El pasado sábado, en el entrenamiento a puerta abierta de la selección en Las Rozas, con miles de personas en la grada aguantando el chaparrón de calor, Luis de la Fuente fue un jugador más. Lo fue en el sentido de que la chiquillería quería tanto una foto con Lamine o con Morata como con él. Se hizo selfies, firmó cientos de camisetas, bromeó con el personal y se marchó a la residencia con una sonrisa enorme.
Es la segunda convocatoria desde que reformó su staff tras la marcha de Pablo Amo, el que era su segundo, a Qatar. Juanjo González, antes auxiliar, es ahora su mano derecha, y su hijo, Alberto (el hijo de Luis de la Fuente) ha entrado a formar parte del grupo de trabajo. Cambios mínimos para darle continuidad a una labor resuelta en dos títulos (la Nations League de 2023 y la Eurocopa de 2024). Cambios mínimos, también, porque el bloque de jugadores sigue siendo el mismo.
Y eso, la continuidad, es lo que permite intuir, en un porcentaje altísimo, la alineación que mañana se va a medir a Francia. Parecen claros Unai Simón, Pedro Porro, Le Normand, Huijsen, Cucurella, Zubimendi, Fabián, Pedri, Nico y Lamine. ¿Dónde está la duda, entonces? Pues en el puesto de delantero centro. Y ahí hay dos opciones. La tradicional, Álvaro Morata, el capitán, y la menos habitual, Oyarzabal, el autor del gol en la final de la Eurocopa contra Inglaterra del verano pasado.
Felicidad evidente
Hace un par de meses, la cosa parecía clara en favor del jugador de la Real Sociedad. De hecho, en el partido de vuelta de los cuartos de final ante Países Bajos en Mestalla jugó él. Sin embargo, Morata marcó cinco goles en los últimos cinco partidos de la Liga turca, y ha llegado a Las Rozas (lo hizo a finales de la semana pasada, antes de lo que tocaba) en un estado de felicidad bastante evidente a juicio de los que conviven con él. Los más cercanos a De la Fuente, sin afirmarlo con rotundidad, apuestan por Oyarzabal para medirse a Francia, pero no está claro. Igual que el resto del once parece que sí, eso parece que no.
Huijsen, Zubimendi y Morata, en un entrenamiento.EFE
Y luego, además, hay que tener en cuenta otra serie de factores. Por ejemplo, el estado en el que llegó Fabián. Mientras sus compañeros llevan concentrados desde el sábado, el futbolista del PSG viene con la resaca (emocional) de haber ganado la Champions y haberlo celebrado como merece durante un par de días. Muy mal tiene que venir para no estar en el once, pues es una de las piezas intocables para De la Fuente, pero si no está en condiciones, se abren más opciones. La primera y principal sería para Dani Olmo, que a pesar de ser una de las debilidades del técnico, se ha quedado sin sitio en parte por la tremenda temporada de Pedri, su compañero (y muy amigo) en el Barça.
Ya en la Eurocopa, donde Morata sí fue titular siempre, se vio que sólo había un sitio en el campo para ellos. Con Zubimendi a los mandos y Fabián incuestionable, ese tercer lugar en el centro del campo está reñido. Sólo un contratiempo en alguno de los extremos podría cambiar eso y entonces empezar a jugar con opciones como Álex Baena o Yeremi Pino.
Martín Zubimendi (San Sebastián, 26 años) no tiene a nadie que le asesore en los temas de comunicación, y tampoco nadie que le gestione las redes sociales. «Tengo Instagram, pero lo que pongo, lo pongo yo», explica, y pone cara de sorpresa cuando en la conversación sale este tema. La mayoría de los compañeros sí tiran de ese tipo de empresas. Pero él no. Él, que dice poder tomarse algo en una terraza de Donosti sin que nadie le moleste, y que ahora baja en tren al centro de Londres sin que tampoco nadie repare en él, él, Martín, Zubi en el vestuario, es el faro de una selección española que puede amarrar de aquí al martes el billete para el Mundial. Un Mundial donde son favoritos, pero... «¿en qué nos beneficia decirnos todo el rato lo buenos que somos?», se pregunta él, una de las estrellas indiscutibles de la Premier. Y eso que lleva en el Arsenal dos meses.
