Bad Bunny reivindica el alma latina de América en la Super Bowl con un espectáculo de inclusión sin consignas políticas: “Lo único más poderoso que el odio es el amor”

Bad Bunny reivindica el alma latina de América en la Super Bowl con un espectáculo de inclusión sin consignas políticas: "Lo único más poderoso que el odio es el amor"

Un espectáculo brutal de baile y plasticidad, un despliegue de ritmo, creatividad y estética. Una reivindicación del alma plural y abierta de América como continente, como oportunidad, como inclusión. Un homenaje a la cultura portorriqueña, con cañas de azúcar, viejitos jugando dominó, jíbaros con sus modestas pavas en la cabeza. Benito Antonio Ramírez Ocasio, más que Bad Bunny, puso en pie este domingo a decenas de millones de latinoamericanos con un show cantado íntegramente (por él) en español, un recital de sus mejores éxitos acompañado de cientos de figurantes y de dos estrellas mayúsculas, Lady Gaga y Ricky Martin.

Lo hizo fiel a su estilo, a sus clásicos, y en un despliegue de política ‘soft’, indirecta. Mensajes de amor frente al odio, un balón de fútbol americano con las palabras “Juntos somos américa”. No hubo consignas políticas, no directamente. No como en los Grammys, donde el artista clamó contra el ICE, la agencia migratoria que busca extranjeros por todo el país. Ni como hizo en su día Jennifer López, con niños encerrados en jaulas para denunciar la separación de menores durante el primer mandato de Trump.

Pero todo el espíritu fue contra lo que representan. Una reivindicación de la unidad, de la concordia. Con menciones sutiles al niño Liam Conejo, detenido por la administración, llevado a miles de kilómetros de su casa, y al que quiere deportar ahora el Gobierno.

Un bar, una casita, en la que estaban Jessica Alba, Pedro Pascal, Karol G, Cardi B, Alix Earle, David Grutman y otros famosos. Y hubo un grito claro, nada sutil, con decenas de banderas de todos los países del continente y un letrero en los marcadores del estadio: “Lo único más poderoso que el odio es el amor”.

Los ojos de medio planeta estaban puestos sobre el artista portorriqueño, que no defraudó en su puesta escena, una recreación de una bodega boricua, de una boda, de la vida de cualquier latino que ama su tierra pero busca oportunidades donde puede encontrarlas. La actuación, sin embargo, no conectó con el público norteamericano presente en el estadio de los San Francisco 49ers, en California. Hubo aplausos, algo (poco) de baile y cierta emoción con un par de sus éxitos más sonados, pero los asistentes claramente no era el público habitual del portorriqueño. La ovación más grande de la noche, probablemente, se la llevó Lady Gaga. Imperial, cantando en inglés, reconocida y admirada por muchos más en las gradas.

“Bad Bunny…mandándote todo el amor, la positividad y el abrazo más grande del mundo. ¡Todos estamos contigo esta noche! Sé que la vas a romper. Estoy aquí contigo de la misma manera que tú estuviste conmigo. ¡Tan orgullosa de ser boricua! Dale fuerte Benito. ¡Como solo tú puedes hacerlo! #LatinoGangGang“, le escribió poco antes del show Jennifer Lopez, la última artista latina en un descanso de la Super Bowl en una edición que no sólo la unió a Shakira, sino que le dio al propio Bad Bunny la oportunidad de participar brevemente. Su primera vez.

Bad Bunny hizo una puesta en escena excelente para las cámaras, pero algo más complicada de seguir en la distancia dentro del campo. El artista llegó a San Francisco tranquilo y con enorme secretismo, sin que se filtrara un solo detalle del espectáculo, de las canciones previstas, los posibles artistas invitados y el tono del mensaje que se esperaba que lanzara. Lo más importante el show que ha generado más polémica y expectativa en décadas. Bunny se presentó en medio de insultos, ataques, desprecios y un intento masivo de boicot promovido por la derecha norteamericana, el trumpismo, figuras del movimiento evangélico y una parte de Estados Unidos que no entiende ni acepta que haya un artista desconocido para ellos que no sólo canta en otro idioma, sino que lo hace con orgullo. Y con un mensaje político contra las políticas migratorias de Donald Trump.

“America, the beautiful. THANK YOU, BAD BUNNY”, ha celebrado el gobernador de California, Gavin Newsom, uno de los críticos más conocidos del presidente.

Turning Point USA, la organización del difunto activista conservador Charlie Kirk, durante un acto en una universidad en septiembre, promovió un ‘All-American Halftime Show,’ un espectáculo rival “puramente americano” con artistas conservadores como Kid Rock, Brantley Gilbert, Lee Brice o Gabby Barrett. Respaldado por el Partido Republicano o estrellas retiradas de la NFL como Brett Favre, el que fuera quaterback de los Packers.

El estadio, lleno hasta la bandera con 65.000 almas, estaba lleno de amigos del artista. Y de otras muchísimas celebrities: Roger Federer, Kane Brown, Richard Sherman, Chris Pratt, Bon Jovi, Adam Sandler, Robe Lowe o Marcus Allen. Estaban Travis Scott o Tim Cook. Billie Joe Armstrong, Ty Dolla $ign y Flava Flav El jugador y podcaster Travis Kelce, prometido de Taylor Swift. JAY-Z con sus hijas Rumi y Blue Ivy. Los youtubers Logan Paul y Mr. Beast. Los actores Orlando Bloom, Kevin Costner, Leonardo di Caprio, Damson Idris, Jessica Alba o Jamie Foxx. Kendall Jenner y 21 Savage. Justin Bieber, Livvy Dunne, Becky G.

kpd