El canario costó al Sevilla 12 millones de pesetas en 1974 con una ficha anual de un millón de pesetas
Cantudo, con bigote, celebra un gol durante un partido con el Sevilla.SEVILLA FC
El delantero del Sevilla entre 1974 y 1977 Antonio Manuel Cantudo ha muerto a los 71 años, ha informado este martes el club sevillista, que ha dado el pésame a los familiares del punta canario.
Cantudo nació en Santa Cruz de Tenerife en agosto de 1951 y llegó al Sevilla con 23 años en el verano de 1974 tras sobresalir en la faceta anotadora en el equipo de su ciudad con el objetivo de recuperar la máxima categoría, con Roque Olsen en el banquillo del Sánchez Pizjuán.
El canario costó al Sevilla 12 millones de pesetas, lo que en su momento, lo convirtió en el fichaje más caro en la historia del cuadro sevillista. Además, Cantudo firmó una ficha anual de 1 millón de pesetas.
Tras lograrlo en esa primera temporada, completó dos temporadas más en Primera como sevillista, la última de ellas dirigida por Luis Cid Carriega.
En total, disputó 78 encuentros entre Liga y Copa, convirtiendo once goles antes de marcharse traspasado en el verano de 1977 al Deportivo de La Coruña, equipo en el que colgó las botas tres años más tarde.
Laura Herediacerraba los ojos y respiraba profundo, muy profundo, mientras su ayudante y hermano, Aleix Heredia, la animaba. "¡Hasta el final, Lau!", le gritaba, pero la final de pentatlón moderno se había acabado para ella. Y lo peor es que no había sido su culpa. En la primera prueba, Dollar us d'Ecly, un caballo de 11 años de la Guardia Republicana, de raza francés de silla, no quiso saltar bajo sus órdenes y arruinó todas sus opciones. En el primer obstáculo frente al palacio de Versalles, Heredia se precipitó, nerviosa, y en el tercer obstáculo ya se vio la descoordinación entre jinete y caballo: un listón se fue al suelo y, a partir de ahí, un desastre. Al quinto obstáculo, Dollar us d'Ecly se frenó en seco y adiós. La española no sumó ninguno de los 300 puntos posibles e incluso se despidió del diploma.
Después se rehízo mínimamente en la esgrima y encaró la natación y la laser run, su punto fuerte, con el único objetivo de no acabar última en la final. Lo logró: fue penúltimo, decimoséptima. En todo caso iba a ser la mejor posición de la historia de una española en el pentatlón moderno porque Heredia era la primera española en unos Juegos.
Quedaba como consuelo que el mal trago no volverá a pasar. La prueba de hípica en el pentatlón moderno siempre ha sido muy criticada en los Juegos por dos motivos: en primer lugar por su aleatoriedad, ya que los equinos se reparten a suertes y no conocen al jinete que los montará -sólo tienen 20 minutos para calentar- y en segundo lugar, y más importante para el Comité Olímpico Internacional (COI), por su elevado coste. Desde hace varias ediciones se intenta eliminar o modificar su presencia y eso finalmente ocurrirá en los Juegos de Los Ángeles 2028. Allí en lugar de hípica el pentatlón moderno comenzará con una especie de carrera de obstáculos a pie, una Spartan Race, todavía por definir. Heredia, de 24 años, podría estar allí y desquitarse de la adversidad que le llevó a cerrar la lista negra de España en los Juegos.
Con la cruel lesión de Carolina Marín en las semifinales del bádminton como imagen inolvidable, también hubo los declives de Mar Molné en el tiro, Jon Rahm en el golf, el 470 en la vela e incluso la selección femenina de fútbol cuando ya tenían la medalla casi asegurada o las derrotas de favoritísimos como la taekwondista Adriana Cerezo, el judoca Niko Shera o la piragüista Antía Jácome.
