En su vida, a Cesc Fàbregas solo le falta levantar la Champions, que ha acariciado en varias ocasiones. Surge la duda, aunque sea en broma, de que la oportunidad se presente la próxima temporada, cuando su Como juegue la máxima competición de clubes.
Ha llegado allí con un juego vibrante, alegre y desenfadado, y lo ha hecho acompañado del asombro de todos los expertos, quienes a principios de año no habían concedido a su equipo ningún pronóstico favorable para alcanzar ese hito.
- ¿Cómo era tu habitación de niño? ¿Ya estabas enamorado del fútbol?
- Sí, mi manta era del Barcelona y en la pared destacaban los pósteres de mis ídolos: Figo, Guardiola, Laudrup. El primer balón que tuve fue un Mikasa, todavía lo recuerdo.
- ¿Cómo eran tus padres cuando te tuvieron?
- Mis padres me trajeron al mundo cuando eran muy jóvenes, no tenían ni 20 años. Vivíamos en un pueblo de catorce mil habitantes, en un piso de dos habitaciones. Eso era todo.
- ¿Dónde aprendiste a jugar al fútbol?
- En la calle, delante de casa; me divertía jugando a chutar el balón contra la pared o contra el cierre metálico de las tiendas.
- ¿Recuerda cuándo te diste cuenta de que tenías el talento necesario?
- Si viajo muy atrás en mi memoria, me veo jugando en aquellos partidos monumentales, de 20 contra 20, en los campos del pueblo. Sí, regateaba, marcaba muchos goles. No habría parado nunca. Iba a por el portero, le pedía el balón y salía disparado al ataque. Mi padre, que había empezado a trabajar, me llevaba por las tardes después de la oficina a jugar al fútbol sala con los compañeros del colegio, y quizás ahí se vio que no se me daba nada mal.
- ¿El fútbol ocupó toda tu infancia?
- Entera. En verano, mis padres me dejaban con mis abuelos. Delante de su casa había una pista de fútbol cinco y yo me pasaba allí desde la mañana hasta la noche. Me bastaba con oír el ruido del balón desde la ventana para bajar corriendo. Era una obsesión magnífica. Me gustaría que mis hijos sintieran esa alegría, esa sensación de libertad creativa. Pero ahora el tiempo está ocupado por el iPad, las redes sociales y toda esa mierda que devora el tiempo de los niños.
- Eres padre, ¿Cuál crees que es el peligro de la sociedad digital?
- La ilusión de vivir en un mundo que no es real, que no existe. Toda la gente que te idolatra o que te insulta en las redes sociales no existe. A menudo son bots, personas frustradas, rencorosas, gente que vive al otro lado del mundo y que a los cinco minutos ni se acuerda de haberte prestado atención. Es difícil. Mi hija de 13 años es la única de su clase que no tiene teléfono. Aunque ella se enfade, yo me mantengo firme. No lo tendrá hasta los 16 o 17 años, que es la edad mínima que debería estar estipulada. Nada de Instagram, nada de Twitter; intento proteger su adolescencia. Quiero que haga un uso consciente de ello, no que un teléfono le consuma su vida.
- ¿Cómo ves a los chicos con los que tratas, también en el campo?
- No tienen paciencia, ya no son capaces de concentrarse ni dos minutos, necesitan cambiar constantemente de tema, no pueden hacer una sola cosa a la vez. Si un jugador falla un pase, parece el fin del mundo, pero equivocarse es natural, diría que incluso necesario. Quien debuta en el primer equipo debería estar emocionado, conectado con el grupo. En cambio, no; algunos de ellos se quedan sentados con el móvil en la mano. ¿Dónde está la alegría?.
- ¿Qué haces en esos casos?
- Les hago celebrar todo. Un debut, un cumpleaños, el primer gol… Tienen que percibir la importancia de lo que hacen, de lo que son. Hay que vivir la alegría, celebrar cada pequeño paso de la vida. No todo es normal ni todo se debe dar por sentado.
