"¿Te puedo dar un besito?". Esas fueron las palabras que, según David Morillo Buendía, un especialista en la lectura de labios propuesto como testigo por la defensa de Luis Rubiales, le dijo el ex presidente a Jenni Hermoso antes de besarla en la ceremonia de entrega de medallas tras la consecución del Mundial.
Aseguró esta persona que "no tenía dudas" de lo que le dijo el ex dirigente, ya que había visionado ese fragmento de un vídeo de Tiktok, que apenas tiene dos segundos de duración, "varias veces", y que lo tenía "claro". El experto explicó que el vídeo de RTVE, otra de las pruebas que se exhibieron en el juicio, no tenía calidad suficiente para realizar su valoración frente al de la red social.
A preguntas de la acusación particular de la propia futbolista, el hombre mantuvo que el ex presidente dijo "besito", no "piquito", como el propio Rubiales había mantenido en instrucción. Y que se distinguía perfectamente esa palabra de otras como "poquito" o la citada, "piquito". La acusación se cuestionó de dónde procedió la petición de ese informe de lectura de labios. Morillo reveló que lo encargó Enric Ripoll, el abogado de Rubiales en el caso de la inhabilitación de la FIFA, y también reiteró que él no conoce personalmente al ex mandatario pese a que ambos son de Granada.
David Morillo, una persona sordomuda de nacimiento, es miembro de la Agrupación de Personas Sordas de Granada y provincia (Asogra) y, según aseveró en el juicio, había realizado previamente este tipo de informes. El experto, que admitió que no existe una titulación específica como perito en lectura de labios, se presentó por videoconferencia acompañado por una intérprete de lengua de signos, que fue la persona encargada de comunicar a la sala sus afirmaciones.
Para saber más
El otro especialista que prestó declaración, también a propuesta de Rubiales, fue el informático forense Abel Baños. La misión de este especialista fue asegurar que los vídeos analizados no habían sido manipulados, cosa que hizo con unas explicaciones "muy didácticas", según expresó con ironía la fiscal del caso, Marta Durántez.
Esos vídeos y algunos audios se exhibieron en la parte documental de la vista antes de que Rubiales se sentara a declarar. La sala pudo ver el momento del beso captado por las cámaras de RTVE, la celebración posterior en el vestuario en un directo de redes sociales de Jenni Hermoso, el testimonio del hermano de la futbolista en una televisión y varios fragmentos de audio de la entrevista en la Cope así como mensajes de Whatsapp mandados por ella a su entorno.
Pese a que en la charla que mantuvo con la cadena radiofónica Hermoso hablaba del beso como "una anécdota" y Rubiales lo calificaba de "tontería" en otra posterior, en un audio en el viaje de celebración, se queja de las presiones a las que estaba siendo sometida en la isla balear y finalizaba: "Que paren de tocar a mi gente o verán".
Seis sesiones después, era el turno de Luis Rubiales para explicar en el juicio lo que ocurrió tras la victoria de España en el Mundial de Sidney el pasado 20 de agosto de 2023. Aquel beso que ensombreció la celebración del título y que hoy tiene al ex mandatario sentado en el banquillo de los acusados investigado por un delito de agresión sexual y otro de coacciones a Jenni Hermoso.
El ex presidente de la Federación se ha ratificado en la versión que ha venido manteniendo desde el 25 de agosto. "Estoy totalmente seguro de que me dio su aprobación. Fue todo espontáneo", ha dicho al inicio de una declaración que se ha extendido en torno a una hora.
"Mi versión sobre lo que ocurrió: 'Pasaron las jugadoras. En ese momento, Jenni me puso un gesto, una cara..., porque nos conocemos desde hace tiempo. Le dije que olvidara el penalti. Me apretó muy fuerte, me levantó, y le pregunté: '¿Puedo darte un besito?' y me dijo 'vale', ha respondido, al tiempo que, en un enganchón con la Fiscal, ha dicho: "Piquito y besito son sinónimos".
Un experto en lectura de labios asegura que Rubiales dijo a Hermoso: "¿Te puedo dar un besito?"
Posteriormente, el ex presidente de la RFEF fue cuestionado sobre si un beso en los labios era una manera habitual de saludar en su vida cotidiana. "No se gana un Mundial todos los días", ha respondido, así que "la normalidad no puede aplicarse a este caso" y ha esgrimido que depende del grado de confianza que se tiene con la persona. "Yo a mis hijas se lo doy en fin de año", ha apuntado, y luego ha precisado que no es una cuestión de género: "Yo me comía a besos a un montón de futbolistas".
Ha sido el momento de la entrega de medallas el que más tiempo ha ocupado en el interrogatorio, ya que se analizaron desde el abrazo que se dieron hasta el gesto de Rubiales de coger de las orejas a la propia Jenni en el momento del beso. "Le agarré de la cabeza, que es como darle un abrazo", respondió a la fiscal, y precisó a su defensa: "Es una cuestión afectiva y de cariño", no para que la jugadora no se pudiera zafar ni porque tuviera ningún ánimo libidinoso.
También ha asegurado que siempre vio a Jenni "feliz y contenta" como el resto de sus compañeras y que la futbolista "nunca cambió de versión, hasta unos días después". Pasado el tiempo, el presidente admitió que es consciente de que metió la pata y que debía haberse comportado "de manera más institucional" en la entrega de medallas.
Presiones
Resuelto ese momento, las preguntas de la acusación viraron hacia la influencia de Rubiales sobre las presiones que supuestamente sufrió Jenni para aparecer en un vídeo con él y restar importancia a lo ocurrido en el césped. El ex presidente aseguró que sólo habló dos veces más con Hermoso tras el beso: una en el terreno de juego, cuando la jugadora sirvió de señuelo para que las futbolistas le mantearan, y luego en el vuelo camino de Doha.
"Antes de llegar a Doha, cuando sale del baño, le digo a Jenni que sería buena idea que volviéramos a decir lo mismo los dos juntos. Me dijo que no, que quería celebrar el Mundial, que ya había sido muy clara y viendo que no quería lo hice yo solo", comentó Rubiales en referencia a las palabras de Hermoso en una entrevista de la Cope en la que restaba importancia a lo ocurrido.
En el interrogatorio también se cuestionó sobre el comunicado de la Federación acerca de lo ocurrido que supuestamente autorizó Jenni utilizando sus declaraciones en la citada entrevista radiofónica. El ex mandatario dice que sólo autorizó su difusión cuando le confirmaron que la jugadora había dado su permiso.
No obstante, en los momentos posteriores al beso, asegura el ex dirigente que estaba muy estresado ya que le acababan de comunicar que había fallecido el padre de la futbolista Olga Carmona, y que estaba más centrado en que la jugadora no se enterara por la prensa antes de que ellos le pudieran comunicar lo ocurrido.
