El seleccionador pinta un panorama idílico en la previa del partido contra Croacia. “El título sólo es el barniz de todo el trabajo que hay previo”, dice
Si usted está pasando por un momento, digamos, difícil, y necesita, digamos también, que alguien le levante la moral, llame a Luis de la Fuente. El seleccionador nacional se ha pueso en la mañana de este sábado, en la sala de prensa de The Kuip, La bañera (el estadio del Feyernoord) delante de los periodistas y ha impartido una clase magistral de optimismo. Antes de medirse a Croacia, atendiendo al entrenador, España es un ciclón en lo físico y en lo anímico. Un torrente de ilusión y alegría que buscará ganar un título que, sin embargo, es apenas el “barniz” de un trabajo previo.
“Os anuncio que están todos perfectamente, todos pueden jugar”, comenzó De la Fuente, que no escatimó ímpetu. “Si estamos aquí es porque hemos demostrado que somos los dos mejores equipos de Europa. A los chicos les veo en el mejor momento de la temporada, porque lo físico se ve superado por lo anímico, por lo mental. Tenemos tal motivación que en muchas ocasiones tengo que pararles en los entrenamientos, porque se juega a una velocidad de vértigo”, ha dicho.
Una de las críticas que recibió el técnico en su primera ventana de partidos fue que, entre el primero (Noruega) y el segundo (Escocia) hizo nueve cambios. Eso no va a suceder el domingo contra Croacia. Habrá dos o tres cambios, como mucho. “Los cambios no se hacen por capricho“, matizó alguien que está satisfecho de lo visto contra Italia y que aspira a no tener que verse en una prórroga con los croatas, especialistas en jugar ese tiempo de prolongación. “Nos gustaría terminar en los 90 minutos, pero si hay que jugarla, la jugaremos. Ellos tienen más experiencia, pero una prórroga es una experiencia vital”.
Le preguntaron si el título le consagraría como seleccionador, él que ha ganado las Eurocopas sub’19, sub’21, los Juegos del Mediterráneo y que ha perdido solamente una final, la de los Juegos Olímpicos de Tokio. “Lo que da el reconocimiento son los títulos, pero llamadme romático, creo que lo más importante es el trabajo previo. El título es el barniz, pero lo importante es todo lo que hay antes de ese título. El camino”. Para terminar, en este curso acelerado de ‘coaching existencial’, con una frase lapidaria: “Disfruto mucho más viendo a la gente feliz, que con mi propia felicidad”. ¡Ah no! Y otra: “Aunque sólo haya un aficionado español mañana en la grada, sentimos que hay 40 millones, que tenemos un país detrás”.
Tal y como está la Federación española, explicar por qué un España-Colombia se juega en Londres es un fastidio. Aunque no haya nada que sospechar (de momento) pues todas las selecciones están viajando para sacarle unas monedas a sus amistosos (Italia se ha ido estos días a jugar dos amistosos a EEUU), el clima de desconfianza que esta Federación se ha ganado a pulso va a tardar un tiempo en irse. Si es que se va. Pero en fin, más allá de eso, que no es poco, a Luis de la Fuente le quedan cuatro partidos (tres ya) para probar cosas antes de la Eurocopa, así que más allá del escenario, el asunto tenía su interés. Una España de laboratorio, en pruebas, perdió con Colombia siendo mejor, aunque esto viene a ser lo de menos, siendo verdad, como es, que perder es una de esas cosas que siempre molesta. [Narración y estadísticas].
Adivinar la alineación era tan sencillo como meter todos los nombres en un cubilete de los de jugar al parchís, tirar y que salieran boca arriba los once que eligió Luis de la Fuente. Se da por hecho que el seleccionador dispuso a esos futbolistas basándose en algo más que el azar, pero más allá de eso, lo que sí quedó claro es que priorizó el partido del martes contra Brasil en el Bernabéu. Acaso porque el de ayer era un viernes primaveral en España, previo a Semana Santa, acaso porque se jugaba en un estadio semi vacío, acaso porque quiere ver a los 26 que se ha traído a esta concentración, el caso es que se vio un equipo irreconocible hasta ahora, y que poco o nada tendrá que ver con el que comience la Eurocopa en junio.
