El brasileño Gabriel Medina, tres veces campeón del mundo, sale disparado de una ola de cinco metros, aparece al otro lado y completamente en vertical, como si levitara por encima del agua, hace el símbolo de la victoria. Ha ganado: el oro en shortboard es suyo. Pide un 10 porque su ejercicio ha sido sublime y le dan un 9.9, la mejor puntuación de la historia de los Juegos Olímpicos, pero se lleva otro premio.
Desde un barco cercano, Jerome Brouillet, fotógrafo de la agencia AFP, capta el momento. “Pam, pam, pam, pam”. Ya está. La mejor foto de estos Juegos de París y seguramente la mejor foto deportiva del año.
“Las condiciones eran perfectas, las olas eran más altas de lo que nadie esperaba. Yo estaba en el barco junto a otros seis fotógrafos y no podía ver a Medina, que estaba dentro de la ola. De repente apareció, hice cuatro disparos y uno de ellos fue este”, explica Brouillet que se ríe de quien asume que fue Photoshop o Inteligencia Artificial y resta mérito de su toma: “No fue una fotografía difícil. Sólo había que calcular el momento y el lugar por dónde Medina saldría de la ola. Ha tenido repercusión, pero estoy seguro que mis compañeros fotógrafos, con los que estaba en el barco, no la recordarán la semana que viene”.
La viralización y sus motivos
“Me sorprendió la repercusión, en redes sociales he tenido muchas interacciones”, añade Brouillet, cuya instantánea apareció casi de inmediato en centenares de medios de comunicación del mundo, entre ellos en la retransmisión en vivo de la ESPN, por lo que tuvo mucho impacto en Estados Unidos.
El gesto tranquilo de Medina, consciente de su victoria tiene fuerza, pero el valor de la fotografía reside en su apariencia engañosa: el surfista parece que está de pie en tierra firme, la tabla también está recta e incluso la cuerda aparece completamente horizontal.
Mundial de atletismo
JAVIER SÁNCHEZ
Enviado especial
@javisanchez
Budapest
Actualizado Domingo,
27
agosto
2023
-
21:30Ver 4 comentariosEn un Mundial complicado, eliminado de los 1.500...
Alejandro Davidovich, en el corazón de París, mandando a dormir al público francés: "Night, night", la icónica celebración de Stephen Curry, para cerrar su victoria ante el local Arthur Cazaux. En la ronda posterior del Masters 1000 galo caería ante Alexander Zverev, pero quedará el gesto. El español despidió su mejor temporada con todas sus virtudes: un tenista visceral, belicoso, enérgico... y con todos sus defectos. A sus 26 años, ya ha ascendido hasta el número 14 del ranking mundial, ha firmado triunfos de mérito ante rivales como Taylor Fritz, Jack Draper o Andrey Rublev, y ha estado cerca de levantar su primer título ATP. Pero todavía le falta un paso.
Este 2025 disputó cuatro finales -el ATP 250 de Delray Beach y los ATP 500 de Acapulco, Washington y Basilea-, y en las cuatro perdió, a veces con drama, con hasta tres bolas de campeonato desperdiciadas. Además, en ninguno de los Grand Slam alcanzó los cuartos de final. Capaz de aguantar a cualquier adversario en los días buenos, en los malos los nervios todavía le anulan.
"Este año me he entregado más al tenis, ha cambiado mi visión de la vida", comentaba a EL MUNDO durante el pasado Roland Garros, antes de detallar los cambios realizados para mejorar. De su Málaga natal se mudó a Montecarlo para contar con mejores compañeros de entrenamiento, dejó a su entrenador de toda la vida, Jorge Aguirre, en busca de nuevas ideas, y también contrató a otro preparador físico, otro fisioterapeuta y hasta a otro mánager. "Antes decidían por mí, ahora decido yo. Antes no era mi vida y ahora sí lo es. Hago lo que me gusta y nadie me juzga por lo que hago. Estoy tranquilo, estoy feliz y estoy en paz conmigo mismo", aseguraba a este periódico sobre su nueva versión.
Polémica en la Davis
Aún podría intentar disputar los dos torneos que le restan a la temporada, los ATP 250 de Metz y Atenas, aunque es poco probable que lo haga por las molestias físicas que arrastra. La única cita en la que podría volver a verse este curso es la Final a 8 de la Copa Davis, que se disputará del 18 al 23 de noviembre, pero España no le ha convocado.
En la lista del capitán David Ferrer sólo hay oficialmente cuatro convocados -Carlos Alcaraz, Jaume Munar, Pedro Martínez y Marcel Granollers-, y el quinto puesto parece que no será para él. El seleccionador suele premiar a quienes estuvieron en citas anteriores y, por eso, es más probable que llame a Pablo Carreño.
La relación entre Ferrer y Davidovich siempre ha tenido altibajos, y la renuncia del segundo mejor tenista español a disputar la eliminatoria previa ante Dinamarca, en septiembre, parece haber terminado de enfriarla. "Ahora no es momento de hablar de Davidovich", dijo el capitán en la Cadena SER tras la victoria ante el conjunto danés, y después le negó un puesto en la Final a 8. "Estando 18 del mundo [ahora 14], creo que merecía estar entre los cuatro mejores del país", lamentó luego el tenista en Marca. Justificó su ausencia por los problemas físicos sufridos durante el año y se autodescartó para una convocatoria de última hora.