Luis Rubiales comenzó su interrogatorio algo titubeante, raro en una persona que siempre se ha mostrado confiado en todas sus comparecencias públicas. Pero, a medida que iba avanzando su testimonio, el ex presidente ha ido ganando aplomo y ha incrementado la precisión en sus respuestas como le había solicitado el juez José Manuel Clemente Fernández-Prieto.
Peritos
El momento extraño de la sesión se produjo en la apertura de la vista, en la que el primero de los testigos llamados por Rubiales era el perito sordomudo David Morillo, especialista en lectura de labios. El juez tardó casi tres minutos en conseguir organizar el testimonio de Morillo junto a su intérprete. Él fue el experto en interpretar lo que le dijo Rubiales a Hermoso antes del beso, apenas dos segundos de metraje. Según Morillo, el expresidente dijo: "¿Te puedo dar un besito?" y aseguró que la palabra era esa y no piquito o poquito.
Justo después se han pedido las pruebas documentales para la causa. Se han exhibido varias piezas audiovisuales del momento de celebración en el vestuario en el que Jenni asegura que no le había gustado el beso y hay ciertas bromas al respecto y, por supuesto, el de la recogida de medallas tras la victoria en el Mundial, en el que se produce el momento del beso.
Se recordó la entrevista en La Cope cuando ella calificaba de "anécdota" la acción de Rubiales y unas palabras del propio ex presidente en las que califica de "tontería" lo ocurrido. También se exhibió un audio de la propia futbolista, que mandaba a su entorno, en el que se quejaba de las presiones a las que estaba siendo sometida en Ibiza tanto ella como su amiga, Ana Ecube. "Que paren de tocar a mi gente o verán", finaliza el mensaje la propia Hermoso.
Con la mirada baja respondía Montse Tomé a las preguntas que le formulaban en la causa del beso de Rubiales a Jenni Hermoso. Estaba incómoda la seleccionadora nacional en la sala principal de la Audiencia Nacional de San Fernando de Henares. Sólo mostró rebeldía cuando se le cuestionó los motivos de no convocar a la futbolista madrileña en la primera cita tras el Mundial: "No fue un castigo", coló en medio de la discusión entre el juez y la fiscalía.
Porque el interrogatorio de la acusación intentó demostrar que la ausencia de Hermoso en los partidos de la Liga de Naciones contra Suecia y Suiza, tres semanas después de ganar el Mundial y del beso de Rubiales, era una represalia federativa, pero la entrenadora del combinado nacional insistió en que fue "por motivos deportivos".
Tomé explicó que Jenni había jugado poco con su equipo, tres y siete minutos en dos partidos, y que por eso no la había convocado. No obstante, la fiscal, Marta Durántez, insistió en su razonamiento en la rueda de prensa en la que dio la lista en la que mencionó que era "para protegerla". "Además de lo que he dicho, que es deportivo, ella estaba viviendo una situación muy desagradable y la presión mediática me hizo tomar esta decisión", apuntó la seleccionadora que aseguró que el rendimiento deportivo depende de factores físicos y anímicos.
La abogada de la Asociación de Futbolistas insistió sobre ese punto y también le preguntó respecto a si conocía el protocolo antiacoso de la Federación, algo que la seleccionadora dijo desconocer. "Lo que dije en instrucción es lo que pienso, las razones eran deportivas y lo de proteger entra dentro de lo que estábamos viviendo y lo hacíamos para protegerla de los medios", insistió la seleccionadora.
El juez tuvo que cortar los interrogatorios de la acusación en varias ocasiones, algo que le valió reiteradas protestas de la fiscalía, hasta que estalló. "¿Le pegamos para que diga lo que usted quiere?", le inquirió a la abogada de la AFE y luego añadió: "¿Estamos intentando acusar a la testigo de algo?".
Lo cierto es que el magistrado consideró "insulsos" los testimonios de una seleccionadora que aseguró que no vio el beso de Rubiales a Jenni y que se sintió "incómoda" cuando su predecesor y el que le llevó a la federación, Jorge Vilda, le pidió en medio de sus vacaciones que fuera a la famosa Asamblea en la que Rubiales repitió aquello de: "No voy a dimitir".
Sesión corta
La declaración de la seleccionadora fue, con diferencia, la más larga de la breve sesión de hoy, apenas una hora, en la sala de lo Penal de la Audiencia Nacional. Los 30 minutos en los que estuvo Tomé en el estrado ocuparon la mitad del tiempo de la vista de este lunes del que se cayeron, por petición de la propia defensa de Rubiales, los testimonios de las hija del ex presidente de la Federación.
Además de Tomé, también declararon varios testigos propuestos por la defensa de Ruben Rivera, ex director de marketing de la Federación, como Salvador Losa Marí, consejero ejecutivo del Consell Insular de Ibiza, y Alejandra Hernández Guevara, esposa del propio Rivera.
La idea era intentar desmontar la teoría de que Rivera se pasó gran parte del viaje a Ibiza de celebración del Mundial intentando presionar a Jenni para que saliera con el presidente a quitar hierro a lo del beso.
Losa Marí, uno de los responsables de la organización del viaje, manifestó que no pudo detectar si Rivera hablaba más con alguna jugadora en particular. Mientras que Hernández sí aseguró que su marido apenas habló con Ana Ecube frente a las manifestaciones de la amiga de Jenni y la propia Hermoso en las sesiones previas que expresaron que fue muy insistente.
"Estamos perdiendo el norte", "hablo para chinos", "quiero saber las cosas con claridad, no con chulería". Estas son algunas de las frases que José Manuel Clemente Fernández-Prieto, el juez encargado de conocer el caso del beso de Rubiales ha dejado tras dos sesiones de vista oral. El magistrado titular del Juzgado Central de lo Penal desde hace cinco años ha sido uno de los involuntarios protagonistas en esta causa que enjuicia unos hechos de hace más de 534 días.
Clemente no ha tenido reparos en corregir tanto a defensa como a acusación así como a algunos testigos que no respondían no sólo lo que les preguntaba sino que cuestionaban las preguntas de la parte acusatoria. Así, el juez tuvo duros encontronazos este martes con el ex director de Comunicación de la Real Federación Española Pablo García Cuervo, y el actual seleccionador Nacional, Luis de La Fuente.
Al primero, le recordó que el juicio lo dirigía él cuando cuestionó una pregunta de la Fiscalía y, posteriormente, cuando puso en tela de juicio la profesionalidad de la abogada de la AFE que ejerce como acusación particular, le ha dicho, elevando bastante el tono: "Perdone, mi paciencia está llegando a un límite, viene aquí a declarar. ¡Basta ya de esas contestaciones!, quiero saber las cosas con claridad, no con chulería".