- Te fuiste de casa a los 15 años y a los 16 ya estabas en Inglaterra. ¿Te sentiste solo alguna vez?
- Nunca. Yo era muy independiente y muy decidido. Mi sueño era convertirme en un futbolista de calidad. Cuando tenía ocho años, jugaba con los de diez. Los sábados iba a comer a casa de mi abuela, pero quería que me preparase únicamente el menú de un atleta, ensalada y pollo, nada de sus platos especiales. Ya era un profesional a los ocho años.
- ¿Cómo le explicarías a tu hijo qué es el fútbol?
- Que es un estilo de vida. Una forma de ser. El fútbol es especial, se puede jugar siempre y en cualquier lugar. A menudo ni siquiera hace falta un balón, basta con imaginarlo.
- ¿Una poesía, por tanto, que se está perdiendo un poco?
- Sí, por la presión de la gente que rodea al fútbol, porque no se permite fallar, no hay paciencia para formar ni para hacer mejorar a los jugadores; hay pocos educadores en el fútbol. Y luego están las redes sociales, que siempre buscan echar fango sobre cada cosa, sobre cada persona. Ya no se habla de fútbol, se insulta. Basta con fallar un partido para ser malo. Todo es rápido y violento.
- ¿No se ha vuelto lento el fútbol? 90 minutos para ver, con suerte, seis tiros a puerta.
- Hoy el fútbol es más rápido, todo el mundo tiene que controlarlo todo, programarlo todo. Y esto termina por darle un carácter robótico al juego. No hay espacio para el talento ni para la creatividad. Si uno intenta una jugada complicada y falla, lo masacran. Todos defienden bien, pero pocos atacan. Como en la final de la Champions, en la que un equipo defendía y el otro intentaba proponer juego. Ahora todo es más defensivo que ofensivo.
- Daba gusto ver jugar al Como, pero, en general, ¿no cree que la formación de los jugadores, desde pequeños, está ahora más orientada a los esquemas tácticos que a la preparación técnica?
- En las categorías inferiores del Como se enseña sobre todo técnica, y eso me gusta mucho. Construir, regatear, atacar los espacios… eso hace que los chicos se diviertan. Pero luego, cuando voy a ver los partidos, incluso de niños pequeños, me decepciono porque los otros equipos solo piensan en ganar, en hacer faltas, y los entrenadores les gritan a los niños: “¡Corre, ataca, poneros en una 4-4-2!”. El fútbol, para los niños, debe ser alegría. Y comunicación. No hay mejor táctica que hablarse en el campo, se ve mejor con los ojos de tus propios compañeros
- Hablando de comunicación… ¿es verdad que ahora los jugadores están siempre con los cascos y el móvil en el vestuario? ¿Cómo van a hacer piña así?
- Cuando estamos concentrados, a la hora de comer, yo pongo mi mesa frente a los jugadores para observar las dinámicas entre los chicos y me gusta que hablen, que bromeen, que se entiendan. Nuestra regla es que, al menos durante la comida, no se use el móvil. Yo no entiendo cuando los jugadores, incluidos excompañeros míos, usan el teléfono durante el calentamiento, a dos minutos de empezar el partido. ¿Con quién tienes que hablar? El árbitro está a punto de pitar…
- ¿Le pesa no tener jugadores italianos en su Como? ¿Por qué no los hay?
- Sí, me pesa. Cuando estábamos en la Serie B, el 95% del equipo estaba compuesto por italianos y ganamos. El año pasado también teníamos muchos. Este año no hemos tenido la suerte de encontrar jugadores italianos que se adaptaran a nuestra forma de jugar en el campo. Pero soy consciente del problema. Me siento parte del fútbol italiano y quiero echar una mano a la recuperación del fútbol de este país, empezando por potenciar las categorías inferiores.
