La UEFA demuestra con unas imágenes que Julián Álvarez tocó el balón con los dos pies para, a continuación, preguntarse si esas acciones, claramente involuntarias por el resbalón del argentino, deberían conducir a la anulación del penalti. Es decir, salva a sus jueces de VAR y de campo, porque aplicaron correctamente el reglamento, y traspasa la polémica a la FIFA. Es el comunicado de la mala conciencia, porque el espíritu de la norma es impedir que el lanzador saque una ventaja que en el caso de Julián Álvarez no se produce de ninguna forma.
La reflexión que pide la UEFA, sin embargo, no debería quedarse en la norma 14 que ahora releen en el Atlético en todas direcciones, sino que habría que ampliarla a todo el sistema del videoarbitraje, porque lo que ocurre hoy con el lanzamiento del penalti ha sucedido ya con las manos y los agarrones en las áreas. Fue Ancelotti quien acuñó el término «penaltito», con acierto. Hombre de fútbol, en el Metropolitano puso la misma cara que todos los españoles cuando un tiro a la portería de Unai Simón fue detenido por la mano de Cucurella durante la Eurocopa. El VAR dijo que no era penalti. No era momento de debatir, sino de levantarse a por las patatas fritas. El Madrid no tiene ninguna responsabilidad en lo sucedido, esta vez beneficiado, otras perjudicado, hecho que ha desatado sus iras. Los cambios que pide, algunos con razón, no tienen que ver sólo con los colegiados en España.
El VAR decidió que debía ser anulado el lanzamiento de Julián Álvarez sin necesidad de consultar al colegiado polaco Marciniak para que interpretara la acción en el monitor. El protocolo dice que en esos casos no es necesario. Una norma que no se interpreta en su contexto, en el caso del fútbol en todo lo que tiene que ver con el juego y las intenciones, puede convertir a quien la toma en un necio. La tecnología, utilizada como una herramienta más, mejora nuestras vidas y puede mejorar el fútbol, por supuesto, pero la sumisión a la tecnología puede convertirnos en idiotas, también en un terreno de juego.
La precocidad siempre nos asombra, pero en ocasiones puede responder a las circunstancias del contexto, no a una capacidad extraordinaria. Julio César Baldivieso debutó en la liga profesional de Bolivia con 12 años y 362 días, y Freddy Adu fue, con 14 años, el jugador más joven en firmar un contrato profesional, en Estados Unidos en 2001, cuando la Major League Soccer empezaba a tomar forma. Esa precocidad no tiene nada que ver con la de Lamine Yamal, cuya irrupción en el primer mundo del fútbol, con 16 años, y su dominio con 17 es sólo comparable a la de mitos como Pelé o Maradona. Ni siquiera Messi hacía semejantes cosas a su edad. Cuando la precocidad va asociada a lo extraordinario no podemos justificarlo siquiera con el buen trabajo que se realiza en la Masía con los jóvenes, y del que Cubarsí, Casadó o Fermín constituyen una nueva prueba. No. Cabe únicamente hablar de superpoderes, como si a Lamine le hubiera ocurrido lo mismo que a Spiderman, al que picó una araña radiactiva, como si este futbolista fuera, en realidad, producto de la ficción. Jorge Valdano dijo tiempo atrás que Romario era un jugador de dibujos animados, por sus movimientos en el área. Lamine es mucho más, un superhéroe de Marvel.
Puede ser Spiderman cuando se desliza por la banda como si escalara una pared sin apenas tocarla. Puede ser el Capitán América, que siempre decide lo correcto para los suyos. Puede ser Thor si lo necesita para encontrar la solución en la contundencia cuando no hay más remedio, como hizo ante el Espanyol para poner su rúbrica al título de Liga o empatar ante Francia en la Eurocopa. Dos goles con el mismo trazo y golpeo. Un recorrido hacia adentro, en paralelo al área, y un disparo que recuerdan a los del mejor Messi, pero no a un Messi con 17 años.
