Un Real Madrid avasallador en los primeros minutos se eclipsó justo cuando Camavinga le regaló un penalti al Rayo, que estaba totalmente aniquilado. A partir de ahí, con mucho tiempo por delante, se pegó una buena siesta en Vallecas.
Lo que no entiend
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La cabeza erguida buscaba el contacto visual con Vinicius. La curva del cuerpo no parecía presagiar nada, pero la mano ya indicaba dónde llegaría el pase al brasileño. Los rivales le habían concedido un par de metros y Toni Kroos no desperdició la oportunidad. Suya fue ayer la majestuosa asistencia para el 0-1, obra cumbre de otra gran noche para el Real Madrid. «No hay palabras para definirle. Es un jugador top, crucial para nuestro juego, por el modo en que controla los tiempos y por sus pases», admitió Carlo Ancelotti.
La felicidad de Carletto, como la de la mayoría de sus futbolistas, no sólo se ceñía al empate que había enfriado el cráter del Allianz. Se trataba, más bien, de la satisfacción por haber hecho emerger de nuevo ese temple competitivo con el que salir a flote tras una situación límite. Porque después de tres triunfos consecutivos en Múnich, el 14 veces campeón volvió a sudar ayer como corresponde en unas semifinales. El 2-2 no sólo le otorga cierta ventaja para el Bernabéu, sino que también le permite igualar su propio récord en Champions, donde ya suma 11 partidos sin perder, igualando el registro de la temporada 2016-17. Otro motivo de celebración para los 4.000 madridistas que lo vivieron en directo en Múnich. Los que disfrutaron de las virguerías de Vinicius y los errores groseros de Kim Minjae. Los que corearon la maestría de Kroos durante los 76 minutos que pisó la hierba.
«Me ha regalado un gol. Le conozco muy bien. Y él a mí», sonrió Vinicius, con ese brillo tan peculiar en los ojos. Aún parecía saborear el placer del balón al espacio ante Manuel Neuer y el desdichado Minjae. Una cortesía de Kroos, que durante la primera parte cerró una asombrosa estadística. Según la contabilidad de OPTA, 15 de sus pases lograron romper una línea de presión rival. El mejor rival en ese aspecto, Leon Goretzka, sólo pudo filtrar cinco.
«Nos faltaba para ganar los duelos»
«Durante la primera parte hemos defendido con poca intensidad y les dimos la posibilidad de controlar el juego. Nos faltaba para ganar los duelos, pero tras el descanso hemos presionado más, hemos sido más agresivos», analizó Ancelotti, sin pudor a la hora de señalar los defectos de su equipo. Antes de que se cumpliese el minuto 23, el Bayern había rematado ya siete veces ante Andriy Lunin, incluidos dos saques de esquina. Un fuego graneado al compás de sus tambores. La atronadora artillería de siempre en el Allianz Arena, la guarida de un equipo que, a estas alturas de la temporada, suma en la Bundesliga cuatro puntos y seis goles más que el año pasado. Cualquier menosprecio al Bayern en la Champions debería pagarse con la excomunión. Tan intolerable como conceder un par de metros de más a Kroos.
Desde aquella cesión en el Leverkusen, cuando apenas había cumplido la mayoría de edad, Toni había jugado ocho veces contra el Bayern, pero nunca logró siquiera un pase de gol. Ni siquiera en las dos últimas eliminatorias de cuartos y semifinales (2017 y 2018), ya en su plenitud madridista. Quizá por ello, ese gesto con el que indicó el camino para el 0-1 dejó tan boquiabierto a Rodrygo. «¡Qué pase, increíble!», exclamó el delantero, víctima de un clamoroso penalti por parte de Minjae. «Siempre le decimos que siga. No un año, sino muchos más. Me encanta jugar con él», añadió el brasileño. El recital del 8 en Múnich se antojaba ayer el preludio de algo grande en el Bernabéu. «Aún habrá que sufrir, pero ahora en un ambiente que todo el mundo conoce», anticipó Ancelotti. Vinicius, más conciso, presagió una «noche mágica».
Más le vale al Bayern recuperar pronto a Matthijs de Ligt, baja ayer de última hora. Su ausencia como central diestro dejaba un poco más desguarnecida la zona donde Vinicius revolotearía ante Joshua Kimmich. Así que Thomas Tuchel recurrió a Minjae, un central fichado este año del Nápoles. Sin el poderío físico del neerlandés, con ciertos problemas a campo abierto, el coreano al menos aportaría el buen criterio ofrecido durante la primera mitad de curso, donde se había consolidado como el mejor defensa del Bayern.