Respecto al seleccionador, aunque le lanzó un capote inicial sobre una respuesta que no satisfizo a la Fiscalía: "No se puede poner un foco a este chico para que diga lo que usted quiere", le tuvo que recordar que venía a responder lo que se le preguntase, no lo que él quisiese. "Es un testigo que lleva 10 minutos diciendo que no sabe nada, y nos hemos empeñado en decir que es un mentiroso, que no digo que no lo sea, que no lo sé, pero queréllense si consideran que miente en juicio", disparó posteriormente.
En la sesión inicial también había tenido varios exabruptos con el abogado de Jenni Hermoso al que le llegó a decir: "Letrado, si sigue así le doy la sentencia para que la ponga ella". Y poco después volvió a interpelarle: "¿Hablo en chino?" respecto a una declaración de la misma testigo. Así como llamadas al orden tanto a la fiscalía como a la abogada de Rubiales y al propio ex presidente, al que le conminó a callarse cuando sus susurros provocaron que Jenni Hermoso tuviera que interrumpir su testimonio.
Fuentes judiciales apuntan a que se trata de una manera de manejar el juicio "muy vehemente" porque "no quiere que se le escape por otros derroteros que no son los que se están juzgando". Eso se pudo observar también en varias interrupciones de los interrogatorios tanto a los testigos como a la propia víctima cuando veía que las preguntas de las partes no se dirigían al fondo de la cuestión. "Hemos venido a hablar de hechos no de suposiciones", apuntó en varias ocasiones en estas dos sesiones.
Pese a su manera tajante de llevar este juicio, fuentes judiciales apuntan a que Clemente Fernández- Prieto es un hombre "muy correcto" y, aunque resulte sorprendente, "con un gran sentido del humor". No obstante, el poco tiempo que lleva en la Audiencia hace que aún no se sitúe su figura entre las más conocidas de la institución.
Clemente Fernández-Prieto llegó a la Audiencia Nacional como sustituto del magistrado José María Vázquez Honrubia, que se jubiló de sus funciones al frente del Juzgado Central de lo Penal, el 14 de febrero de 2019, según se recoge en el BOE a través de una declaración de la Comisión Permanente del Consejo General del Poder Judicial. Honrubia era muy conocido y popular en la institución, según apuntan fuentes judiciales a EL MUNDO.
Varias absoluciones
Desde su llegada al juzgado, Clemente ha tenido tres juicios mediáticos, en todos, curiosamente, los acusados terminaron absueltos. Trató el caso del Banco de Valencia, en el que se acusaba a la cúpula de falsear datos que provocaron el endeudamiento de la entidad en la crisis de 2008 y también el de varios directivos de Iberdrola a los que se les acusaba de delitos relativos al mercado y a los consumidores por concertar precios. En ambos casos no consideró que las pruebas acreditaran los cargos imputados por el Ministerio Fiscal.
También absolvió a un ciudadano indio que, antes de coger un vuelo destino Baleares, envió un mensaje a sus amigos diciendo que era talibán y que iba a volar el avión. Mensaje que fue captado por las autoridades y obligó al estado español a desplegar un dispositivo de seguridad para comprobar la amenaza. El juez estimó que el texto se envió como broma en un grupo privado y que no pretendió causar el desorden público del que se le acusó por las autoridades.
Desde el estamento judicial valoran la integridad de un magistrado que no tiene problemas en absolver si considera que las pruebas no corroboran fehacientemente los tipos penales que se juzgan y le consideran un magistrado "nada influenciable". Dicen que cuando tiene un caso, se centra únicamente en él y se aísla de cualquier ruido mediático o de cualquier otro que venga de fuera de la sala.
Historial
Jose Manuel Clemente aprobó las oposiciones a judicatura en 1984 y cuatro años más tarde ascendió a la categoría de magistrado. Comenzó su carrera judicial en Castuera (Extremadura) y luego ya llegó a Madrid donde comenzó como juez de distrito hasta que fue ascendiendo a magistrado de la Sección Sexta de la Audiencia Provincial de Madrid que dejó en 2019. Además, entre el año 2000 y 2007 también fue profesor asociado de los trabajos de posgrado de las Universidades de Alcalá de Henares, Francisco de Vitoria, San Pablo CEU y Autónoma de Madrid.
Esta causa del beso, en el que debe dirimir si hubo agresión sexual y coacciones contra Jenni Hermoso tras la consecución del Mundial Fútbol de Australia en agosto de 2023, será, probablemente, el último gran juicio de su carrera ya que ha anunciado en el estamento que se jubilará en un año.
533 días después de que un beso reventara la celebración de un hito histórico en el fútbol femenino de nuestro país como es la consecución del Mundial, Luis Rubiales se sentaba en el banquillo de los acusados del Juzgado Central de lo Penal de la Audiencia Nacional para ser juzgado por dos delitos de agresión sexual y coacciones por los que la Fiscalía le solicitaba 2 años y medio de prisión.
El ex presidente de la Real Federación Española llegaba el primero a la sede del juzgado situada en San Fernando de Henares. Lo hacía en taxi poco después de las 9.10 de la mañana, con gesto serio y acompañado de su abogada Olga Tubau. Poco después lo hacía la víctima, Jenni Hermoso, con la que no quiso cruzar la mirada ni cuando entró en la sala para su declaración.
Rubiales rehuyó a la futbolista española, con la que tenía una buena relación, según confesó ella en el juicio, durante las dos horas y media que duró la declaración de Hermoso. Serio y apuntando cosas constantemente en una libreta que llevaba, el ex presidente de la Federación Española intentó mantener la calma hasta que mediado el testimonio de la víctima se puso a susurrar cosas tanto a su letrada como a Jorge Vilda, ex seleccionador nacional femenino, otro de los imputados en el juicio.
El banquillo de los acusados lo completaban Albert Luque, ex director de fútbol masculino y Rubén Rivera, director de marketing al que, en un lapsus, la fiscal que lleva el caso, Marta Durántez, llamó Albert Rivera.
Ante los continuos susurros, el magistrado Jose Manuel Clemente se vio obligado a llamar la atención a Rubiales después de que Hermoso se detuviera su declaración por "estar escuchando ruido". El momento se produjo cuando la futbolista expresó que había tenido que dejar "su vida en standby" después de que todo lo que rodeó al beso no le dejara "disfrutar de haber conseguido un campeonato del mundo".
Luque, que llegó junto a su mujer, Marta Luna, 25 minutos antes del inicio, era el más estoico de los acusados mientras que Rivera fue el que más gestos realizó cuando la declaración de la víctima refirió el episodio de las supuestas presiones que la futbolista recibió en Ibiza. El ex director de marketing negaba constantemente con la cabeza y se mordía el labio mientras Hermoso respondía a las preguntas de la fiscal Durántez.
Quien estuvo especialmente estricto con el desarrollo de los interrogatorios fue el juez Clemente. El magistrado interrumpió varias preguntas tanto de la defensa como de la acusación, especialmente referentes al consentimiento del beso, apuntando que la víctima ya había referido en varias ocasiones que ella no había consentido.
