Cuando quienes han padecido al Madrid en Europa, como Pep Guardiola o Thomas Tuchel, intentan explicar qué ha sucedido, suelen contestar: «That’s Real Madrid». Es el Madrid. Lo inexplicable, en su opinión y la de muchos otros, tiene explicación. Vamos a intentarlo en 15 razones que explican 15 Champions.
1. La visión de Bernabéu
El presidente que llegó al Madrid en plena posguerra, en 1943, tomó decisiones destinadas a hacer de un club golpeado du
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LaLiga EA Sports
ORFEO SUÁREZ
@OrfeoSuarez
Actualizado Domingo,
17
septiembre
2023
-
23:17Ver 10 comentariosEl conjunto de Ancelotti remonta en el tanto inicial...
Los misiles de la muerte pudieron hasta con el cíclope blanco. Courtois hace milagros, pero no hay panes y peces para quien no los merece. La caída del Madrid fue algo más que una muerte a balón parado. Fue una ejecución en el paredón de todos sus males, con disparos de Declan Rice que tenían todo lo que, hoy, no tiene este Madrid deambulante: la contundencia y la precisión. Rice, en realidad, sólo apretó el gatillo.
La cruel derrota, consumada por Mikel Merino, un delantero de paso, compromete al equipo blanco, que necesita invocar a todos los espíritus de la remontada, no sólo a Juanito, y compromete a Ancelotti. Con el entrenador atascado, Vinicius perdido y Bellingham desesperado, la esperanza es la épica y quien todavía no sabe nada de esa épica. Mbappé llegó para ganar Champions. Primero debe ganar al destino. [Narración y estadísticas (3-0)]
La forma de caer ante el Arsenal es proporcional a dos cosas: la tendencia del Madrid en los últimos partidos y la proporción del rival. Leganés, Real Sociedad y Valencia, con distintos resultados, ya mostraron los problemas de un equipo frágil en defensa, desenfocado en el centro del campo y no siempre enfocado en ataque.
No es el equipo de Mikel Arteta lo mejor de la Premier, pero es un equipo que crece y crece si le dejas jugar. Si los goles no llegaron antes de que Declan Rice activara el cañón, fue gracias a Courtois, brutal en sus intervenciones ante el propio Rice y Martinelli, en el primer tiempo, o de nuevo Martinelli y Merino en el segundo. El Arsenal hizo lo suficiente para golear de cualquier manera.
parábola inverosímil
La pegada de Rice está fuera de catálogo. Ambos goles llegaron de falta, lejanas, y ambos con una potencia y colocación que redujeron a Courtois a su condición humana. Ni un reproche al portero, todo el mérito para el jugador inglés, que recordará este día toda su vida, sea cual sea el desenlace de la eliminatoria. Primero salvó la barrera con una parábola inverosímil; después, colocó en la escuadra.
Ancelotti sabía bien de la febrícula de su equipo y por eso les mandó abrigarse. El Madrid no tiene la temperatura corporal adecuada y el entrenador sacó la mantita al salir al Emirates para cubrir bien todo el centro del campo. En el Bernabéu habrá que quitársela y jugar a pecho descubierto. No quedan días para 'pechos fríos'
La manta era el 4-4-2, en el que Bellingham se situaba en la izquierda y Rodrygo, en la derecha, con claras instrucciones defensivas. Vinicius y Mbappé, pues, compartían el ataque. Las razones de Ancelotti no se debían únicamente a la peligrosidad del Arsenal por las bandas, con Saka y Martinelli, sino a las componendas que tiene que hacer en la defensa desde el principio de temporada. Valverde volvió al lateral derecho y en el izquierdo apareció Alaba, con una venda en un muslo, todavía bajo mínimos. El austriaco conoce el puesto, ya que jugó en esa posición en sus inicios en el Bayern, pero hace ya largo tiempo. Saka lo sometió a un tormento, pero también puede decirse lo mismo de Martinelli ante el uruguayo. El compromiso en las ayudas de Bellingham y Rodrygo no bastaba.