- ¿De dónde nace el éxito del Como?
- De una entidad bien organizada, de nuestro modelo de juego y del hecho de que le hemos dado continuidad. Este año, en enero, no compramos a nadie. A mí no me gustan las plantillas que se remodelan de arriba abajo con el mercado de invierno; alimentan la inestabilidad en el grupo. Si cambias a diez jugadores cada seis meses, se vuelve imposible construir un equipo. Este año nos mantuvimos como estábamos y nos metimos en la Champions. Será una casualidad…
- ¿Es difícil el mercado interno, fichar a un italiano?
- Sí, en Italia o en Inglaterra es lo mismo. Algunos jugadores buenos, pero que no son estrellas, ya están tasados en 40 millones de libras; el mercado está así. Yo busco jugadores que se adapten a nuestra forma de jugar. Me llega una lista y elijo a los que encajan mejor con nuestra visión. Este año espero encontrar también jugadores italianos.
- ¿Qué necesitará el Como en la Champions?
- Mejorar mucho el equipo. La Champions no es ninguna broma, si no estás al nivel te pasan por encima incluso con marcadores de tenis. Un mal día o diez minutos de despiste pueden echarlo todo a perder. No basta con decir que el año anterior fue bien, hay que dar un salto de calidad.
- La Champions también entraña riesgos, hay muchos ejemplos de ello.
- Aquí en Como tenemos que disfrutar de la Champions, pero sabiendo que a menudo equipos que lo han hecho bien un año, como el Girona, el Leicester o el Nottingham Forest, luego han sufrido una involución. Hay que estar preparados para el torneo de clubes más importante del planeta. No se puede fallar. Y sin perder de vista la liga. En Italia es difícil. Nosotros sumamos 71 puntos y quedamos cuartos; en otras ligas habríamos estado más arriba. Es necesaria una plantilla adecuada para afrontar una temporada con tantos partidos de nivel.
- ¿Se quedará Nico Paz?
- No se sabe, él está muy contento de estar con nosotros. Veremos qué pasa.
- ¿Te entristece que Italia se quede fuera de un Mundial por tercera vez consecutiva?
- Los partidos contra Del Piero, Pirlo o Buffon eran históricos para nosotros los españoles. Italia es una gran nación futbolística y su ausencia del Mundial es una pena. Todos debemos ayudar a la recuperación formando a los italianos. Estamos trabajando en las categorías inferiores, esa es mi contribución. Si luego surgen oportunidades de mercado para futbolistas italianos, los ficharemos.
- ¿No te parece que en el fútbol italiano hay demasiada prisa, demasiada ansiedad por el resultado? ¿Muchos despidos y pocos proyectos?
- Cuando se destituye a tantos entrenadores después de tres partidos, significa que se ha fallado desde la base. Un entrenador debe tener autoridad sobre los jugadores y el club debe respaldarlo. Si eliges a un entrenador, tienes que evaluarlo después de una o dos temporadas, no puedes echarlo porque el público pite. Tienes que tener un proyecto y mantenerte firme. ¿Qué hizo el Arsenal con Arteta? En las tres primeras temporadas quedaron dos veces octavos. No por ello cambiaron de dirección técnica. Después, tras siete años, esta temporada han ganado la Premier y han llegado a la final de la Champions.
- ¿Es justo que los jugadores que pierden un partido tengan que ir con la cabeza baja a ponerse delante de los aficionados?
- Todos queremos ganar, empezando por los jugadores. Nosotros somos el tercer equipo de Europa que ha jugado con más futbolistas sub-23. Le dije al club que era una inversión de futuro, pero que no se podía esperar todo de inmediato. ¿Queremos formar un equipo joven pero no les damos tiempo para crecer? Hay que dejar de pensar que si quedas segundo en la liga has fracasado. Gana uno solo, ¿y todos los demás han fracasado? Yo no lo veo así, mi mundo es diferente.