Tensión por las preguntas
El momento más tenso lo vivió el abogado de Hermoso cuando preguntaba por una frase de la víctima a Patricia Pérez, ex jefa de prensa de la selección femenina, en la que decía "haced lo que queráis". El juez le tuvo que llamar a capítulo por dirigir a la testigo. "Letrado, si sigue así le doy la sentencia para que la ponga ella" y poco después volvió a interpelarle: "no sé si hablo para chinos" respecto a una declaración de la misma testigo.
En torno a las dos de la tarde, tras declarar como testigos la citada Pérez y la ex responsable de marketing, Ana Álvarez, finalizaba la primera sesión de un juicio que se extenderá durante 10 días más y en el que están acreditados más de 100 medios de comunicación. La sentencia se demorará probablemente varias semanas.
Durante casi cinco semanas en Nueva Zelanda y Australia, Luis Rubiales nunca manejó otra opción en su cabeza. España, por primera vez en la historia, iba a proclamarse campeona del mundo de fútbol en categoría femenina. Lo repetía a modo de mantra. Con una convicción casi suicida. Así que sus colaboradores, entre la prudencia y el estupor, optaron por seguirle la corriente. Las futuras campeonas, con quienes había mantenido notorias discrepancias, también empezaron a observarle con creciente simpatía. En aquel verano de 2023, el ex presidente de la Federación ejercía como único enlace entre el vestuario y su técnico, Jorge Vilda. Porque ese vínculo se había roto tiempo atrás. Y no había reconciliación posible. Sin embargo, tras cada victoria en el Mundial, el entusiasmo de Rubiales empezaba a resultar más y más contagioso. De algún modo, cautivador. Su apuesta por el fútbol femenino, esta vez sí, era firme. Así se lo había repetido mil veces a Jennifer Hermoso. Con ella mantenía una relación muy estrecha, basada en la camaradería. En un visceral modo entender el fútbol y la vida. Sin embargo, el 20 de agosto de 2023, sobre el césped del Stadium Australia de Sydney, Rubiales propinó un beso no consentido a Hermoso que puso patas arriba el fútbol español y por el que, a partir de hoy, deberá rendir cuentas en la Audiencia Nacional. Se le acusa de dos delitos: agresión sexual y coacciones. La Fiscalía pide para él una pena de dos años y medio de cárcel.
En el banquillo del Juzgado Central de lo Penal, presidido por el magistrado José Manuel Clemente, también se sentarán Jorge Vilda, ex seleccionador femenino, Albert Luque, ex director deportivo de la selección masculina y Rubén Rivera, ex responsable de marketing de la selección. A los tres se les imputa un delito de coacciones, por el que podrían ser condenados a un año y medio de cárcel.
Según la denuncia de Hermoso, Vilda, Luque y Rivera intentaron subestimar la importancia de lo sucedido, presionándola para que no tomase medidas legales. Respecto al beso de Rubiales, Jenni admitió haberse sentido «vulnerable y víctima de una agresión, un acto impulsivo, machista, fuera de lugar y sin ningún tipo de consentimiento por mi parte». Así definía, el 25 de agosto de 2023, los hechos. Sin embargo, sólo unos minutos después del beso, ni Hermoso ni su entorno más cercano, incluido el sindicato FutPro, mostraban alarma alguna. ¿Qué sucedió en esos seis días para que la capitana cambiase el discurso? Tras consultar con varios testigos, EL MUNDO ha querido reconstruir, paso a paso, aquellos hechos.
«Estoy para lo que me pidáis»
Para comprender de forma más precisa lo que pasó aquel domingo en Sydney hay que remontarse unos días atrás. En concreto, hasta el acceso de España a las semifinales, donde se mediría a Suecia. «Estoy para lo que me pidáis. Si queréis que vengan más familiares, adelante», contó Rubiales a sus jugadoras. Aquello suponía otro paso en el plan de conciliación por el que ellas tanto habían peleado. El que les igualaba en derechos a otras selecciones de la elite.
Porque desde el inicio del torneo, Irene Paredes e Ivana Andrés, dos de las líderes, pudieron convivir en el hotel de concentración con sus parejas y sus hijos: Mateo, de dos años, y Jara, de apenas unos meses. Rubiales se había involucrado personalmente para que todas dispusieran de una bolsa económica destinada al desplazamiento de sus familiares. Aunque en el inicio del torneo ese reparto resultó algo caótico, con el paso de las semanas se hizo más flexible. De igual modo, las malas caras de los primeros días dieron paso a un ambiente más cálido. Salvo un par de excepciones, el equipo apreciaba el golpe de timón de su presidente.
Sin embargo, el clima interno distaba del ideal. Baste el caso de Misa Rodríguez, relegada a la suplencia tras el 0-4 ante Japón. A partir de ese momento, la guardameta rompió cualquier relación con Vilda. Sin olvidar la clásica rivalidad de clubes trasladada a la selección. Ivana Andrés, capitana, y Misa Rodríguez, jugadoras del Real Madrid, observaban con recelo a las del Barça, con siete titulares en la final ante Inglaterra. Cuando las azulgrana pidieron permiso a Ivana para que Paredes alzase la copa, la madridista se negó en rotundo. Ella había seguido con Vilda durante el plante de Paredes y otras 14 compañeras en 2022. «Si algo nos enseñó aquel Mundial es que, a diferencia de lo que suele decirse, un equipo con un vestuario roto sí puede alcanzar el éxito», explica a este periódico un ex trabajador de la RFEF.
Vilda, durante el calentamiento previo a la final ante Inglaterra.AFP
La gravedad del asunto habría desesperado a otro presidente, pero no a Rubiales. En realidad, aquellos manejos le parecían peccata minuta. Al fin y al cabo había sido él, socialista de cuna, hijo del alcalde de Motril, quien pactó con Gerard Piqué una comisión de 24 millones de euros por el traslado de la Supercopa a Arabia Saudí. Era su peculiar modo de entender la presidencia. Después de mil escaramuzas con Javier Tebas, presidente de LaLiga; después de tantos devaneos con Pedro Sánchez para organizar el Mundial 2030; después de grabar en secreto sus conversaciones con José Guirao, ministro de Cultura y Deporte; después de la fiesta en un chalet de Salobreña con una decena de «chicas de imagen»; después del espionaje a David Aganzo, presidente del sindicato AFE, Rubiales se sentía invulnerable. Dos meses antes ya había gozado con la Nations League, un logro menor. Ahora necesitaba otro título a escala planetaria: el Mundial femenino.
Aferrado a su incombustible optimismo festejó desde el palco de autoridades el gol de Olga Carmona, maldijo el penalti errado por Jenni Hermoso y descontó, uno a uno, los 13 minutos de tiempo añadido. Tras el pitido final, la tensión se le iba a desbordar del modo más obsceno: una mano en los testículos ante la atónita mirada de la Reina Letizia y la Infanta Sofía. Pocos metros más allá, en la zona VIP donde se sentaban los representantes de clubes, federaciones territoriales y la gente de FIFA y UEFA, nadie iba a percatarse. La mayoría se enterarían al día siguiente.
