Al Real Madrid se le agota el tiempo de reacción. El equipo, acostumbrado a las cimas de la Euroliga, se aventura en el tramo final de la fase regular con la incertidumbre de verse con el agua al cuello. El actual subcampeón, ganador de tres de las últimas nueve ediciones, arranca la 29ª jornada de la fase regular en una posición insólita. Es 12º, con la misma cantidad de victorias y derrotas (14) y fuera hasta de los puestos de ‘play in’, después de haber perdido cinco de los últimos siete encuentros, entre ellos los últimos cuatro a domicilio. Este jueves (20.45 h.), en Bolonia ante la Virtus, sólo le vale ganar, pues después apenas le quedarán ya cinco oportunidades más.
Una situación estresante en lo clasificatorio, agravada por la reciente pérdida final de Copa en Gran Canaria ante Unicaja (el mismo equipo que le arrebató la Supercopa), y que viene teniendo su reflejo en la propia cancha. Los blancos atraviesan una crisis de acierto como no se recordaba, tan inoportuna como alarmante. En los tres partidos de la semana pasada fallaron 75 triples (16 de 91).
Todos sus tiradores lucen números muy por debajo de lo normal. Mario Hezonja un 3/17, Sergio Llull 5 de 24, Campazzo 1 de 10 y Dzanan Musa tres de 10 (el bosnio acertó los tres que intentó en la apurada victoria del domingo en el Palacio ante el UCAM Murcia). Reaccionar en Europa para cumplir el objetivo de mínimos requiere una mejora radical en los porcentajes. Para Chus Mateo, que este miércoles reconoció “ansiedad y nervios”, también el paso adelante debe ser en las propias sensaciones colectivas. “Hay una cierta frustración por no estar un poco más cómodos en la clasificación. Eso te hace jugar a veces con ganas de que todo, de repente, se cambie y aparezcas en puestos de playoff (los seis primeros). Esa ansiedad acabará cuando consigamos el objetivo”, expuso el técnico ante de viajar a Bolonia para enfrentarse a uno de los pocos equipos que van por debajo (penúltimos con siete triunfos). “Hay que seguir trabajando situaciones mentales que nos juegan malas pasadas”, dijo.
“Hemos de intentar disfrutar un poco más del baloncesto, que no lo estamos haciendo como otras veces. Hay que sufrir un poco menos, en el resultado y en el juego, y disfrutar un poco más”, siguió Mateo, que confirmó que seguirá sin poder contar con Gaby Deck pese a que ya entrena con el grupo.
Ganar en Bolonia le acercaría a los puestos de play in y rompería su lastimosa racha a domicilio. Después, al Real Madrid le queda un calendario no tan terrible, con tres partidos en casa (primero Asvel y Armani y después París) y dos visitas a Belgrado; la última jornada ante el Partizan en una noche que será sí o sí de infarto ante un rival directo.
«Tenía 23 años, perdí totalmente el brillo en los ojos». Nil repasa en voz alta lo que él mismo define como un «duelo». Habla de «odiar» todo lo que le hacía feliz, de «sentir lástima» por sí mismo y hasta de apartarse de «personas que quería un montón»; se negaba a recordar lo que había sido. Nil Riudavets (Mahón, Menorca, 1996) ahora tiene 28 y es pura inspiración, desde aquellos abismos, desde el accidente compitiendo que le costó la movilidad de su brazo derecho. Es el enfermero que era y el triatleta también. Aunque todo lo detestara. «He perdido el brazo, pero he ganado una vida», presume hoy, tras un verano inolvidable: bronce paralímpico en París y subcampeón del mundo en Torremolinos.
Aquel 1 de mayo de 2019, en el Prat, Campeonato de Cataluña por equipos, Nil, promesa del triatlón nacional, dándolo todo en cabeza del suyo, no fue capaz de esquivar ni el impacto frontal contra otro ciclista ni el destino. «Se dieron todos las factores posibles en un circuito que no era lo seguro que tenía que ser. Después del choque recuerdo muy poca cosa. En el suelo hice un análisis rápido de mi cuerpo y vi que el brazo derecho ya no lo movía. Sentí miedo, me vino muchísimo dolor, empecé a gritar... allí perdí el conocimiento», relata el instante que cambia para siempre una vida.
Se despertó 12 horas después en la UCI del hospital de Bellvitge sin entender nada. «Mis padres me explicaron la gravedad», cuenta Nil, detallando el parte médico. «Tenía partida la clavícula en varios trozos. Lo más crítico fue la arteria subclavia, la que lleva la sangre al brazo, una hemorragia interna muy bestia. Y la secuela principal, el arrancamiento del plexo braquial, que es el paquete de nervios que se encarga de la motricidad y la sensibilidad del brazo. No podía mover nada. Estuve un mes y medio en la UCI».