«Ya lo hemos hecho en apenas dos semanas. Ahora nuestro objetivo es hacerlo en sólo una», proclama Lukas Furtenbach en conversación con EL MUNDO y es el anuncio de una gesta, de una chifladura, de un milagro o de una insensatez. Furtenbach es el dueño de Furtenbach Adventures, una de las empresas de guías de alta montaña más conocidas en el mundo, sobre todo en Estados Unidos, y una semana es el tiempo que, según su oferta, tardarán sus clientes en ascender al Everest. Sólo siete días desde que salgan por la puerta de su casa en Nueva York, Los Ángeles, Londres o Madrid hasta que alcancen el techo del mundo. Alpinismo a todo gas, montañismo exprés.
Si una expedición normal suele tardar unos dos meses entre volar a Lukla con escala en Katmandú, completar la caminata hasta el campo base, acostumbrarse a la altitud, cruzar la enorme cascada de hielo del Khombu y hollar la cumbre a través del mítico escalón de Hillary; la expedición Flash de Furtebanch Adventures promete hacer todo eso en un abrir y cerrar de ojos. ¿Cómo? Con mucha planificación, varios trucos y alguna trampa. ¿Por cuánto? Por 103.900 euros en la versión más económica o 199.000 euros en su versión premium.
Para saber más
La compañía austriaca con oficina en Estados Unidos está especializada en viajes de lujo así que, además de comodidades como una tienda de campaña climatizada de 80m2 con baño privado, ofrece un servicio de traslado que no deja horas muertas. De cualquier ciudad del mundo a Katmandú, de allí a Lukla en avioneta y de allí al campo base del Everest en helicóptero. Pim, pam.
Hay espacio para aclimatarse en los cercanos Island Peak o Mera Peak, de más de 6.000 metros, pero no es más que un trámite. Al fin y al cabo, los rápidos ascensos de Furtenbach al Everest cuentan con ayudas como la compañía de dos sherpas experimentados por escalador, oxígeno ilimitado de día y de noche y, por supuesto, el uso de cuerdas fijas en toda la montaña. Con todo eso, cualquiera puede alcanzar los 8.848 metros de la cima, pero para ir tan rápido hay que ir más allá. Otras empresas de guías de alta montaña, como la nepalí Seven Summit Treks, ofrecen servicios parecidos; el truco de Furtebanch está en la aclimatación.
Más oxígeno en sangre
«Somos pioneros en la pre-aclimatación con tecnología hipóxica. La utilizamos desde 2008 y ahora mismo tenemos mucha experiencia. Gracias a ella, en 2022 conseguimos completar un guiaje completo en el Everest en sólo 16 días», cuenta el propio Furtenbach, que se refiere a la preparación de sus clientes en sus propias en las semanas previas a su viaje a Nepal. Un protocolo personalizado por un especialista, cámaras de hipoxia para dormir, máscaras para hacer ejercicio y lo último de lo último: sesiones de tratamiento con gas xenón.
Desde este año la empresa ofrece unas inhalaciones con el gas noble para multiplicar el oxígeno en sangre de quienes les contratan. El xenón engaña al cuerpo para que piense que le falta oxígeno, estimula la producción de EPO y a priori hace que en la sangre haya más glóbulos rojos. Con ello, los alpinistas deberían llegar al campo base como si llevaran allí viviendo toda la vida. Pero hay varios motivos para la polémica.
"Crece el riesgo"
El primero es que el xenón es dopaje. Desde que varios deportistas rusos lo utilizaran para los Juegos Olímpicos de invierno de Sochi 2014, la Agencia Mundial Antidopaje lo tiene prohibido, aunque los montañistas que escalan el Everest no están bajo sus directrices -al fin y al campo no forman parte de ninguna competición. El segundo motivo es que puede ser muy peligroso.
«Con el aumento de hematocrito, la sangre se vuelve más viscosa, fluye menos y crece el riesgo de que haya un accidente cardiovascular. De hecho, muchos grandes montañeros han fallecido por eso. De Iñaki Ochoa de Olza se decía que tenía un don para la aclimatación, que su cuerpo respondía muy rápido a la falta de oxígeno y, según el cardiólogo que le hizo la autopsia, eso pudo espesarle la sangre y causarle el edema que finalmente le afectó», analiza Adrián Castillo, investigador en Ciencias de la Salud en la Universidad de Alcalá y autor de la revista especializada Fissac, en conversación con este periódico: «Además no hay evidencia de que el gas xenón aumente el rendimiento. Por comparar, un ciclista puede ingerir más hidratos, pero eso no quiere decir que vaya a ir más rápido».
Furtenbach Adventures alega que el entrenamiento en hipoxia previo y la reducción de tiempo en el Everest hacen que sus expediciones Flash sean más seguras que el resto, pero el debate está abierto en el techo del mundo. Hasta 40 clientes ya han contratado sus servicios para la próxima primavera. Alpinismo a todo gas, montañismo exprés.