150 partidos para Müller
Los peligros del Real Madrid, máximo anotador de la Champions al contragolpe con seis goles, se basaban en las transiciones, pero Minjae nunca supo cómo perfilarse para sujetar a Vinicius a campo abierto. Esa debilidad en los dominios de Neuer frustró cualquier amago de épica para Tuchel. «El Madrid ya lo ha hecho antes: marcar dos goles en dos ocasiones. No somos el primer equipo que lo sufre. Deberíamos haber anotado el 3-1, pero luego les regalamos un penalti», admitió el ex técnico del PSG.
Desde aquella liguilla de 2016 con el Dortmund, hasta la inolvidable eliminatoria de 2022 al frente del Chelsea, Tuchel siempre había sabido poner al Madrid ante el desfiladero. Por eso, una situación tan desesperada como la actual convertía a su equipo en un rival aún más peligroso. La elección inicial por Thomas Müller, en detrimento de Serge Gnabry, supuso una apuesta algo nostálgica, con la que el capitán pudo celebrar su 150º partido de Champions. Un hito de la competición, igualando el registro de Iker Casillas en el Madrid. El récord absoluto de partidos en un mismo club aún lo ostenta Xavi Hernández (151).
La influencia de Müller, relegado en los últimos tiempos a un papel casi residual, sólo pudo interpretarse desde lo emotivo. Porque Tuchel se reservaba la baza de Raphael Guerreiro, uno de los futbolistas más infravalorados de la Champions. La mera presencia del portugués ordenó la ofensiva del Bayern, que pudo orientar a Jamal Musiala y Leroy Sané hacia el gol. La diferencia entre jugar a pie natural o pie cambiado giró radicalmente el partido.
Mazraoui y Rodrygo, en dura pugna por un balón.AFP
Había que remontarse a octubre, ante el Darmstadt 98 en la novena jornada de la Bundesliga, para asistir al último gol de Sané. Pero como de talento anda sobrado, el canterano del City aprovechó la escasa implicación de Rodrygo para silenciar a los críticos. Desde el otro perfil, Musiala andaba ya abusando de Lucas Vázquez. Con apenas 21 años ya se siente capaz de dominar una semifinal de Champions.
La designación de Clement Turpin, con quien el Madrid había ganado sus seis partidos, levantó cierto malestar en Alemania. Sin embargo, nada pudo objetarse al francés, que señaló sin dudar los 11 metros tras el derribo de Lucas a Musiala y el de Minjae sobre Rodrygo. «Para la vuelta tenemos que ser más clínicos. Será un partido abierto. Hay que mejorar en las defensas individuales y ser más fuertes», finalizó Tuchel.
Esto no es una final, como en 2014 o 2016. No decide títulos, pero puede descartar el más deseado. No pone puestos en juego, pero acontece en un momento capital para algunos de los principales personajes implicados, como Diego Simeone, Carlo Ancelotti o Kylian Mbappé. El desenlace de lo que ocurra esta noche en el derbi va a cargar o mermar el crédito de ambos entrenadores y la estrella francesa, el mayor fichaje estratégico de Florentino Pérez desde Cristiano, esta temporada. El destino pasa, pues, por el Metropolitano.
Siempre fue, de hecho, de ese modo en los grandes duelos europeos de los dos colosos de la capital. En 2014, en Lisboa, Ancelotti salvó su cabeza gracias a la cabeza de Sergio Ramos, y Florentino hiperventiló tras un tiempo de dudas. La Décima abría su gran era. En 2016, en Milán, Zinedine Zidane obtenía la laureada de la Champions, la que tanto le costó conquistar como futbolista, hasta la volea de Glasgow, y daba paso a su trilogía: Milán, Cardiff y Kiev.
Simeone creyó entonces haber sido vencido por el destino. Dudó pero continuó. Está de nuevo en el mismo lugar, aunque no sea en una final. En 2017, en la vuelta de las semifinales, en el Calderón, Benzema hacía renacer al Madrid con una jugada de antología y proclamaba su renacimiento personal después de años de intentar regatear a las críticas. Esa fue una jugada 'hors catégorie', rematada por Isco, que dio paso a su liderazgo, un año después, con la marcha de Cristiano y, finalmente, el Balón de Oro. Todos en el Madrid le deben mucho al derbi. Simeone, en cambio, siente que el derbi, al menos en Europa, tiene una deuda consigo mismo y con el Atlético. La duda es cómo cobrársela.
