Padecía problemas psicológicos desde hace años y dejó el baloncesto en 2021, después de ser sancionado
Hill en la publicación que confirma su muerte.TWITTER
Jalen Hill, jugador de 22 años de la Universidad de UCLA, ha muerto después de estar varios días desaparecido en Costa Rica. Su familia ha comunicado su muerte, sin dar detalles de las causas.
Este ha sido el mensaje publicado en las redes sociales: “Nuestros corazones están destrozados y rotos para informar a familiares y amigos que nuestro hijo, Jalen, ha fallecido. Jalen desapareció mientras estaba en Costa Rica”.
“Sabemos que Jalen ha jugado un papel importante en la vida de muchas personas. Mientras tratamos de asimilar este momento tan devastador, les pedimos que nos den tiempo para llorar”, ha finalizado.
Jalen Hill había jugado en UCLA, pero fue sancionado por un incidente en China en 2017 por el que fue detenido junto a otros compañeros. Desde aquella sanción padecía ansiedad y depresión.
Jalen dejó el baloncesto después de ser suspendido en el año 2021. Antes había despuntado en el baloncesto universitario, llegando a promediar 9 puntos y 7 rebotes por encuentro en una temporada.
"Cómo puede cambiarte la vida en tan poco tiempo". En esa reflexión sobre sí mismo de Aday Mara tras su majestuoso partido de semifinales (26 puntos, nueve rebotes...), en el que llevó a Michigan a la final de la NCAA que después conquistaría ante UConn, se resume un frenético cuento de hadas. De las expectativas del unicornio del baloncesto español a la repentina y tajante frustración, y de ese abismo al reencuentro con el éxito. A lo grande.
Aday el pionero. Aday Historia. Campeón de la NCAA, lo que ningún español hizo jamás (sólo ellas, Helena Pueyo y Marta García, habían pisado una Final Four universitaria). En el Lucas Oil Arena de Indianápolis, un maño para siempre. El mismo chico que hace nada vio cómo su carrera se estampaba contra un muro, se comprobaba en su primera cima de tantas. Del olvido en UCLA con Mick Cronin al éxito en Michigan con Dusty May. Un trampolín hacia lo inevitable, la NBA. "Ha sido una carrera difícil, pero he tenido paciencia y sabía que mi tiempo iba a llegar. Gracias a todos los que creyeron en mí", admitía en las celebraciones.
Su despliegue en la lucha por el título conseguido brillantemente por los Wolverines, multiplicando su rendimiento y sus números quien ya fue nombrado jugador defensivo de la temporada en su conferencia, la Big Ten, le sella el pasaporte hacia la mejor liga del mundo. Será, junto a Santi Aldama y Hugo González (quizá alguno más como Baba Miller), el tercer español allí el curso que viene, pues sus credenciales en el próximo draft se sitúan ahora entre las 20 primeras elecciones. El destino de quien estaba predestinado.
No sólo por su altura (2,21 metros y casi 2,30 de envergadura). Ni siquiera por los genes heredados de su padre, Javi (2,01 de quien fue jugador profesional) y, sobre todo, de su madre, la canaria Geli Gómez (1,90), leyenda del voleibol nacional. También por una intuición precoz en las canastas, una facilidad que bien temprano le hizo saltar todos los radares. Luis Arbalejo, actual director deportivo del Valencia Basket, fue quien reclutó a Aday para la cantera del Basket Zaragoza, alertado por las palabras de Pedro Enériz, gerente del club: "Hay un niño altísimo...". "Fuimos a verle al colegio. Le sacaba una cabeza al resto (con ocho años ya medía casi 1,70). Era muy tímido, muy apegado a sus padres como hijo único. Al principio le costó", rememoraba en este periódico sobre un chaval con el que tener "paciencia": "Todos éramos conscientes de que estábamos ante un gran proyecto, pero le costaba competir, correr la pista, hasta el contacto con los rivales. No era capaz de superar a nadie en el uno contra uno. No podíamos permitir que entrara en procesos que le causaran frustración".
Pero su eclosión fue impactante. En octubre de 2022, con 17 años, Martin Schiller le hizo debutar en ACB en el Príncipe Felipe (ya había tenido algún minuto en competición europea el curso anterior, a las órdenes de Jaume Ponsarnau), contra el Baskonia: en su primera acción completó un pick and roll de manual con un mate a dos manos. En los siguientes cuatro minutos, firmó ocho puntos sin fallo. En el repertorio, un alley-oop con la izquierda y un triple llegando en carrera. Con el Casademont serían un total de 22 partidos, después con Porfi Fisac en el banquillo.
Aday Mara, en su etapa con el Casademont Zaragoza.ACB Photo
El verano anterior se había presentado al planeta con la plata mundial lograda con la sub 17 en Málaga, sólo eclipsado por el MVP de Izan Almansa. Allí promedió 12,6 puntos, cinco rebotes y 1,9 tapones. Jorge Sanz, director de Operaciones Baloncestísticas de la Universidad de Gonzaga, y asistente de esa España que sólo perdió contra EEUU, recuerda la final, "todo el desparpajo y la dureza que mostró contra EEUU [16 puntos, 7 rebotes, 3 asistencias, 5 tapones...] y su personalidad «sin complejos»: "Los que son tan altos suelen ser un poco tímidos. Él acepta su cuerpo. Le da igual, es un jetilla, un guasón», admitía a EL MUNDO. "Me llamó mucho la atención su tolerancia a la frustración. Siempre, hasta en los momentos de adversidad competitiva, era capaz de trabajar con una sonrisa», recordaba Javi Zamora, el seleccionador.
