Al parecer, uno de los baúles donde va el material de la selección no salió de Barajas junto al resto de la expedición, que llegó el miércoles por la noche.
La selección, entrenando este jueves.DAVID MDZINARISHVILIEFE
Justo al terminar la comparecencia de Rodrigo Hernández, Pablo García Cuervo, jefe de prensa de la selección, dijo a los periodistas españoles que quería comentarles una cosa. Rodeado de todos, explicó que, por un error, la selección está aquí en Tiflis sin las botas de los jugadores y los guantes de los porteros.
Al parecer, uno de los baúles donde va el material de la selección no salió del Aeropuerto Adolfo Suárez-Barajas junto al resto de la expedición, que llegó el miércoles por la noche. El resumen es que el entrenamiento del día previo al partido contra Georgia ha tenido que ser una sesión de activación sobre unas esterillas, y en zapatillas.
Está previsto que el famoso baúl llegue durante la próxima madrugada a Tiflis y la selección pueda entrenar, ligeramente, este viernes por la mañana, el mismo día del partido. Se trata de una anécdota que en otras circunstancias no tendría más importancia, pero que culmina unos días realmente difíciles de explicar en la Federación.
Mientras los jugadores hacían esos ejercicios a las órdenes del preparador físico en una imagen insólita, se pudo ver al actual presidente de la Federación, Pedro Rocha, por el estadio. Acompañado, eso sí, de un séquito muy inferior al que solía llevar Rubiales.
No lo intenten. Si no han estudiado, al menos, un par de años de alemán, pronunciar el nombre del pueblecito donde ha elegido estar España durante esta Eurocopa es casi imposible. Se escribe Donaueschingen, y se pronuncia... pues como se pronuncie en alemán. Ayer, en los alrededores de los campos de fútbol del SV Aasen, un equipo de fútbol de regional que tiene una hierba que ya quisieran muchos equipos de Primera División en España, los lugareños lo pronunciaban realmente bien, al punto de no entenderles. Se les entendía mucho mejor, eso sí, el nombre del equipo al que habían ido a ver los 500 aficionados con entrada para el primer entrenamiento: «¡Espannnnnna! ¡Espannnnnna!». Porque sí, España abrió su entrenamiento ayer a la ciudadanía de este pequeño enclave en mitad de la Selva Negra.
Esos 500 que tenían entrada eran todos amigos, o conocidos, de Erik Pauly. ¿Y quién es Erik Pauly? Pues Erik Pauly es el alcalde de Donaueschingen, que lo es desde hace ya siete años y que, en las últimas elecciones, celebradas en 2021, ganó por un ajustado margen: sacó el 98% de los votos del pueblo, de unos 21.000 habitantes, aunque ese día apenas votó el 25% de la gente. «Es un personaje», decía una persona de la delegación española que estuvo ayer toda la tarde coordinando con él cómo sería el acceso de la gente.
El personaje andaba por allí, aunque confundido entre el personal, mientras un puñado de hinchas españoles, algunos de ellos niños, rodeaban las vallas del complejo para que les dejaran pasar. «¡No ticket, sorry!», decía un señor enorme en la puerta de acceso, y es que las entradas que no manejaba el alcalde las manejaba (pocas) la UEFA. «¡Dejadnos entrar!», gritaban desde fuera, hasta que el personal de la Federación consiguió, no sin dificultad, que pudieran pasar a ver el entrenamiento de la selección española porque, a todo esto, la noticia ayer en este pequeño, y precioso, enclave, era que una de las selecciones grandes echaba a andar cinco días antes de que debute, el sábado contra Croacia (18.00 horas) en Berlín.
Comer y cenar
El asentamiento que la Federación Española ha elegido para transitar en este torneo garantiza tranquilidad. Hay serias dificultades para comer después de las 14.00 horas y para cenar después de las 21.30. Eso no es ni bueno ni malo. Eso, simplemente, es. Entre el hotel, un lujosísimo resort de nombre Der Öschberghof, y el campo de entrenamiento, hay apenas un kilómetro y medio, y algunos empleados de la Federación se decidieron a hacer el trayecto en bicicleta. A los jugadores se les ofreció hacer lo mismo, pero prefirieron unas mini furgonetas blancas sin pedales.
