El 9 de noviembre de 2013, el actual número uno mundial publicó una foto con el mensaje que le salió en una galleta de la suerte y la frase: “Voy a ganar el masters!”.
Jon Rahm, con la chaqueta verde del Masters de Augusta.EFE
Casi 10 años antes de ganar el Masters de Augusta, Jon Rahm vaticino que algún día vestiría la chaqueta verde, gracias al mensaje de un papelito que venía con una galleta de la suerte.
“Tu talento será reconocido y recompensado adecuadamente“, fue el mensaje que recibió en el papelito que envolvía el dulce. En aquel momento, en noviembre de 2013, el día antes de cumplir 19 años -ahora tiene 28-, el actual número uno mundial publicó una foto con el mensaje en sus redes sociales y la frase: “Voy a ganar el masters!”.
Dicho y hecho, una década después el jugador de Barrika conquistaba el Masters de Augusta, su segundo major, se convertía en el cuarto español que gana el mítico trofeo tras tras Severiano Ballesteros, José María Olazábal y Sergio García.
Además, la victoria llegó el día en el que Severiano Ballesteros, el gran referente del golf español, hubiera cumplido 66 años, justo seis después del triunfo de Sergio García.
Se le veía un brillo especial en los ojos cuando terminó la carrera. Había logrado, sin ninguna fisura, sin ningún error, el único objetivo que era materialmente alcanzable: ser el primero detrás de los Red Bull. Un podio, un bálsamo de Fierabrás que
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Se presentó en Austin a 55 puntos del liderato y pone rumbo a México a sólo 40, con la mirada inyectada en sangre, cada vez más convencido de que puede obrar el milagro. Max Verstappen venció con autoridad en Austin por delante de Lando Norris y Charles Leclerc, reducidos a comparsas, enfrascados en su particular duelo, definido más por sus carencias que por sus virtudes. No hubo modo de acercarse al tetracampeón, que enlaza tres victorias en las cuatro últimas carreras para pánico de Oscar Piastri. El líder del Mundial, quinto en la meta, se limitó a pasar desapercibido y a sacar la calculadora hasta cruzar quinto la meta.
Siempre lo hace parecer sencillo, pero baste recordar la suerte que corrieron los tres anteriores polesitters en el Circuito de las Américas, donde Norris acabó cuarto el año pasado, Leclerc fue descalificado en 2023 y Sainz tuvo que abandonar en 2022. Ajeno a estas contingencias, Verstappen lideró de punta a punta, con vuelta rápida abrochó ayer su séptimo grand chelem, superando ya a Lewis Hamilton y a sólo uno del récord de Jim Clark.
En el momento en que retiraron las mantas del Ferrari, dejando al aire los neumáticos de Leclerc, el panorama se despejó aún más para Mad Max. La única prioridad del holandés era doblar la primera curva en cabeza, un logro en apariencia sencillo, pero que ningún autor de la pole había llevado a término desde 2019. A partir de ese momento, sólo debía apretar a fondo para cimentar su ventaja. A partir de ahí, calcar la estrategia de Norris en boxes.
Abandono de Sainz
Verstappen cumplió con creces su cometido, favorecido además por la elección de Leclerc, ganador el año pasado en esta pista. Con los blandos, el monegasco había prendido de inicio sus fuegos artificiales, superando incluso a Norris, obstaculizando de este modo cualquier intento del británico. De sobra sabía Max que no podían permitirse ciertas licencias en McLaren, con Piastri atascado en la quinta plaza, por delante de George Russell.
Durante el primer tercio de carrera, las únicas noticias de McLaren llegaron a través de las advertencias de los comisarios por los track limits. Hasta que en la vuelta 20 enseñaron una bandera blanca y negra a Norris. Si volvía a rebasar alguna línea blanca con las cuatro ruedas sería penalizado con cinco segundos. Por entonces, Lando parecía desesperado a la estela de Leclerc, a quien sólo pudo superar traccionando en la curva 11. Sin gomas, Leclerc suponía otra presa fácil para Lewis Hamilton. Sin embargo, en lugar de cederle paso, los Ferrari se jugaron el pellejo en una absurda pugna, previa al paso por boxes de Charles.