PREGUNTA.La primera es muy fácil. ¿Qué echa de menos de Donosti?
RESPUESTA. A mi círculo más cercano.
P. ¿Quién lo compone?
R. Familia, amigos y mi perrita.
P. ¿Su perrita? ¿No se la ha llevado a Londres?
R. Estoy en ello, pero bueno, como de momento estoy ahí solo, creo que no le va a venir bien a ella.
R. Lea. Va a hacer cuatro años y medio que la tengo.
P. Eso es una relación consolidada.
R. Sí, sí, sí. Y la echo mucho de menos, no te creas.
P. A los que no tenemos perro nos cuesta un poco entender ese amor.
R. Es un amor incondicional, a ellos, a los perros, les da igual si has ganado o si has perdido, les da igual quién eres, si eres futbolista o no, y bueno, ese llegar a casa y que te reciba como si no te hubiera visto en meses...
P. Y al margen de Lea, ¿qué tal le va por Londres?
R. Bien, bien, la verdad que la adaptación ha sido fácil, creo que la vida del futbolista es más o menos parecida en todos lados, así que el día a día es bastante parecido.
P. ¿Dónde está viviendo?
R. Cerca de la Ciudad Deportiva, lejos del centro.
P. ¿Ha ido al centro de Londres ya?
R. Sí, sí, alguna vez.
P. ¿Y qué tal? Lo digo porque en Donosti le sería difícil pasar desapercibido, pasear, tomar algo...
R. No, ¡qué va! Yo podía hacer vida normal, tomarme un café, pasear...
P. ¿En serio? ¿En Donosti Martín Zubimendi podía tomarse un café en una terraza? Autógrafos, fotos...
R. Sí sí, y tan en serio. No tenía problema ninguno.
P. Bueno bueno... ¿y en Londres?
R. Pues igual. Yo cuando bajo, bajo en tren y no tengo problema. Alguno me reconoce, pero muy pocos, y que siga así. Es una ciudad enorme y cada uno va a su bola. Eres uno más.
P. ¿Y el inglés qué tal?
R. Yo pensaba que llevaba una buena base, pero claro, hasta que no llegas ahí no te das cuenta de que es más difícil de lo que parece. Pero bueno, lo entiendo bien. Y eso que dicen de que el inglés se le entiende mejor a los que no son ingleses es cierto.
El jugador de la selección y del Arsenal, en Las Rozas.ANTONIO HEREDIA
P. ¿Con quién se junta más?
R. Con Mikel, claro, y con el resto de españoles, que por el idioma es más fácil. Pero también intento salirme de mi zona de confort y hablar con todos.
P. Cuando no entrena, ¿qué hace allí?
R. De momento estoy teniendo visitas todas las semanas. Familia, amigos... Así que no me aburro.
P. ¿Qué diferencias ha encontrado entre el fútbol español y el fútbol inglés?
R. En Inglaterra todo es mucho más directo. Aquí en la Liga, tras recuperar el balón, quizás la mentalidad es mucho más de mantenerla y coger aire, pero allí, cada vez que hay una pérdida, el que recupera solo está pensando en atacar y tiene la capacidad física de, con una conducción, ponerse en área de rival.
P. Eso, ¿a usted le está costando?
R. Puede ser, pero también creo que elegí el equipo en función a mis características, a lo que proponían, y creo que el Arsenal es un equipo que tiene todas las características. Es capaz de llevar el peso del partido con balón, es capaz de correr a la espalda, de jugar rápido. Así que bueno, estoy teniendo que adaptar un poco a mi juego también. Me va a venir bien para crecer.
"En la Premier se corre más rápido, se choca más, son bestias físicamente y te empujan más, te agarran más..."
P. ¿Se corre más o se corre distinto?
R. Sobre todo, se corre a más velocidad. Las transiciones a veces son inevitables y sí que te hacen correr con nada. Corren para adelante y para atrás, claro, porque cuando pierdes la pelota... Hay veces que el fútbol se vuelve un poco incontrolable y te lleva ahí.
