De un tiempo a esta parte, un sector de los consumidores de prensa deportiva, poco dado a distinguir entre las diferentes opciones, ha decretado que todos son (somos) lo mismo, dejando detrás de ese decreto una clara desconfianza hacia todo lo que lee, escucha o ve. Una sensación de que todo lo que se escribe o se dice está mal, o es falso o, simplemente, viene predeterminado por algún extraño interés. Ese magma, generado por un sector, no pequeñ
Hazte Premium desde 1€ el primer mes
Aprovecha esta oferta por tiempo limitado y accede a todo el contenido web
El 22 de marzo de este año, minutos después de que España, en su primer partido del año, perdiera por 0-1 contra Colombia, en el chat de Whatsapp de uno de los periódicos más leídos de España había bromas. "Una selección de frikis". "Vaya broma de selección". "Así no vamos a ningún sitio". Sacado de un chat interno, que no tiene más importancia, ese 22 de marzo el sentimiento general de la hinchada podría resumirse con algunas de esas frases. Sin embargo, cuatro días después, en el Bernabéu contra Brasil, y pese a no ganar (3-3), España ofreció los primeros síntomas de lo que sería este 2024 que el lunes cerró con una victoria en Tenerife contra Suiza. Ese día, el 26 de marzo, ante Vinicius, Rodrygo y compañía, ya dejó dudas en los agoreros. Pero mejor ir por partes, que será más claro.
Frente a Colombia, Luis de la Fuente dispuso el siguiente once: David Raya, Pedro Porro, Vivian, Laporte, Grimaldo, Zubimendi, Merino, Pablo Sarabia, Gerard Moreno, Oyarzabal y Joselu. Eran los suplentes y jugaron contra uno de los equipos más en forma en el mundo en ese momento. Contra Brasil, se vio a este equipo: Unai Simón, Carvajal, Le Normand, Laporte, Cucurella, Rodri, Fabián Ruiz, Dani Olmo, Lamine Yamal, Nico Williams y Morata. Es decir, exactamente el mismo equipo que jugó la final de la Eurocopa el 14 de julio, y que levantó el trofeo después de un campeonato inmaculado, llevándose por delante a Croacia, Italia, Albania, Georgia, Alemania, Francia e Inglaterra. Ese 14 de julio, el chat de ese periódico, y en todos los chats de todos los periódicos, decían cosas muy diferentes.
Ha sido un 2024 para el recuerdo. Han sido 17 partidos en total, y sólo esa derrota, en el primero, contra Colombia. El resto, dos empates (el mencionado de Brasil y contra Serbia en septiembre, en la jornada inaugural de la Liga de Naciones) y los otros 14 ganados. Han sido 41 goles a favor (2,4 por partido) y 13 en contra. Pero ha sido, sobre todo, la explosión de un proyecto que se inició en ese amistoso del Bernabéu.
Mejor redistribución
Ahí fue donde emergió el doble pivote, Rodri y Fabián, la posición de mediapunta para Dani Olmo, que la ha compartido con Pedri en función de las lesiones y, sobre todo, con los dos extremos. La irrupción, a finales de 2023, de Lamine, y la confirmación de Nico hicieron que el seleccionador tomase la decisión de que el equipo iba a jugar con ellos, y la mejor redistribución del resto del grupo era la que puso contra las cuerdas a Brasil, jugando, a ratos, realmente bien. La Eurocopa, y en este otoño la casi inmaculada fase de clasificación para los cuartos de final de la Europa League han confirmado las bases de un proyecto al que se le adivina un gran objetivo a medio plazo: el Mundial.
Porque, además de esa base, estos seis últimos partido han servido para despejar demonios. David Raya ha cumplido más que bien ante la ausencia de Unai Simón. Pedro Porro parece, ya por fin, preparado para suplir a Carvajal, que no volverá a jugar hasta septiembre. Vivian es un recambio bueno para Le Normand. Zubimendi iguala a Rodrigo, pero es que además, Casadó, el último en llegar, iguala a Zubimendi con todos los matices que se quieran. Mikel Merino es parecido a Fabián, y Oyarzabal, el autor del gol de la final, es el jugador número 12. Por si fuera poco, gente que no tendrá continuidad seguramente como Ayoze o 'los Bryan' ofrecen soluciones puntuales que el entrenador saluda con entusiasmo.
Yeremi y Pedri.AFP
Y todo esto en mitad del desgobierno. Porque la selección absoluta ha permanecido ajena al vacío de poder que existe en la Federación, y que debería terminar el próximo 16 de diciembre, cuando sea proclamado el nuevo presidente. La primera labor, sea quien sea, será mejorarle el contrato a Luis de la Fuente. La segunda, dejarle trabajar sin entrometerse. Si el equipo ha rendido así alejado de los despachos, la lógica indica que así debe seguir siendo.
El seleccionador, entretanto, afronta el parón más largo. Son cuatro meses sin convocatorias, pero a De la Fuente, al que sus críticos, que los hay, afean el hecho de reclamar abiertamente su mejora de contrato, dice que no se va a permitir mucho descanso. «No hay tiempo. Hay que seguir viendo partidos, hacer el seguimiento a los jugadores para que cuando vengan, sepan que lo que les pedimos les ayuda a ser mejores», dijo el pasado lunes. Algo de tiempo encontrará para arreglar alguna pequeña avería en el quirófano.
