércoles,
11
octubre
2023
-
20:22La Federación, que sigue convulsa por el 'tsunami'...
El 30 de marzo de 2015, hace casi una década, entró en vigor la célebre reforma del Código Penal. Esa Ley Orgánica suprimía las faltas, aquellas infracciones castigadas con pena leve. Es decir, sin cárcel. De este modo, desaparecía la vejación injusta, con la que los tribunales solían tipificar cualquier tipo de tocamiento o beso no consentido. Como el de Luis Rubiales a Jenni Hermoso. A partir del 29 de abril de 2023, con la conocida como ley del sólo sí es sí, se endurecieron las penas para las agresiones sexuales. Desde entonces, el artículo 178 del Código Penal, en su apartado 1, reza así: «Será castigado con la pena de prisión de uno a cuatro años, como responsable de agresión sexual, el que realice cualquier acto que atente contra la libertad sexual de otra persona sin su consentimiento. Sólo se entenderá que hay consentimiento cuando se haya manifestado libremente mediante actos que, en atención a las circunstancias del caso, expresen de manera clara la voluntad de la persona». A partir de hoy, la suerte de Rubiales en la Audiencia Nacional gravitará en torno a este artículo.
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«Partamos de que cualquier beso inconsentido es agresión sexual. No lo dice el artículo 178 del Código Penal, pero sí la jurisprudencia del Tribunal Supremo, el verdadero legislador, que incluso la ha aplicado a casos de un beso no consentido en cuello o mejilla. Por tanto, objetivamente sería un delito de agresión sexual, dado que, para su comisión, no se precisa de ánimo libidinoso», explica a EL MUNDO el prestigioso penalista Raúl Pardo-Geijo. «Ahora bien, subjetivamente, no se puede soslayar el contexto. Y es que la meritada jurisprudencia del Supremo se aplica, entre otros escasos supuestos, cuando los sujetos no se conocen o se acaban de conocer», continúa el abogado.
«Como profesionales debemos ser muy escrupulosos con las víctimas de agresiones sexuales, ya que hay casos sobrecogedores. Sin olvidar que tan víctima es una mujer que sufre una agresión sexual como cualquier persona a quien se acusa de un hecho que no ha cometido», comienza Ana Alguacil, ex jueza de lo Penal. «Tras el visionado de las imágenes, tengo claro que Rubiales no pretende atentar contra la libertad sexual de Jenni. No se aprecia dolo en el agresor, ninguna intención sexual. Simplemente se trata de algo producto de la alegría del momento», aclara esta experta abogada.
«Lo grave es el abuso de poder»
Obviamente, la defensa de Rubiales intentará utilizar la euforia propia de una entrega de medallas y los lazos de amistad que unían a Rubiales y Hermoso. Sin embargo, no todos los juristas comparten este criterio. «El subidón de alegría no justifica un beso, que aun siendo menos grave no deja de afectar a la esfera sexual de Jenni», argumenta Laura Pozuelo, profesora titular de Derecho Penal en la Universidad Autónoma de Madrid. «La amistad entre ambos no otorga un significado distinto y menos grave al asunto. Si no, lanzaríamos el mensaje de que, entre amigos, novios o marido y mujer se puede hacer lo que se quiera», completa Pozuelo, acreditada a catedrática.
Otros especialistas abundan en la perspectiva de una violencia sexual arraigada en estructuras que perpetúan la desigualdad de género, donde las mujeres son vistas y tratadas como objetos y donde su consentimiento es ignorado. Es el caso de Helena Soleto, catedrática de Derecho Procesal de la Universidad Carlos III. «Pese a que el componente sexual es mínimo, lo grave del caso es el abuso de poder, con un estilo rayano en lo mafioso que intenta ocultar las consecuencias de la agresión», desvela sobre las presuntas coacciones.