En las vallas, un montón de pancartas que hacen referencia al espíritu que Luis de la Fuente quiere que presida la concentración, y que se resume en una palabra: familia. Está por todas partes, acompañada de otras referencias como superación, sacrificio, unión, equipo... El grupo sabe que no tiene las individualidades de otras selecciones como Francia, Inglaterra, Portugal... y por eso el énfasis se pone en el colectivo, en estar todos juntos, como cuando todos, menos los porteros, corrieron a mover una de las porterías para echar el partidillo. Por cierto, en ese momento Morata, viendo que había gente fuera de la valla que quería entrar, se puso a dar voces: «¡It's open, it's open!».
El entrenamiento en sí no fue gran cosa. Unos estiramientos, unos rondos, un ejercicio de posesión y un partidillo a medio campo para que el balón empiece a rodar. Al terminar, un puñado de jugadores se quedaron a firmar a los amigos del alcalde que gana las elecciones con muchos apuros. Entre ellos Mikel Merino, Dani Carvajal, al que se ve muy feliz por aquí, y Pedri. Conseguida la firma, los amigos del alcalde se fueron a comer salchichas y beber cerveza en una carpa que ellos mismos habían puesto para amenizar la espera primero y el post entrenamiento después.
Rodrigo Hernández, Rodri, está de vuelta en Manchester (con algún mínimo permiso por Navidad). El mejor jugador del mundo, al menos según la UEFA y France Football (Madrid, 28 años), el Balón de Oro de este 2024 que se marcha, es lo que dice Tina Turner: "You're simply the best". Y eso que está cerrando un año agridulce entrando en la que todos los expertos señalan como la parte más difícil de la recuperación de un ligamento cruzado roto. Aunque con cuidado, ya camina bien, y los ejercicios van aumentando en intensidad, incluso ya trabaja en la piscina. Pero el objetivo está todavía lejos. Lejísimos, de hecho. Y, sin embargo, el trabajo ha de ser diario, intenso, con avances apenas imperceptibles. La mente, cuentan quienes han pasado por ahí, es casi tan importante en esta fase como la rodilla.
«Por eso no habrá problema», dicen en el entorno de Rodri. «Por eso» es por cómo va a gestionar emocionalmente una de las lesiones más graves que ha de afrontar un futbolista alguien que atravesaba, sin duda, el mejor momento de su vida deportiva. Fue el 22 de septiembre, a los 16 minutos del City-Arsenal, cuando al intentar rematar un córner, en una levísima pugna con Thomas Partey, su rodilla derecha se quebró.
Curiosamente, cinco días antes, él, un tipo que habla muy claro, había puesto voz a los futbolistas hablando sobre lo inviable del calendario. Le preguntaron por la posibilidad de que se pusiese en marcha una huelga. Y respondió: «Sí, creo que estamos más cerca de ello. Si le preguntas a cualquier jugador, te dirá que es una opinión general entre los futbolistas, no es sólo una opinión mía». La mala suerte quiso que tanto él como Dani Carvajal, otro de los que más contundente fue al rechazar el número de partidos al que están siendo sometidos, se vayan a pasar el año en la enfermería.
Ambos charlaron durante un buen rato con Luis de la Fuente el pasado día 28 de noviembre, cuando la Federación organizó un pase privado del documental sobre la Eurocopa ganada el pasado verano. Son dos de los líderes del vestuario de esa España que levantó su cuarta Eurocopa en Berlín el 14 de julio. Y de hecho, el de Carvajal fue uno de los primeros mensajes que recibió el centrocampista cuando ganó el Balón de Oro, el 28 de octubre en París, pese a que horas antes Vinicius y el Real Madrid habían teatralizado la (pen)última patochada a cuenta de los premios.