El agotamiento, que también tiene mucho que ver (o casi todo) con la motivación, hizo mella. No podía ser de otra forma en un Real Madrid metido de lleno en su semana cuádruple, tres de sus cuatro citas a domicilio. Se topó con un Covirán Granada ambicioso y valiente y no se llevó un disgusto de milagro. Después de verse sin salida, apareció Mario Hezonja para capitanear una corajuda remontada. La octava victoria en los últimos nueve encuentros. Una resurrección dentro de otra resurrección. [79-84: Narración y estadísticas]
Porque realmente el Granada tenía contra las cuerdas al Madrid. El modesto poniendo en un aprieto al grande, sacándole los colores cerca de tres cuartos de choque, viéndose 15 arriba ante un rival que movía y movía el banquillo y no encontraba respuesta. Pero es tal el poderío que maneja Chus Mateo (clave también fue su paciencia) que finalmente halló el resorte. Un tipo dispuesto a romper el guion, a contagiar a sus compañeros y en evitar un tropiezo que parecía inminente. Hezonja, despliegue de calidad, firmó 23 puntos y ocho rebotes y no hubo nada que el Covirán pudiera hacer para evitarlo.
En mitad del frenesí, a Chus Mateo no le quedó otra que aplicar la lógica del reparto de esfuerzo, aunque eso supusiera un claro riesgo. O, al menos, intentarlo. Con Rathan-Mayes y Eli Ndiaye en el quinteto inicial, los planes pronto los hizo añicos un Granada que salió con fuego en las piernas y descaro para repartir. La primera mitad de los de Pablo Pin resultó sublime, un ciclón, la única forma de intentar dar la sorpresa ante el poderoso en mitad de la semana.
Le miró a los ojos al Madrid y le desafío con un baloncesto sin complejos dirigido por Jonathan Rousselle y ejecutado principalmente por el atildado Amine Noua. Los blancos fueron un desastre defensivo, ni rastro de la energía y del colmillo que parecía recuperado últimamente, sin ir más lejos el lunes en el Buesa.
Rathan-Mayes, defendido por Rousselle y Clavell en Granada.miguel angel molinaEFE
Encajó 48 puntos el equipo de Mateo, incapaz de arrimarse pese a acabar la primera parte ya con todas las estrellas en pista, con ese quinteto que casi siempre es garantía. Pero ni Tavares se imponía en la zona ni Campazzo en la dirección, ahogados por la agresividad granadina, que forzó hasta nueve pérdidas blancas.
La esperada reacción no se produjo inmediatamente a la vuelta de vestuarios. El contagio de desidia ya estaba extendido en el Madrid y ni Garuba logró hacerle espabilar. Es más, ahora con la electricidad de Gian Clavell, el Granada estiró la distancia (53-38), cuando Mateo decidió mandar al banquillo hasta sus dos puntales, Campazzo y Tavares, aguardando a que escampara. No había forma de acercarse. Sólo cuando Hezonja fue llamado al rescate, con su despliegue de cualidades y una calma asombrosa, acompañado de Ibaka, Ndiaye, Andrés Feliz y un decisivo Hugo González en un improbable quinteto, logró el primer destello de un equipo que no se reconocía.
Prendió la mecha y el Granada, tan bravo hacía nada, se fue deshaciendo mientras sus fuerzas le abandonaban. Scott Bamford y Jacob Wiley intentaron evitar la remontada, pero el Madrid ya había olido sangre. Cuando volvió Campazzo, ya poco podía hacer. Cinco puntos del argentino pusieron al Madrid por delante por primera vez (75-77), a falta de tres minutos. No iba a tardar Hezonja en sentenciar, el hombre de la noche.
El Granada tendrá que seguir picando piedra para escapar de los puestos más bajos. El Madrid ya se arrima peligrosamente al liderato de Unicaja y Valencia y tiene a tiro ser cabeza de serie de la Copa.
Sin respiro, el viernes se enfrenta en Kaunas al Zalgiris en Euroliga.
