Tras un primer periodo infame, al Atlético se le escapó medio muerto el Barça, cuando estaba absolutamente al borde del colapso. Joao Felix se vengó de Simeone y ese raquítico gol sirvió para cobrar una deuda pendiente.
Lo que no me puedo explicar ni
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Bajaba poco a poco el sol sobre el abarrotado estadio de Butarque y faltaban hamacas y gafas de sol para disfrutar de un partido en enero. Uno recuerda los horarios de Copa, esos que llevaron un Real Madrid - Celta hasta más de las 12 de la noche, y reflexiona acerca del momento en que el fútbol o los que lo organizan, se alejó de los aficionados. Encima, Leganés y Atlético de Madrid quisieron, cada uno con sus armas, ofrecer un buen espectáculo sobre el césped. La diferencia es el arsenal, claro. A día de hoy el rojiblanco es numeroso y potente... pero ya no imbatible. El Matagigantes lo volvió a hacer, como ya consiguiera en Montjuic. Un gol y a aguantar. Sufrió menos de lo esperado. [Narración y estadísticas (1-0)]
No pudo aprovechar el Atlético lo bien que funcionó la banda derecha con un ya regularísimo Giuliano y un renacido Molina. Eran un puñal ante la vigilancia con la mirada de Juan Cruz y Dani Raba.Javi Hernández vivía un calvario, hasta el punto de que se jugó un disgusto con una colleja al Cholito, en cada ataque del Atlético que percutía y percutía sin parar. Faltó pólvora a las percusiones. Julián Álvarez y Griezmann, por un poste o por el otro, perdonaron en las primeras ocasiones del partido.
Aunque quien tuvo verdaderamente el primer gol del partido fue Juan Cruz. El argentino, en modo Superguerrero de Goku, disparó con mucho peligro a los 44 segundos de duelo y el balón se fue por centímetros. La otra clarísima del Leganés la disfrutó Miguel tras una cesión corta de Le Normand. Oblak tapó bien el mano a mano y apagó la luz al nueve pepinero.
Jugar cada tres días
Especialmente apagado estaba el mediocampo del Leganés, numeroso, pero incapaz de contener el fútbol que proponía el Atlético. El partido estaba demasiado suelto y Borja Jiménez se echaba las manos a la cara casi cada vez que el Atlético merodeaba el área de Dmitrovic y lo hizo mucho. Se temía que el entrenador local se dejara en el rostro los mismos surcos que Guardiola, pero la sangre no llegó al río.
El partido fue perdiendo intensidad a medida que avanzaba la primera parte. El Leganés, probablemente, notara el esfuerzo de la batalla ante el Almería. No es lo mismo para unos y otros jugar cada tres días. Quizás el Atlético, viendo el caudal ofensivo que generaba en el primer tiempo, esperara, como se suele decir, que la victoria, la 16, cayera de madura. Gran error.
Quiso equilibrar el caudal ofensivo entre bandas el Cholo al inicio de la segunda parte con la salida de Lino y, como si de una partida de ajedrez se tratara, Borja Jiménez sacó a Javi Hernández por Brasanac para poner defensa de cinco. Los primeros cinco minutos fueron blanquiazules y, encima, los culminó con el gol de córner de Nastasic, el primero de la temporada, que entró como un avión, solo por el punto de penalti. Lo peor no es que se hubiera defendido mal el saque de esquina, sino que el córner lo cedió De Paul tras un pase a la nada que Le Normand no quiso ir a buscar.
Remontada imposible
Tocaba a los de Simeone remontar. No les es ajeno esta temporada, siete veces lo ha hecho, cuatro en liga. Es el equipo del Cholo un conjunto resiliente. Sin embargo, el tanto les golpeó fuerte. Es como si le hubieran insuflado un vial de la vulnerabilidad que no han tenido durante 15 encuentros. Tardó casi 15 minutos en hacer el primer disparo. Fue Lino, un tiro lejano y con poco peligro. Necesitaban los colchoneros conectarse al partido por lo civil o por lo criminal. Pero quien llegaba cada vez con más peligro era el Leganés, que podía haber ampliado su diferencia si Raba y Cruz hubieran estado más precisos.
El Atlético buscaba centros laterales para remontar el duelo, pero quizás se le olvidaba que les faltaba su nueve tanque. Se lesionó Sorloth ante el Elche y los tres de arriba apenas pasaban del 1,70. Así era muy difícil. Hasta que el Leganés se pegó un tiro en el pie, pero Griezmann no quiso hurgar en la herida. Una mano en un córner se convirtió en penalti que el francés no pudo aprovechar. Tampoco Niño, el canterano que pudo ser el héroe rojiblanco, acertó con su disparo postrero. Hoy era uno de esos días.
