La intención de la Federación Internacional de Tenis (ITF) era que Málaga fuera una fiesta. Por primera vez se juntaban las finales de la Billie Jean King Cup y de la Copa Davis, todo en la misma sede, en 10 días de partidos, The World Cup of Tennis. Pero de momento la idea empieza torcida. La DANA que azota Málaga estos días ya ha obligado a cambiar el calendario y amenaza la propia celebración de las competiciones.
De momento, este miércoles la organización decidió aplazar la primera ronda de la Billie Jean King Cup que tenía que enfrentar a España y Polonia por la tarde. Por la alerta meteorológica, la eliminatoria se trasladó al viernes por la mañana, a partir de las 10.00 horas, aunque no está claro que la agenda no vuelva a moverse.
“Esta decisión se ha tomado en función de las indicaciones de las autoridades pertinentes para garantizar el bienestar y la seguridad de todos los participantes y asistentes. Pedimos disculpas por cualquier inconveniente que esto pueda causar y agradecemos su comprensión y cooperación”, comentó la organización en su comunicado en el que también confirmó que las entradas de este miércoles serán válidas el viernes.
En los minutos previos a saltar a la pista, en el restaurante de los jugadores del Real Club de Tenis de Barcelona, Carlos Alcaraz formaba un conjuro junto a su equipo: "Hoy, sí". Hace sólo una semana en Montecarlo no se había gustado ante el mismo rival, el francés Arthur Fils, y esta vez tenía que ser distinto. "No hay prisa, no hay prisa", le recordaba su entrenador, Juan Carlos Ferrero, como última instrucción. Apenas una hora y 14 minutos después, volvía al mismo lugar con una victoria por 6-2 y 6-4 para celebrar, muchos aplausos a su alrededor y el convencimiento de haber cumplido con la promesa: "Hoy, sí".
En las semifinales del Trofeo Conde de Godó, Alcaraz ganó con su mejor tenis de la semana, quizá incluso de la temporada. Ya es definitivo: este Alcaraz no es el de Montecarlo. Allí fue campeón entre dudas, con titubeos con su derecha y gestos extraños. En Barcelona, en cambio, es el vigente ganador de Roland Garros que debe ser, tan convencido como confiado.
Fils fue la mejor prueba del cambio. Si en el torneo anterior el galo le hizo cometer demasiados errores, esta vez los nervios cambiaron de bando. En Montecarlo, ante su potente derecha, Alcaraz había pecado de ser demasiado directo, de precipitarse, de olvidar su tenis, y pese al triunfo acabó disgustado. En ningún momento se sintió cómodo. Y esta vez tocaba darle la vuelta.
Minimizar los errores
Desde el primer punto de juego, Alcaraz salió a la pista Rafa Nadal a presionar a su adversario hasta el infinito, a llevarle a lugares insospechados, a molestarle todo el tiempo que fuera falta. Si Fils quería arriesgar, que lo hiciera: delante tendría un muro. Quizá no era el plan más vistoso, pero el plan más acertado. Funcionó. El primer golpe ganador del español llegó a los 18 minutos de juego y, para entonces, tenía encarrilado el primer set. De hecho, sus estadísticas globales, 11 ‘winners’ y 13 errores no forzados, resumen los motivos de su victoria. Fallar poco, acertar cuando tocaba.
MANAURE QUINTEROAFP
Fils, al fin y al cabo un tenista de 20 años en su primer curso con los mejores, se desesperaba. Una bola aquí, una bola allá hasta acabar eliminado. Su cuenta de fallos, hasta 38, fue exagerada, aunque muchos de ellos hay que atribuirlos a la intimidación de Alcaraz. Hubo un detalle que confirmó los problemas del galo para serenarse. En el primer set cedió dos ‘breaks’ y ambos terminaron con una doble falta. Después, en el segundo set, se calmó, pero Alcaraz ya se abalanzaba sobre la victoria. Es más, por primera vez en todo el torneo el español ganó sin conceder ni una sola rotura de servicio.
Este domingo (a las 16.00 horas) Alcaraz disputará su tercera final del Godó -cuarta si se cuenta el torneo sub-14 que ganó en 2017- ante Holger Rune, que derrotó en la otra semifinal a Karen Khachanov por 6-3 y 6-2. Amigo del español desde la infancia -compartieron dobles en Les Petits As-, el danés se ha mostrado en excelente forma y será un obstáculo a la altura.
