Febrero, que ha empezado con una jornada liguera combatida y exigente como demuestran los partidos Unicaja-Andorra o Zaragoza-Breogán, va a ser, más aún de lo habitual, una muestra de las desigualdades en el baloncesto internacional, con dos competic
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Una fatídica acumulación de errores precipitó la derrota del Real Madrid en Belgrado, donde los jugadores de Sergio Scariolo volvieron a ofrecer una versión muy alejada de la que busca su técnico. Un triple de Tamir Blatt y un fallo de Mario Hezonja en la última jugada decantaron la suerte de los blancos, lastrados por 17 pérdidas, un pobre porcentaje en tiros libres (69%) y los 40 puntos encajados en el segundo cuarto. [Narración y estadísticas (92-91)]
En la Sala Pionir de Belgrado, donde el eterno campeón israelí juega en el exilio desde hace dos años, el Madrid mostró graves carencias de concentración. Aún falta mucho para ensamblar una actuación colectiva convincente, pese a las buenas sensaciones que ayer dejó Trey Lyles, uno de los fichajes, autor de 16 puntos, 10 rebotes y tres asistencias. Hezonja, otro de los destacados, se equivocó en la ya citada acción decisiva, cuando buscó un lanzamiento a tablero en lugar de asistir a Usman Garuba, que podía anotar la canasta del triunfo sin oposición alguna.
Una segunda decepción consecutiva en la capital serbia, donde la pasada semana cayó ante el Estrella Roja, víctima de un calamitoso porcentaje desde el perímetro. No despega el Madrid lejos de su cancha, donde acumula cinco derrotas. De hecho, hasta ahora sólo ha podido tumbar a La Laguna Tenerife en las semifinales de la Supercopa.
Los triples de Walker IV
Tras un inspirado primer cuarto de Garuba, donde los blancos doblaron a su rival en rebotes, el Madrid fue castigado sin piedad por Lonnie Walker IV. El escolta estadounidense, que sonó en numerosas ocasiones como posible fichaje, castigó al vigente campeón de la ACB. Cinco triples sin fallo, incluido uno sobre la bocina, comandaron un escandaloso parcial de 40-21 en el segundo cuarto.
Las bajas por lesión de Sergio Llull, Andrés Feliz y Bruno Fernando no deben servir como excusa para esos minutos de zozobra. Al menos, el Madrid reencontró algunas sensaciones tras el descanso, bajo el liderazgo de Lyles y la muñeca de Hezonja. En el tramo decisivo, la quinta falta de Walter Tavares, por un bloqueo ilegal, auguró lo peor para los visitantes.
Quiso rebelarse Lyles, con un lanzamiento desde la esquina, que los árbitros redujeron a dos puntos tras la revisión. Facundo Campazzo asumió entonces la batuta, con un gran triple en transición y dos tiros libres que otorgaban al Madrid su primera ventaja desde el minuto 18 (89-91). El objetivo pasaba por evitar una canasta postrera, como la que anotó Saben Lee para ajusticiarles hace justo un año. Sin embargo, Blatt atinó con un asombroso triple desde nueve metros y Hezonja pecó de individualista.
Mientras se encuentra a sí mismo, este Real Madrid de Scariolo, todavía crudo, está condenado a aprender. A sufrir. A crecer. En este tramo, habrá de todo. También duelos de puro espectáculo. Porque el Zalgiris, uno de los colectivos más cohesionados y bravos de este comienzo de curso en Europa, llegó al Palacio dispuesto a todo. A volver a tomarlo. Y, ante ese descaro con capitán general -un inabordable Sylvain Francisco, 33 puntos, 11 asistencias, siete triples-, apareció el corazón blanco. La rebeldía de talento de Maledon y Campazzo, que resolvieron la batalla en un último cuarto maravilloso. [100-99: Narración y estadísticas]
Un triunfo de sudor, hasta el último y desesperado lanzamiento de Ulanovas. Tan necesario para el Madrid, no sólo en lo clasificatorio, donde no se debían encender más alarmas. La semana pasada ya sonaron los silbidos en el Palacio, que no dejan de ser un aviso de exigencia. La caída en Valencia, el repaso del Panathinaikos, los apuros contra el Bilbao. Para más inri, Francisco iba a firmar una de las mayores exhibiciones individuales que se recuerdan. Contra eso resistieron los blancos, siempre irregulares, incapaces de mantener la compostura durante periodos largos.
Porque, pese al contundente amanecer, el Madrid -que, extrañamente, apenas iba a lanzar triples- nunca se logró sentir cómodo. Avanzó a trompicones, con errores que tantas veces arruinaban un buen trabajo. Campazzo, consciente de que lleva demasiado tiempo sir mostrar esa versión que le hizo imparable y único, arrancó como una moto. De su electricidad nacieron las primeras y esperanzadoras ventajas, el 28-16. Luego apareció Maledon y más madera, con esa facilidad que tiene el francés para entrar en pintura y que ocurran cosas. Dominaba el rebote el Madrid y también Lyles se sumaba a la fiesta. Aunque el Zalgiris, respondón y sólido, nunca se despegó del todo.
Garuba celebra una de sus canastas al Zalgiris.Juanjo MartínEFE
No es casualidad, era líder de la Euroliga hasta hace unos días. El curso pasado ya derrotó a los blancos en Goya. Su vuelta de vestuarios fue un bofetón en toda regla. Un 4-17 de parcial con un protagonista inesperado. Nadie conseguía detener a Tubelis. Ni Lyles ni después Hezonja. Ahí emergió el Madrid de las dudas, el que no logra despegar en esta era Scariolo. Menos mal que Tavares, siempre Tavares, sostuvo al colectivo para volver a una batalla que, en los primeros minutos del acto final, devino en espectáculo.
Un toma y daca sin respiro. El demonio Francisco desplegó su show. Iba a firmar una de las actuaciones más impresionantes que se recuerdan en el Palacio. Anotaba de todos los colores y también alimentaba a sus compañeros. Pero, en vez de morir en esa pesadilla, el Madrid respondió en la otra canasta. El mejor Lyles, el coraje de Andrés Feliz, la pelea de Garuba... Carácter.
Punto arriba, punto abajo hasta la recta de meta. Una bendita locura (38-37 el último cuarto). Seis seguidos de Campazzo, la respuesta siempre asombrosa de Francisco, Maledon generando... Fue precisamente un dos más uno del francés, en contestación a un triple de su compatriota, lo que iba a acabar con la resistencia del Zalgiris (además de una falta en ataque de Lo por un mantazo a Campazzo). O casi, porque a Francisco le dio por anotar dos triples más en la desperación. Una batalla estupenda en la que los lituanos exigieron el máximo del este irregular Madrid. Que vuelve a ganar. Que vuelve a respirar.