La Sala de lo Penal del Tribunal Supremo, tras la vista celebrada en la mañana de ayer, ha anulado este jueves la condena a siete años de inhabilitación para cargo público contra el presidente de la Federación Española de Fútbol, Rafael Louzán, por un delito de prevaricación cometido cuando estaba el frente de la Diputación de Pontevedra.
Esta decisión, tomada por unanimidad por los cinco magistrados de la Sala, corrige la sentencia por la que Louzán fue condenado en 2022 por la Audiencia Provincial de Pontevedra a esos siete años de inhabilitación por unos hechos acaecidos en 2013. Louzán, presidente entonces de la Diputación de Pontevedra y del Partido Popular de esa provincia, votó a favor de conceder a una constructora una subvención de 86.311 euros para unas obras de mejora en el campo de fútbol de Moraña que, en su mayor parte, ya estaban ejecutadas.
El tribunal considera que los hechos probados "no constituyen delito de prevaricación". Dice la sentencia que las obras fueron lícitas y no producto de "la connivencia entre los involucrados". Señala también que este delito requiere "no sólo la existencia de una resolución arbitraria, sino emitida para producir un resultado materialmente injusto". Y este último requisito no se cumple porque en este caso "la Administración contratante estaba obligada a abonar las obras ya realizadas".
Añaden los magistrados que las obras se habían facturado "conforme a los precios de mercado" y que Louzán "supo de su existencia cuando ya estaban terminadas". "En tal coyuntura", prosiguen, "el presidente no podía ordenar la demolición de unas modificaciones al proyecto que estaban ya ejecutadas, pues hubiera supuesto, además de la pérdida del servicio que iban a prestar las obras no previstas, la obligación de pagar al contratista una indemnización por los trabajos desmantelados y por los gastos de derrumbe".
Por el contrario, sostienen que "la obligación impuesta por el ordenamiento jurídico" no era demoler nada, sino "el pago de las modificaciones desarrolladas".
El tribunal precisa que el hecho de descartar la relevancia penal de los hechos no impide que, debido al procedimiento empleado para el pago, se pueda indagar si hubo "responsabilidades administrativas o contables" si así se estima conveniente.
La decisión del Alto Tribunal supone un respiro para el gallego que, en el caso de haber visto ratificada la sentencia, estaba obligado a dimitir como presidente en virtud del artículo 60.6 de la Ley del Deporte, que dice así: "Cuando la persona titular de la presidencia o cualquier miembro de la junta directiva de una federación o liga profesional sean condenados por sentencia firme, deberán abandonar el cargo de forma inmediata, notificando tal circunstancia al Consejo Superior de Deportes".
También en virtud de los propios Estatutos de la Federación, que en su artículo 19, referido a los requisitos para ostentar la condición de miembro de los órganos de la RFEF, establece, en su punto cuarto, lo siguiente: «No estar inhabilitado para desempeñar cargos públicos».
Luis de la Fuente llegó a la sala de prensa de De Kuip sonriente. "No me situaba al principio, pero ya sí, ya sí", musitaba a un periodista, que le había recordado, antes de empezar a hablar, que aquí, en este estadio, en esta sala de prensa, levantó su primer título (junio de 2023) y empezó un camino que le ha llevado de ser cuestionado a ser un entrenador de primerísimo nivel que levanta más admiración que cualquier otra cosa. Aquella final de la Nations League contra Croacia, resuelta con un penalti a lo Panenka de Carvajal en la tanda, ¿ha cambiado al seleccionador?
"De aquel Luis De la Fuente queda todo. Voy de serie con unos principios y unos valores, pero sí, aquel es el momento en el que empezamos a construir una imagen, una idea, una personalidad. Pero Luis de la Fuente sigue siendo el mismo. He tratado de vestirme por los pies siempre, y lo sigo haciendo gracias a Dios", respondía ayer en el lugar, dicho queda, donde todo empezó.
Es tal el nivel de aceptación del técnico que ni siquiera una mala gestión como la del 'caso Iñigo Martínez' le va a penalizar. El futbolista ya había dado por cerrada su etapa en la selección, y en la Federación lo sabían, pero De la Fuente decidió llamarle. El lunes, una lesión le impedía incorporarse. "Hay un parte médico y el jugador no viene. No ha habido ningún tema más. Hablé con Iñigo cuando tuve que hablar, pero insisto: el parte médico es claro", zanjó ayer, dejando claro que ya sabe la pareja de centrales que jugará, y que todo apunta a que serán Cubarsí y Le Normand.
También parece claro que Unai Simón recuperará su lugar en la portería en la primera citación a la que puede venir tras la Eurocopa, y que ni siquiera las buenas actuaciones de David Raya en septiembre, octubre y noviembre le van a hacer cambiar de opinión. Se deshizo en elogios hacia Lamine Yamal, cómo no. "Si Dios quiere, veremos en él un futbolista de leyenda, alguien destinado a marcar una época, pero que quede claro que todavía le queda mucho por aprender", explicó antes del duelo con los Países Bajos, un equipo muy en forma que, de la mano de Koeman, representa una seria amenaza en la primera eliminatoria a dos partidos que debe afrontar De la Fuente.