Un Madrid superior le tocó las palmas a un equipo canario obtuso, provinciano con tanto toque estéril. Y ganó con suficiencia pese a su primer período al estilo pancelotti, como le llaman algunos.
Hay algún blanco que queda de negro. Ni Joselu ni Ceb
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La tarde empezó con lágrimas en Los Cármenes. El Granada conoció su descenso a Segunda División un par de horas antes de enfrentarse al Real Madrid porque la victoria del Mallorca ante Las Palmas le condenó a volver al infierno. Poco valor tenía ya su duelo contra los blancos, sin salvación ni Liga en juego. Sobre el césped, el orgullo de la afición andaluza y la ambición de la unidad B del Madrid, que brilló mientras los locales competían contra su dolor. Fran García y Güler sentenciaron el choque en la primera parte y Brahim culminó con dos goles una actuación extraordinaria. Otra más.
Ancelotti realizó diez cambios con respecto al equipo que ganó al Bayern en Champions y sólo repitió Rüdiger. A su lado, Courtois, Lucas, Militao, Fran, Camavinga, Modric, Ceballos, Güler, Brahim y Joselu. Premio y oportunidad para todos en el inicio del sprint final hacia Wembley. La mayoría, salvo Rüdiger, Camavinga y veremos si Courtois, saben que no habrá sitio para ellos en el once de la final continental.
El Granada, a pesar de la tristeza, tuvo el honor de homenajear al campeón con un pasillo que fue aplaudido en la grada antes de iniciar los cánticos de crítica contra la directiva del club. Con sólo 21 puntos, los nazaríes han pagado una horrible primera parte de la temporada.
El partido tardó en coger ritmo. La tristeza local y la relajación visitante dejaron unos primeros minutos de siesta hasta que el Madrid empezó a hilar posesiones a través de los pies de Modric, Brahim y Güler. El turco tuvo la primera buena opción del duelo al robarle un balón a Piatkowski y arrancar hacia portería, pero decidió mal y su pase no encontró a Joselu.
El lastre futbolístico del Granada es evidente y se notó cuando el Madrid aceleró marchas y Brahim se hizo dueño del partido. Los andaluces realizaron una primera media hora decente, más por orgullo que por talento, y se hundieron cuando Fran García puso el 0-1 en el 37. Lucas encontró a Brahim en el pico derecho del área grande, el malagueño se internó en el área, esperó al desmarque de sus compañeros y cedió atrás para que Fran llegara en carrera y definiera de primeras.
Güler, de nuevo gol
Por si fuera poco, justo antes del descanso, el Madrid sentenció un duelo que ya se había iniciado con demasiadas diferencias. Brahim volvió a arrancar, cedió a la carrera de Fran García, el lateral vio atras a Güler y el turco marcó su tercer gol de la temporada con un disparo cruzado raso. Dos buenas combinaciones, dos goles. El curso desastroso del Granada se explica desde una defensa demasiado débil, mentalmente hundida desde el inicio.
Tras el intermedio, el partido se mantuvo en las botas de Brahim. En el 49, el andaluz se inventó un zigzag extraordinario para superar a varios defensas, adentrarse en zona de peligro, volver a recortar a Gumbau y anotar con la derecha ante la estirada de Batalla. Y no se quedó ahí el ex del Milán.
La goleada madridista no tuvo respuesta por parte del Granada, incapaz de crear peligro o de contener el caudal ofensivo de los blancos, siempre liderado por Brahim. Si ya era una tarde mentalmente dolorosa para los andaluces, enfrentarse al campeón no ayudó.
En el 59, Brahim concluyó una eterna posesión del Madrid para anotar el 0-4. Sin acelerar demasiado el ritmo y combinando con pases cortos, entre Güler y Modric se plantaron en el área andaluza. El croata vio a Brahim y éste, a la media vuelta, anotó ante Batalla su segundo tanto de la tarde. Dos goles y una asistencia que le hacen acumular 12 y 7 en la temporada. Un fichaje soberbio.
El Granada despertó un poco tras el cuarto gol y tuvo varias oportunidades para marcar el gol del honor, pero no acertó, para desesperación de su afición. Mientras, Ancelotti movió su banquillo pensando en el futuro y en dar algo de ritmo a sus titulares. Kroos entró por Modric, que se fue ovacionado de Los Cármenes, y Nacho por Rüdiger. Cambios hombre por hombre tras el esfuerzo contra el Bayern.
Se quedaron sin saltar al césped Carvajal, Mendy, Bellingham, Vinicius, Rodrygo y Valverde, columna vertebral para el técnico italiano. Una desconexión necesaria después de la Champions. El martes, ante el Alavés en el Bernabéu, podrán reconectarse. Joselu pudo marcar su gol pero falló, no como ante el Bayern, y el duelo murió entre las lágrimas del Granada.