Lamine marca ante el Espanyol.Enric FontcubertaEFE
El argentino debutó con esa edad en partido oficial con el primer equipo azulgrana, ante el Espanyol, pero su eclosión llegó después. Sumó 100 partidos a punto de cumplir los 21. Lamine jugó su primer partido oficial con el Barcelona a los 15 años, ante el Betis, y alcanzó el centenario en la ida frente al Inter, probablemente en su partido más completo como azulgrana.
Dada la colosal obra de Messi, probablemente el mejor jugador de la historia, la comparación es algo más que una irreverencia, un sacrilegio, pero es inevitable, al ser, además, producto de la misma crianza en la Masía. La cantera es el contexto que permite que el talento emerja, y ese éxito no se puede regatear a la Masía, pero no hay cantera que garantice que aparezcan semejantes talentos. Lo dijo claro Simone Inzaghi, después de dejar al Barça fuera de la final de la Champions: «Aparece un jugador como Lamine Yamal cada 50 años».
Más asistencias que goles
La comparación a propósito de los primeros 100 partidos ya deja, no obstante, algunos rasgos diferenciales. Messi marcó casi el doble de goles (41-22), mientras que Lamine ofreció más del doble de asistencias (33-15). Ambos calcaron las titularidades, con una más para el argentino (76-77). Se puede ser diferencial en el terreno de juego sin el gol como enseña, pero las grandes jerarquías y los premios lo exigen, y eso Lamine lo sabe. Durante el tramo intermedio de la temporada llegó a ofuscar al delantero, autor, en cambio, de tantos decisivos. Ha marcado en tres los cuatro clásicos jugados esta temporada, en todos menos en la final de Copa.
Las comparaciones, siempre odiosas, van a dar, pues, para mucho, pero antes hay que preguntarse si Lamine será capaz de sostenerse en la cima o el balón acabara por ser la piedra de Sísifo. El fútbol sirve ejemplos para todo. En caso de lograrlo, también hay que cuestionarse acerca de su progresión, cómo y dónde puede mejorar. Para obtener respuestas, nada como acercarse a quienes han trabajado de cerca con este nuevo Mozart de la pelota.
Lamine, durante un partido de Liga.Alberto EstevezEFE
Óscar López fue su último entrenador, en el Juvenil A azulgrana, desde donde subió al primer equipo, después de devorar etapas a bocados. «Eso que veis ahora, con 17 años, ya lo veíamos con 15, porque con esa edad se enfrentaba a jugadores de 20, en la Youth League, y los superaba», explica el técnico, al que tampoco sorprenden ejercicios de liderazgo como el que mostró ante el Inter. «Cuando vi el partido -prosigue- esa forma de echarse el equipo a la espalda, me acordé de un partido que jugamos contra el Mallorca. En el descanso perdíamos 2-0 y les dije a los jugadores las cosas que debíamos cambiar. Sin ningún miramiento ni una sola palabra, Lamine decidió cambiarlo todo por su cuenta».
Introvertido en el vestuario
Nacido en Esplugues de Llobregat pero criado en el barrio de Rocafonda de Mataró, en un entorno duro, el Barça hizo una excepción con Lamine, por consejo de Jordi Roura, para que residiera en la Masía, algo no habitual en los niños que viven en Barcelona o las poblaciones cercanas, y de ese modo evitar riesgos. López no cree que, hoy, existan: «Es muy maduro para su edad, sabe lo que cuestan las cosas y tiene claro lo que quiere. Es introvertido, pero siempre toma las decisiones adecuadas, como hace en el campo».
«Claro que tiene margen de mejora, pero lo que no veo es que eso afecte a su posición. Conmigo jugó de extremo, como ahora, y de interior, pero es en la primera posición donde es decisivo, dadas sus condiciones. No lo veo pasando al centro, como ocurrió con Messi». La izquierda es la pierna dominante de un jugador prácticamente ambidiestro, que juega en la derecha a pierna cambiada, desde donde cada diagonal hacia el centro, como en la que selló la Liga o marcó ante el Villarreal, es una muestra de superpoderes, mitad Spiderman, mitad Thor.