«No descarto que lo llevara pensado, como muestra de lo cercano y cariñoso que era»
Entre tanta euforia, Rubiales bajó a la hierba. Las campeonas desfilaban hacia el podio, donde Gianni Infantino, presidente de la FIFA, y la Reina entregarían el trofeo. Una a una fueron pasando. Al llegar Jenni, ante casi nueve millones de españoles frente al televisor, Rubiales le lanzó un beso en la boca. «No descarto que lo llevara pensado, como muestra de lo cercano y cariñoso que era», apunta una fuente federativa.
Unos minutos más tarde ya se había formado un pasillo a modo de besamanos. «Cuando fuimos a felicitarle, el clima era de cachondeo, de cero importancia. Algunos le recordaban lo sucedido entre Iker Casillas y Sara Carbonero», rememora otra asistente, del círculo de Hermoso. Una anécdota para la mayoría de radios y televisiones que lo recogieron casi en directo. Mientras en el vestuario continúan con la broma («¡Presi, que nos casamos!») un tuit de Pablo Echenique, a eso de las 16:25 horas, hace saltar las alarmas en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas.
En el Airbus A350 de Iberia
«¿Esto de Rubiales no va a tener consecuencias penales?», se preguntaba el ex portavoz parlamentario de Podemos. La red X, a petición de la FIFA, iba a retirar su vídeo por una cuestión de derechos televisivos, aunque Echenique no cejaría en el empeño. «Aquí el fotograma del posiblemente delictivo acto de Rubiales. A ver si la FIFA me tumba esto también». Casi de inmediato, Yolanda Díaz, número dos del Gobierno en funciones, e Iñigo Errejón se sumaron a la censura.
Jenni, que había transmitido un directo por Instagram siguiendo la broma, decide atender una llamada de la Cadena COPE. Más chistes. El equipo viaja desde el hotel al aeropuerto y los responsables de prensa de la RFEF empiezan a detectar en las redes sociales un efecto de bola de nieve. Rubiales, cegado por el éxito, no da al tema trascendencia alguna. Tampoco ante los micrófonos de Juanma Castaño: «No hagamos caso de los idiotas y de los estúpidos, de verdad. Es un pico de dos amigos celebrando algo... no estamos para gilipolleces».
Según el escrito de la Fiscalía, durante ese vuelo Rubiales se dirigió a Jenni «para que accediese a hacer una manifestación pública conjunta» durante la escala en Doha. «Es verdad que hubo gente que habló con ella, pero sin ningún tipo de presiones para que grabara el vídeo», explica otro de los presentes. Mientras el escándalo alcanzaba ya cada rincón del planeta, en el interior del Airbus A350 de Iberia se sucedían escenas que rozaban lo grotesco. Con Emilio Butragueño, director de Relaciones Institucionales del Real Madrid, en pijama por los pasillos; con las campeonas rechazando cualquier petición para colaborar; con Vilda aún pendiente de su hija, que dos horas antes de despegar había sido hospitalizada por un leve problema gástrico; con los brindis de cava, las porciones de tarta y las miradas de inquina; con el secretario de Estado, Víctor Francos, tranquilizando a Rubiales: «No te preocupes, que a la ministra portavoz [Isabel Rodríguez], le vamos a decir lo que tiene que contar»...
Cuando Rubiales descubre que Jenni se niega en rotundo a comparecer junto a él, pierde los papeles. En Doha tuvo que ofrecer, solo ante la cámara, unas disculpas que sonaban a hueco. Aquel vídeo tuvo un efecto bumerán.
«En mitad de la negociación con Junts, a Pedro Sánchez le venía muy bien que se hablara de otra cosa»
Después de 22 tortuosas horas en el aire, la fiesta en la madrileña explanada del Parque del Rey tampoco despejaría los nubarro. Mientras atronaban los acordes de Juan Magán, Vicco o Camela, Francos y Rodríguez intentaban jugar, entre bambalinas, un papel de mediadores. Rubiales no quiso aparecer, convencido de que la celebración sólo correspondía a las campeonas. Un año antes, tras el éxito de la Nations League, ya había seguido desde casa los actos organizados en el WiZink Center.
Rubiales y Vilda, durante la recepción a las campeonas en La Moncloa.AFP
Él ansiaba su momento a la mañana siguiente en La Moncloa. Sin embargo, Pedro Sánchez se lo negó. Más allá de un frío apretón de manos a la llegada, el presidente del Gobierno no quiso ninguna foto con él. Durante el posado de grupo, Rubiales fue relegado a una esquina. Por aquellos días, Sánchez empezaba a negociar los votos de Junts para la investidura. «Le venía muy bien que se hablara de otra cosa, así que exprimió al máximo nuestro problema», apunta uno de sus ayudantes.
Los adeptos a la causa
Según quienes vivieron junto a Rubiales aquel final de agosto, los días siguientes en Las Rozas fueron «muy difíciles». Los gabinetes de crisis se sucedían en la tercera planta del edificio principal de la Ciudad del Fútbol. Por el despacho del presidente -más de 100 m², con terraza incluida- desfilaron los adeptos a la causa: su amigo Nene -imputado junto a él en la operación Brody-; Antonio Gómez-Reino, director de relaciones institucionales; Chema Timón, jefe de Gabinete, y su padre, Luis Rubiales López. Sin olvidar a los seleccionadores, Luis de la Fuente y Jorge Vilda o algunos presidentes de las territoriales. La inmensa mayoría, con la excepción de su padre, le animaba a resistir.
Hasta Ibiza, tratando de ablandar a Jenni, habían viajado Rivera y Luque. «Si en este momento le ayudaba seguramente le podría conseguir un puesto en la Federación», razona Marta Durántez, fiscal del caso, aportando algunos mensajes donde el ex futbolista del Deportivo acusa a Hermoso de «mala persona» y la desea «que se encuentre muy sola en la vida». A tenor de otras filtraciones, los contactos entre la jugadora y Rivera también incluían Whatsapp de diversa índole: «Rubén, puedes decir a tu mujer que no tengo bikini. Que me ha preguntado y le he dicho que sí tenía, jaja».
A última hora del martes 22, la Federación convocó una Asamblea Extraordinaria para el viernes 25. Según los más fieles a Rubiales, este fue su mayor error. Y lo atribuyen a la recomendación de Alejandro Blanco, presidente del COE, que pretendía escenificar el apoyo de todos los estamentos del fútbol. En cualquier caso, tras interminables conversaciones, el núcleo duro convence a Rubiales para que dimita en la Asamblea. El jueves 24, él mismo activa la maquinaria con la que dar por hecho su adiós. Llama al Consejo Superior de Deportes para informar de todo. La inmediata filtración de Francos no sólo le enfurece, sino que le impulsa a un último y triple salto mortal. «¡No voy a dimitir!, ¡no voy a dimitir!, ¡no voy a dimitir!».