El triatleta paralímpico Nil Riudavets, en Mahón."Germán Lama"MUNDO
Entonces llegó lo peor, la negación, la vida marcada para un chico que «ya era independiente en Barcelona, hacía deporte, trabajaba de enfermero en urgencias... Y vuelvo a Menorca siendo una persona dependiente, en casa de mis padres... Siempre había sido muy optimista y durante ese periodo de mi vida soy una persona apagada, con muchas inseguridades. Asimilé que estar mal era lo normal. El duelo me duró dos años».
Nil atiende a EL MUNDO jovial, a punto de irse de vacaciones con su pareja a Tailandia, tras su jornada en el hospital Mateu Orfila de Mahón. Ya no se desempeña en Urgencias, donde le encantaba «el aliciente de la adrenalina», sino en Seguridad del paciente y Calidad. Volver al trabajo fue el primer paso. Pero a aquel niño que jugó al fútbol hasta Bachillerato, que nunca dejó de nadar y que cada verano completaba todas las carreras de su isla, le quedaba recuperar una parte de su existencia. «No podía ver ciclismo. Odiaba todo lo que tuviera que ver con las dos ruedas. Era súper fan del Tour y durante tres años no lo vi. Y desconecté totalmente de todo lo que fuera triatlón. Me creaba mucha rabia que un deporte que yo quería tanto me había llevado a una situación tan dura como es perder un brazo», revive ese agujero de «ira y resquemor», de «pérdida de identidad brutal». «Me miraba al espejo y sentía lástima por la persona que veía reflejada. Me hacía mucho daño».
El primer paso hacia el reencuentro con el deporte Nil lo sitúa en un viaje con su novia a Picos de Europa. «Vimos una carrera de ultradistancia, la Travesera. Y empecé a conectar un poco con el mundo del running», recuerda. Aunque mucho antes, todavía en el hospital, había recibido una visita de esas que jamás se olvidan, la de Álex Sánchez Palomero. «Se presentó a la semana del accidente, yo no le conocía de nada. Era un chico con la misma lesión, la misma discapacidad. Había sido bronce en Tokio en triatlón. Me explicó cómo era su día a día con un brazo. Eso me marcó mucho. Vi a una persona con una vida totalmente plena. Me animó siempre a perseguir mi sueño, a normalizar todo», alaba a quien ahora es, a la vez, su compañero y su rival.
Nil Riudavets, en Mahón."Germán Lama"MUNDO
Una vez hechas las paces consigo mismo y con el deporte, Nil empezó a correr. En cuatro meses completó un 10k en 32:40, su mejor marca, y una media maratón en 1:10. Y se planteó lo impensable, intentar acudir a los Paralímpicos en Maratón, aunque justo eliminaron del programa su categoría. «¿Y si lo intentó en triatlón?»
Ese segundo paso era el más complicado, quizá el inimaginable. Nil, que antes era diestro y tuvo que hacerse zurdo -«desde el minuto uno cuando subí a planta en el hospital. Pintando mandalas, con libros de caligrafía...»-, se subió de nuevo a una bicicleta. Con todos sus miedos. «En el viaje en coche de vuelta, le dije a mi padre que yo no volvía a montar», asegura de un proceso lento pero seguro con su bici adaptada. También había que nadar con un solo brazo. «Costó mucho, porque tienes que adaptar totalmente la técnica. Son horas y horas. Nunca me hubiese imaginado que con un brazo se pudiese nadar tan rápido», se felicita.
Riudavets, durante los Juegos de París.EM
Y, tras un durísima preparación, cinco años después del accidente, estaba en la línea de salida de unos Juegos Paralímpicos. Con un triatlón por delante hasta la medalla. Tras el agua y la bici, aún mantenía sus opciones. Acudía a un desenlace de película. «En la carrera mis amigos me dijeron que parecía que me habían puesto la estrella del Mario Bros. Empecé como un loco, con la piel de gallina. A 400 metros alcancé al tercero, estaba vacío de energía, pero tenía un plus de rabia acumulada. Le arranqué y llegué a meta gritando, llorando. Todo el esfuerzo había merecido la pena».
Nil Riudavets, tras ganar el bronce en los Juegos Paralímpicos de París.EM
«En el momento que cambié la mirada hacia mí mismo, todas las de la gente también cambiaron. Ganar una medalla en el deporte que me hizo perder el brazo fue perdonarme con la vida. Ahora veo miradas de orgullo y emoción y ninguna de lástima», concluye Nil, con otro reto maravilloso por delante. Pretende acudir a los Paralímpicos de Invierno de 2026 en Milán-Cortina d'Ampezzo en esquí de fondo. «Sería un sueño después de haber ido ya a unos de veranos. Y más siendo yo de Menorca, que aquí nieve, cero», bromea.
Partizan - Real Madrid
LUCAS SÁEZ-BRAVO
@LucasSaezBravo
Madrid
Actualizado Jueves,
4
mayo
2023
-
09:23Ver 1 comentarioDecisivo en el infierno de Belgrado, las lesiones...