P. ¿Se choca más también? ¿Hay más disputas, más saltos?
R. Sí, el contacto está más normalizado. Al final también son bestias físicamente, así que bueno, sí que notas un poco al conducir el balón que te vienen, que te agarran, que te dificultan más la conducción, por ejemplo, y sí, en ese aspecto he notado más cambio.
P. Hablemos de la selección. ¿Qué le parece que se tenga por hecho que España es una de las grandes favoritas para ganar el Mundial?
R. Entiendo que puedan poner a España ahí en lo alto por lo que venimos haciendo, pero no sé, es que el hecho de hablar de ello aquí en el vestuario no sé a qué nos puede llevar, no entiendo los beneficios que nos pueda dar decir que somos buenos, o que podemos ganar el Mundial, así que bueno, aquí dentro lo llevamos con mucha naturalidad y creo que ese es el camino.
P. ¿Ustedes son conscientes de lo buenos que son? ¿O sí lo son y no le dan importancia?
R. Yo creo que sí, sí que somos conscientes, pero no sé, es que... Se me hace raro hablar todo el rato de lo buenos que somos, no sé, no es algo que ocurra en los vestuarios. En el vestuario no se habla de lo buenos que somos. Es que es impensable. No forma parte de las conversaciones, la verdad.
Martín Zubimendi.ANTONIO HEREDIA
P. Le definen como muy tímido.
R. Sí, con la edad creo que se va quitando un poco. De todas formas no diría tímido, yo creo que soy más, no sé, más reservado de primeras, pero luego ya...
P. Y que no le gustan las entrevistas.
R. Sí, eso sí es verdad.
P. ¿Pero no le gustan las entrevistas o los periodistas?
R. Pues no sé, al final por experiencias que he tenido... no me han aportado muchas cosas positivas. A veces han sido incluso negativas, me han metido en algún lío que otro... Ha habido algunas que me han causado momentos incómodos, entonces prefiero evitarlas a veces.
P. ¿Tiene gente que le ayuda con la comunicación?
R. No. Tengo mis redes sociales, pero las manejo yo.
P. El hecho de que sus padres sean profesores, ¿es mejor o es peor cuando uno es estudiante?
R. A la larga mejor, seguro. Obviamente la exigencia ahí ha estado, pero creo que he llevado bien esa exigencia.
P. ¿Sigue estudiando?
R. No. Estaba estudiando Ciencias de la Actividad Física y Deporte, pero lo tengo aparcado y no sé si lo retomaré.
"Mantengo la misma cuadrilla desde los tres años"
P. El hecho de ser hijo único, ¿qué le ha aportado y qué le ha hurtado, por decirlo así?
R. Es que como no he vivido lo otro, como no sé lo que es tener hermanos, pues tampoco sé lo que me ha faltado.
P. Pues lo típico, las peleas con el hermano por los juguetes, por la tele...
R. Pues es que no puedo comparar. Obviamente que con algún hermano tienes más compañía a nivel de ocio, pero bueno, en mi caso la verdad que he tenido dos padres súper implicados, muy activos también, muy involucrados con el deporte, así que en todo lo que ha sido el fútbol ha sido increíble cómo se han portado.
P. ¿Y la cuadrilla?
R. Sí, ahí en San Sebastián, en el País Vasco, es muy común buscarte ya tu cuadrilla y en ese aspecto he tenido mucha suerte, que la sigo manteniendo y desde los tres años que los conozco, pues está muy bien...
P. ¿Mantiene su cuadrilla desde los tres años?
R. Sí. Bueno, desde que empiezas el cole, que es con dos o tres, ¿no? Pues desde ahí.
P. La última. Ahora que ya prescrito, ¿hubo algo con el Madrid o no?
R. [Risas] ¿Ves lo que te decía de las entrevistas?
Llega con dos pendientes, uno en cada oreja, con las venas marcadas en las piernas y con el móvil en la mano. Fabián Ruiz (Los Palacios, Sevilla, 28 años) es, junto con Rodri, el mejor centrocampista de la Eurocopa, un descubrimiento para buena parte del gran público, atónito ante el despliegue de un chico humilde que habla con cariño de los tiempos duros, de cuando había que dormir un rato en el coche mientras mamá trabajaba para luego entrenar con el Betis. Un tipo que partió de muy abajo y que hoy, a las puertas de una final de la Eurocopa, repasa su camino con EL MUNDO. Fabián, un chaval magnífico.
