El deportista ruso, al que tuvieron que amputarle los pies hace dos semanas, ha sufrido dos derrames cerebrales.
Kostomarov, durante su ejercicio con Tatiana Navka en los Juegos de Turín.
El ex patinador artístico ruso Roman Kostomarov, campeón olímpico en los Juegos de Invierno de Turín 2006, se encuentra entre la vida y la muerte tras sufrir dos derrames cerebrales, según informaciones de la agencia Ria Novosti. “Ha tenido una segunda hemorragia. Su estado es grave”, asegura citando fuentes cercanas.
El estado de salud del deportista, de 46 años, habría empeorado en los últimos días. Kostomarov fue hospitalizado el 10 de enero tras quejarse de debilidad y dolor en el pecho. Le diagnosticaron sepsis y neumonía, lo ingresaron en cuidados intensivos y le conectaron a un respirador artificial.
El diario Izvestia informó de que tuvieron que amputarle los pies y habría perdido algunos dedos de la mano. A Kostomarov le amputaron un pie y le tuvieron que extirpar parte del talón del otro.
Nacido en Moscú, Kostomarov empezó a patinar a los nueve años. Formando pareja con Tatiana Navka conquistó, además del oro olímpico, dos campeonatos del mundo (2004 y 2005) y tres títulos de campeones de Europa (2004, 2005 y 2006).
Antes que lo hiciera Valentín Vacherot, hace ya casi 30 años un español vivió una historia de película de esas que tanto gustan en el tenis: procedente de la previa y situado en el puesto 146 del ranking ATP, ganó el Masters 1000 de Hamburgo en 1996 tras derrotar a un futuro número uno, Yevgueni Káfelnikov, y a un futuro número dos, Álex Corretja. Era Roberto Carretero.
Apenas tenía 20 años. Antes ya había sido campeón júnior de Roland Garros y su físico imponía: era una bestia, bombardeaba con la derecha. Nadie dudaba sobre su futuro. Pero ahí acabó su carrera. En las temporadas posteriores, una mezcla de lesiones, frustraciones y fiestas lo llevaron a una retirada temprana. Por suerte, supo reciclarse como comentarista en Movistar, donde ya acumula 18 años. Y también, por suerte, cuenta su experiencia con humor en el libro El tenis desde dentro. Del vestuario a la cabina: un viaje al corazón del tenis, recientemente editado por Mauri Spagnol.
La mayoría de aficionados al tenis le conocen como comentarista y apenas le recuerdan como tenista.
Es normal. Han pasado muchos años y antes era muy complicado conseguir visibilidad. No se emitían todos los partidos, ni siquiera todos los torneos. Y era imposible entrar en la Copa Davis, que era la competición más seguida, porque había 14 españoles en el Top 100 de la ATP. Siempre hay algún tuitero que dice: "¿Éste con quién ha empatado?". Pero la mayoría del público es más amable y cambia la pregunta: "¿Qué te pasó?".
¿Y qué le pasó?
Tenía mucho potencial, y lo sabía, pero necesitaba tiempo y no supe dármelo. Me falló la cabeza. Tuve lesiones, especialmente en el hombro, y las lesiones siempre son difíciles, pero eso es solo una excusa. Era muy blando mentalmente. Con las derrotas me fui desinflando, y mi cabeza dijo basta muy pronto. A día de hoy todavía quiero las cosas cómodas, lo quiero todo fácil. Con los años he ido curando la frustración por no haber alcanzado mis objetivos, pero en su momento fue duro.
Póngase en valor.
En mis tiempos había muy pocos jugadores que jugaran con mi explosividad, que saltaran para pegar, que golpearan tan fuerte. Hoy se juega más recto, pero yo jugaba con mucha velocidad pese a usar parábolas y efectos. Quizá me parecía a Fernando González. Me da apuro, pero a veces me comparo con Carlos Alcaraz. Me veo reflejado en su tenis: la derecha, los apoyos, las dejadas... aunque mi revés era mucho peor que el suyo y mi físico... bueno, yo estaba todo el día lesionado.
También es cierto que entrenaban como burros. En el libro cuenta que llenaban carros del Pryca con bolas y que golpeaba más de 200 derechas seguidas con una tensión en la raqueta de 40 kilos. Es una animalada.
Nací antes de lo que me tocaba. Con mi físico -pesaba 92 kilos y no era muy alto- necesitaba entrenar menos y hacer más prevención de lesiones. ¿Cómo iba a aguantar mi cuerpo machacándome así? A mí el tenis me reventó. A día de hoy me levanto y me duele todo. Estoy jodido por todos lados. Y eso que ahora me cuido. El problema es que, como jugador, no me cuidaba nada.