Sólo su padre y otra persona, que no ha podido ser identificada por este diario, sabían de la pirueta. Después, tomó a sus hijas, las montó en su coche y puso rumbo a Valencia. Al mediodía del sábado 26, la FIFA, comunicó por mail a la RFEF que suspendía provisionalmente a Rubiales «mientras se tramita el expediente disciplinario». Aquello se tradujo en tres años de inhabilitación. Hasta ahí alcanzó la justicia deportiva. Hoy llega el turno de la justicia ordinaria.
El 30 de marzo de 2015, hace casi una década, entró en vigor la célebre reforma del Código Penal. Esa Ley Orgánica suprimía las faltas, aquellas infracciones castigadas con pena leve. Es decir, sin cárcel. De este modo, desaparecía la vejación injusta, con la que los tribunales solían tipificar cualquier tipo de tocamiento o beso no consentido. Como el de Luis Rubiales a Jenni Hermoso. A partir del 29 de abril de 2023, con la conocida como ley del sólo sí es sí, se endurecieron las penas para las agresiones sexuales. Desde entonces, el artículo 178 del Código Penal, en su apartado 1, reza así: «Será castigado con la pena de prisión de uno a cuatro años, como responsable de agresión sexual, el que realice cualquier acto que atente contra la libertad sexual de otra persona sin su consentimiento. Sólo se entenderá que hay consentimiento cuando se haya manifestado libremente mediante actos que, en atención a las circunstancias del caso, expresen de manera clara la voluntad de la persona». A partir de hoy, la suerte de Rubiales en la Audiencia Nacional gravitará en torno a este artículo.
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«Partamos de que cualquier beso inconsentido es agresión sexual. No lo dice el artículo 178 del Código Penal, pero sí la jurisprudencia del Tribunal Supremo, el verdadero legislador, que incluso la ha aplicado a casos de un beso no consentido en cuello o mejilla. Por tanto, objetivamente sería un delito de agresión sexual, dado que, para su comisión, no se precisa de ánimo libidinoso», explica a EL MUNDO el prestigioso penalista Raúl Pardo-Geijo. «Ahora bien, subjetivamente, no se puede soslayar el contexto. Y es que la meritada jurisprudencia del Supremo se aplica, entre otros escasos supuestos, cuando los sujetos no se conocen o se acaban de conocer», continúa el abogado.
«Como profesionales debemos ser muy escrupulosos con las víctimas de agresiones sexuales, ya que hay casos sobrecogedores. Sin olvidar que tan víctima es una mujer que sufre una agresión sexual como cualquier persona a quien se acusa de un hecho que no ha cometido», comienza Ana Alguacil, ex jueza de lo Penal. «Tras el visionado de las imágenes, tengo claro que Rubiales no pretende atentar contra la libertad sexual de Jenni. No se aprecia dolo en el agresor, ninguna intención sexual. Simplemente se trata de algo producto de la alegría del momento», aclara esta experta abogada.
«Lo grave es el abuso de poder»
Obviamente, la defensa de Rubiales intentará utilizar la euforia propia de una entrega de medallas y los lazos de amistad que unían a Rubiales y Hermoso. Sin embargo, no todos los juristas comparten este criterio. «El subidón de alegría no justifica un beso, que aun siendo menos grave no deja de afectar a la esfera sexual de Jenni», argumenta Laura Pozuelo, profesora titular de Derecho Penal en la Universidad Autónoma de Madrid. «La amistad entre ambos no otorga un significado distinto y menos grave al asunto. Si no, lanzaríamos el mensaje de que, entre amigos, novios o marido y mujer se puede hacer lo que se quiera», completa Pozuelo, acreditada a catedrática.
Otros especialistas abundan en la perspectiva de una violencia sexual arraigada en estructuras que perpetúan la desigualdad de género, donde las mujeres son vistas y tratadas como objetos y donde su consentimiento es ignorado. Es el caso de Helena Soleto, catedrática de Derecho Procesal de la Universidad Carlos III. «Pese a que el componente sexual es mínimo, lo grave del caso es el abuso de poder, con un estilo rayano en lo mafioso que intenta ocultar las consecuencias de la agresión», desvela sobre las presuntas coacciones.
«A nivel procesal, este caso tiene muy poco recorrido y las penas van a ser muy leves, pero supone un gran toque de atención», presagia Soleto, en referencia a la reacción de la sociedad civil, canalizada bajo el lema #SeAcabó. Aquella presión de la calle, junto con la implicación de organizaciones de derechos humanos terminarían por desencadenar el final de Rubiales al frente de la Federación. «Considero positiva tanta repercusión mediática por el mensaje que manda: los cuerpos de las mujeres no se tocan libremente», subraya Pozuelo, en conversación con este periódico.
Rubiales, con Athenea del Castillo, durante la celebración del Mundial.AFP
De todos modos, la clave del juicio se centrará previsiblemente en la parte del consentimiento. La Fiscalía, que solicita un año de prisión para Rubiales por el delito de agresión sexual y un año y medio por otro delito de coacciones, considera que Jenni no se comportó como la víctima perfecta, la que debe tener una reacción estandarizada desde el primer momento. Sin embargo, este enfoque queda en entredicho para otros expertos. «Si no había consentimiento, ¿por qué no se escenificaron gestos, comentarios?», pregunta el abogado penalista Juan Gonzalo Ospina. «Si analizamos si Rubiales tuvo o no consentimiento, si valoramos las imágenes, por los gestos previos y posteriores, analizando la prueba en el plenario no veo la falta de negativa explícita o implícita para que pudiera dar el beso sin consentimiento. Por lo cual, me inclinaría por un fallo absolutorio», concluye el letrado, encarcargo de la defensa de la familia de Edwin Arrieta durante el juicio a Daniel Sancho.
En la misma línea de Ospina se pronuncia Pardo-Geijo, antes de lanzar otro interrogante. «Dadas las circunstancias, no existe intención de atentar contra el bien jurídico protegido de este tipo penal, que no es otro que la indemnidad sexual y, por ende, debería salir absuelto. ¿Alguien se ha preguntado qué reproche penal se le hubiera efectuado a Rubiales de realizar esa conducta con un jugador, algo nada descabellado, por cierto y que ha sido visto en múltiples ocasiones entre distintos futbolistas?», finaliza desde su despacho en Murcia.
«Si el beso se lo hubiese dado Jenni a Rubiales, ¿estaríamos hablando de una agresión sexual? Sin duda alguna hay que proteger a la mujer, pero sin olvidar que el hecho de ser hombre no te convierte en un agresor sexual», añade Alguacil, que trabaja hoy en JC Serrano.