Bellingham, desesperado tras una ocasión perdida.EFE
El cambio de sistema, del 4-3-3 habitual al 4-4-2, cargaba el mensaje: precaución. El Arsenal de Arteta es un equipo de alto ritmo de juego y llegada por las bandas, pero también de compenetración en las jugadas a balón parado, diseñadas por uno de los ayudantes del técnico donostiarra. Cuando lanza un córner, acumula jugadores casi en la línea del portero, como niños que esperan, ansiosos, que se rompa la piñata. El overbooking hizo que Saliba rechazara un centro-chut que había superado a Courtois. Con esa producción ofensiva no tener en el área a Havertz o Gabriel Jesus es un hándicap. Arteta ha pedido a Merino que se convierta en camaleón. Se ha puesto el traje del nueve con goles, también frente al Madrid, el tercero, después de porfiar mucho frente a Courtois.
El Madrid respondió al acoso inicial con posesiones largas, aunque estériles, para bajar las revoluciones al partido. Cuando pudo, corrió, gracias a los robos o pérdidas que abrían un páramo por delante. Ni Vinicius ni Mbappé, sin embargo, encontraron la precisión para batir al español Raya, sin trabajo, pero con sensación de dominar el área en todas sus salidas.
Más desalentador resultó su nula reacción tras los goles del Arsenal, cuando ya no había que abrigarse más, sino destaparse. La excitación del equipo inglés y la mejor gestión de Arteta pudieron generar un resultado todavía más cruel, mientras Camavinga se autoexpulsaba y las soluciones del banco, como Brahim, no aportaban nada, porque el problema no era de nombres, sino de rumbo. Ahora sólo está a tiempo de la épica.
Florentino Pérez se ha quedado sin escudo, desnudo frente a una crisis que no cierra una simple victoria. Es profunda. Arbeloa no sirve como escudo. No tiene la suficiente estirpe ni el acero. La pitada muestra que su predicamento entre los aficionados es nulo. Se equivocó el nuevo entrenador, refugiado en absurdas hiperactuaciones, al citar a Juanito, un estandarte del madridismo en carne y hueso, para sugerir lo que los socios debían hacer. Son soberanos.
Aunque los socios ya no siempre compongan el decorado mayoritario del Bernabéu, poblado de turistas, turistas ricos, a la hora del aperitivo estaban donde entendieron que tenían que estar e hicieron lo que creían que debían hacer. Pitaron a los jugadores que consideran responsables de la crisis, Vinicius, Bellingham y Valverde, principalmente, justo los que mayor oposición hicieron a Xabi Alonso, y pidieron la dimisión de Florentino. Miraron al palco y una gran parte se fue antes de que acabara el partido. La asunto.
La victoria ante el Levante cauteriza la crisis, no la resuelve, y al menos permite al equipo blanco seguir donde estaba en la Liga, a la espera de lo que haga el Barcelona. Podría haber sido peor, en una atmósfera bajo la que era complicado jugar al fútbol. Para alguno de los más jóvenes, como Huijsen, fue un martirio. El descenso en el rendimiento del central es un síntoma de lo que sucede en el Madrid.
Los pitados corrieron todo lo que pudieron, mientras el público coreaba el nombre de Gonzalo, futbolista de la cantera que dio vida al Madrid en Albacete, hasta que Arbeloa lo sustituyó en el descanso. Los siguientes aplausos fueron para Asencio, y no por el segundo gol. Quieren reconocerse en los valores de la casa y, hoy, únicamente lo hacen en la cantera, olvidada cantera.
Fue en Albacete donde todos los cálculos del Madrid estallaron. Después de la Supercopa, entendieron en el club que era el momento del cambio de entrenador, con la cuesta abajo ya para Arbeloa: Albacete, Levante, Mónaco... El club hizo un mal análisis de la situación o, al menos, un análisis incompleto. La cuesta abajo era un precipicio.
De ese modo lo entiende el Bernabéu, cuyo plebiscito es unívoco. Los culpables son los jugadores y el presidente, lo que apunta a falta de compromiso y errores en la planificación. El Madrid debería haberlo interpretado correctamente cuando la grada pitó a los jugadores al final del partido con el City, que se impuso por 1-2. Ese hecho reveló ya el distanciamiento entre el sentir de la afición con el de la cúpula del club, que calló ante los reproches de Vinicius a Xabi Alonso en el clásico.
Como el desaparecido Juanito, Vini lleva el 7 a la espalda, pero no representa nada de lo que encarnó un futbolista que después de muerto todavía pone en pie a los socios cuando se corea su nombre. El de Florentino se coreó en otra dirección. La petición de dimisión no fue tan mayoritaria como el castigo a los jugadores, es cierto, pero abre un periodo nuevo, cargado de incertidumbres, con el presidente al desnudo.