La inercia positiva, reforzada con su podio del sábado en la sprint race, le duró apenas seis vueltas a Sainz. Las prisas fueron malas consejeras para el madrileño, que obsequió al respetable con una fantástica maniobra ante Oliver Bearman en la curva 12, pero que no anduvo tan fino frente a Andrea Kimi Antonelli. Se empeñó Carlos en meter el morro en el interior de la curva 19 y se topó con el Mercedes. Con tan mal fario que el impacto le forzó a la retirada, mientras el italiano marcaba la vuelta rápida rodando penúltimo, sólo tras Alex Albon, que también había chocado con Gabriel Bortoleto.
Sainz, frente a Antonelli, el domingo en Austin.AFP
Mientras tanto, Alonso controlaba los bostezos en la décima plaza, a mitad de camino entre Nico Hulkenberg y Liam Lawson. No daba para más el AMR-25, el octavo coche de la parrilla, así que ese punto debería incluso considerarse como bueno en Aston Martin.
En la vuelta 32, Norris se pasó de frenada en el pit-stop, bloqueando a su llegada al cajetín. Las operaciones de los mecánicos se alargaron 3,8 segundos, un retraso que le obligaba a ceder otra vez la segunda plaza a Leclerc. Por descontado, Verstappen pidió de inmediato su turno y los mecánicos de Red Bull cumplieron con solvencia (2,6 segundos). A partir de ese momento su única preocupación sería redondear el grand chelem, completado gracias al pit-stop de Russell, que le permitía liderar las 56 vueltas.
Norris, por el contrario, debía remar contra corriente, sin abusar en las trazadas, alejándose lo más posible de los bordillos. "No tengo agarre cuando me acerco", lamentaba, en referencia al mal endémico del MCL-39 con aire sucio. Se percibía su desesperación a través de la radio, pero él aguardó su momento. A cinco giros del final, Lando reconquistó la segunda plaza con una bonita maniobra en la curva 12. Muchos metros por detrás, Piastri jamás inquietó a Hamilton. Más que satisfecho con mantenerse lejos del alcance de Russell, el australiano pensó que ese quinto puesto podría valer también un título.
El madridista Kylian Mbappé lideró, con un gol y una asistencia, la victoria de Francia ante Alemania por 0-2, que dio al equipo de Didier Deschamps el tercer lugar en la Liga de Naciones, tras superar una primera parte difícil en la que permitió muchas llegadas de su rival.
Alemania, que había caído derrotada en semifinales ante Portugal, tuvo un buen arranque. En los primeros cinco minutos llegó dos veces con claridad ante la portería: la primera vez en el minuto 2 con un remate central de Nick Woltemade a pase filtrado de Niclas Füllkrug; después hubo un remate desviado de Pascal Gross y otro de Karim Adeyemi al cuerpo de Mike Maignan a pase de Woltemade.
El comienzo del partido mostraba a una Alemania con intensidad, que tenía más la pelota que los franceses y que llegaba al área pero era imprecisa en el remate. Francia, víctima de España en las semifinales, tuvo un momento alrededor del minuto 20 con dos buenas llegadas, un remate de Rayan Cherki y un cabezazo de Loic Badé y, en ambas ocasiones, Marc-André Ter Stegen reaccionó con buenas paradas despejando a saque de esquina.
Pero Alemania seguía pareciendo dominante. En el 37 Florian Wirtz estrelló un remate contra el poste y en el 43 hubo otra ocasión en los pies de Woltemade con un remate desde corta distancia ante el que Maignan firmó una gran parada.
Poco antes del descanso, aparecería Mbappé con una efectividad implacable. El capitán francés recibió un centro cerca del vértice del área pequeña. se deshizo de Joshua Kimmich con un regate y anotó frente al guardameta del FC Barcelona con un remate cruzado al segundo poste.
En la segunda parte Alemania siguió atacando. En el 53 Deniz Undav marcó, pero su gol fue anulado tras consulta de las imágenes del VAR por falta previa de Füllkrug sobre Adrien Rabiot, mientras que Francia lanzó desde la reanudación contragolpes peligrosos.
El segundo gol francés estuvo cerca varias veces: en el 59 lo evitó el poste, tras un remate de Marcus Thuram; en el 70 y el 79 fue Ter Stegen el que apareció con buenas paradas ante el propio Thuram y Mbappé.
Sin embargo, la sentencia terminó por llegar, en otro contragolpe, facilitado por un error de Jonathan Tah en la raya central que le dejó una autopista a Mbappé, quien, al acercarse al área, entregó un pase a Michael Olise, quien había entrado apenas 15 minutos antes en el campo, para que este marcase a puerta vacía y diera el premio de consolación al combinado francés.