Llegará un momento en el que la gente se canse de que sus hijos vayan con ojeras al colegio tras una jornada intersemanal. Llegará un momento en el que el el aficionado al fútbol reclame, de nuevo, el protagonismo que se merece. Ese momento no llegó ayer en el Coliseum. Se jugaba el Atlético la Champions, sí, pero le bastaba un puntito, mientras que el objetivo del Getafe era meramente mantener el orgullo. Partido a las diez de la noche, que con las prolongaciones, casi termina el jueves. [Narración y estadísticas (0-3)]
Las gradas lucían con bastante público, lógico, un derbi de Madrid siempre merece la mayor atención metas aparte. El cole puede esperar. El Atlético no quiso. La Champions, un objetivo que tuvo en el alero hace pocas fechas, ya estaba amarrada con una mano, faltaba la otra. La propició la resurrección de Griezmann con un magnífico hat trick.
Primero amagó con un precioso pase a Correa en el que este se durmió cuando ya encaraba a Soria. Golpeó después con otra delicatessen. Rodrigo De Paul lanzó un pase teledirigido que el francés acarició con la puntera para bajarlo al césped con media defensa del Getafe embelesada, o por el detalle técnico, o por la hora. El caso es que Griezmann no perdonó en el mano a mano y adelantó a los rojiblancos.
Un minuto de tensa espera
El Principito volvió a golpear, aunque esta vez con suspense. Tras una gran jugada combinativa, el balón llegó a Correa que ganó línea de fondo, la puso atrás y, tras recorrerse media área pequeña con jugadores de uno y otro bando intentando alcanzarlo, lo recogió Griezmann para meterlo en la red con un obús. El árbitro anuló momentáneamente el gol por la posición dudosa del argentino, pero tras un largo minuto, concedió el tanto.
El hat trick lo completaría al inicio de la segunda parte. Fue una contra de manual del Atlético para que Lino filtrara al francés y este se la colara con la punterita entre las piernas de Soria. Ya son cinco goles al Getafe esta temporada, dos en el Metropolitano y tres en el Coliseum.
Para todos los que reclamaban la vuelta del francés, aquí está. Quizás sea tarde para grandes gestas. Se le echó de menos tanto en Copa, tocado, como en Champions, desaparecido. Al menos, gracias a este punto podrán volver a intentarlo el año que viene en la máxima competición continental.
Destellos de Greenwood
Otro que ha vuelto es Oblak. El esloveno quiere volver a reclamar el trono del mejor portero de Laliga. Las dos paradas a Greenwood en la primera parte así lo atestiguan. La segunda, una mano tras un disparo seco que terminó estrellándose en el larguero, fue una maravilla. Buenas noticias para plantear la renovación del equipo el año que viene. Siempre es bueno tener un buen cerrojo atrás y pólvora arriba.
En el Getafe poco que destacar salvo los destellos de Greenwood. Si ya se ganó los halagos del Cholo por su exhibición en el Metropolitano, ayer fue de lo poco salvable de un conjunto, el azulón, ya relajado en tierra de nadie. No es poco teniendo en cuenta lo que sudó el año pasado para salvar la categoría. Otro milagro de Bordalás para justificar la confianza ciega que le profesa Ángel Torres.
Poca historia que destacar en el resto de un choque donde pareció haber un pacto de no agresión. El Atlético perdió colmillo en sus salidas a la contra y el Getafe no atacó con deseperación. En estos postreros momentos de la temporada, quizás haya más pensamientos de evitar lesiones. A fin de cuentas, le quedaba a los azulones el partido contra el Mallorca, en la última jornada de la liga para despedirse con otro sabor de su afición que ya había partido mediada la segunda parte. El objetivo estaba conseguido, también para el Atlético. ¿Qué más se puede pedir? Quizás jugar un par de horas antes. No es poco.