El Bernabéu es un buen lugar para la contemplación si se es espectador. Como mirar una catedral para los devotos, con un marcador que es como un fresco en movimiento. Como futbolista, sin embargo, es un mal asunto. El Atlético partió deliberadamente contemplativo, agrupado en su campo, a la espera de que no pasaran cosas. A Simeone le puede su naturaleza, tenga lo que tenga, y no es un reproche, ni es negativo. Es lo que es, y le ha ido de maravilla. En el Metropolitano, en cambio, deberá proponer más, porque la Champions lo exige; el Madrid, también. No le bastará su acting en la banda. Sin necesitar de una noche mágica, el rey de Europa cobra ventaja en unas circunstancias mucho más adversas, porque en el Bernabéu siempre pasan cosas si se deja crecer a los suyos, aunque las haga un suplente que no debería sentirse como tal. Es Brahim. La contemplación desde la hierba es un mal asunto. [Narración y estadísticas (2-1)]
Las primeras acontecieron esta vez muy rápido para conectar a Valverde y Rodrygo, que pudo con la velocidad de Javi Galán como si no se esforzara. El brasileño se desliza, sin desgaste, por donde otros pisan con clavos. El eslalon acabó en un gol pletórico, messianico.
Para saber más
Fue como el directo inesperado nada más sonar la campana del primer round que deja grogui al oponente. Ahí estaba la oportunidad del Madrid para romper la eliminatoria y obligar a Simeone a cambiar su hoja de ruta, que se plantó en el Bernabéu a jugar una eliminatoria, no un partido. Después de verse superado de semejante forma, como le ocurrió al lateral rojiblanco, un futbolista queda tocado emocionalmente. Rodrygo volvió a intentarlo, pero el defensa reaccionó con los tiempos justos, al límite del penalti. Giménez detuvo en la banda opuesta a Vinicius, menos preciso que su compatriota con un Mbappé de oyente. Rodrygo es el Patito feo del ataque, aunque Ancelotti es de la generación que conoce bien el cuento de Andersen.
Un equipo desgastado
Un gol no cambia, sin embargo, un plan, y el Atlético siguió a lo suyo, con la prioridad de dejar al Madrid sin espacio y refugiarse en largas posesiones que evitaran las pérdidas. Sin la pelota, cerraba los espacios entre las líneas; con ella, hacia el campo anchísimo. Ello hacía correr al Madrid, un equipo desgastado físicamente. Era parte del plan del argentino, que sabe de los buenos finales de los suyos. No lo tuvieron. Ello no daba, de momento, ocasiones al Atlético, que tuvo la primera en una llegada de Giuliano, cuyo centro, dirigido a Lino, fue interceptado por Valverde. El uruguayo estaba en el campo bajo riesgo, pero en dos acciones, el pase del gol y el corte del no gol, demostró por qué.
En un contexto en el que mandaban el respeto y las precauciones, con balones al pie y sin presión alta por parte de ninguno de los equipos, los goles sólo podían llegar gracias a acciones individuales. Rodrygo había encontrado el espacio por sorpresa, pero eso no iba a volver a suceder. La de Julián Álvarez fue individualísima. Después de un error de Camavinga, alzó su visión periférica desde el cuerno del área y lanzó un disparo teledirigido que salvó la envergadura de Courtois. Como burlar las alas de un cóndor.
La réplica la puso Brahim, nada más regresar del descanso, al sostenerse en el área gracias a su potente tren inferior y su bajo centro de gravedad, y salvar contarios para colocar el balón en el lugar imposible de Oblak. Una acción de alivio para el Madrid, porque Simeone ya había mandado aumentar el ritmo de los suyos al salir del vestuario. Al argentino le gusta jugar varios partidos dentro de un mismo partido, no digamos ya en una eliminatoria. La nueva ventaja del Madrid llegaba de la nada, como había ocurrido con el tanto de Julián Álvarez.
Julián Álvarez, ante Camavinga, en la acción del 1-1.AFP
Brahim y Julián tiene algo en común, y es haber llegado procedentes del Manchester City. Todo lo que deja Guardiola suele tener tara, pero con estos jugadores alguien se equivocó, por ponerlos poco o por abrirles la puerta. También en la Federación Española. Julián, la gran referencia de este Atlético, ya por encima de Griezmann, apunta en grande. Brahim, recambio del sancionado e intocable Bellingham, hace muchísimas cosas, y todas bien.
Oblak encajó el segundo gol, pero el Atlético encajó el temor, y más cuando Ancelotti echó mano de Modric, al que Simeone veía como titular, para sacar del campo a Camavinga. Brahim se lo recordó a gritos desde la banda tras su gol. Sabe el argentino lo que el croata puede hacer, por lo que llamó a Le Normand para pasar a jugar con línea de cinco y vació su centro del campo para poner a Correa y Sortloth, los jugadores de sus finales. Si había algo que jugar que fuera en las áreas, aunque estuvo más cerca de perder más que de ganar algo. Camino del Metropolitano, el Madrid lo hace más seguro de lo que estaba antes de saltar a su propio estadio. Simeone sabe que necesitará más.