Rodrygo es un futbolista 'top' fuera del 'Top 8' de la Champions. Como el Madrid. Una situación anormal que penaliza las dudas y los errores en un arranque del torneo deficiente, aunque no catastrófico. Ancelotti está donde siempre, pero con la ceja más levantada. Es su forma de drenar la «mala leche», según dice su hija. Tendrá el Madrid una eliminatoria más que la aristocracia a la que pertenece, incluidos Atlético y Barça, y habrá que ver cuánta incidencia tiene en el desgaste de un curso interminable, con el Mundial de clubes en el horizonte. Puede no ser una eliminatoria cualquiera, porque la mala cabeza de Guardiola ha sido peor que los desvelos del Madrid y puede abocar a los blancos contra el City. Como una final en dieciseisavos. Empieza la cuenta atrás del sorteo.
Los dos goles de Rodrygo frente al Brest, más uno de Bellingham (0-3), no sirvieron al Madrid para un objetivo que parecía virtualmente descartado, pero al menos le permiten jugar los dieciseisavos con la vuelta en el Bernabéu y mejores sensaciones de las que tuvo en Lille, cuya victoria no fue una primavera, ya que está en el 'Top 8'.
Modric, titular
Ancelotti movió un centro del campo donde es difícil sentirse titular. Ceballos se quedó en el banco, pese a los buenos minutos acumulados, Tchouaméni volvió a aparecer en la defensa sin mucho tino, como siempre, y Modric regresó al once. La sensación es que el italiano encaraba el choque con el propósito de ganar, claro, pero no de una forma extremada. Las cábalas que hacían casi imposible llegar a estar entre los ocho primeros no dejaban claro que era más conveniente, dados los cruces. Imposible hacer cálculos.
El sorprendente Brest partía en una situación similar, pero con un punto más. En el caso de los franceses, sucede lo inverso al Madrid, al tratarse de un modesto cuyo objetivo en la Ligue 1 es mantener la categoría. Lo mismo le ocurría el año pasado y acabó tercero. Entrenado por Eric Roy, que llevaba más de una década alejado de los banquillos, y sin poder jugar en su estadio habitual por las condiciones exigidas por la UEFA, su cuento de la Cenicienta continuará, al menos, en dieciseisavos.
Intenciones grandes del Brest
Partió, pues, el Brest con sus intenciones de equipo grande: la defensa adelantada y la presión alta. Al Madrid le incomodó, pero sin llegar a comprometer de verdad a Courtois. Apenas una mano tuvo que mostrar el belga frente a un ataque fogoso pero no preciso durante el primer tiempo. Cuando Ajorque la encontró, en la segunda mitad, le sobró el hombro y su gol no pasó el corte del Brest.
La precisión la tienen los delanteros del Madrid, todos. Rodrygo la puso en práctica en dos remates de forma consecutiva. La primera la rechazó el portero Brizot, al cabecear un centro de Lucas Vázquez. En la segunda, progresó por la izquierda y cruzó para tocar el palo opuesto, que orientó el balón hacia la red. Como si fuera sobre un tapete de billar. Cerró el duelo con su segundo tanto, tercero del Madrid, tras un rechace del portero a tiro de Mbappé.
Rodrygo partía en la izquierda por la ausencia de Vinicius, e hizo realmente de Vini, tanto en su primer gol como en una conducción en la segunda mitad hasta la salita de estar del portero. Con Mbappé por el centro, pitado, Brahim se posicionó en ataque por la derecha, aunque quien exploró la banda de verdad fue Lucas Vázquez, de vuelta tras su lesión. Discutido en lo defensivo, el gallego volvió a demostrar valor en lo ofensivo. De su centro final se benefició Bellingham para marcar el segundo tanto, cerrar el partido y esperar las cábalas: Manchester City o Celtic.