Para saber más
Dígame una parte del cuerpo que no le duela.
El corazón. Pero todo lo demás me duele. Es verdad que jugando una final de Eurocopa se te quitan los dolores. El partido de Alemania fue el peor, acabé muerto, se me subían músculos que no sabía ni que existían.
¿Qué come para recuperar?
Pues me obligo a comer, porque no me entra nada. Un poco de sushi, un trozo de pizza... Pero me cuesta. Intento beber batidos para la recuperación...
¿Cuándo empezó a entrenar el año pasado?
Por estas fechas, ¿no? Muchos partidos, muchas competiciones, mucho desgaste, físico y mental, estar todos los días concentrado, pensando, mejorando... Es duro, no te voy a mentir. ¡Y ojo, eh! Que sé que tampoco estamos en la mina. Pero sí que son desgastes físicos cada tres días, y el resto entrenando, y así durante un año sin parar, así que llegas a este momento en las últimas. Pero merece la pena. Es una final de Eurocopa con España.
¿Está nervioso?
No me suelo poner nervioso antes de los partidos.
Hombre ya, pero nunca ha jugado una final de Eurocopa.
He jugado de Europeo sub'21, sub'19... No es lo mismo, ya lo sé, pero bueno. Todos mis amigos y mi familia me preguntan: ¿estás nervioso? Y siempre les digo: pues no. Y me dicen: ¿cómo puedes estar tranquilo, si estamos nosotros atacados? Pues estoy tranquilo. En el momento del partido hay un cosquilleo en la barriga, pero al final te vas adaptando. Es difícil de explicar.
Foto: Pablo GarcíaRFEF
¿Cómo se imagina las horas previas?
En las horas previas sí piensas en la importancia del partido y tal, pero una vez que sales al campo, se te quitan los nervios. Yo el domingo dormiré la siesta, o al menos eso espero, porque siempre duermo antes de los partidos para descansar, y luego pues nada, a jugar.
De momento, ahí dentro, ¿sigue todo igual?
Sí, sí, todo igual. Estos días un poco de jaleo de entradas...
¿Cuántas le han pedido?
He tenido que dejar a gente fuera, porque era imposible. Creo que son treinta y pico personas. Cada jugador trae a 20 o 30 personas, porque esto pasa pocas veces, quizá solamente una, así que hay que aprovechar.
Entonces, ¿no hay menos bromas?
No, no, todo igual. Somos un grupo que no ha cambiado nada, todos los días son las mismas bromas, las mismas risas...
Inglaterra son tíos muy grandes eh...
Sí, sí, son muy grandes y muy buenos. Son de talla grande, jugadores que van bien de cabeza, etc... Hay que intentar estar más concentrados en el balón parado, hacer faltas lejanas, no conceder córners tontos...
El domingo, cuando salte al campo, no hablaremos de cuando gane, ¿en quién pensará?
Antes de saltar al campo siempre hago mis rituales. Me persigno y miro al cielo, por mi abuela y por mis tíos. Cuando nos ponemos en fila, miro a mi familia, que está en la grada. Cuando salgo a calentar miro a ver dónde están para tenerlos bien localizados. Y cuando suena el himno les busco para saber que están ahí conmigo.
Foto: Pablo GarcíaRFEF
¿Cómo fue crecer sin la figura paterna? [Sus padres se separaron cuando él era pequeño].
Para cualquier niño es una situación difícil. No es un momento muy agradable, pero poco a poco te vas acostumbrando, vas asimilando que por circunstancias de la vida no está. Desde hace tiempo lo asimilé y no lo echo de menos, porque he tenido apoyos por otro lado que me han compensado. Hemos podido vivir una vida diferente como familia y tirar para adelante.
¿Cuántos hermanos son?
Somos tres. Tengo un hermano mayor y una hermana pequeña.
¿Qué es su madre para usted?
Siempre lo he dicho. Es todo. Es la primera persona en la que pienso para cualquier cosa. Es mi apoyo, el pilar fundamental de mi vida, a la que le debo todo lo que soy. Ha luchado muchísimo por mí. Ahora lo hablo con ella, miramos hacia atrás y decimos: 'madre mía, hasta dónde hemos llegado'. Gracias al fútbol y al esfuerzo que hizo ella.