Rodri, con el premio en París.EFE
Porque, pese al mal sabor de boca con el que va a concluir el año, para Rodri el 2024 será inolvidable. Fue el líder de la selección campeona de Europa, y eso que tuvo que ver la segunda parte de la final con una bolsa de hielo en la parte posterior del muslo porque se había roto en la última jugada del primer tiempo contra Inglaterra. Fue también el año en que el mundo del fútbol se rindió a un jugador clásico, un chico que juega con los pantalones por dentro, que no tiene tatuajes y que no dice «en plan», ni «obvio» ni ninguna de esas palabras tan comunes entre los más jóvenes del vestuario. Alguien que sí lee prensa y que, cuando está de vacaciones con Laura, su pareja desde hace muchísimos años.
Al jugador que descartó el Atlético porque era muy bajito, y que explotó en el Villarreal de la mano de Marcelino, le llegó otra Liga con el City, pero sobre todo los trofeos a mejor jugador de la Eurocopa y el Balón de Oro, al que acudió con muletas pues habían pasado pocas semanas desde la operación, semanas que pasó en Madrid, en un centro de fisioterapia de su confianza en el Barrio de Salamanca. «Esto es un reconocimiento al fútbol español, pues hubo muchos jugadores antes que yo que lo merecieron», dijo después de recibir el trofeo en París.
Estudios
Ha sido, pues, el año de la consagración para este madrileño, graduado en ADE (Administración y Dirección de Empresas), un título que cuyo TFG (Trabajo de Fin de Grado) defendió online desde Las Rozas entre el primer y el segundo partido de la Eurocopa de 2021. A la sombra de Sergio Busquets en la selección durante muchos años, el paso adelante del equipo tiene mucho que ver con él.
Este cierre amargo de 2024, entre dolores e inflamaciones, tendrá su continuidad en 2025. Quienes le conocen vaticinan que no le veremos en lo que queda de temporada jugar un partido. No quiere correr ni el más mínimo riesgo quien sabe que, camino de los 29 años, una recaída sería algo casi definitivo. La falta de objetivos del City, que arrastra una racha sin Rodri que asusta (de los 19 partidos que ha jugado desde el 22 de septiembre apenas ha ganado siete), cuando llegue el mes de mayo ayudarán a no precipitarse en un jugador que tampoco va a morir por ganar la Liga de Naciones con España. No por nada, sino porque una recuperación mejor, más lenta, más segura, enfoca directamente el Mundial de 2026. Y claro, no hay debate.
Corre por las redes sociales como la pólvora. Es un vídeo. En la imagen, el seleccionador nacional, Luis de la Fuente, durante una rueda de prensa. Creada con Inteligencia Artificial, su voz reproduce una serie de groserías hacia los periodistas que, al igual que una buena parte de la afición, han asistido, atónitos, a una de las metamorfosis más rápidas habidas en el mundo del fútbol. Esas frases tan desagradables, lógicamente, jamás han salido de la boca, real, del técnico, que sin embargo es el primero que se ríe cuando lo ve. En el chat de Whatsapp del equipo, estos días, se comparten esos memes una y otra vez.
Para saber más
Está crecido Luis de la Fuente. Y no tiene la expresión sentido peyorativo alguno. Está crecido porque se ha ganado el derecho a estarlo. Del mismo modo que agachó la cabeza cuando tocaba, hoy camina con ella erguida y protagoniza incluso discursos virales (aquí, de nuevo, las redes sociales, que hoy lo adoran). Se ha convertido, incluso, en alguien a quien escuchar. El pasado martes, tras imponerse a Francia, elaboró un speech miles de veces reproducido en Instagram: "Hoy estoy reivindicativo. De lo que más orgulloso me siento es de cómo hemos llegado hasta aquí. La gente joven debe saber que no hay logros sin sufrimiento, sin esfuerzo. El sufrimiento forma parte del fútbol, y de la vida", dijo.
Se siente seguro. En las pantallas de la sala de prensa de Donaueschingen, aparece su fotografía junto a un enorme número 6, que son las victorias que lleva en esta Eurocopa el equipo, algo que nadie había logrado. Echa la vista atrás y ya no dice en bajito que es muy creyente, que reza todos los días, que se persigna antes de cada partido y que, cuando juega en Sevilla, acude siempre a rezarle al Cristo del Cachorro, en Triana. Tampoco dice en bajito que le gustan los toros, como a Nacho, y mucho menos que se siente español por los cuatro costados. En realidad, Luis de la Fuente ya no dice nada en bajito porque el paso del tiempo le ha dado la razón en todo lo que decía. Estos meses atrás, en reuniones discretas con periodistas de su confianza, siempre agarrado a su vaso de agua, transmitía el mensaje de que sí, de que se podía ganar la Eurocopa, de que había mimbres, jugadores, ambición...