Ancelotti dice que el Atlético puede jugar de muchas formas. Es cierto. También el Madrid, aunque la capacidad de travestirse futbolísticamente en un mismo partido es más propia de Simeone. Ahora tiene que ganar, y la pregunta es si para ganar tiene que atacar. No es necesariamente una sucesión lógica, no en su cabeza. La desventaja, aunque mínima, obliga al Atlético, pero el temor al contraataque blanco condiciona esa obligación. En el Bernabéu, fue mejor cuando lo necesitó, tras el gol de Rodrygo, pero le faltó instinto criminal. En el Metropolitano le urge. «Saldremos en busca del gol», afirma Simeone, pero desde la reflexión de que habrá momentos para todo, para jugar de diferente modo, y a todos habrá que adaptarse. El mayor peligro del Madrid, en cambio, no tiene máscaras. Es el contraataque.
El factor Julián Álvarez
Simeone sigue en la lucha por todo, también por la Liga y la Copa, pero sabe que la de esta noche no es una lucha cualquiera. Es la lucha que le daría la opción de cerrar el círculo. Los fracasos en la Champions le hacen sentirse incompleto. Nada peligra en su caso, porque el Cholo es el guía de la causa rojiblanca, no sólo su entrenador. Simeone dictará su fin, y quizás no sea el único fin, con Miguel Ángel Gil y Enrique Cerezo cada vez más tentados por futuros inversores. Este derbi, esta Champions, con la plantilla con más recursos de la que ha dispuesto el argentino, en especial tras la llegada de Julián Álvarez, puede marcar un punto de inflexión en sus intenciones.
Ancelotti ya tiene sus obras completas, pero se sabe escudriñado, fuera y dentro de su casa. Ironiza cuando asegura que muchos ansían su puesto. En una temporada irregular, con un Barça creciente, quedarse prematuramente fuera de Europa cargaría el debate sobre si el Madrid necesita o no un nuevo ciclo. La clasificación para cuartos significaría, en cambio, la tranquilidad.
Simeone, el pasado sábado, en el Coliseum de Getafe.AFP
Mbappé ya ha jugado grandes partidos, pero el del Metropolitano es el primer gran partido al KO. La Supercopa era una final de chocolate, dulce si se gana, pero sin gravedad en la derrota, únicamente una indigestión, aunque fuera ante el Barcelona. En la Champions y frente al Atlético sería otra cosa. Al presidente es de las que más le dolerían, como a los madridistas de antes. Mbappé no empezó el entrenamiento, ayer, y se incorporó a la media hora, debido a unas molestias en un tobillo por un golpe, lo que genera una inquietud moderada en el club. Del francés se espera una respuesta proporcional a su fichaje, como frente al City. Personalmente, no ha llegado para sumar más Ligas ni hacer más fortuna. Está aquí para ganar Champions, algo que se le negó en el PSG.
Las tiene Vinicius, que lleva un tiempo atascado ante el Atlético, y la tiene Julián Álvarez, convertido en una aparición divina en el Metropolitano. El escenario juega, claro, pero como Simeone recordó, los suyos han de intentar reproducir en el campo lo que suceda en la grada. Lo demás, señaló, está en manos de Dios. Como el destino.
La cara de Pep Guardiola en la sala de prensa de Manchester lo decía todo. «Bueno, esto ya parece un derbi. Cuatro años seguidos contra el Madrid...», declaró el técnico de Santpedor con una sonrisa irónica. Su reacción al sorteo del playoff de la Champions League y al nuevo cruce entre británicos y españoles relataba el sentir de ambos equipos. «No nos gusta jugar contra el City», admitió Ancelotti, honesto, en Brest. Los dos entrenadores son conscientes de que la eliminatoria llega en momentos incómodos para sus plantillas, lejos del nivel mostrado en las últimas ediciones continentales. Será un clásico moderno, pero en sus horas más bajas.
