El Rey Felipe VI, la vicepresidenta primera del Gobierno María Jesús Montero, el presidente de la Junta de Andalucía Juanma Moreno y el presidente de la Comisión Gestora de la Federación, Rafael del Amo, fueron los principales representantes en el palco del estadio de La Cartuja para disfrutar de la final de la Copa del Rey entre el Athletic Club y el Mallorca. Una final cuyo inicio, como siempre, fue protagonizado por el himno de España.
“El Athletic Club solicita a su afición que se abstenga de realizar actos o manifestaciones que puedan ser consideradas como una falta de respeto, incluido en el momento que suene el himno previo.El respeto a cualquier símbolo o himno en competiciones deportivas, y los mundiales de fútbol, el rugby o el olimpismo son los mejores ejemplos, supone una muestra de educación, civismo y tolerancia que trasciende otras cuestiones o reivindicaciones”, había pedido el conjunto vasco en la previa. Un mensaje directo a su afición, que en las últimas finales de Copa había pitado con contundencia el himno durante su emisión. En esta ocasión, y haciendo caso a la petición del club, los aficionados del Athletic, salvo la excepción de algunos aficionados que abuchearon el himno, optaron por los cánticos en lugar de los pitos. “¡Goazen, Athletic! (Vamos, Athletic)“, cantaron sin parar durante el sonido de los acordes nacionales, ondeando sus bufandas sin parar. Enfrente, en las gradas de la afición del Mallorca sí se vieron banderas de España y se celebró el himno.
De vuelta al palco, la Federación se encontró algo descabezada después de los polémicos meses en los que la organización ha vivido una continua salida, vía dimisión, inhabilitación o despido, de sus principales representantes. Sin Luis Rubiales ni Pedro Rocha, que dimitió esta semana para convocar elecciones y poder presentarse, el directivo que se situó al lado de los representantes políticos fue Rafael del Amo, presidente de la Comisión Gestora y máximo responsable de la Federación de Fútbol de Navarra.
En los asientos VIP se pudo observar al seleccionador nacional, Luis de la Fuente, el tenista Rafa Nadal junto a su entrenador Carlos Moyá o el presidente del Partido Popular Alberto Núñez Feijoó
El fútbol español se partió en dos cuando Florentino Pérez convirtió a Luis Figo (Almada, 1972) en el primer galáctico. El portugués dejó el Barça y llegó al Real Madrid para iniciar la galaxia del Bernabéu, a la que luego se unieron Zidane, Ronaldo y Beckham. 20 años después, Vinicius, Bellingham y Mbappé buscan su propio universo. De todo charla el exfutbolista, que mañana participa en el evento LALIGA EA SPORTS X FC 25RUSH, una competición que mezcla un partido en el clásico videojuego y en la realidad junto a Carles Puyol y varios de los streamers más famosos de España.
¿Le gustan los videojuegos?
Bueno, ahora mismo, por mi edad, ya no dedico tanto tiempo a ser gamer, pero cuando era más joven sí. Me gustaban mucho.
¿Con qué compañeros peleaba más en la consola?
Con los de la selección, sin duda. Ahí la gente jugaba bastante, Rui Costa, Jorge Costa... Jugaban mucho, también a juegos de estrategia.
En el videojuego FC 25 es el segundo luso con más media después de Eusebio. ¿Usted se coloca ahí en la historia de Portugal?
Bueno, la cuestión virtual no la podemos controlar mucho, ¿no? Si me lo preguntas a mí, yo me pondría en lo máximo, pero no lo puedo controlar. Sólo espero que la calidad no sea mucho más mala de lo que era en realidad (risas).
En el nuevo modo 'Rush', estrenado en FC 25, se juega 5 contra 5 en un campo más pequeño. ¿A qué cinco elegiría usted?
Uf, difícil... Porque he jugado con mucha gente importante... Pero quizás de portero pondría a Iker (Casillas), luego a Roberto (Carlos), a mí mismo, Ronaldo y Zidane.
Los Galácticos. Ahora el Madrid está viviendo una nueva etapa de Galácticos tras la llegada de Mbappé y viene de ganar en Bérgamo tras unos meses complicados. ¿Cómo está viendo su temporada?
