El fútbol español ha tenido nueve campeones de Liga en su historia y sólo uno de ellos está en manos extranjeras. El 17 de mayo de 2014, el patronato de la Fundación del Valencia CF eligió por unanimidad vender su paquete accionarial de control del club ( 70,6%) al empresario de Singapur Peter Lim. Su oferta se había impuesto a la de un grupo ruso, Zolotaya, la del fondo americano Cerberus y la china de Wanda. El compromiso pasaba por abonar los
Hazte Premium desde 1€ el primer mes
Aprovecha esta oferta por tiempo limitado y accede a todo el contenido web
Nada de lo que ocurrió en las entrañas del Arena AufSchalke desde que Georgia puso un pie en los octavos de la Eurocopa es casual. Todo tiene, buscado o no, un simbolismo que va más allá del balón. Estos futbolistas son un emblema para las nuevas generaciones de un país orgulloso que quiere, como en el campo, conquistar a Europa. El aldabonazo en Alemania, venciendo a Portugal y enfrentándose a España, es una metáfora de que quieren colocarse en todos los mapas.
Cuando Saba Lobjanidze enfiló, altavoz en mano, el largo pasillo de la zona mixta, lo seguían Mekvabishvili, Kvekveskiri y se fueron sumando jugadores al grito 'Sakartvelo'. No era un cántico de jugadores eufóricos que, hasta hace apenas un año, casi eran desconocidos si los encontraban por las calles de Tiflis. Era un grito patriota. Para los georgianos no existe Georgia sino Sakartvelo, «la tierra de los kartvelianos», los habitantes del Reino de Kartli que ocupó parte del actual territorio hasta el siglo XV. Allí hunden sus raíces estos jugadores que ni siquiera superan la treintena y que, por eso, han establecido un vínculo directo con la juventud del país.
Comparten inquietudes, sueño europeísta y orgullo nacional, porque como quienes salen a las calles a manifestarse, ellos tampoco se esconden. «El camino de Georgia pertenece a Europa. ¡El camino europeo nos une! ¡Hacia Europa!», afirmaba Kvaratskhelia en febrero cuando la UE abrió las puertas a la adhesión de Georgia. «¡El camino y el futuro de Georgia pasan únicamente por Europa!» decía Giorgi Mamardashvili, el nuevo ídolo, que ya es imagen de marcas como Emporio Armani o Pepsi.
«Como tres Champions»
«No he conocido un jugador con más sentimiento patriótico que él, lo lleva muy dentro», cuenta José Manuel Ochotorena, entrenador de porteros del Valencia y formador del mejor guardameta del torneo. «Cada cosa buena que hace piensa en lo importante que es para su país. Con la clasificación era el hombre más feliz del mundo. Como si hubiera ganado tres Champions. Cuando volvió a Valencia me contó que la noche del partido ante Grecia que les llevó a la Eurocopa casi no puede entrar en su casa de la gente que le esperaba», relata a EL MUNDO.
Y es que este grupo que dirige Willy Sagnol es mucho más que una suma de deportistas. Son ídolos por lo que hacen en el campo, donde sólo el luchador Ilia Topuria en el ring les gana en popularidad, y fuera. Pocos tienen un recuerdo de la invasión rusa que les arrebató dos provincias, Abjasia y Osetia, pero todos saben que no quieren vivir bajo la suela de esa bota de la que se libraron tras la caída de la URSS. «Cuando yo llegué en 2011 había aún ambiente de guerra y estos chicos conocen las dificultades que ha vivido su gente, la pobreza y las condiciones de vida que aún están muy por debajo de las de Europa occidental. Para todo el mundo era impensable que consiguieran esto», cuenta Carles Coto, que fue jugador del Dinamo de Tiflis durante tres temporadas. Fue junto a Xisco Muñoz, Alex García o Andrés Carrasco uno de los pioneros en «españolizar» el fútbol en Georgia. Ellos pusieron una semilla que luego germinó. «Jugadores como Kvaratskhelia, Mamardashvili o Mikautadze son un ejemplo de que tener lazos con Europa hace crecer», apunta el ex futbolista.
Eso es precisamente lo que piensa buena parte de la población y de los jugadores, a los que les gusta mostrarlo. En el vestuario entonaron 'Samshoblo' (Patria), una canción folk publicada después de la guerra con Rusia y hoy himno proeuropeo.
«dejadnos mostrar nuestra fuerza»
Después, en esa especie de conga por los pasillos del estadio de Gelsenkirchen a la que se unió Mikautadze -pero no el tímido Kvaratskhelia ni Mamardashvili, en el control antidopaje-, siguieron lanzando mensajes en el mismo sentido: «Estamos aquí, dejadnos mostrar nuestra fuerza, estamos juntos».
Los futbolistas georgianos festejan su pase a octavos.AFP
Mientras, las banderas de Georgia seguían ondeando en manos de los aficionados que, desde las escaleras de acceso a la grada, esperaban a ver salir a su héroes. Ellos les responden. Algunos se posicionaron contra la Ley de Transparencia sobre la Influencia Extranjera, la llamada 'Ley rusa' que pretende controlar la actividad de «agentes extranjeros» en el país, lo que supone de hecho una restricción de libertades, entre ellas las de expresión y todas las que posee en colectivo LGTBI.
Esa propuesta viene avalada por el partido Sueño Georgiano, liderado por el oligarca Bidzina Ivanichvili, considerado el dirigente en la sombra del país, que ayer anunció que donará más de 10 millones de dólares al equipo nacional de fútbol por la proeza de la clasificación para octavos. Se trata de una prima mayor que la que recibiría España si termina campeona. Falta saber si estos jugadores la aceptan o queda en los fondos de la Federación, menos beligerante.