El Madrid aterrizará en Manchester después de un invierno extraño, en el que ganó la Intercontinental, recuperó el liderato en Liga y descubrió la mejor versión de Mbappé con la camiseta blanca, pero también un invierno en el que cayó con contundencia contra el Barça en Arabia Saudí. Una derrota que removió los cimientos del cuerpo técnico y del vestuario, que dolió más que cualquier otra y que, junto a su irregular actuación en la liguilla de la Champions, sembró muchas dudas sobre la capacidad de la plantilla en los partidos de máximo nivel.
El Madrid, que jugará la vuelta del playoff en el Bernabéu, perdió en casa contra el Milán (1-3), en Anfield Road ante el Liverpool (2-0) y en tierras francesas frente al Lille (1-0). Tres clubes que siguen vivos en la competición, dos de ellos, ingleses y galos, como parte del Top 8, y que mostraron las debilidades del Madrid en tres de sus peores noches de la temporada. Por eso el mensaje de Ancelotti ha sido tan directo en estos últimos días: «No queremos al City».
2022, 2023, 2024...
En Valdebebas saben que es su gran rival en la competición. El equipo que más les ha hecho sufrir a pesar de que consiguieron salir victoriosos contra ellos en las eliminatorias de 2022 y 2024, ambas con una tensión extrema. La primera con una remontada esquizofrénica en el tiempo de descuento de las semifinales, con aquellos dos goles de Rodrygo sobre la bocina para provocar la prórroga y el tanto de Benzema de penalti para decidir el duelo ante un Bernabéu en continuo delirio. Todo después del 3-2 del Etihad, con el panenka del francés y la cabalgada de Vinicius para salvar los muebles.
La segunda, en los cuartos de final del año pasado, con el divertido 3-3 de la ida en Chamartín y los penaltis de la vuelta en Manchester. El Madrid, en acto de supervivencia extrema, evitó el triunfo local y ganó desde los once metros a los hombros de un Lunin colosal. Otro triunfo agónico sobre Guardiola.
El entrenador catalán ha sonreído en dos ocasiones contra el Madrid. En los octavos de final de 2020, en los que su plantilla fue superior a un conjunto blanco en horas bajas, dirigido por Zidane y todavía echando de menos a Cristiano Ronaldo, y en las semifinales de 2023. Ahí Guardiola tocó techo. El City sometió al Madrid en un extraordinario 4-0 y terminó levantando la Champions contra el Inter. Fue una temporada histórica para el conjunto británico, que levantó la Premier, la Copa de Europa y la FA Cup.
El City, en su peor momento
En esta ocasión, Guardiola y el City aparecen en la trinchera contraria al Madrid en su peor momento desde que el entrenador aterrizara en Manchester. Algo de lo que no se fían en Valdebebas, asumiendo que el vestuario citizen tiene nombres de sobra para poner en apuros a los blancos, pero que es una realidad estadística. El City ha sufrido para meterse entre los 24 mejores de la liguilla continental y lo ha terminado haciendo venciendo únicamente al Slovan de Bratislava, al Sparta de Praga y al Brujas. Nueve puntos que, junto a los empates contra Inter y Feyenoord, les han dado los 11 puntos necesarios para pasar como 22º.
En la Premier la situación es todavía peor. El City, que ha mejorado en las últimas jornadas, es cuarto, empatado con el Newcastle, con uno más que el Chelsea, seis por debajo del Arsenal y lejos, muy lejos, del Liverpool. Los reds se han disparado a 12 puntos de los de Guardiola, incapaces de reducir distancias y conscientes de que pueden perder la liga local por primera vez desde 2020.
De hecho, esa intensa pelea por la Premier, igual que la pelea por LaLiga, será clave en el ritmo de City y Madrid en la eliminatoria. Los británicos llegaron como líderes de la competición nacional a sus cruces con el Madrid en 2022 y 2023, pero el año pasado hincaron la rodilla ante los de Ancelotti mientras recuperaban terreno al Arsenal en Inglaterra. Los blancos, sin embargo, vivieron con calma el cruce del curso pasado, ya con la Liga asegurada.
Sin Rodri ni Kroos, cerebros de su juego, Guardiola y Ancelotti dependen más que nunca del talento individual de sus estrellas y miran con recelo los problemas en la defensa. El City se acaba de gastar 40 millones en el central uzbeko Khusanov, mientras que el Madrid ha descartado refuerzos invernales y afrontará la eliminatoria con Lucas y Valverde. El nuevo clásico de la Copa de Europa llega en sus horas más bajas, pero con máxima tensión.