Era un partido importante, pero el Madrid cuando tiene que dar la talla sale siempre adelante. La Champions es su competición. A pesar de las dificultades del inicio, creo que el Madrid estará ahí con opciones hasta los momentos decisivos. Es un año difícil por la Eurocopa , porque han tenido pocas vacaciones y hay que darles tiempo.
¿Ve similitudes entre las dos generaciones, la suya y la de ahora?
No me gusta comparar, porque luego siempre sale alguien perjudicado. Son generaciones diferentes, los rivales son diferentes, el fútbol es diferente... Lo único que se puede parecer es que en el Madrid juegan los mejores jugadores del mundo. En eso sí, pero luego cada uno tiene su estilo y son épocas diferentes. No sé cómo lo haríamos nosotros ahora ni cómo lo harían ellos en la nuestra. Hay que disfrutar de cada generación.
Lo que sí se puede comparar es la presión de un vestuario con grandes jugadores. Usted fue el primero en llegar. ¿Cómo lo vivieron?
Sí, la presión yo sí la he vivido... (risas). La gente quiere las cosas rápido, pero hay que dar tiempo. Cambias de país, de equipo, hay una adaptación, hay gente que se integra más rápido... Depende de tantos factores, de cada uno, de la personalidad... Y lógicamente, no es lo mismo que jugar en un equipo que jugar en el Real Madrid. La presión existe en todos los lados, porque si tienes un nivel siempre tendrás responsabilidad y presión, pero la calidad está ahí. Lo que pasa que muchas veces la presión no te deja mostrar tu calidad y muchos jugadores llegan al Madrid y no consiguen expresar su talento. Pero creo que en general, los grandes jugadores como Mbappé tarde o temprano demostrarán sus virtudes.
Decía Cristiano que no le hacía falta salir con Benzema y Bale para rendir en el campo. ¿Ser amigos influye o no hace falta?
Yo creo que puede ser importante, siempre es mejor que te lleves bien. Pero en términos de juego siempre será más importante que cada uno sepa su papel y lo que tiene que dar al equipo, porque a fin de cuentas los egos te pueden destrozar en términos de ambiente, resultados y equipo. Lo más importante es que cada uno, con su calidad, sepa su espacio, saber lo que tiene que hacer y lo que tiene que sacrificar en pro del equipo. Si es así, perfecto.
Usted jugó hace poco un clásico de Leyendas. ¿Sigue habiendo pique o con la edad se pasa?
Nada, siempre quieres ganar (risas). Pero sí existe amistad y respeto por lo que hemos vivido. Dentro del campo, eso sí, intentamos disfrutar y ganar, a nadie le gusta estar corriendo y perder. Esa competitividad siempre la llevas dentro.
Cristiano sigue jugando en Arabia y en la selección. No para.
Cada uno sabrá cuándo tiene que parar, según sus condiciones. Yo paré con 36 y ya no podía más. Pero Cristiano es un tipo excepcional en todo lo que hace y siempre nos seguirá sorprendiendo. Creo que cada uno tiene que pensar cuándo se tiene que retirar, dicen que las segundas partes nunca son buenas y es mejor tener la consciencia del momento que estés seguro de hacer. No retirarse, volver y luego retirarse.
Mañana se enfrentará a algunos streamers, que son los nuevos ídolos de los niños.
Sí, creo que al final es un concepto que llega a todo el mundo, es mucho más amplio. Y esto que vamos a hacer, por ejemplo, es hacer del fútbol un deporte más innovador. A quien le guste el fútbol real, ahí estará, y al que le guste el virtual, también. Para todos.
Cuesta creerlo después de más de 20 años y casi 1.000 partidos, pero la retirada de Joaquín Sánchez (El Puerto de Santa María, Cádiz, 1981) es oficial. Ha hecho falta una temporada entera para asumirlo, verle con traje y corbata en las negociaciones de mercado del Betis y grabando anuncios y programas de televisión. No ha parado y admite que «no puedo» porque sentarse en el sofá le hubiera «matado». Se sienta con EL MUNDO después de ser la imagen de la nueva campaña de Gillette.
¿Cómo fue esa primera mañana después de la retirada?