¿Qué es lo que más valora de lo que ha hecho por usted?
Sobre todo, el sacrificio. Ha sido enorme. Recuerdo un momento único en el que, casi sin dormir, casi sin poder ducharse, ella lo único que quería era que no me faltase de nada, y sacaba fuerzas de donde no las tenía para llevarme a entrenar o a los partidos. Dejaba de dormir, de comer y hasta de ducharse si hacía falta por llevarme. ¡Y lo sigue haciendo! Le digo: 'mamá, que ya no tengo 15 años', y ella me dice que yo siempre seré su niño y que eso no va a cambiar.
Foto: Pablo GarcíaRFEF
En este punto, Fabián relata los sacrificios de su madre. Cuenta que tuvo que dejar el colegio pronto, con 10 o 12 años, que se puso a faenar en el campo porque era de las mayores de ocho hermanos. Que tuvo que trabajar joven para ayudar a su familia, y luego empezó a limpiar casas hasta que entró en el Betis, club que le dio un empleo para poder fichar a Fabián cuando él, Fabián, era un niño.
Hay un punto en la adolescencia que puede dar vergüenza decir: 'Mi madre trabaja limpiando' delante de los amigos. ¿A usted le pasó?
Yo recuerdo que, al principio, cuando entró en el Betis, cuando me la tenía que cruzar, me daba un poco de vergüenza, como que mi madre estuviese allí limpiando, pero luego era un orgullo. Estaba deseando encontrármela, y me sentía muy orgulloso. Ahora me alegro de todos los momentos que vivimos juntos.
¿Cómo vivió aquellos años en los que su madre trabajaba en el Betis mientras usted era profesional?
Mira, al principio, cuando yo no tenía carné de conducir, me iba más temprano con ella, porque ella entraba a las siete u ocho de la mañana, y yo me quedaba en el coche durmiendo hasta que empezábamos a entrenar, que serían las 10 o así. Ahí estaba entre el Betis B y el primer equipo. Ella venía al coche, me tocaba, me despertaba y me decía: 'Fabián, venga, a entrenar'. Entrenaba y después la esperaba y nos íbamos juntos a casa. Eso hasta que me saqué el carné de conducir.
¿Qué fue lo primero que compró cuando pudo?
Mi primer gran contrato fue con el Nápoles, y ahí le dije: 'mamá, ya no trabajas más, ahora te toca disfrutar de la vida'. Y al principio le costó, se lo estuvo pensando bastante tiempo.
No me diga.
Sí, sí, se lo estuvo pensando bastante tiempo, porque para ella, su trabajo era importante, era su rutina, trabajar desde niña. Pero ya hablamos con ella, la convencimos y dejó de trabajar. Luego se alegraba claro, porque venía a Nápoles y podía estar con mis hermanos. Pero durante tres o cuatro meses decía: 'me levanto y me falta algo, necesito trabajar'. Y venía a mi casa y se ponía a limpiar a las ocho de la mañana. Yo le decía: 'mamá, que ahora nos ayuda una chica con la limpieza', pero nada. Y es ahora en París que me levanto y ella está limpiando a las siete u ocho de la mañana. Cuando me voy a entrenar, está ya limpiando, y digo: ¡pero mamá! Pero es que es superior a sus fuerzas.
Ahora que tiene mucho dinero, ¿ha cambiado?
Yo no, y mi madre tampoco. Muchas veces me cabreo con ella, porque le digo: 'mamá, relájate, sal, disfruta', pero nada. A las ocho de la mañana está limpiando, o se pone con la chica que viene a limpiar a ayudarla, a planchar... no hay nada que hacer.
Su novia es psicóloga. ¿En qué le ayuda?
Soy un poco tímido, me cuesta abrirme. Cuando eres futbolista tienes demasiada gente alrededor y eso te hace encerrarte un poco hasta que coges confianza. Mi pareja me ayuda bastante no sólo porque es psicóloga, sino porque tiene un carácter diferente al mío...
¿Ella es la divertida de la pareja?
No, soy yo. Soy tímido, pero hago muchas bromas, etc...
¿Qué hará si gana la Eurocopa?
