La antepenúltima etapa del Tour 2023 volvió a esquivar a los sprinters. Entre Moirans y Poligny, tierras del Jura, con sólo dos cotas pero un terreno propicio para las emboscadas, se planteó una jornada eléctrica, a modo de clásica, exprimiendo las pocas fuerzas que quedan ya en el pelotón. El triunfo fue para Matej Mohoric, que se anticipó al ganador del día anterior, Kasper Asgreen, por un suspiro. Ellos y Ben O’Connor protagonizaron la fuga de la fuga, un trío de quilates. [Narración y clasificaciones]
Lloraba el esloveno, de nuevo Gino Mader en la memoria, la emoción por el compañero caído al que el Bahrain Victorius ya le ha dedicado tres triunfos en este Tour, entre ellos el de Pello Bilbao. Es su tercera victoria en el Tour (también alzó los brazos en el Giro y la Vuelta), todo un ganador de la Milan – San Remo, enorme ya el palmarés de Mohoric a sus 28 años.
No era un día para despistes y eso que el calor otorgó una tregua. Que se lo digan a Adam Yates, que se vio implicado en un corte nada más salir de Moirans y tuvo que poner a trabajar al UAE. Se rodaba a casi 50 kilómetros por hora (la media del ganador fue de 49,1, la quinta más rápida en línea de la historia de la carrera), sin ningún equipo capaz de controlar, con ciclistas de calibre buscando la última oportunidad.
La primera escapada que pareció triunfar estaba compuesta por nueve nobles, Alaphilippe y Pedersen entre ellos. No triunfaron porque en el sprint especial del día, el movimiento de Jasper Philipsen provocó el corte definitivo. Ahí viajaban 28 tipos más -ninguno del Movistar y sólo Ion Izagirre de entre los españoles que restan- y el pelotón paró en seco: iba a llegar a meta ya a casi 14 minutos.
El incombustible Campenaerts lo intentó junto a Simon Clarke, pero fue en la Cote d’Ivoire donde atacó Asgreen, inconformista el danés. Se le unieron un O’Connor del que se esperaba más en el Tour (ha sido dos veces cuarto) y el ganador final Mohoric. Fue una lucha preciosa con los de atrás, que no tuvieron forma de atraparles, pese a los intentos de Pedersen, Laporte y compañía.
Hace tres años a España le zarandeó una medalla de oro de un chico que escalaba felinamente. Se llamaba Alberto Ginés y parecía, efectivamente, un chico normal de 18 años. Lo que ocurre es que, de repente, era campeón olímpico. «Había cumplido ya el sueño de mi vida. ¿Y ahora qué hago?», cuenta a EL MUNDO sobre los peajes de un éxito tan inesperado y precoz en una disciplina que se estrenaba en los Juegos. En París, tras clasificarse en el último
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Cuando Juan Núñez cambió de agente y decidió seguir con su progresión lejos del Real Madrid, en un equipo de la Bundesliga no demasiado conocido por el aficionado medio, pocos hubieran podido sospechar que, dos años después, iba a acabar fichando por el eterno rival. Pero los acontecimientos, tanto para el que fuera perla de la cantera blanca como para el Barça, han terminado por unir sus caminos en uno de los fichajes más sonados de este verano. «He encontrado el sol», bromea ahora el madrileño, con esa forma de hablar tan escueta, frases cortas aunque ya concisas en un chico de 20 años que afronta el siguiente escalón de su carrera, el más decisivo, el que posiblemente marcará todo su prometedor futuro, el salto a uno de los grandes de Europa. Tras sus dos cursos de aventura formativa en el Ratiopharm Ulm y con un sueño NBA pospuesto por el momento después de ser elegido el pasado junio en el puesto 36 del draft por los San Antonio Spurs (tras un traspaso desde los Pacers) que no le quitarán ojo.