Todos los balones de fútbol son descendientes de la vejiga del cerdo, que debidamente hinchada y anudado su conducto evacuatorio fue utilizada en la prehistoria de este juego hasta que buenos talabarteros la cubrieron de sufrido cuero. El primer Reglamento, redactado en octubre de 1863 en la Fremason's Tavern de Londres, no especificó nada sobre el balón. Se ve que no le dio importancia. Sólo en 1872 regularon su tamaño (entre 27 y 28 pulgadas de circunferencia, 68,58 y 71,12 centímetros), su peso (entre 14 y 16 onzas, o sea, de 368 a 425 gramos «al empezar el partido») y su presión, entre 0,6 y 1,1 atmósferas. Lo de «al empezar el partido» se incluye porque en días de lluvia podía aumentar su peso hasta un 50%.
La impermeabilidad primero, y luego la esfericidad perfecta han sido las obsesiones que han trazado su evolución, siempre con la Copa del Mundo como referente y en cuatro etapas bien distinguidas: la primera, la de los balones con tiento; la segunda, desde Brasil'1950, con el acceso directo a la cámara; la tercera, con la irrupción de Adidas (México'1970) y su cadena de diseños y de materiales impermeables; y la cuarta, siempre ya con Adidas, marcada por la incorporación del chip, a partir de Rusia'2018. Toda una evolución para una pelota.
En Uruguay'1930 dominó el T-model, ya utilizado en los JJ.OO. París'1924 y Amsterdam'1928, ambos ganados por Uruguay. Estaba compuesto por once paneles de cuero en forma de T, cosidos a mano. La abertura, llamada tiento, para inflar la cámara interior de goma, se cerraba con un cordón también de cuero que podía raspar y hasta herir la frente, razón por la cual bastantes defensas se la protegían con un pañuelo. También se usó el balón llamado Tiento, de 12 paneles alargados en forma de doble seta. Era el preferido por los argentinos, que con el T-model habían perdido ante Uruguay la final olímpica de 1928. Así que antes de esta, la del primer Mundial de la historia, hubo una fuerte discusión que el árbitro belga, Langenus, resolvió al modo salomónico: se jugaría el primer tiempo con el Tiento y el segundo con el T-model.
Al descanso ganaba Argentina 1-2 con su balón; en la segunda mitad, los uruguayos remontaron hasta el 4-2 con el suyo. Por cábala, por familiaridad con el balón o porque pegaron mucho y los argentinos se arrugaron, como dijo la prensa bonaerense, el caso es que ganaron los uruguayos. En Italia-1930, el Federale-102 era muy similar al Tiento, sólo que el cordón no era de cuero sino de algodón marrón, más suave. Pero resultó frágil, y la final, Italia-Checolosvaquia, hubo de jugarse con el Zig-Zag inglés, una variante del T-model.
En Francia'1938 el fútbol registró una primera y fugaz intrusión publicitaria, y vino por vía del balón. El Allen era como el Federale-102 pero con el cordón en blanco, que le daba un aire coqueto. El árbitro lo sacó al centro del terreno y lo puso, con el rótulo Allen bien visible y sobre una peana, cara a los fotógrafos durante el sorteo entre los capitanes, el italiano Meazza y el húngaro Sarosi. En la misma fotografía se ve, tras el árbitro, el balón con el que se iba a jugar, sin marca.
El primer gran avance llega en Brasil'1950 gracias a tres argentinos, Romano Polo, Antonio Tosolini y Juan Valbonesi, que patentaron un balón sin tiento, hinchable por un orifico en uno de sus doce paneles de cuero. Lo llamaron Supercall Duplo-T. El balón de tiento, cuyo inevitable abultamiento provocaba botes anómalos, desapareció para siempre del fútbol oficial, aunque se siguió vendiendo en comercios hasta los sesenta. En España lo fabricaban los presos como forma de acortar sus condenas.