¡Bueno! Disfrutar con los míos, celebrarlo como nunca con los amigos, la familia, los compañeros, acordarme de todos los años que hemos pasado. Si ganamos no sólo ganaré yo, que soy el que juega, sino todos los que han estado cerca de mí, que sin ellos no estaría aquí. Lo celebraré dos o tres días, hasta que el cuerpo aguante.
En el mundo del fútbol hay egos desmedidos, y la industria, en general, tiende a alejarse del aficionado en virtud de un ridículo elitismo. Es algo así como decirle al hincha no voy a explicarte el fútbol porque no lo entenderías, así que los protagonistas, cada vez más escasos, tiran de inanes lugares comunes. Por eso sentarse con dos miembros de un cuerpo técnico de élite y que hablen con naturalidad de su trabajo es algo excepcional. Pablo Amo, segundo entrenador de la selección, y Carlos Cruz, preparador físico, charlan con EL MUNDO sobre cómo es el día a día, el trabajo, del staff que ha puesto a España en la primera fila de los favoritos para ganar la Eurocopa. "Somos un cuerpo técnico democrático, porque Luis es el más democrático", avanza Pablo Amo.
El grupo de trabajo de Luis de la Fuente, compuesto por siete personas, es el siguiente: Carlos Cruz, preparador físico; Pablo Peña, analista y técnico audiovisual; Luis de la Fuente, claro, el seleccionador; Miguel Ángel España, entrenador de porteros; Antonio Gómez, readaptador físico; Javier López Vallejo, psicólogo; Pablo Amo, segundo entrenador; Juanjo González, técnico auxiliar.
Hechas las presentaciones, es momento de contar cómo trabajan. Todos viven en Madrid menos López «Yaviejo», como llaman cariñosamente al psicólogo, que vive en Pamplona, y Juanjo González, en Asturias. «Tenemos semanas que programamos para vernos todos en persona, pero durante el año, si no hay concentración cerca, nos juntamos por videoconferencia», explica Pablo Amo a este periódico. Según se acercan las convocatorias, el contacto ya es físico, se ven todos juntos en Las Rozas, donde trabajan en el despacho de Luis de la Fuente durante muchas horas. Comen habitualmente en el restaurante de la Ciudad del Fútbol, aunque tienen un lugar «secreto», allí muy cerca, donde se escapan a comer de vez en cuando. «Pero queremos que siga siendo secreto», bromea Amo.
Conectados siempre en el chat de Whatsapp, se reúnen todos los lunes o martes, tras cada jornada de fútbol, para poner en común sus conclusiones sobre los jugadores a los que sigue cada uno. «Nos dividimos los futbolistas para organizar mejor el trabajo», dice Amo, que se ha trasladado a vivir a Las Rozas. «Lo nuestro es mucho análisis, muchas horas, muchos vídeos... La comunicación con los jugadores no es mucha, es más observación que otra cosa. El que habla con los jugadores, sobre todo si están lesionados, es el míster», explica Carlos Cruz, el preparador físico.
Ambos, Amo y Cruz, hablan de un cuerpo técnico «cómplice» y «democrático». «Cómplice porque somos todos amigos, podemos hablar de cualquier cosa, argumentar lo que queramos. Tenemos un líder que nos guía y que nos tiene en cuenta, aunque luego las decisiones últimas son suyas, claro», dice Cruz, y confirma el segundo entrenador: «El cuerpo técnico está jerarquizado. La opinión más preponderante es la del responsable del área concreta sobre la que hablemos. Luis muestra mucha seguridad en sí mismo admitiendo las opiniones ajenas». Miguel Ángel España 'manda' al hablar de porteros, Cruz si hablamos del estado físico... "Juanjo, por ejemplo, es nuestro especialista en ABP", dijo ayer De la Fuente. ABP son las siglas de a balón parado, es decir, que Juanjo es quien trabaja las jugadas de estrategia. De la Fuente, por cierto, habla siempre con un extremo cariño, y en plural, de sus ayudantes.