Debutó Vivian, el central del Athletic de Bilbao que ha entrado en la pelea por acompañar a Laporte y Le Normand a Alemania, y volvían Sarabia, Gerard Moreno, Grimaldo o Pedro Porro. De entre todos ellos, sobresalieron dos en un partido destensado por la propia inercia de estas alturas de la temporada y por su condición de amistoso. Vivian y Gerard Moreno. El defensa ofreció un curso de cómo debe comportarse un central, reculando ante los balones largos, encimando cuando recibían los delanteros y asegurando el pase en la salida del balón, conduciendo para dividir al contrario si era preciso o jugando en largo si esa era le mejor opción. Fuerte, rápido y con mucha personalidad, no empaña su noche la jugada del gol, donde perdió el paso ante un jugador descomunal como Luis Díaz.
Buena noticia
En el otro extremo del campo alzó la voz Gerard Moreno. Acosado de mala manera por las lesiones, es un futbolista casi imprescindible en una convocatoria de 23, no sólo por su capacidad de jugar centrado o en banda, sino por su concepción del fútbol, su excelencia en el juego de espaldas o la facilidad que tiene para girar la pelota de un lado para otro. En el otro extremo, no dijo nada Pedro Porro, un futbolista algo tosco, voluntarioso, sí, pero atropellado en la toma de decisiones, no como, en el lateral opuesto, Grimaldo, de lo mejor que ha pasado por ese lugar del campo en las pruebas de De la Fuente para buscarle un acompañante a Gayá en la Eurocopa.
Así las cosas, la noche en Londres transcurrió sin sobresaltos, con una España mejor que Colombia. Mejor con balón y sin balón, mejor, en fin, aunque con pocas opciones de hacer gol. Un remate de Merino a centro de Grimaldo y un par de uys en centros laterales fueron lo mejor de una primera parte de la sesión insípida, despachada en un estadio precioso pero sin ninguna relación con los contendientes y con un 90-10 a favor de Colombia en la grada. Cosas del fútbol moderno, se supone.
A la vuelta del descanso debutó Remiro, el portero de la Real Sociedad, y Gerard Moreno tuvo la mejor ocasión en un remate desde dentro del área que salvó Cuesta como pudo. Respondió James, al que el traje le queda un poco justo, pero que sigue teniendo una zurda envidiable. El partido lo rompió Luis Díaz. El delantero del Liverpool, en carrera, mareó a Vivian y su centro lo remató en el segundo palo Muñoz para poner por delante a los suyos. Sin merecerlo, España estaba por debajo. De ahí al final, pese a la entrada de Morata, Nico, Baena, Lamine Yamal o Cubarsí, que al fin hizo su aparición, no pasó gran cosa. Al chico le tocó pasar desapercibido los últimos 10 minutos de una noche que no será recordada por nadie. El laboratorio de las pruebas cerró hasta junio, pues el martes, contra Brasil, será otra cosa. Más seria.
Nada más sentarse en la sala de prensa del Aufschalke Arena, el seleccionador italiano, Luciano Spalletti, tomó la palabra. «Ha habido demasiada diferencia con España en frescura y brillantez. Es la base. Si no tienes la forma física de los demás, no puedes tomar las decisiones con la misma velocidad y tiempo de reacción. Si tienes enfrente a un rival con esa calidad técnica, vas a perder lucidez y cualquier posibilidad de reaccionar. Ellos tenían rápidas las piernas más allá de la calidad técnica, con esa velocidad de Lamine Yamal. Los tiempos de reacción son diferentes y eso te lleva a equivocarte en pases fáciles. Pero la raíz es la forma física».
Las piernas de la selección española, el equipo que más ha corrido tras estas primeras dos jornadas, es una de las comidillas de la Eurocopa. Los jugadores de Luis de la Fuente han recorrido 235,03 kilómetros, seguidos muy de cerca precisamente por Italia (234) y lejísimos, por ejemplo, de Croacia, el otro equipo con el que ha jugado, que apenas suma 149,24 kilómetros. Entre los cinco jugadores que más han corrido hasta ahora hay dos españoles: Fabián Ruiz (23,7 km) y Rodrigo (23,4), tercero y cuarto respectivamente.