En Suiza'1954 se tiñó el cuero de amarillo, a fin de que resaltara más. Se le llamó Swiss World Champion y sus 18 piezas de cuero fueron enlazadas ya con hilos de nailon. Llovió mucho y se le reprochó que cargara demasiada agua. En la final, que pasó a la historia como El Milagro de Berna, llegó a estar pesadísimo, para dolor de los artistas magiares. En Suecia'1958 la FIFA organizó un concurso ente 102 firmas, que ganó el Top Star, con modelos en blanco, amarillo y beige. Sus 24 paneles iban encerados para defenderse del agua. Se utilizó mayoritariamente el blanco, incluida la final, que ganó la Brasil de Pelé a la anfitriona, Suecia. Con ese balón marcó el francés Just Fontaine 13 goles, récord todavía.
El de Chile'1962, Mister Crack, presentó un diseño revolucionario de 16 paneles hexagonales y dos en forma de almohadilla con mayor sensación de esfericidad, además de un nuevo tipo de válvula, en látex. A falta de Pelé, consagró a Garrincha. El de Inglaterra'1966 fue el Challenge Star, elegido entre 100 propuestas, y volvió a un diseño similar los anteriores. Se alternaron los colores blanco, amarillo y naranja, y fue éste el elegido para la final. Eso permitió ver muy marcada la mancha de cal tras botar sobre la línea de la portería del alemán Tilkowsky tras el célebre tiro de Hurst, prueba de que no entró.
Y entonces llegó Adidas, en México'1970, y lo hizo para quedarse hasta hoy. Su estreno se llamó Telstar, como el satélite que permitió que ya el campeonato anterior se viera en directo desde cualquier parte el mundo. Inspirado en el Míster Crack, lo construyó con 20 hexágonos blancos y 12 pentágonos negros, lo que resultó rupturista. Esa disposición de paneles la mantuvo hasta entrado este siglo. El de Alemania'1974 se llamó Telstar-Durlast, aludiendo el apellido al recubrimiento plástico impermeabilizante, y ya llevó impresos los rótulos Adidas, Telstar-Durlast y Official World Cup. Estábamos en los años de la eclosión del marketing deportivo. En lo sucesivo, todos serían balones-anuncio.
Para Argentina'1978, el Mundial de Kempes, el fabricante alemán presentó el Tango, en realidad el Telstar con una apariencia nueva, conseguidísima. Era blanco, adornado por unos triángulos negros de lados curvos que entre sí dibujaban círculos, produciendo todo ello un efecto de redondez perfecta. Ese diseño perduró hasta Francia'1998, con variaciones en el fondo negro de los triángulos. En 1982 se llamó Tango España e introdujo el poliuretano. Adiós al cuero, en beneficio siempre de la impermeabilidad. Aquel balón hizo campeona a Italia para felicidad del viejo y venerable Pertini. En México'1986, el campeonato de las diabluras de Maradona, el Azteca presentaba en los triángulos negros gretas aztecas; en Italia'1990 el Etrusco Único mostraba tres cabezas de leones inspirados en el arte etrusco; en Estados Unidos'1994, el Questra aludía a la exploración espacial con planetas, estrellas y cohetes; y en Francia'1998, el Tricolore portaba los tres colores de la bandera francesa introducidos con ayuda de la silueta de un gallo, con cola de tres plumas, como las rayas de Adidas.