De izquierda a derecha, y de arriba abajo, Carlos Cruz, preparador físico; Pablo Peña, analista y técnico audiovisual; Luis de la Fuente, claro, el seleccionador; Miguel Ángel España, entrenador de porteros; Antonio Gómez, readaptador físico; Javier López Vallejo, psicólogo; Pablo Amo, segundo entrenador; Juanjo González, técnico auxiliar.P. G.RFEF
Las listas de convocados, también la de esta Eurocopa, terminan de confeccionarse en las horas previas. Siempre hay alguna duda de última hora que termina resolviendo el seleccionador. «Nos movemos mucho también por estados de forma de los jugadores. Mira el caso de Ayoze esta vez», explica Pablo Amo. Y una vez concentrados, dentro de un gran campeonato como este, el primero a nivel absoluto para casi todos, pero no atendiendo a las categorías inferiores, hay mucho trabajo hecho. Por ejemplo, el análisis previo de los rivales. «Primero Juanjo [González] me pasa unos análisis previos, yo veo uno de los partidos importantes del rival, y Luis los ve todos. Nos juntamos para unificar criterios y dónde vamos a poner el énfasis a los jugadores, por ejemplo en cómo hay que jugarle a Albania. Luego tenemos a Spielberg [Pablo Peña, el analista y técnico audiovisual], que busca las imágenes que queremos. Cuando no llegamos con las imágenes, hacemos presentaciones en Keynote, que es lo más parecido a una pizarra», cuenta con tono didáctico.
¿Qué imágenes les ponen a los jugadores? «Son situaciones reales de juego, suyas y del equipo contrario. Se trata de que el jugador vea que, cuando hace determinado movimiento que nosotros le pedimos, eso encaja perfectamente en las debilidades del rival. Es un trabajo duro, porque igual la situación de juego que le queremos poner a un jugador no se produce durante 88 minutos del partido anterior del rival, igual se produce sólo dos veces. Pues son esas dos veces las que hay que enseñarle». Es un proceso estructurado, mecánico, porque si no, no daría tiempo. Todas las selecciones que son posibles rivales tienen su informe preliminar y sus partidos grabados.
En su fortín de Donaueschingen, en una de las salas del impresionante resort donde se aloja la selección estos días, pasan las horas estos siete hombres mientras los jugadores están con la Play o jugando al golf. Luego, en las sesiones de vídeo, llega el momento de transmitir toda esa información a los chicos. «Para eso son fundamentales las keywords», avanza otra vez Pablo Amo.
Antonio Gómez, con Lamine Yamal.PABLO GARCÍARFEF
«Son palabras que nosotros utilizamos para provocar situaciones de juego. Son palabras muy entendibles y que desencadenan comportamientos muy identificables. Son palabras llave, que han de ser fácilmente identificables durante el juego, un juego que va muy rápido, donde no hay dos jugadas iguales», continúa el técnico, y pone un ejemplo. «Nosotros decimos: 'cerca del área, compañero...'». La frase no está completa por expreso deseo del cuerpo técnico. Esa es una de las keywords de la selección, y significa, traducido al castellano, que si al poseedor del balón le ocurre una situación determinada, los desmarques han de ser hacia un lugar concreto. Eso sí, matiza el que sabe de esto: «Eso genera unos movimientos preestablecidos por unos lugares determinados».
Otro ejemplo: «Mal control, presión al hombre más cercano por dentro». Y si oyen eso, o si lo ven, los jugadores saben que deben ir a la presión del rival más cercano por dentro, es decir, dejándole la salida hacia la banda en el mejor de los casos. «La clave de la presión que nos caracteriza, o de un buen bloque medio, es la seguridad. Que el jugador sepa que, cuando él salte a la presión, los demás van a ir con él». En todo caso, el objetivo último es «que el jugador se sienta bien». Por cierto, ¿qué harán si ganan la Eurocopa?
Pablo Amo sonríe. «No quiero pensarlo. No estamos dejándonos llevar. Seguimos igual, y detectamos, y para eso nos ayuda mucho Vallejo, el psicólogo, que enseguida detecta el ambiente emocional de un grupo, detectamos, te decía, que todo está como tiene que estar, que los chicos están tranquilos. Yo, en 21 años de carrera, he sentido sólo dos veces ese algo mágico que se produce cuando un grupo de personas se junta y de repente, todo fluye. Estamos bien, queremos seguir así. Nada más».