Ahora espera España, pero ellos disfrutan y hasta unen a su fiesta en su base de Velbert, cerca de Dortmund, a otro conocido luchador, Merab Dvalishvili. Eso sí, con el corazón a 4.000 kilómetros. «Me han enviado vídeos de cómo está celebrando la gente y es increíble», contaba Giorgi Kochorasvili tras el partido. Antes de la Eurocopa, el anhelo del jugador del Levante era darle una alegría su pueblo, «que lo está pasando mal». Ya lo han conseguido.
Seis después, Jenni Hermoso se volvió a sentar en una sala de prensa. Una "chica más fuerte", con ganas de jugar otra final, esta vez ante Francia. No niega que ha vivido "un proceso largo, duro", del que la ha sacado de nuevo el fútbol, pero no olvida que se perdió el inicio de la Nations League por la voluntad de la RFEF de "protegerla". Al menos así se explicó entonces. "Fui clara. No lo entendí ni lo entenderé. Me dolió, me va a doler siempre, pero ya pasó y para mí lo mejor es volver a estar aquí, vistiendo esta camiseta y en una final", confesó la jugadora.
Todo lo que ocurrió la ha cambiado "personal y futbolísticamente", "pero tengo la suerte de poder volver a vivir una final. Somos unas privilegiadas. Estoy feliz y me siento bien porque el fútbol me da la vida que necesito", admite.
También la selección ha cambiado. "Está más rodada, tenemos más claro el juego que queremos hacer y es importante que la jugadora lo sienta, que disfrute en el campo. Creo que somos más conscientes de lo que podemos llegar a ser. Antes no nos lo creíamos tanto. En eso hemos cambiado individualmente y como grupo, qué puedo decir si se ha demostrado que somos las mejores del mundo", analizó.
De puntillas pasó sobre su relación con Montse Tomé tras dejarla fuera de su primer convocatoria, pero fue tajante al afirmar que "el grupo siempre ha estado unido". A este grupo, Jenni Hermoso no le ve "techo". "Ni ahora ni el futuro, porque están viniendo jugadoras jóvenes muy importantes.
Hermoso no paró de recordar que están a otro peldaño de volver a hacer historia. "Si ganamos, España lo habrá vuelto a hacer, la jugadora española seguirá avanzando en su proyección porque somos espejo para las siguientes generaciones", advirtió.
A Francia la conoce bien. A algunas de sus jugadoras las conoció durante su año en París, "una experiencia que no me fue bien", reconoció, y todas saben que les bleus se les resisten desde hace demasiado tiempo, pero no es un acicate para ganar esta final. "Le tenemos ganas a todos los equipos. No me veo saliendo de una manera otra. Es el día de demostrar que España ganó un Mundial", sentenció la goleadora.
Tomé: "Las 25 jugadoras están disponibles"
Jenni Hermoso estará en el once de España, pero Montse Tomé tendrá que hacer dos descartes porque, como ella misma desveló, ya tiene a las 25 jugadoras disponibles. Tere Abelleira y Alexia Putellas se han unido al trabajo del grupo. "El trabajo que han hecho ha tenido evolución positiva. Ayer me transmiten que están disponibles las 25. ¿Si se ha consensuado con el Barça? Es algo que a mí no me toca valorar. Alexia está bien y centrada", se limitó a reconocer al seleccionadora, que tiene claro cómo crear problemas a Francia.
"Nos reconocemos como un equipo que quiere tener el balón, que presiona intenso y ordenado. Es nuestra seña de identidad. Queremos tenerlo bien y saber dónde llevarlo para hacer daño. En Países Bajos había jugadoras que nos podían hacer transiciones y en Francia también las hay muy rápidas. Tenemos que estar atentas y pendientes a esas vigilancias y transiciones", advirtió.
En sus futbolistas no ve ni un atisbo de relajación tras haber logrado la clasificación para los Juegos de París. "Imposible que estemos relajadas. Estar en los Juegos era el objetivo que nos marcamos el primer día. Ilusionaba la mirada de las futbolistas, pero ya está conseguido y ahora competimos esta final para ganar. Estamos rodeados de mucha ambición y hemos trabajado duro para estar aquí", reconoció.
"Francia es un gran rival, conocemos sus puntos fuertes, sus puntos débiles. Todos estamos convencidos de que el equipo no está relajado, sí preparado y concentrado en lo que debe hacer. Va a ser una final con dos esencias de juego muy diferentes".
España llega con la experiencia de haber jugado una final mientras que Francia se estrena, pero eso no les dará ventaja. "Respetamos mucho al rival. En toda la clasificación ha sido el equipo que menos goles ha encajado pero también el que menos ha marcado pese a tener jugadoras en el carril izquierdo potentes, en la banda derecha... Valoramos diferentes escenarios en función de la estructura que tengan. Podemos hacerles daño con balón y cuidarnos mucho para compensar las posibles pérdidas y evitar sus salidas rápidas. Siendo nosotras, ocupando los espacios, haciendo que corran sin balón, podemos hacerles daño", apuntó.
Si España fuera campeona, y pese a que hay elecciones en la RFEF, Tomé podría ganar crédito para firmar su renovación y continuar en el banquillo. "No pienso en ella. Esto es la élite y estoy centrada sólo en el trabajo que venimos haciendo con mi cuerpo técnico", zanjó. Sabe que, aun siendo campeonas, su futuro es una incógnita.