El técnico, antes del España-FranciaPABLO GARCÍARFEF
Era consciente, cómo no, de que ese discurso no calaba entre el gran público, pero asiste hoy, satisfecho, a la entrega de todo un país a su proyecto. Y lo celebra. Lo celebra siempre, pero especialmente divertida fue la fiesta que montó en el hotel de concentración a la vuelta del partido contra Alemania. Normalmente, la selección duerme en la ciudad donde se juega el partido y regresa a Donaueschingen al día siguiente, pero el viernes pasado, el "hogar" -así lo definió ayer Dani Vivian-, quedaba a poco más de una hora en autobús, y volvieron a dormir a casa.
El seleccionador improvisó una fiesta con karaoke para el staff y todos los trabajadores que quisieron unirse. Para romper el hielo, él mismo cogió el micrófono:
"Soy de aquellos que sueñan con la libertad /Capitán de un velero que no tiene mar / Soy de aquellos que viven buscando un lugar / Soy quijote de un tiempo que no tiene edad / Y me gustan las gentes que son de verdad / Ser bohemio, poeta y ser golfo me va / Soy cantor de silencios que no vive en paz / Que presume de ser español donde va".
Es Quijote, de canción de Julio Iglesias, su favorita, y ahí estaba el seleccionador español, bien entrada la madrugada, dándolo todo con esas estrofas. Tras él se animaron unos cuantos.
Es la celebración de un camino que recuerda hoy la llamada a Sergio Ramos, nada más llegar, para decirle que no iba a contar con él. Ese fue su primer vía crucis. El último, el que hubo de atravesar cuando decidió que no iba a rogarle a Brahim que se quedara, que sí, que contaría con él si se lo ganaba, pero que no le iba a prometer amor eterno, al contrario que sí quiso hacer en su momento con Achraf Hakimi. Fue el jugador del PSG el que no quiso firmar el documento que le presentó. Hoy nadie echa de menos ni a Ramos ni a Brahim.
Por detrás, pues, de lo evidente, de que está pasando un montón de horas preparando el partido contra Inglaterra (monotonía interrumpida ayer para disfrutar de una comida tranquila junto a todo su 'staff' en un restaurante alemán a dos kilómetros del hotel), sólo hay algo que le inquieta: en noviembre se pondrá una prótesis en su rodilla. Debería haberlo hecho en diciembre pasado, habló incluso con Del Bosque para preguntarle cómo era el proceso, pero se echó atrás por miedo a los quirófanos. Ahora parece decidido.
De la Fuente y su 'staff' se hacen un 'selfie'.PABLO GARCÍARFEF
De la Fuente, que no es considerado internacional por la UEFA porque no jugó un solo minuto con la absoluta, sigue obsesionado con un factor: hacer grupo. "Aquí no hay ni bromas sobre los clubes. Nadie habla de eso. Ha habido épocas en que se creaban grupos, ahora no. Porque hay personas dentro del staff que hacen que esto no ocurra", explica a este periódico Fernando Giner, delegado de la selección y presidente de Asociación Española de Futbolistas Internacionales, Leyendas de España.
"Como Aragonés o Del Bosque, sabe llegar, a la persona y al futbolista. Cada uno lo transmitía de una manera, pero el fondo es el mismo. Y eso es lo que perciben los futbolistas", prosigue Giner, muy atareado estos días con todos los preparativos de la final. "Lo que veo dentro del cuerpo técnico es el respeto que nos tienen a todos. Es un trato excepcional, cercano, motivador, pero no especial para nadie, ni para los que jugamos menos. Estamos muy agradecidos de tenerle", decía ayer mismo Vivian sobre Luis, que ya no es Luis, que ya es Don Luis.