Las coacciones y el artículo 172
En suma, aunque el beso lo pudo ver el mundo entero, ni siquiera hay consenso sobre si supuso una agresión sexual, tal y como la establece el Código Penal. De modo que las dudas se multiplican sobre las presuntas coacciones a Jenni, tipificadas en el artículo 172, y por las que por las además de Rubiales también serán juzgados Jorge Vilda, ex seleccionador, Albert Luque, ex director de la selección masculina y Rubén Rivera, ex responsable de marketing de la RFEF.
Según fuentes cercanas a la defensa de Luque, consultadas por este diario, «no hay ninguna evidencia en ninguna conversación, ni con Ana Ecube [amiga de la jugadora] ni con Hermoso, en la que se refleje que Albert quiera hablar del vídeo con ella». Según su criterio, se trata de una conducta «sin relevancia penal» ya que el directivo, incluso sin ser su competencia, representa un gran apoyo para la jugadora.
Cabe recordar que el artículo 172 del Código Penal define como define como autor de una coacción a quien «sin estar legítimamente autorizado, impidiere a otro con violencia hacer lo que la ley no prohíbe, o le compeliere a efectuar lo que no quiere, sea justo o injusto». Por tanto, las defensas de Luque y Vilda, a la hora de evaluar los whatsapps a la futbolista, se centrarán en los límites de la libertad de expresión y si dichos límites pueden ser constitutivos de un delito. «Quizá se trate de mensajes desafortunados. Pero de ahí a que eso acredite una voluntad coactiva, nos parece absolutamente desproporcionado».
Un beso no consentido lo reventó todo, pero la imagen de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), el estamento deportivo con más presupuesto en España (casi 400 millones de euros para este 2024), ya estaba manchada por los escándalos y era liderada por personas con cuentas pendientes con la Justicia. En los últimos 40 años, ningún presidente de la RFEF ha abandonado el cargo voluntariamente. Todos han sido inhabilitados por distintos motivos. Ahora, Rafael Louzán, el tercer presidente en poco más de un año, afrontará complicados retos bajo la amenaza del Tribunal Supremo.
Recursos
Soule, Brody, el beso a Jenni Hermoso, Negreira... Son algunos de los casos que están judicializados, que afectan a la institución y que están pendientes de resolución. Ángel María Villar, Luis Rubiales y Pedro Rocha siguen imputados en algunas de esas causas. El recién llegado tiene pendiente un recurso de casación, que se resolverá el próximo 5 de febrero, contra una sentencia que considera acreditado que prevaricó cuando era presidente de la Diputación de Pontevedra.
Así que el reto de la lavar la imagen de la Federación será el más complicado de afrontar, toda vez que el gallego podría abandonar el cargo apenas dos meses después de ser elegido si su recurso no es atendido. Por mucho que la Federación implemente nuevas medidas de transparencia, ética, buena gobernanza y compliance, será imposible una nueva era si la resolución mantiene la condena a siete años de inhabilitación para cargos públicos.
FIFA Y UEFA
Son, precisamente, estos problemas judiciales los que podrían restar peso a la Federación en el ámbito internacional. La FIFA y la UEFA son más estrictas que el organismo español respecto a los problemas judiciales de sus dirigentes. Así, aunque Louzán consiga que se acepte su recurso de casación, el Reglamento de gobernanza de UEFA, por ejemplo, exige que los miembros de federaciones asociadas mantengan altos estándares éticos y de integridad. Por lo que no es descartable que ambas se planteen, si se da la situación, forzar un cambio en la presidencia de la RFEF para disponer de otro interlocutor que gestione las relaciones con ambas.
Sin embargo, LaLiga, con Javier Tebas al frente, ha apoyado públicamente la candidatura del gallego. Louzán deberá continuar la normalización del contacto con el fútbol profesional, como ya hiciera el dirigente extremeño, y dejar atrás el enfrentamiento que hubo en la época de Rubiales. Otra relación que debe cuidar es con el Gobierno, representado en estos asuntos por el Consejo Superior de Deportes (CSD). No pinta bien, pues está en estudio ahora mismo una denuncia por parte del Ejecutivo contra el recién elegido.
Mundial 2030
Es la gran cita a gestionar para Louzán, aunque la limitación temporal del mandato, cuatro años, podría provocar que el dirigente gallego no llegase al frente de la Federación, problemas judiciales aparte. La falta de liderazgo ha restado peso a la RFEF en la candidatura conjunta de España, Marruecos y Portugal para la celebración del Mundial 2030. Pese a la buena nota obtenida por el proyecto, el nuevo presidente deberá pelear por que los partidos más importantes de la cita mundialista se jueguen en territorio español, especialmente la final, que parecía segura para el Santiago Bernabéu, pero que ahora pende de un hilo por la presión de Marruecos y por el desgobierno que ha existido, y puede seguir existiendo, en la Federación española.
De la Fuente
Tras las manifestaciones de Luis de la Fuente posteriores a la Eurocopa, el nuevo contrato del técnico será uno de los primeros temas que tendrá que enfrentar el dirigente gallego. Él estuvo en la firma de la prolongación de contrato del seleccionador para que pudiera afrontar la Eurocopa y él será el que tenga que renovarle con unas condiciones que satisfagan a ambas partes. También deberá hacer lo mismo con Montse Tomé, que se encuentra en pleno proceso de renovación del equipo femenino. Su contrato actual expira a mediados de 2025.
Árbitros
El fútbol femenino y los árbitros son otros de los retos que deberá afrontar Louzán. Tendrá que trabajar en el seguimiento de la profesionalización de las futbolistas y en el fomento de la igualdad en competiciones. Respecto a los colegiados, tendrá que manejar con pericia el conflicto generado por el caso Negreira, que afecta a su institución y al Barcelona. Todo ello deberá hacerse desde un prisma de profesionalización muy necesario en un organismo que aún dispone de métodos arcaicos de gestión. Según su programa, Louzán tratará de llevar a la Federación al siglo XXI en términos de organización y transparencia por medio de la incorporación de nuevos perfiles, tanto técnicos como de gestión empresarial, para ayudar al crecimiento. Está por ver.
La seleccionadora española, Montse Tomé, explicó que las jugadoras convocadas para los dos próximos amistosos son las que necesita el equipo «dentro y fuera del campo» y que la relación de convocadas se ajusta a «lo que tiene que ser la convivencia» en el grupo. Tomé esgrimió estas razones para justificar la lista de 24 futbolistas citadas para los amistosos ante Corea del Sur y Francia, previstos el próximo día 29 en Cartagena y el 3 de diciembre en Niza, respectivamente.
De la nómina de citadas, destaca la vuelta de Aitana Bonmatí y Claudia Pina, ambas del Barcelona, y las ausencias de Jenni Hermoso, Irene Paredes y Misa Rodríguez. «No quiero poner la etiqueta del cambio de ciclo. No cerramos la puerta a ninguna jugadora. Todas las futbolistas que están tienen el nivel y el rendimiento para estar en la selección. En cuanto a lo que necesitamos tanto dentro del campo como fuera, estas 24 futbolistas nos lo dan», comentó Tomé en una rueda de prensa en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas.