En una de las pistas exteriores del Melbourne Park, Carlos Alcaraz entrena su saque cortado entre los gritos de los cientos de aficionados que le esperan detrás de las vallas y habla con su entrenador, ahora su único entrenador, Samu López. Antes de encarar el ejercicio, los dos hablan de la posición, de la altura de la pelota, de la velocidad. Alcaraz pregunta y propone; López contesta y aconseja. Hay un diálogo distendido, una conversación entre iguales. Después de unos minutos de diálogo, el tenista lanza a propósito su primer intento contra su mánager, Albert Molina, y su fisioterapeuta, Juanjo Moreno, que descansan a un lado debajo de una sombrilla. Todos se ríen y entonces sí, empiezan las repeticiones en serio.
La escena ejemplifica todo lo que ha cambiado alrededor de Alcaraz desde que decidió soltar la mano de su técnico de siempre, Juan Carlos Ferrero, y trabajar únicamente con López, que el año pasado era ayudante. Con el mismo equipo y la misma filosofía no ha habido una revolución, pero sí ha habido cambios. Después de vencer este viernes a Corentin Moutet por 6-2, 6-4 y 6-1 y de clasificarse para los octavos de final del Open de Australia, donde este domingo se enfrentará a Tommy Paul, el número uno disfruta de su nueva realidad.
«Se nota que está más cómodo. Ahora puede aportar más porque con Samu hay más diálogo», asegura a EL MUNDO durante una sesión un miembro del entorno de Alcaraz, y certifica así aquello visible. De la época con Ferrero a la actualidad con López hay dos diferencias esenciales y ambas encajan con el carácter del tenista.
Largas charlas, muchas risas
La primera es el tiempo dedicado a conversar. Antes Alcaraz recibía indicaciones específicas de Ferrero -«Haz dos derechas y una dejada»-, ejecutaba mientras el técnico observaba detrás, al fondo de la pista, y las correcciones llegaban al final. Ahora, en cambio, debate con López sobre los ejercicios a realizar y éste, constantemente a su lado, le hace indicaciones al momento. De alguna manera son dos metodologías pedagógicas: la antigua educación de clases magistrales y examen y el aprendizaje por proyectos.
Hollie AdamsMUNDO
La segunda diferencia está en el ambiente. Con Ferrero como director, el entrenamiento tenía que ser el entrenamiento. En los minutos finales de cada sesión permitía risas y juegos, como la petanca con la que apostaban en Wimbledon, pero antes exigía concentración. Con López el ambiente es más relajado. Alcaraz se divierte con bromas con los suyos e incluso cierta interacción con el público. Se suda, vaya si se suda, pero de otra manera.
El papel de su hermano Álvaro
«Mi equipo me conoce muy bien y saben qué necesito. Tenemos nuestros códigos. A veces me dicen una palabra y yo directamente sonrío», comentaba este viernes Alcaraz sobre su conexión con su grupo actual, que quedó en evidencia ante Moutet. Mientras el francés desplegaba su paleta de golpes creativos, especialmente su dejada, Alcaraz trataba de mantenerse firme, de negarle cualquier opción y de esprintar para devolver todas las bolas. Hasta 55 veces tuvo que subir a la red, una barbaridad. Al final del tercer set, el número uno se giró hacia su banquillo y les soltó: «Yo ya no corro más». Todos se descojonaban. A la jugada siguiente Moutet volvió a tirar una dejada y Alcaraz corrió, llegó y se llevó el punto. Las risas se hicieron aún más fuertes.
En ese palco estaba Samu López, Albert Molina, Juanjo Moreno y, por último, Álvaro Alcaraz, el hermano mayor del tenista, con su nuevo rol. Hasta este año, Álvaro sólo había ejercido de sparring y de coach, de apoyo emocional, pero ahora participa más de los entrenamientos. No ha habido nombramiento oficial, pero ejerce de segundo entrenador como lo hacía antes López. En la sesión previa al partido con Moutet, por ejemplo, Álvaro daba indicaciones a Adam Jones, el sparring británico que estos días está ayudando a Alcaraz, sobre cómo emular el tenis de Moutet e intentar sorprender al número uno. «Mi hermano va a coger más protagonismo. Sabe muchísimo de tenis y sus opiniones nos aportan muchísimo tanto a Samu como a mí», aseguraba este viernes Alcaraz ya en su nueva realidad.