Dura, muy dura porque ha sido mi vida, día y noche. He vivido por y para el fútbol y lo echo de menos. Desde que tengo uso de razón tenía un balón en los pies, no me gustaba el colegio, me gustaba jugar y ha sido mi pasión. Así que después de tantos años, de la noche a la mañana, levantarte y no tener que ir a entrenar, no ver a los compañeros... Es complicado. Creo que todos, unos más que otros, necesitamos ese tiempo de adaptación para ubicarnos. Mi suerte es que he intentado no parar, seguir trabajando, sintiéndome útil, trabajando en el club... Tener la cabeza ocupada.
Hablando con futbolistas retirados, la primera pregunta es siempre la misma: «¿Y ahora qué?».
No es fácil. Ahora los futbolistas jóvenes llegan más preparados, pero antes teníamos la cabeza en el fútbol y nada más, era lo que hacíamos. Sé que a mucha gente no le ha sido fácil adaptarse a esta nueva etapa y ha intentado pedir ayuda psicológica, que creo que viene bien, porque el fútbol te abarca tanto, te abre tantas puertas y te sientes tan privilegiado que cuando eso termina es difícil de gestionar.
¿Lo ha hablado con compañeros?
Sí. Cuando sabes que te queda poco vas preguntando cómo lo han hecho otros. Cada uno lo lleva a su manera. Creo que yo he trabajado en ese aspecto para no llegar al final y decir «¿qué hago ahora?». He trabajado para sentirme importante, y eso que yo me he retirado tarde, con casi 42, pero he intentado no quedarme parado, no sentarme en el sofá porque eso me hubiera matado.
¿Cuánto ha cambiado la televisión su día a día en la calle?
Ha cambiado totalmente. Antes me conocía la gente del fútbol, pero ahora la abuela, el padre, la madre, el hijo... Hace poco, saliendo del AVE, un niño le decía a su madre: «Mira, mamá, Joaquín, el del Betis». Y la madre le contestaba: «Es Joaquín el de la tele». Eso me ha cambiado para bien, afortunadamente. El cariño y la admiración es lo más bonito.
¿Qué ha sido el humor para usted en su vida?
Mi felicidad, mi forma de entender la vida. Yo soy lo que ves y así me muestro. Tengo mis días, mis cosas... Pero lo que se ve es lo que soy. No voy por la vida pensando: «Cuidado». Y eso que a veces debería. Soy muy lanzado porque soy así, soy transparente. Ese humor, esa alegría, esa forma de ser me ha servido para evadirme de muchas cosas.
¿Cómo es un día en su vida?
Buf, con muchas cosas. Me afeito con Gillette, obviamente, y luego pues acompaño a las niñas al colegio y luego voy a la ciudad deportiva si hay reunión de la directiva, o estoy de viaje grabando... No me quejo, tío, de verdad. Pero me fascina.
¿Meterse en la dirección deportiva entraba en sus planes? ¿Era de los que se veía partidos y ojeaba futbolistas?
No, no, no he sido tan 'fatiga' con los partidos. Ni lo soy. Vivo el fútbol a mi manera. Yo soy 'fatiga' con el Betis (risas), eso sí. Y cuando se me dio la oportunidad de comprar acciones y de devolverle al club de mis amores todo lo que me había dado, no me lo pensé. Y a partir de ahí pues tengo la oportunidad de estar en la planificación deportiva, que creo que es donde me siento realizado y puedo aportar.
¿Cuál es su labor?
Tanto dirección deportiva del primer equipo como de cantera. No sólo en la parte deportiva, sino en el día a día. Me gusta estar enterado, ayudar...Y en el tema del primer equipo, pues estar también en el día a día de los compañeros, porque ya tengo una relación de años y es más fácil comentar lo que sea, ya sea al entrenador o al jugador. Y luego en el mercado intentar aportar en lo que pueda, convencer o mostrar lo que es el Betis, ahí me siento bien.
Se habrá dado cuenta de que ya no hay jugadores de banda, como usted en su época.