Juanito, como todos le siguen llamando, es uno de los grandes atractivos de la Supercopa Endesa que este sábado comienza en Murcia con un clásico para abrir boca. Por el morbo de vestir azulgrana, por el de enfrentarse al equipo con el que maravilló en categorías inferiores (MVP de la Euroliga júnior, entre otros hitos), con el que debutó con 17 años en un duelo de semifinales de la ACB. Un base como no se recordaba que pronto también moldeó Sergio Scariolo llevándoselo, por necesidad, al Mundial 2023 (ya fue el último descarte para el Eurobasket 2022 y lo ha sido este verano en los Juegos tras disputar y ganar el Preolímpico).
Dice Núñez que encontró en Barcelona el sol que le faltó en la fría Ulm, donde a su familia le costaba un enjambre de transportes cada vez que quería acudir de visita. Pero no sólo es la luz mediterránea lo que llevó al chico de Villaviciosa de Odón, que antes de las canastas destacó en balonmano, a tomar una decisión en la que confrontar lo emocional con lo profesional, madridista él y todos los suyos. El Barça le puso sobre la mesa un inmejorable escenario para lo único que le importa: seguir creciendo.
Juan Núñez, en el Palau Blaugrana.Quique GarcíaEFE
«Que han apostado por mí, así de sencillo», responde Juan sobre los motivos de la decisión, tomada tras valorar las opciones de dar el salto a la NBA con los Spurs, que conllevaría el peaje del paso por la Liga de Desarrollo y seguramente un freno a sus expectativas. Con un contrato que ronda el millón y medio de euros por cada una de las tres temporadas firmadas y facilidades de salida si el equipo texano le reclama algún verano, el Barça, que pagó al Madrid 400.000 euros para esquivar el derecho de tanteo, vio en Núñez un talento con el que escapar de años de declive y una deriva deportiva cuyo último capítulo fue el despido tras los playoffs de la Liga Endesa de Roger Grimau, sustituto sólo un año antes de Sarunas Jasikevicius.
En lo deportivo, Juan ocupará el espacio en la dirección que deja la salida de Rokas Jokubaitis y la no continuidad de Ricky Rubio. Compartirá los mandos con Tomas Satoransky y volverá con plenos poderes a una Euroliga con la que ya disputó 10 partidos de blanco en la temporada 2021/2022 (aunque en ninguno de ellos más de 10 minutos). Pero lo más importante, cuenta con la plena confianza del nuevo dueño del banquillo culé, pues bien le conoce Joan Peñarroya aunque nunca le haya entrenado.
Juan Núñez, con el Barça.Quique GarcíaEFE
Porque es lo sentimental otro de los puntos fuertes que han llevado al madrileño al Barça. El mejor amigo en el mundo de la canasta de Juan es Marc Peñarroya, hijo del que ahora es su entrenador, con el que ha coincidido durante años en las categorías inferiores de la selección. Sus lazos se estrecharon especialmente durante el Europeo sub 20 en el que ganaron el oro en Podgorica (Montenegro) en 2022 y desde entonces se hicieron inseparables, compartiendo hasta vacaciones de verano. El canterano del Manresa no andará lejos, pues disputará esta temporada con el CB Prat en LEB Plata.
También en el vestuario ha encontrado compinches conocidos Juan, que desde hace años mantiene un relación sentimental con Lucía Navarro, hija de Juan Carlos Navarro y también jugadora profesional. «Conocía a muchos de la selección y ha hecho que todo sea más fácil», admite Núñez de Willy Hernangómez (otro canterano madridista que dio el salto al eterno rival la pasada temporada), Darío Brizuela, Alex Abrines y Joel Parra, con el que comparte apartamento en la Ciudad Condal. «He encontrado a mucha gente con ganas de jugar, con ganas de entrenar, con ganas de conocernos. Somos muchos nuevos con ganas de hacer un gran año», reivindica, encandilado con la propuesta de juego de su entrenador -«hacemos un juego divertido. Yo he visto los equipos de Peñarroya (Manresa, Andorra, Burgos, Valencia, Baskonia...) estos años y me gustan. Son dinámicos, divertidos de ver, y a mí eso me atrae mucho»- y listo físicamente tras un verano en el que al fin pudo tomarse un respiro y recuperarse de «molestias físicas» en su rodilla.