Alcaraz no se inventó la fiesta.
Alcaraz es un amateur de la fiesta comparado con lo que salíamos en nuestra época. En aquellos tiempos también estaban Pato Clavet o Beto Martín, que se cuidaban muchísimo, pero el resto... Se salía más que ahora, eso está claro. Si estábamos en casa, en Barcelona, salíamos cada semana, cada sábado, era una rutina. Y si estábamos fuera, los propios torneos organizaban fiestas. Alcaraz saldrá seis o siete veces al año, se tomará un par de copas y se lo pasará en grande. Pero lo nuestro era otra cosa. La diferencia es que antes no se hablaba, y ahora él lo muestra en un documental. Me parece fantástico que lo haga.
Habla en el libro de la soledad del tenis.
Hay muchos viajes, muchas noches de hotel... tienes que estar muy bien rodeado. A los 20 años mandas sobre tíos de 50: entrenadores, preparadores físicos o fisioterapeutas. Tú les pagas, tú eres el jefe, y dependen de ti. Eso no pasa en otros deportes. Si destacas en el fútbol o el baloncesto, el que manda sigue siendo el entrenador.
Es un deporte para quien sabe sufrir.
Totalmente. Y eso es muy duro. Te paseas por los clubes y apenas ves a niños disfrutando. Todos están cabreados. Y lo mismo pasa con los veteranos. En cambio, pasas por las pistas de pádel y la gente se lo pasa bomba. En el tenis te enseñan a jugar con amargura, a sufrir, a pasar penas. Espero que eso cambie algún día. Alcaraz me parece un pionero en ese sentido: ojalá normalice sonreír en la pista.
Girona 0 Real Madrid 3
ABRAHAM P. ROMERO
@AbrahamRomero_
Actualizado Sábado,
30
septiembre
2023
-
21:45El defensa fue expulsado por una durísima falta...
Recuerda Carlos Soria su sorpresa cuando en la primavera de 2004 llegó al campo base del K2, posiblemente la montaña más difícil de escalar del planeta, y se encontró allí un plató de cine. Italia celebraba el 50 aniversario de su primera ascensión a un ochomil, la realizada por Achille Compagnoni y Lino Lacedelli en 1954, y lo hacía con una película con actores conocidos y financiación pública de la RAI. «Tenían millones de presupuesto y un montón de medios», cuenta el alpinista que lamenta que en España no exista un proyecto parecido.
El 2025 que está a punto de empezar se cumplen 50 años de la primera ascensión a un ochomil de dos españoles, Jerónimo López y Gerardo Blázquez, que en 1975 hollaron el Manaslu (8.163 metros) y no hay un film previsto, ni intérprete contratados, ni mucho menos dinero para rodar una de historia basada en hechos reales. Pero, eso sí, está Carlos Soria. «A los italianos en el K2 les faltaba alguien que realmente hubiera estado en la primera ascensión 50 años atrás», rememora y eso es lo que él puede aportar. ¿Para qué se necesitan actores y efectos especiales si se puede grabar como vuelve a subir el propio Soria?
Esa es la idea: la primavera que viene, Soria, que tiene 85 años y ya participó en la expedición de López y Blázquez -aunque no llegó a la cima-, quiere volver al Manaslu para poner en valor el hito que consiguieron cinco décadas atrás.
"Si estoy bien, tiro para arriba"
«El proyecto nació hace un año a partir del impulso de Carlos. Yo sabía que la ascensión al Manaslu de 1975 había pasado desapercibida porque fue un año de muchos cambios en España y aquí entonces apenas se valoraba el montañismo. Con mi productora pensé en hacer un documental, le propuse una entrevista a Carlos y se me ocurrió decirle que podríamos intentar ir al campo base para grabarla allí. Me respondió: 'Si voy al campo base del Manaslu y estoy bien, yo tiro para arriba'. Y, bueno, a partir de ahí empezamos a trabajar», relata Alberto Flechoso, responsable de Atrevida Films, vicepresidente de la Real Sociedad Española De Alpinismo (RSEA) Peñalara y ahora impulsor de la expedición Manaslu, 50 años después, que de momento está a medias.
Para cubrir el presupuesto, que ronda los 190.000 euros e incluye la contratación de los sherpas de la prestigiosa compañía Seven Summit Treks se necesitan unos patrocinadores que todavía no han llegado. La Comunidad de Madrid aporta una ayuda de cerca de 20.000 euros, pero aún falta. «Esperamos que después de la Navidad se active todo», alienta Flechoso. Los números están por hacer, pero si es por Soria fuerza no faltará.