Se quedó ahí en el tiempo. Pero mira, ahora tenemos a Nico Williams, a Lamine Yamal... A pierna cambiada, pero son futbolistas que desbordan, que se atreven, que llegan... Es verdad que nos habíamos encasillado en este fútbol moderno, que es espectacular y que tantas alegrías nos ha dado en la selección, pero es bonito ver a ese futbolista de poca vergüenza, diferente... Eso en mi época te lo daba mucho la calle. Esa calle se ha perdido un poco. Ahora, afortunadamente, los chavales entrenan en campos de hierba artificial y lo tienen todo, nosotros jugábamos en la plaza, en los pinos, en la playa... Y yo creo que eso ayudaba.
Ahora es más académico.
Se ha mejorado muchísimo en la formación, eso que quede claro. Está todo mucho más profesionalizado, que está genial, pero yo siempre digo que si el chaval tiene el don a edad temprana, que no se lo quiten, al revés, que lo trabaje y lo disfrute. Es fundamental. Hoy en día llegan más jóvenes al fútbol profesional, pero con 10 a 14 años que disfrute, que invente, que sea capaz de aprender dentro de la formación. Nosotros tenemos una ciudad deportiva magnífica y eso también es necesario, pero que no se pierda esa picardía porque es lo diferente.
¿Le gustaría pasar al banquillo?
A día de hoy no. No me lo he planteado nunca ni me nace. Ni tengo tiempo (risas). Para eso te tiene que gustar, te tiene que nacer. Por mi forma de ser y de pensar mi sitio está en otro lado.
¿Qué tenía la selección de su época, ese vestuario, que muchos han terminado en los banquillos? Xabi Alonso, Xavi...
Eran muy buenos todos (risas). Es verdad, sí. Baraja, Raúl... Y otros en despachos. Tenemos la suerte de seguir trabajando en lo que nos gusta desde otra perspectiva. Han salido muchos de aquella época. Nunca te alejas, tú te vas a sentir futbolista toda tu vida...
Ahora ve un balón y...
Te llama. Lo malo es ir a por él (risas). Ahora te quitas ese mono con los amigos, una pachanguita, un fútbol-tenis... Pero ya sin la exigencia, porque cuando miras hacia atrás y ves la exigencia que has tenido durante tantos años es brutal, muy difícil. El fútbol no es un deporte sano, y antes mucho menos, había mucha más leña, y yo he tenido suerte.
A España no sólo la ha encaminado hacia la cuarta Eurocopa de su historia el desparpajo de chavales en el campo, también fueron ellos los que dirigieron los festejos. En el césped hubo lágrimas, abrazos, manteos a De la Fuente y fotos, muchas fotos, pero pareció una celebración contenida hasta que estalló en el vestuario. Música y baile bajo la batuta de, cómo no, de Nico y sobre todo Lamine Yamal. Fue el DJ, contagió a Álvaro Morata en calzoncillos e hizo bailar no sólo a su hermano Williams, MVP de la final, sino a los lesionados Rodri, Pedri, Ferran y hasta Gavi y Navas, que movió su dolorida cadera. No se quedaba atrás tampoco Fermín, otro del clan salvaje.
A sus 17 años, Lamine tuvo un momento de tranquilidad sobre el césped, jugando con su hermano pequeño, pero luego dio rienda suelta al festejo, primero con un sombrero y después con gafas de sol camino del autobús. "Es increíble poder estar aquí. ¿A Cibeles? No, a Madrid". Antes, una foto con la copa y dos checks: "La ESO. Campeón de Europa". La fiesta acababa de comenzar.
Ya había sonado Raphael, la Potra Salvaje y toda la playlist que ha acompañado las previas de los siete partidos y había quien empezaba a desesperarse. "¡Creo que ya me están llamando!". Cucurella no dejaba de apretar el claxon del autobús, rápidamente personalizado con la pegatina de campeones de Europa, mientras Rodri se emocionaba recordando su lesión, su MVP y su primera Eurocopa. "Cuando ha marcado Mikel, me he puesto a correr como un loco y se me ha olvidado la lesión hasta que el médico me ha dicho '¡eh, ojo!'. Estaba muy triste, pero chapeau por estos chavales".