«A nivel procesal, este caso tiene muy poco recorrido y las penas van a ser muy leves, pero supone un gran toque de atención», presagia Soleto, en referencia a la reacción de la sociedad civil, canalizada bajo el lema #SeAcabó. Aquella presión de la calle, junto con la implicación de organizaciones de derechos humanos terminarían por desencadenar el final de Rubiales al frente de la Federación. «Considero positiva tanta repercusión mediática por el mensaje que manda: los cuerpos de las mujeres no se tocan libremente», subraya Pozuelo, en conversación con este periódico.
Rubiales, con Athenea del Castillo, durante la celebración del Mundial.AFP
De todos modos, la clave del juicio se centrará previsiblemente en la parte del consentimiento. La Fiscalía, que solicita un año de prisión para Rubiales por el delito de agresión sexual y un año y medio por otro delito de coacciones, considera que Jenni no se comportó como la víctima perfecta, la que debe tener una reacción estandarizada desde el primer momento. Sin embargo, este enfoque queda en entredicho para otros expertos. «Si no había consentimiento, ¿por qué no se escenificaron gestos, comentarios?», pregunta el abogado penalista Juan Gonzalo Ospina. «Si analizamos si Rubiales tuvo o no consentimiento, si valoramos las imágenes, por los gestos previos y posteriores, analizando la prueba en el plenario no veo la falta de negativa explícita o implícita para que pudiera dar el beso sin consentimiento. Por lo cual, me inclinaría por un fallo absolutorio», concluye el letrado, encarcargo de la defensa de la familia de Edwin Arrieta durante el juicio a Daniel Sancho.
En la misma línea de Ospina se pronuncia Pardo-Geijo, antes de lanzar otro interrogante. «Dadas las circunstancias, no existe intención de atentar contra el bien jurídico protegido de este tipo penal, que no es otro que la indemnidad sexual y, por ende, debería salir absuelto. ¿Alguien se ha preguntado qué reproche penal se le hubiera efectuado a Rubiales de realizar esa conducta con un jugador, algo nada descabellado, por cierto y que ha sido visto en múltiples ocasiones entre distintos futbolistas?», finaliza desde su despacho en Murcia.
«Si el beso se lo hubiese dado Jenni a Rubiales, ¿estaríamos hablando de una agresión sexual? Sin duda alguna hay que proteger a la mujer, pero sin olvidar que el hecho de ser hombre no te convierte en un agresor sexual», añade Alguacil, que trabaja hoy en JC Serrano.
Las coacciones y el artículo 172
En suma, aunque el beso lo pudo ver el mundo entero, ni siquiera hay consenso sobre si supuso una agresión sexual, tal y como la establece el Código Penal. De modo que las dudas se multiplican sobre las presuntas coacciones a Jenni, tipificadas en el artículo 172, y por las que por las además de Rubiales también serán juzgados Jorge Vilda, ex seleccionador, Albert Luque, ex director de la selección masculina y Rubén Rivera, ex responsable de marketing de la RFEF.
Según fuentes cercanas a la defensa de Luque, consultadas por este diario, «no hay ninguna evidencia en ninguna conversación, ni con Ana Ecube [amiga de la jugadora] ni con Hermoso, en la que se refleje que Albert quiera hablar del vídeo con ella». Según su criterio, se trata de una conducta «sin relevancia penal» ya que el directivo, incluso sin ser su competencia, representa un gran apoyo para la jugadora.
Cabe recordar que el artículo 172 del Código Penal define como define como autor de una coacción a quien «sin estar legítimamente autorizado, impidiere a otro con violencia hacer lo que la ley no prohíbe, o le compeliere a efectuar lo que no quiere, sea justo o injusto». Por tanto, las defensas de Luque y Vilda, a la hora de evaluar los whatsapps a la futbolista, se centrarán en los límites de la libertad de expresión y si dichos límites pueden ser constitutivos de un delito. «Quizá se trate de mensajes desafortunados. Pero de ahí a que eso acredite una voluntad coactiva, nos parece absolutamente desproporcionado».