Tras los 22 partidos con el Casademont, el destino era, otra vez, inevitable: la NCAA. Aunque no sin conflicto. Mara rompió unilateralmente su vinculación con el club maño y el asunto sigue en los tribunales. Pero lo que iba a ser la continuación de una historia de crecimiento, en UCLA devino en pesadilla. En la prestigiosa universidad para la que jugaran Kareem Abdul-Jabbar, Bill Walton o Reggie Miller, entre otros, Aday se enredó en un entrenador que no creía en él. Con los Bruins, a las órdenes de Cronin, disputó 61 partidos pero solo nueve de titular: cinco puntos, 3,1 rebotes y 1,2 tapones... Y puñados de recelo. "Tenía miedo al fallo, miraba a ver si me iban a cambiar", admitía estos días en Drafteados.
El cambio de universidad fue un cambio de vida. Y May el entrenador al que tanto le deberá su carrera. Mara ha multiplicado sus números durante la temporada en un equipo poderosísimo que sólo ha perdido tres partidos. Y ha ido a más en el March Madness y con el remate de la Final Four. "Su evolución ha sido muy buena. Este año está siendo lo importante que no había sido los dos anteriores en UCLA. Michigan ha confiado en él desde el principio. Tiene el balón, juega minutos de muchísima calidad y suma de muchas maneras: reboteando, asistiendo, anotando desde el poste bajo, incluso un poquito más alejado y taponando. Sobre todo, taponando, que es una virtud enorme y realmente a nivel defensivo es un factor diferencial", explicaba Chus Mateo, presente en Indianápolis, a EL MUNDO. Pronto, el siguiente paso. De nuevo, inevitable, su debut con la selección.
Cuando Bronny James nació en Akron (Ohio), la misma ciudad que su padre, LeBron, que apenas tenía 19 años -y su madre, Savannah Brinson, 18-, ya acaparaba todos los focos: unos meses antes había sido nombrado rookie del año en la NBA y también le habían birlado en Atenas el oro olímpico con el USA Team. Exactamente dos décadas después, padre e hijo jugarán juntos en los Lakers. Algo tan insólito en el deporte profesional que parece responder más al guion de una película. Hasta el propio LeBron reconoció tras el primer duelo de pretemporada en el que coincidieron en cancha, hace unos días, que era «como Matrix».
La llegada del primogénito de LeBron (su hermano Bryce tiene tres años menos) a la NBA está rodeada de tanta expectación como recelo. Bronny acapara el protagonismo mediático y las conversaciones a unos días de que arranque la 22ª temporada de su padre (iguala el récord de longevidad de Vince Carter). La foto de ambos juntos en la cancha ya se dio esta semana en un duelo de pretemporada contra los Suns y, cuando el próximo día 23 en el Staples contra los Wolves ocurra en partido oficial, se convertirán en la cuarta pareja padre e hijo que juegue para el mismo equipo a la vez en las grandes ligas estadounidenses (hay dos precedentes en beisbol y uno en hockey). En fútbol se dio otro exótico episodio entre Rivaldo y Rivaldinho en el Mogi Mirim en 2014.
De fondo, la polémica. Porque desde hace tiempo jugar junto a Bronny ha sido el deseo admitido sin rubor por LeBron, que renovó (más de 50 millones de dólares esta temporada) después de que los Lakers eligieran a Bronny en el puesto 55 (de 58) de uno de los drafts más flojos que se recuerdan, pese a su mediocre año en la Universidad de Sur California (4,8 puntos, 2,8 rebotes...). Y su debut en las ligas de verano tampoco desató la alegría: falló sus 15 primeros triples. Pese a ello, la franquicia angelina le firmó un contrato garantizado por ocho millones por los cuatro primeros años. Detrás del entramado, el agente de ambos, Rich Paul.
Mínimo impacto
«Sin duda, la presión es mayor. Ya lo he visto en las redes sociales y en internet, hablando de que tal vez no merezca una oportunidad. Pero he tenido que lidiar con cosas así toda mi vida. Esto es más fuerte, sin duda, pero puedo superarlo», ha confesado el escolta, mucho más bajito que su padre (1,90) y que hace un año tuvo que superar un problema cardíaco tras caerse desplomado en un entrenamiento.
En la habitual encuesta de principio de curso con los general managers, a ninguno se le ocurre mencionar a Bronny entre los candidatos a rookie del año (el favorito es Zach Edey, de los Grizzlies), porque todos asumen que, más allá de lo mediático, el impacto deportivo del hijo de LeBron será mínimo en unos Lakers realmente necesitados y cuyo único movimiento en el mercado de entidad ha sido la llegada al banquillo del debutante JJ Redick.
Bronny James (9), derecha y LeBron.William LiangAP
«Es un jugador con una gran mentalidad defensiva. Actúa muy bien en los bloqueos y es rápido de manos. Está en pleno proceso de aprendizaje, es un rookie, así que habrá que tener paciencia, pero me gusta lo que he visto de momento», destacaba Anthony Davis sobre los primeros entrenamientos del chico, que tiene que vivir algunos episodios curiosos en el vestuario. Por ejemplo, tiene prohibido llamar 'papá' a LeBron hasta que suban al coche de vuelta a casa. «Para un padre, esto significa todo. Para alguien que no disfrutó de esto mientras crecía, es sensacional poder tener esa influencia en sus hijos, poder tener momentos con tu hijo y, por último, poder trabajar con tu hijo. Creo que es una de las cosas más grandes que un padre puede esperar o desear», confesó el Rey, que a finales de diciembre cumplirá 40 años sin que su rendimiento en la cancha parezca envejecer.