El Bernabéu es un buen lugar para la contemplación si se es espectador. Como mirar una catedral para los devotos, con un marcador que es como un fresco en movimiento. Como futbolista, sin embargo, es un mal asunto. El Atlético partió deliberadamente contemplativo, agrupado en su campo, a la espera de que no pasaran cosas. A Simeone le puede su naturaleza, tenga lo que tenga, y no es un reproche, ni es negativo. Es lo que es, y le ha ido de maravilla. En el Metropolitano, en cambio, deberá proponer más, porque la Champions lo exige; el Madrid, también. No le bastará su acting en la banda. Sin necesitar de una noche mágica, el rey de Europa cobra ventaja en unas circunstancias mucho más adversas, porque en el Bernabéu siempre pasan cosas si se deja crecer a los suyos, aunque las haga un suplente que no debería sentirse como tal. Es Brahim. La contemplación desde la hierba es un mal asunto. [Narración y estadísticas (2-1)]
Las primeras acontecieron esta vez muy rápido para conectar a Valverde y Rodrygo, que pudo con la velocidad de Javi Galán como si no se esforzara. El brasileño se desliza, sin desgaste, por donde otros pisan con clavos. El eslalon acabó en un gol pletórico, messianico.
Para saber más
Fue como el directo inesperado nada más sonar la campana del primer round que deja grogui al oponente. Ahí estaba la oportunidad del Madrid para romper la eliminatoria y obligar a Simeone a cambiar su hoja de ruta, que se plantó en el Bernabéu a jugar una eliminatoria, no un partido. Después de verse superado de semejante forma, como le ocurrió al lateral rojiblanco, un futbolista queda tocado emocionalmente. Rodrygo volvió a intentarlo, pero el defensa reaccionó con los tiempos justos, al límite del penalti. Giménez detuvo en la banda opuesta a Vinicius, menos preciso que su compatriota con un Mbappé de oyente. Rodrygo es el Patito feo del ataque, aunque Ancelotti es de la generación que conoce bien el cuento de Andersen.
Un equipo desgastado
Un gol no cambia, sin embargo, un plan, y el Atlético siguió a lo suyo, con la prioridad de dejar al Madrid sin espacio y refugiarse en largas posesiones que evitaran las pérdidas. Sin la pelota, cerraba los espacios entre las líneas; con ella, hacia el campo anchísimo. Ello hacía correr al Madrid, un equipo desgastado físicamente. Era parte del plan del argentino, que sabe de los buenos finales de los suyos. No lo tuvieron. Ello no daba, de momento, ocasiones al Atlético, que tuvo la primera en una llegada de Giuliano, cuyo centro, dirigido a Lino, fue interceptado por Valverde. El uruguayo estaba en el campo bajo riesgo, pero en dos acciones, el pase del gol y el corte del no gol, demostró por qué.
En un contexto en el que mandaban el respeto y las precauciones, con balones al pie y sin presión alta por parte de ninguno de los equipos, los goles sólo podían llegar gracias a acciones individuales. Rodrygo había encontrado el espacio por sorpresa, pero eso no iba a volver a suceder. La de Julián Álvarez fue individualísima. Después de un error de Camavinga, alzó su visión periférica desde el cuerno del área y lanzó un disparo teledirigido que salvó la envergadura de Courtois. Como burlar las alas de un cóndor.
La réplica la puso Brahim, nada más regresar del descanso, al sostenerse en el área gracias a su potente tren inferior y su bajo centro de gravedad, y salvar contarios para colocar el balón en el lugar imposible de Oblak. Una acción de alivio para el Madrid, porque Simeone ya había mandado aumentar el ritmo de los suyos al salir del vestuario. Al argentino le gusta jugar varios partidos dentro de un mismo partido, no digamos ya en una eliminatoria. La nueva ventaja del Madrid llegaba de la nada, como había ocurrido con el tanto de Julián Álvarez.
Julián Álvarez, ante Camavinga, en la acción del 1-1.AFP
Brahim y Julián tiene algo en común, y es haber llegado procedentes del Manchester City. Todo lo que deja Guardiola suele tener tara, pero con estos jugadores alguien se equivocó, por ponerlos poco o por abrirles la puerta. También en la Federación Española. Julián, la gran referencia de este Atlético, ya por encima de Griezmann, apunta en grande. Brahim, recambio del sancionado e intocable Bellingham, hace muchísimas cosas, y todas bien.
Oblak encajó el segundo gol, pero el Atlético encajó el temor, y más cuando Ancelotti echó mano de Modric, al que Simeone veía como titular, para sacar del campo a Camavinga. Brahim se lo recordó a gritos desde la banda tras su gol. Sabe el argentino lo que el croata puede hacer, por lo que llamó a Le Normand para pasar a jugar con línea de cinco y vació su centro del campo para poner a Correa y Sortloth, los jugadores de sus finales. Si había algo que jugar que fuera en las áreas, aunque estuvo más cerca de perder más que de ganar algo. Camino del Metropolitano, el Madrid lo hace más seguro de lo que estaba antes de saltar a su propio estadio. Simeone sabe que necesitará más.