No pudo alcanzar más grado de sufrimiento la noche en la Fonteta ante Finlandia, pero a España todavía le separa de los Juegos de París el más difícil todavía. Una final este domingo (20:30 h., Teledeporte) contra una selección caribeña con cero tradición, un país de 400.000 habitantes cuyo deporte nacional es el críquet y que jamás estuvo ni en una cita olímpica ni en un Mundial. Leído así (y comprobando cómo en otros Preolímpicos ya se ha quedado fuera la Eslovenia de Doncic, por ejemplo) podría sonar bien. Y, sin embargo, la realidad esconde una trampa. Bahamas, objetivamente, es toda una amenaza.
Una selección que no sólo se ha paseado estos días en la Fuente de San Luis (ayer eliminó a Líbano sin demasiado esfuerzo, 89-72); más bien, ha asustado. Porque los de Chris DeMarco (asistente de Steve Kerr en los Warriors) cuentan con tres jugadores NBA y no tres cualquiera. Ni DeAndre Ayton, ni Buddy Hield ni Eric Gordon han sido nunca All Star, pero pertenecen a la nobleza de la Liga. "Tres superestrellas. A nivel individual ni llegamos a esas cotas. Además tienen otro par de jugadores con futuro de estrellas. Y un buen grupo de complemento. Uno por uno, tenemos todas las de perder, ninguna opción de ganar", advertía Scariolo.
El primero de sus puntales, Ayton, fue número uno del draft de 2018, gana 34 millones de dólares en los Blazers y, aunque se le intuía una progresión de estrella, no deja de seguir siendo uno de los pívots más prometedores de la NBA: gran reto para el entonado Willy Hernangómez. Hield, nacido en Freeport, pasa por ser uno de los tiradores más eficaces de la Liga y por eso acaba de ser fichado por los Warriors. Como tantos otros bahameños y como varios de sus hermanos, de pequeño practicaba atletismo, pero pronto comprobó que lo suyo era el baloncesto. Se convirtió en uno de los mejores jugadores jóvenes de EEUU, número seis del draft de 2016, aunque algunas lesiones y ciertos traspasos poco oportunos no le han hecho triunfar como se hubiera intuido. Aún así, ganó el concurso de triples de 2020 y su sueldo asciende a casi 20 millones.
El veterano del trío de amenazas es Eric Gordon, un 'combo' que en sus casi 900 partidos en la NBA promedia 15.7 puntos -llegó a ser mejor sexto hombre de la liga en 2017- y que ya sabe lo que es ganar un Mundial de baloncesto. Lo hizo con el USA Team hace 14 años en Turquía. Pero el año pasado la FIBA le permitió jugar con el país natal de su madre Denise. "Estoy muy contento por poder jugar para esta selección. Son grandes personas y en el lado del baloncesto es un orgullo jugar para este país y disputar un preolímpico. He estado conviviendo con ellos. Hay un gran ambiente en el equipo y tener la oportunidad de representar a este país en unos Juegos es un gran honor. Tengo un compromiso enorme y está siendo muy divertido todo el proceso", contaba estos días en Valencia. Él fue el héroe de la única gesta de Bahamas en el baloncesto. Y no fue cualquier cosa.
Buddy Hield, en la Fonteta.JOSE JORDANAFP
El verano pasado, en el Preclasificatorio de Santiago del Estero, los caribeños derrotaron a la argentina de Campazzo, Deck y compañía por dos veces. La primera la sorprendieron en la fase inicial y después la remataron en la final con tres triples en el desenlace de Gordon. Fue el primer aviso al mundo de una selección cuya maquinaria administrativa se ha puesto en marcha para encontrar más piezas. DeMarco maneja una base de datos que rastrea jugadores que puedan ayudar en las ventajas clasificatorias. Y, por supuesto, de NBA nacidos en Bahamas o con alguna conexión familiar. Kai Jones es uno de ellos y los hermanos Mobley y Naz Reid son otros tres. El quinto ya estuvo entrenando con Bahamas antes del Preolímpico, pero aún no tiene permiso FIBA. Se trata nada menos que Klay Thompson (hijo del bahameños Mychal Thompson), que, como Gordon, ya ganó un Mundial, el de España (y un oro olímpico), con el USA Team.
Además del trío, completan la plantilla bahameña en la Fonteta varias promesas que juegan en la NCAA. Aunque ninguna sensación como la de VJ Edgecombe. Un escolta de 18 años que debutará en la Liga Universitaria con Baylor y que las predicciones sitúan entre los cinco primeros del draft de 2025.
Scariolo miraba a su lado a López-Aróstegui en la sala de prensa y le avisaba del trabajo defensivo que tienen por delante. "Ellos tienen jugadores de quinteto NBA, acostumbrados a meter 20 puntos en la NBA, jugadores de otra dimensión a nivel individual. Son muy capaces. Tenemos que estar muy preparados para intentar limitar estas actuaciones de sus estrellas intentando tampoco desangrarnos con otros jugadores que tienen y ofensivamente ser capaces de jugar contra un equipo muy atlético que mete manos, presiona, tapona... Tienen una calidad atlética muy alta. Tenemos una tarea muy difícil. Pero este siempre da la cara", concluyó el seleccionador.