El serbio Nikola Jokic, pívot de los Denver Nuggets, ganó este miércoles el tercer MVP (Jugador Más Valioso de la temporada regular) de la NBA, al preceder en las votaciones al canadiense Shai Gilgeous Alexander, de los Oklahoma City Thunder, y al esloveno Luka Doncic, de los Dallas Mavericks.
Jokic ya había ganado el MVP en la temporada 2020-2021 y 2021-2022 y remplazó este año a Joel Embiid, pívot de los Philadelphia 76ers, quien quedó fuera de la pugna por este premio al no haber cumplido con el mínimo de partidos necesarios (65) previstos por las reglas de la NBA.
El líder de los Nuggets recibió un total de 79 votos; Gilgeous Alexander fue segundo con 15, mientras que Doncic recibió 4. El griego Giannis Antetokounmpo, de los Milwaukee Bucks, recibió un voto.
Jokic promedió 26.4 puntos, 12.4 rebotes y 9 asistencias por partido en esta temporada con los Nuggets, que accedieron a los ‘playoffs’ como segundos clasificados en la Conferencia Oeste detrás de los Oklahoma City Thunder.
El pívot serbio logró 25 triples dobles en la temporada regular y lleva dos en la postemporada, en la que los Nuggets eliminaron a Los Ángeles Lakers en la primera ronda (4-1).
En la segunda, los campeones de la NBA están perdiendo 0-2 en la serie contra los Minnesota Timberwolves, terceros cabezas de serie.
Doncic promedió 33.9 puntos, 9.2 rebotes y 9.8 asistencias este curso con los Dallas Mavericks.
Gilgeous Alexander promedió 30.1 puntos, 5.5 rebotes y 6.2 asistencias por encuentro con los Thunder, rivales de los Mavericks en la segunda ronda de los ‘playoffs’ del Oeste.
Jokic luce ahora tres MVP en sus vitrinas y se sumó a un grupo de otros ocho jugadores: Kareem Abdul Jabbar (6), Michael Jordan (5), Bill Russell (5), Wilt Chamberlain (4), LeBron James (4), Magic Johnson (3), Moses Malone (3) y Larry Bird (3).
El entrenador de los Portland Trail Blazers, Chauncey Billups, fue arrestado en el marco de una investigación sobre apuestas ilegales, informan medios estadounidenses este jueves.
El escolta de los Miami Heat, Terry Rozier, fue arrestado en un caso de apuestas separado pero relacionado, según informaron las cadenas de televisión ABC y CBS.
Citando fuentes policiales, ABC informó que el arresto de Billups, de 49 años, estaba vinculado a una operación ilegal de póker vinculada a la mafia. Según CBS, el director del FBI Kash Patel hará un anuncio al respecto de estos arrestos en Nueva York a las 10h00 locales.
Billups, que como jugador fue una estrella de los Detroit Pistons, se retiró en 2014 y ha sido entrenador de los Trailblazers desde hace cinco años.
Por su parte Rozier, de 31 años, lleva 11 en la NBA tras ser elegido como el 16º por los Boston Celtics en el draft de 2015. El miércoles no disputó el primer partido de los Miami Heats.
Un jugador de la NBA, Jontay Porter, de los Toronto Raptors, fue suspendido de por vida de la liga el año pasado por estar involucrado en un escándalo de apuestas.
La España de los meritorios es el ejemplo de Pierre Oriola, un veterano que llevaba cinco años olvidado de (y por) la selección, que acude a la llamada con la misma dosis de ilusión que de liderazgo. Algo parecido se podría decir de Ferran Bassas o de Oriol Paulí. Esta España de tipos para los que no hay hueco en la Euroliga ni tampoco en las Américas, es el descaro de Álvaro Cárdenas, un base del que nadie parecía saber nada. Los puntos de Jaime Fernández y Francis Alonso... Y, sobre todo, el soplo de aire fresco que ha traído Chus Mateo con su llegada. [66-86: Narración y clasificaciones]
"No escucharéis una excusa", pronuncia el seleccionador, al que ni las ausencias ni las lesiones apartan de su objetivo (hubo recuerdo para los caídos de gravedad, Great Osobor y Miqui Salvó). De hacer de su España un equipo reconocible, competidor, bravo. Todo eso que se vio en las dos primeras victorias y se corroboró en el más difícil todavía, ante la invicta Ucrania en su exilio de Riga. La selección de Chus Mateo es un torrente de baloncesto. Es un equipo al que da gusto ver. Que disfruta y hace disfrutar.
La segunda parte de España en el Xiaomi Arena fue una obra maestra. Una declaración de intenciones. Un baño de baloncesto colectivo para dar otro paso más hacia el Mundial de Qatar. Pese a que muchos (o la mayoría) de los que lo lograron no vayan a estar allí.
Jaime Fernández, ante Ucrania.Alberto NEvado / FEB
Y eso que a la selección le costó entrar en el partido. Horario extraño, pabellón desangelado y un rival incómodo. La frialdad exterior, cubierta Riga de la nieve que no ha dejado de caer en todo el invierno, se trasladaba a la cancha. Donde Fran Guerra fallaba canastas solo bajo el aro y Santi Yusta, que no deja de ser el claro referente, cometía también algún error difícil de explicar. Tampoco ayudó la segunda falta de Oriola en un abrir y cerrar de ojos. Ucrania, con sus gigantes y sus tiradores, con Kovliar y con su juego físico y el apoyo del poco público del exilio en las tribunas, se sentía definitivamente más cómoda.
Y cosechó las primeras ventajas (23-17), ante el carrusel de cambios de Chus Mateo, intentando dar con la tecla. Fue ahí cuando, del fondo del banquillo, surgió la primera solución ofensiva. Porque a España le costaba un mundo cada canasta, con cero amenaza en la pintura y poco perímetro. Fue Ferran Bassas, uno de esos veteranos que siempre han estado dispuestos en cada llamada de la selección, el que emergió con poderío.
Con el descaro de haber estado siempre bajo el radar, sin ir más lejos esta misma temporada, donde salió del Andorra rumbo al Baxi Manresa, para demostrar que le sigue quedando mucho baloncesto. No acudía a una Ventana desde hacía tres años y, sin complejos, espabiló a la selección con tres triples sin fallo y alguna asistencia que era como oxígeno para un equipo bloqueado. Fue un 0-8 de parcial que permitió a España igualar y, a pesar de las incomodidades, evitar más dudas.
La mejor España, sin embargo, estaba a la vuelta de vestuarios. Y qué España. Con Oriola y Paulí, y una pareja tan móvil, agresiva y con puntos en las manos como Cárdenas y Jaime Fernández, la selección encontró su ADN. Intensidad, diversión, frenesí desde la defensa. Fue madurando a Ucrania, sintiéndose cómoda. Más pujanza ahora desde el banquillo, un triple del especialista Alex Reyes y otro (el cuarto sin fallo) de Bassas. Era un festival que coronó Francis Alonso desde el perímetro. Cerró entonces un cuarto al que nadie debió poner fin, un parcial de 1-21 para dejar tiritando al Xiaomi Arena, el escenario de la fase final del último Eurobasket.
Ya no había dudas, España estaba en modo avión. Festejaba cada acción defensiva, dominaba el rebote, tenía acierto (15 de 27 en triples) y no dudaba. La segunda parte de Oriola había sido una master class. Ucrania, desesperada, tendrá que buscar la revancha el lunes en Oviedo.