A su lado, Nico Williams casi soltaba una lágrima recordando a su familia. "He hablado con mi hermano a través del móvil de mi madre porque yo no he podido ver el mío todavía. Me ha dicho que me quería y que está muy orgulloso, que el nombre de los Williams está en el cima del fútbol mundial", y casi se rompe al hablar de su madre: "Mis padres lo han pasado muy mal, especialmente mi madre. Esto es para ellos".
La fiesta en la zona mixta la puso Álvaro Morata, capitán y convertido en DJ de la selección por un ratito. Con un altavoz gigante en la mano con la bandera de España, el grupo caminó con por el pasillo de medios con una cerveza en la mano y al ritmo de una versión tecno del Viva España de Manolo Escobar. "Esto es tremendo", admitía Le Normand. "Algo único", reconocía Navas. "Dentro de nueve meses va a haber un boom de natalidad", vacilaba Cucurella. El lateral, uno de los hombres de esta Eurocopa que aún ayer escuchó pitos, tendrá que pensar si se tiñe la melena de rojo, como prometió. Antes pagó otro peaje: en la cena de los campeones, ya en el hotel con las familias, Morata le hizo subirse a la mesa, agarrar el micrófono y cantar la canción que le dedican en Inglaterra. "Cucurella se come una paella, se bebe una Estrella. Tiembla Haaland, que viene Cucurella", interpretó entre el júbilo de sus compañeros.
También tuvo tiempo el lateral del Chelsea para enviarle un recadito a Gary Neville en sus redes sociales. El comentarista de Sky Sport había dudado de él. "Pienso que Cucurella es una de las razones por las que España no puede llegar a la final", dijo. "Llegamos a la final. Gracias por tu apoyo", le contestó el catalán son sorna.
Era el momento de las risas, aunque a Oyarzabal, autor de un gol para la historia, le costó desatarse. "Lo primero que pensé al marcar fue en si había sido fuera de juego, porque era muy justo. Luego ya sólo escuchaba gritos", bromeaba. Alguno eran de Álex Remiro, el único jugador que no ha disputado un minuto en esta Eurocopa, pero que predijo el gol de su compañero en la Real. "En la merienda me dijo que hoy marcaba", confesó el vasco. No fue el único. "Le dije 'cómo te huele el pie a gol, niño', y he acertado. Igual me tengo que dedicar a eso", bromeaba Morata.
No salió el capitán con un balón bajo el brazo, pero sí Ferran, Pedri y Fabián. "Nos los vamos a llevar todos", decía el andaluz entre los gritos de Viva España del canario, enfundado en su bandera. A todos les costó anoche hacerse fotos en el césped con sus amigos y familiares. La seguridad del estadio impedía que bajaran al césped y Laporte o Dani Olmo tuvieron que acercarse a negociar.
Lamine juega con su hermano pequeño.F. VOGELEFE
Lo consiguieron Zubimendi, cuyos familiares llevaban la camiseta de la Real Sociedad, los de Ferran y los hijos de Morata, que lloraron de emoción tanto como su padre antes de comenzar a jugar con un balón en el césped ajenos al jolgorio en el que Lamine se había puesto un sombrero con los colores de la bandera y Luis de la Fuente volaba por los aires manteado.
Guardó el seleccionador un discreto segundo plano. Eso sí, se hizo una foto con sus sobrinos y la bandera de La Rioja con el nombre de Haro e hizo una piña con sus seres queridos, como si el partido fuera a comenzar. Quien fue corriendo a abrazarle fue el padre de Lamine, consciente de lo que la apuesta del seleccionador ha supuesto para su hijo. Lo llevaba en la mano: el trofeo de mejor joven. Apareció poco más De la Fuente, por los compromisos federativos y por su perfil. Salió del vestuario casi por la puerta de atrás y con la camiseta de Reyes de Europa en la mano.
La Copa fue del vestuario al autobús en un arcón, pero era imposible que permaneciera guardada. La sacó Morata, que le cantó el 'No puedo vivir sin ti' de Coque Malla y la manosearon todos. Hasta el Rey Felipe la alzó sobre el césped como si fuera un jugador más.
A la celebración sólo le faltó una traca, esa que el delegado Fernando Giner, valenciano, se quedó con ganas de tirar a las puertas del Olímpico.