«Me encuentro cada día mejor, muy ilusionado con la vuelta al Manaslu. Tener proyectos es mi manera de vivir», comenta el alpinista, en forma pese al accidente sufrido el año pasado. En mayo de 2023, en otro intento de ascender al Dhaulagiri, un guía sherpa cayó, arrastró a Soria con él y le fracturó la tibia de la pierna derecha. Estaban a 7.700 metros y en el largo y peligroso descenso al campo II, casi pierde la vida. Luego, de vuelta a España, tuvo que operarse, pasar dos meses en la cama y cruzar por una lenta rehabilitación hasta que a finales de año volvió a la bicicleta, a la escalada, a su montañismo de toda la vida.
La prueba en el Pico Lenin
Quienes le ven entrenar a diario en el rocódromo Sputnik de Las Rozas o en los senderos de La Pedriza en la Sierra de Guadarrama aseguran que la recuperación es total. «Vive como si estuviera en un campo de altura, como si fuera un monje shaolin. Se levanta a las cinco de la mañana, hace sus ejercicios de fuerza, a las siete ya está en el rocódromo... Es una cosa fuera de lo normal. Cuando no esté, se le estudiará», concluye Flechoso que hace unos meses pudo comprobar en primera persona el estado físico de Soria.
Como preparación para el Manaslu, ambos se fueron hace unos meses al Pico Lenin, de 7.134 metros, en Kirguistán y sólo una violenta tormenta impidió que el entrenamiento acabará en la cumbre. «Carlos se quería probar en altura y quedó claro que está en forma. A mí me impresionó muchísimo. Por la calle, lo ves andando y la gente lo adelanta, pero en altitud no para, es alucinante. Tiene unas cualidades únicas. Cuando pasábamos delante de montañeros mucho más joven lo miraban y flipaban: '¿Pero este señor mayor quién es?'», cuenta Flechoso que, si el dinero alcanza, formará parte del equipo que vaya al Manaslu junto a Soria, otros alpinistas como Luis Miguel Soriano, Sito Carcavilla, Pedro Mateo y Jorge Palacios, el presidente del RSEA Peñalara, Javier Garrido, y la corredora de montaña Belén Rodríguez que buscará cumplir con su propio objetivo.
Socia del mismo RSEA Peñalara, ambiciona establecer el primer récord femenino de ascenso y descenso a cumbre desde el campo base, que está a unos 4.850 metros. La plusmarca masculina, en posesión del estadounidense Tyler Andrews, está en menos de 10 horas, un tiempo asombroso. Si todo va bien, en una subida clásica se invierte como mínimo el doble de horas.
Sama, donde es "hijo adoptivo"
El plan de todo el equipo pasa por volar al Nepal a mediados de marzo, realizar la aclimatación a la altitud en el valle del Khumbu, a casi 4.000 metros de altitud, y plantarse en abril en el campo base en busca de una oportunidad para ascender. Ese previo previo antes de atacar al Manaslu permitiría a Soria volver a visitar Sama, un pequeña aldea donde ya es «como un hijo adoptivo». Su primera visita fue en 1973, en la primera expedición española a la montaña nepalí, volvió en 1975, nuevamente en 1999 y más tarde en dos ocasiones en 2010, cuando pisó la cima por primera vez.
«Recuerdo que en 2010 les ofrecimos llevar lápices y material escolar para los niños y nos dijeron que les hacía falta 70 colchones y 70 edredones. Pues allí que fuimos con todo eso. Gracias a la ayuda de mucha gente conseguimos llevárselo», recapitula Soria, que esta vez quiere llevar material para la digitalización de los edificios públicos del lugar, como la escuela
La ilusión por el regreso a Manaslu aplaza así el final de la carrera por los 14 ochomiles de Soria, al que sólo le faltan dos. Le queda el Shisha Pangma, pero sobre todo le queda el Dhaulagiri. Allí fue en 1988 cuando todavía trabajaba como tapicero y todavía no había sumano ningún 'ochomil', en 2001; en 2006; cuando falleció su compañero Pepe Garcés en una grave caída; en 2011; en 2012; en 2016, en 2017 dos veces, en primavera y en otoño; en 2018, en 2019; en 2021, justo después de la reapertura tras la pandemia; y en 2023, cuando sufrió el accidente.
En total 12 intentos sin éxito en la que ya se ha convertido en su montaña fetiche, para lo bueno y para lo malo. «Lo importante ahora es ir al Manaslu, poder ir. Estoy seguro que lo conseguiremos, me hace muchísima ilusión», finaliza Soria, de camino a homenajear, si alcanza el presupuesto, a la primera expedición española que holló la cumbre de un ochomil, hará ya 50 años.