En todo ese tiempo la marca alemana experimentaba nuevos materiales ayudándose de los túneles de viento de Porsche. El Tricolore dio un gran salto al incluir una espuma sintética con resistentes microesferas llenas de gas, que provocaban mayor rapidez de vuelo. Adidas buscaba un balón muy reactivo y de bote vivo, que bien golpeado tomara efectos muy marcados. Para los porteros cada avance era un problema, pues les cambiaba el hábito y tenían que reeducar sus automatismos. En algunos casos, la decoración exterior alteraba la percepción visual. Esto último lo acusó Oliver Kahn en la final ante Brasil en Corea y Japón'2002, donde el Fevernova (de fiebre y supernova) quebró la línea estética iniciada en México'1970 para adornarse con cuatro trígonos sobre el fondo blanco que sugerían turbinas eólicas, en pro de las energías renovables. Eran de color verde con reborde dorado y unas manchas de rojo fuego. Para la final, el dorado pasó a tomar el papel del verde y viceversa. En Alemania'2006, el Temgeist (espíritu de equipo), sustituyó los veteranísimos hexágonos y pentágonos por 14 paneles, seis en forma de hélice, blancos como el resto del balón pero con un reborde grueso negro y dorado. Por primera vez no iban cosidos los paneles, sino unidos por termosellado. Alcanzó un 99% de perfección en la prueba de esfericidad.
Su sucesor fue el Jabulani (celebración, en lengua zulú), de ocho paneles y esfericidad perfecta, blanco con cuatro triángulos redondeados. Llevaba once colores discretamente distribuidos, tantos como jugadores hay por equipo. Resultó un dolor para los porteros por su conducta, con curvas impredecibles cuando se acercaba a los 100 km/h. Todos los porteros renegaron de él, tachándolo de «pelota de plástico». Curiosamente fue un portero quien levantó aquella Copa del Mundo. Casillas. Mejor resultó el Brazuca de Brasil'2014. La palabra 'brazuca', escogida tras una votación en la que participaron un millón de personas, representa el orgullo por la forma brasileña de vivir). Adidas trabajó a fondo con 600 futbolistas de nivel y 30 equipos de científicos para crear este nuevo modelo, con seis paneles idénticos en forma de hélice, un dibujo zigzagueante y un colorido que representaba las pulseras de la suerte brasileñas. No le dio suerte a Brasil, pues cayó con estrépito por 1-7 frente a Alemania, luego campeona. Pero funcionó. El secreto fueron unos ligeros surcos que corrigieron el efecto pelota de plástico del Jabulani.
El Telstar-18 de Rusia 2018 enlazaba el pasado y el futuro. Constaba de seis paneles, pero los dibujos evocaban los 20 del Telstar de México'70, aunque los hexágonos negros estaban pixelados, para darle un aire futurista. En la segunda fase el negro fue sustituido por el rojo y se llamó Telstar Metcha, sueño o ambición en ruso. Con ese balón dio España sus más de 1.000 toques para nada el día de su eliminación. El gran avance fue un chip en su centro geométrico unido por cables a la superficie interior de la esfera para transmitir velocidades, trayectorias, potencia del golpeo y demás. Nacía el balón inteligente, evolucionado luego en el Al Rihla (viaje) de Qatar'2022. Tenía 20 paneles de poliuretano con unos trazos de colores vivos. Para las semifinales y la final fueron más apagados, con el tono de los anocheceres del desierto, y cambió el nombre por el de Al Hilm (el sueño). Fue más rápido que ningún otro. Llevó un núcleo esférico conocido como CRT-CORE, también unido por cables a la superficie interior, que permitía precisar automáticamente el instante justo del golpeo para medir el fuera de juego y si el balón había traspasado o no la línea de gol.
Ahora nos espera en Estados Unidos, México y Canadá'2016 el recientemente presentado Trionda, otra vuelta de tuerca, un balón con un sensor de 500 hercios incorporado. Sus cuatro paneles en hélice llevan los colores nacionales de los tres países, azul, verde y rojo, y dibujos representativos de ellos, estrella, águila y hoja de arce. El sistema de transmisión ya no va en el núcleo, sino en uno de los cuatro paneles, contrapesado en los tres restantes. Se le ha dotado de detalles en relieve para ayudar a su estabilidad en el vuelo.
Aquella vejiga de cerdo es ahora vanguardia tecnológica. Continuará.