España es el conjunto que más balones recupera (82) y el que más faltas ha hecho (32). Y todos estos datos no van acompañados de la exuberancia ofensiva de antaño. Por ejemplo, suma apenas un 51,5% de media de posesión entre los dos partidos (es la 14ª del torneo) y ha realizado 89 ataques, por los 153 de Alemania, la otra selección que está recibiendo más elogios. Los jugadores presumen de estos datos. «Sabemos que con balón somos buenos, pero si apretamos y le ponemos ganas, si trabajamos como equipo sin balón, podemos recuperarlo pronto», decía Cucurella tras el segundo choque.
Así las cosas, las miradas se vuelven hacia Carlos Cruz (Móstoles, Madrid, 1986). Él es el preparador físico del equipo, y atiende a EL MUNDO con un punto de timidez: «Es que no me gusta hablar», se disculpa en las bambalinas de la zona de prensa que la Federación tiene en Donaueschingen. Trabajó en las categorías inferiores del Madrid y lleva muchos años con Luis de la Fuente. «Estamos en condiciones normales, no superlativas. Estamos bien», explica quitándose importancia, algo que ocurre durante toda la charla. Sonríe cuando se le recuerdan todos los datos que hablan de una locomotora.
«Tenemos 26 jugadores y 26 estados de forma diferentes», cuenta para explicar que, a la llegada a la concentración, a todos los futbolistas se les realizaron una serie de pruebas, entre ellas unos análisis de sangre. A partir de los resultados de esos análisis, «buscamos equilibrar, buscar los estados óptimos en la recuperación. La competición nos va a ir poniendo en forma. Lo importante es que recuperen bien y a partir de ahí, trabajar», cuenta en un tono didáctico. Hay una cosa muy importante. La selección, su staff, tiene a su disposición los últimos avances tecnológicos. Los sistemas de tracking (un software que detecta los movimientos del jugador, su intensidad, su relación con otros compañeros y con el balón), los chalecos GPS (para medir los esfuerzos y las distancias, el gasto calórico, etc...) y la Inteligencia Artificial. Pero...
Cucurella, en una pugna con Chiesa.AP
«Pero la comunicación con el jugador es lo más importante. Es una comunicación subjetiva, no apoyada en datos, pero yo me fío más de lo que me dice un jugador sobre cómo se siente, si está fatigado o no, que de lo que me dicen las máquinas», sorprende Carlos, un chico delgado, inquieto, que estos días, junto a los médicos y a la nutricionista, Toscana Viar, tiene una obsesión: «Estamos haciéndoles tests de hidratación a los jugadores, para ver qué nivel de hidratación tienen, también antes y después de los partidos». De ahí sale una dieta y unos niveles de ingesta de líquidos mínimos para cada futbolista. Nada queda al azar en un equipo profesional. Y menos en este que aspira a ganar la Eurocopa.
De nuevo insiste Cruz en que no está España en un nivel superlativo. «Estamos bien. En virtud de nuestro modelo de juego, los jugadores, que son fantásticos, están haciendo lo que pedimos. El objetivo principal es el resultado, pero queremos conseguirlo a través del juego», cuenta. Y Laporte, que sabe de esto, lo corrobora. «Es nuestro ADN. Nosotros no somos un equipo que sepa esperar, somos un equipo de presionar, de correr mucho, de ser generosos en el esfuerzo. Es lo que nos pide el entrenador y lo hacemos», reflexiona.
Términos técnicos
Carlos, hacia el final de la conversación, descubre algunos de esos términos que para los profanos suenan a coreano. «Vamos recopilando datos de los jugadores todo el año y vemos el crónico agudo de ese estado físico del jugador». Eso, el crónico agudo, viene a ser... Es mejor no intentar explicarlo, porque el jardín es de los severos, y Carlos pone cara de que tampoco es fácil explicárselo a un profano.
«Tenemos jugadores con 5.500 minutos en la temporada y otros con 1.200. Por eso la comunicación con ellos es importantísima. Son muy buenos técnicamente, son muy buenos tácticamente y son muy buenos también físicamente», concluye, diciendo que no están pensando en los octavos, sino en llegar bien al partido ante Albania. Pero Luis, su jefe, es más explícito. «El próximo partido nos permite refrescar un poco al equipo».