Carvajal, ante Andrew Robertson en Hampden Park.Scott HeppellAP
Escocia escogió a España con un juego antediluviano, directo, con un estilo similar al rugby, con dos touchdown del fino estilista McTominay, el mejor. Quizá la única estrella de un equipo colérico, que va sólo al choque y que por coraje, trampas y
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Jasper 'Desastre' le llamaban al que hora todos se rinden, el tipo más rápido del mundo. Al velocista que domina, ganador de cuatro etapas y el maillot verde del último Tour, un belga asombroso. El mismo que siempre daba al palo, que en un Tour anterior se había quedado seis veces entre los tres primeros y también en una etapa con final en Dunkerke alzó los brazos al frente del pelotón sin darse cuenta de que Van Aert había ganado un rato antes. Todo eso tan atrás ya. Porque Philipsen cabalga tan seguro de sí mismo que hasta se apunta Monumentos. Se impuso en la San Remo en un sprint ante 12 fuoriclasse para colar su nombre en la batalla entre Van der Poel y Pogacar y para devolver a los velocistas al trono de la Classicissima.
Desde 2016 (Arnaud Démare), ningún sprinter puro se imponía en la meta de la Vía Roma de San Remo. Siempre el Poggio, para arriba o para abajo, como juez. Pero el del Alpecin se aprovechó de las circunstancias. De la nula selección en la Cipressa y del trabajo impagable de su compañero Van der Poel, quien incluso sacrificó sus propias opciones de hacer historia -repetir victoria en el primer Monumento por segundo año consecutivo (algo que no se logra desde Erik Zabel en 2001)-, para atajar los zarpazos de Pogacar (incluso el de Mohoric en los últimos kilómetros) para poner en bandeja la victoria a Philipsen.
Y aún así, apenas un tubular le separó de Michael Matthews, con Pogacar tercero. Toda la electricidad para los últimos 20 minutos, seis horas donde aparentemente nada sucede, así es la magia de la Classicissima, donde siete veces reinó Eddy Merckx, donde Óscar Freire lo hizo tres (y nueve veces estuvo en el Top 10).
La clave fue que no hubo tiroteo en la Cipressa, donde apuntaba la estrategia del UAE, la esperanza de Pogacar de otro 'solo' (como en la Strade Bianche hace unas semanas), tan utópicos en la Milán-San Remo. Puso ritmo mortal el debutante Isaac del Toro, pero no hubo continuidad por ninguno de sus compañeros, un grupo demasiado compacto que ni agarrar a los valientes del día -entre ellos Sergio Samitier, que se cayó poco después en una curva- pudieron antes de coronar. Acercarse a los nueve minutos y dejar el pelotón tiritando era el objetivo sobre el papel (el récord seguirá siendo de Colombo y Gontchenkov, desde 1996, 9:19). Pero no hubo forma, para desesperación de Tadej, tan ansioso y tan contenido a la vez.
El podio final de la Milán-San Remo, con Philipsen en el centro.MARCO BERTORELLOAFP
Así que a falta de 15 kilómetros y más de seis horas de esfuerzo, vuelta a empezar, con el grupo enorme entrando por detrás, entre ellos los velocistas, con tan solo ya el Poggio como obstáculo. Y ahí la timidez, el acelerón inútil de Wellens (la impresión es que a Pogacar le faltó equipo), el alarde de Gonzalo Serrano (26º en meta a 35 segundos, el mejor español) y los dos ataques sin premio para Pogacar. El primero, contrarrestado por Van der Poel, Bettiol y Ganna. El segundo, en el que sorprendió justo antes de coronar, no lo pudo rematar en el descenso, donde el propio Van der Poel, Pidcock y el resto pronto le dieron caza. "Estuvo cerca, tenía unas piernas increíbles", confesó después el esloveno.
Así que los 12 elegidos se plantaron en Vía Roma, donde Philipsen escribió su nombre para la eternidad, con un gracias enorme a un compañero de los que no tienen precio. La grandeza del nieto de Poulidor.
La apática y desorganizada España del primer día contra Australia ha empezado a enmendar sus errores en el segundo contra Grecia y su superestrella mundial, Giannis Antetokounmpo, lo suficiente como para arrancar una victoria de mérito y presentarse ante su tercer encuentro y la imbatida Canadá con una posibilidad de seguir adelante hacia las medallas.
¿Milagro? Pues casi, porque la selección de Sergio Scariolo ha sabido remendar algunos de sus ro
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La guerra de declaraciones entre el Real Madrid y Tebas parece no tener fin, y este martes ha tenido un nuevo capítulo. Carlo Ancelotti respondió al presidente de LaLiga, Javier Tebas, al asegurar que al llamar "llorón" al club blanco "falta el respeto a millones de madridistas" y que debe centrarse en "solucionar temas" del fútbol español.
"Tebas habla demasiado del Real Madrid. Desde que estoy aquí ha hablado muchas veces y lo que más me llama la atención es que falta el respeto a millones de madridistas. Hay temas más importantes en el fútbol español y un presidente debe enfocarse más en solucionar esos temas", afirmó en la rueda de prensa previa al partido de este miércoles ante la Real Sociedad, ida de las semifinales de Copa del Rey.
Ancelotti respondió a las declaraciones del lunes de Tebas, que afirmó llegar a avergonzarse como madridista de la línea seguida por el club blanco en el tema arbitral. "No sé que tipo de vergüenza tiene pero todos los madridistas están orgullosos de ser aficionados de este club", defendió el técnico italiano.
La respuesta de Javier Tebas ha llegado a los pocos minutos a través de su cuenta en la red X. "Cuando dije que el Real Madrid se ha convertido en un club llorón, evidentemente me refería a que son sus dirigentes quienes están construyendo ese relato victimista y conspiranoico" comenzó Tebas, que en una exposición larga, prosiguió:
"Ese discurso, además de ser una falta de respeto a la competición, también lo es hacia los clubes que os ganan en el terreno de juego, ya sea porque han sido mejores o, simplemente, porque han tenido más suerte. Eso sí es faltarle el respeto a millones de aficionados. Respiro madridismo desde pequeño, y todo este relato que están impulsando desde la dirigencia va en contra de los valores que siempre hemos conocido. Carlo, que te usen para esto es una pena, con la experiencia que tienes", cerrando con un último recado: "Los carnets de madridismo no se compran, se sienten. Y no se reparten ni se regalan como algunos hacen... y muchos callan".
Ha sido el penúltimo capítulo en una guerra dialéctica provocada porque el técnico italiano es, en realidad, el único portavoz oficial del Real Madrid.
Ancelotti estuvo más distante cuando fue preguntado por el caso Negreira y lo que había ocurrido si los hechos los hubiese protagonizado el Real Madrid. "No puedo decir si esto pasaría con el Real Madrid, lo que veo es que hay un procedimiento judicial, todo el mundo está esperando esta resolución. El mundo del fútbol ha sido paciente dos años y tenemos que seguir siendo pacientes porque al final saldrá una resolución judicial", dijo.
Preguntado Ancelotti por si en su carrera había visto un caso similar a Tebas, recordó una figura que le marcó en el pasado. "No recuerdo, de verdad, y tengo un conflicto porque cuando estuve en Italia, en el Milan, el presidente de la liga era Galliani y a él no lo puedo tocar. Siempre tenía razón y la tiene para mí. Es el mejor director del mundo", sentenció.