Respecto a la anterior citación, se 'caen' la defensa del Manchester City Laila Aleixandri por lesión y también la delantera del Real Madrid Athenea del Castillo, operada de la clavícula derecha, junto a la centrocampista del Tigres mexicano Jenni Hermoso, que disputa la fase final de su liga, y la del Utah Royals estadounidense Ana Tejada, citada por primera vez con la absoluta el mes pasado.
«Compañerismo» y «saber estar»
Igual que para los partidos jugados entonces contra Canadá (1-1) e Italia (1-1), vuelven a quedar fuera Paredes y Rodríguez, así como sus compañeras en el conjunto blanco Oihane Hernández y Eva Navarro, que sí jugaron hace unos días el clásico de Liga que ganó el Barça (0-4).
Tomó puntualizó que la ausencia de las veteranas responde al proyecto que está construyendo desde que asumió el cargo en lugar de Jorge Vilda. «No quiero decir que esas jugadoras no hayan cumplido (...) Simplemente, tengo claro cómo quiero que sea la selección dentro y fuera del campo, insisto mucho en dentro y fuera del campo, y lo que tiene que ser la convivencia en la selección. Esa colaboración, ese compañerismo, ese saber estar», incidió, informa Efe.
Tomé puso como modelo de compartamiento a la selección absoluta masculina: «Es un auténtico ejemplo de equipo, de convivencia fuera del campo, y todo eso tiene rendimiento y dice mucho». «Queremos lanzar esa línea de trabajo y ahí vamos a poner la mirada de las futbolistas que vamos a traer. El único camino aquí es la autoexigencia. Cada día tienes que trabajar para estar al máximo nivel. Estar en la lista de la selección es un auténtico regalo y venir a la selección es un premio, y nuestra responsabilidad es valorar eso», enfatizó tras insistir en que no hay fijas y nadie tiene la puerta cerrada.
«En ese momento, durante la Asamblea, sentí tanta indignación que dije... Se acabó». Alexia Putellas fue la chispa que necesitaba la selección femenina para plantarse ante Luis Rubiales y la Federación. La mecha, lo recordarán, se encendió en agosto del año pasado, justo después de la victoria de España en el Mundial y justo después del beso del presidente de la RFEF a Jenni Hermoso en el podio de la Copa del Mundo. Esas dos palabras, «se acabó», las escribió Putellas en sus redes sociales tras el discurso del directivo en Las Rozas, dando inicio a una revolución que ahora pasa a la pantalla.
Netflix estrena hoy el documental #SeAcabó: Diario de las Campeonas, la producción en la que las futbolistas hablan por primera vez sobre Las 15, el Caso Rubiales, el beso y la victoria en Sídney. «El beso fue la punta del iceberg. Fue una suerte, entre comillas, para descubrir todo lo que había detrás», admite a EL MUNDO Joanna Pardos, directora del mismo. «Han vivido mucho tiempo con miedo a hablar, a no ser demasiado díscolas porque implicaba un precio en sus carreras, y ahora estamos en un momento en el que se están empoderando, en el que repiten "no tenemos miedo". Se quitan el miedo a las presiones y por primera vez ese miedo está en el otro lado. Son libres para hablar», reflexiona Pardos.
La cinta junta por primera vez a las futbolistas para rememorar los sucesos del Mundial y de los días posteriores, todo grabado mientras se siguen sucediendo los acontecimientos. «Normalmente los documentales se hacen años después del evento, pero esto es en el presente, en octubre de 2023, apenas dos meses después del Mundial», explica Pardos. Todas dan su versión, desde Jenni Hermoso a Alexia Putellas, cabezas visibles del vestuario, a Irene Paredes o Aitana Bonmatí, capitana y Balón de Oro. No aparecen, eso sí, Luis Rubiales y Jorge Vilda, que rechazaron participar. «Les dimos el derecho a réplica, también a la Federación, pero no han querido. De todas formas, esto no es un reportaje periodístico sobre lo que ha pasado, es un documental sobre ellas, sobre su verdad y sobre cómo lo han sentido y vivido», admite Pardos.
"A muchos no les interesaba"
Según la directora, recibieron «presiones» para que el documental no se hiciera, «o se hiciera de otra manera». «A muchas partes no les interesaba que se hablara de cosas no deportivas. La Federación hubiese preferido que no se hiciese, o que se hiciese hablando de otras cosas, y la gente que sale cuestionada (Rubiales y sus apoyos) preferiría que no se hubiera hecho y ha intentado usar sus armas para que no se llevara a cabo. Pero ellas han conseguido que no les influya», resume.
Las conversaciones entre las futbolistas tienen su origen en el movimiento de Las 15, surgido a partir de la derrota en cuartos de final de la Eurocopa de 2022 y de las tensiones entre Vilda, Rubiales y el vestuario. Las 15 renunciaron a la selección, Rubiales mantuvo a Vilda y durante meses el equipo estuvo «roto». «Era un grupo roto, parecía que teníamos que ganar para joder a las otras», reconoce Laia Codina, defensa del Barcelona, durante el documental.
Aquella polémica se prolongó hasta semanas antes del Mundial, cuando después de varias negociaciones con la Federación algunas de esas futbolistas volvieron a las convocatorias. Otras se quedaron en casa. «Fuimos campeonas para poder ser escuchadas. Éramos una mierda hasta que fuimos campeonas. Mucha gente no sabe la historia real de lo que pasó», explica Jenni Hermoso en una conversación con sus compañeras.
"aquí cuentan por qué"
Después de que sus críticos les hayan pedido durante meses que fueran concretas en sus explicaciones, ahora llega por fin su versión. «Después del Mundial le decía a Alexia, "cuando os retiréis tenéis que hacer un documental". Lo que no nos imaginábamos es que Rubiales la cagaría tantísimo como para que fuera imposible esperar», recuerda Pardos. «Se les ha criticado mucho por no hablar y aquí cuentan por qué. Lo que supone hablar en la Federación, en el mundo del fútbol donde las marcas y todos lo que quieren es que no haya ruido... Hay que tener poder para hablar, por eso cuando ganan el Mundial dicen: "ahora sí"», añade.
En la cinta, Aitana, que volvió a reclamar los derechos de las futbolistas tras levantar su segundo Balón de Oro consecutivo, asegura que «no apostaban por nosotras ni les importábamos», en referencia al trato que tenía la Federación con ellas.
El documental se estrena a poco más de tres meses del inicio del juicio contra Rubiales, previsto para febrero de 2025, donde está acusado de agresión sexual y coacciones tras el beso a Hermoso y lo sucedido en los días posteriores.