Lamine Yamal abandonó el estadio Enrique Roca con una clara cojera por molestias musculares en la pierna izquierda tras jugar ante Dinamarca, que hacen que sea duda para el partido del martes de España en Córdoba frente a Serbia, en el que puede firmar el pase de ronda en la Liga de Naciones de manera matemática.
La imagen de Yamal al pasar por la zona mixta sin atender a los medios de comunicación habló por sí sola por la dificultad del jugador al caminar sin cojear. Disputó prácticamente todo el partido, siendo sustituido por el seleccionador Luis de la Fuente en el tiempo añadido tras ser víctima de varias entradas de jugadores daneses.
El domingo, ya en la Ciudad del Fútbol, adonde regresa la selección española en la madrugada del sábado, Yamal será revisado por los doctores para que Luis de la Fuente tome una decisión sobre su continuidad en la concentración o su regreso a Barcelona, con su club muy pendiente del estado del futbolista.
"Ojalá nunca se te pasen esos nervios, hija. Esos nervios son maravillosos", le desea David a Sara mientras ella, el gran diamante del baloncesto español, intenta dibujar con palabras los saltos inmensos de una carrera proyectada a la cima. De Colmenar Viejo al Estudiantes, de la selección española (MVP del pasado Eurobasket sub 18) a Daytona Beach, en Florida, campeona de EEUU de High School con la prestigiosa Academia DMA y, lo siguiente, apenas en unas semanas, más asombroso todavía, la Universidad de South California, paso previo a la WNBA. Sara es Sara Okeke (Alcorcón, 2007), 1,95 metros, un prodigio.
"La verdad es... Como que no me lo creo mucho. Porque todo ha pasado muy rápido. Hace tres años no tenía muy claro si realmente me quería dedicar al basket. Me gustaba, se me daba bien, pero ni me podía imaginar que iba a estar aquí habiendo ganado un campeonato nacional ni que iba a acabar en California. No, no me lo creo todavía", cuenta a EL MUNDO Sara, un break entre clases, apurando los últimos días de estudios en Florida antes de la graduación.
Sara no se lo cree, pero su impacto en EEUU desborda expectativas: la sitúan entre los tres proyectos más esperanzadores de su generación. Y observa el último draft de la WNBA, tres españolas entre las 12 primeras y se imagina pronto ahí. Como Awa Fam (número 3), su espejo, un día compartiendo la mejor liga del mundo con ellas. O la selección española. "Son una referencia y una motivación". Sara es a la vez ambición e incredulidad. Y es también una inspiradora historia de superación que su padre reivindica con orgullo, como una "bendición, un regalo de Dios a una familia muy creyente". Porque Sara se encontró casi de casualidad con un balón de baloncesto a los nueve años en Colmenar y aquello resultó "una vía de escape" en su día a día en la residencia de acogida de la Comunidad de Madrid en la que habitó hasta que fue adoptaba por David y María.
"El foco debe estar en lo deportivo. Sara no es la niña pobrecita que quisieron hacer ver", pide David. Porque ni a ella ni a la familia le hicieron bien algunos titulares pasados. "Nos encontramos a una niña con muchas necesidades, de amor. Pero también a una valiente, dispuesta a aprovechar las oportunidades y los talentos que le ha dado la vida. Y todo fue absolutamente rodado, aunque empezamos con un programa temporal, mi mujer y yo sabíamos que esto sería para toda la vida. Lo que ha enseñado a mis otros hijos, a sus hermanos... Es la generosidad máxima".
Sara Okeke, durante un partido con la DME Academy.EM
La habilidad y el físico de Sara, nacida en Alcorcón, padre biológico de Senegal y madre de Trinidad y Tobago, la llevó a una irrefrenable progresión. De la selección madrileña a la española U12 a los 11 años. Su carrera la derivó a jugar en Torrelodones, en Zentro Basket y en Estudiantes... "Hasta me ponían a entrenar con chicos", recuerda. El pasado verano, 23 puntos y siete rebotes en la final, condujo a España al oro continental sub 18 en La Palma. MVP del torneo, su camino estaba al otro lado del charco. ¿Vértigo? "Sí, un poco. Es verdad que creo que cada vez lo gestiono mejor, pero al final es un salto...", relata sobre un intensísimo curso en el que ha sentido cómo su baloncesto evolucionaba enfrentándose a "físicos más parecidos al mío", preparándose para la NCAA.
Pregunta.- ¿En qué sientes que has mejorado?
Respuesta.- El tiro no ha sido mi punto fuerte, pero desde que he llegado aquí he mejorado un poco, sobre todo en los libres. Me han cambiado la mentalidad. De vez en cuando ya incluso tiro de tres y me gustaría abrir un poco más mi juego, no estar todo el rato en el poste.
P.- ¿Cómo te definirías como jugadora?
R.- Diría que corro bien la pista, me gusta rebotear, me siento bastante más cómoda en el poste, pero cuando me enfrento a alguien más grande y lenta, también me gusta jugar por fuera. Aquí el juego es bastante más individual y creo que me ayuda la formación europea en eso. Defiendo bien también. Aunque tengo mucho que mejorar.
P.- ¿Quién es tu referente?
R.- Me gusta mucho A'ja Wilson. Creo que me parezco un poco.
Sara lleva en EEUU desde agosto. Echa de menos la comida -"he tenido algunos problemas de estómago"- y a su familia. A sus hermanos, Gabriela, Nacho (también en EEUU, jugando al fútbol becado en Indianápolis) y Mario, "estar en casa, cosas que antes no valoraba tanto. Y a mis amigas". Vuelve en unos días y también quiere estar con España en el Europeo sub 18.
"Recuerdo que cuando Sara llegó a casa [a los 14 años se instaló con su nueva familia], le dijimos que aquí básicamente se hace deporte, que eligiera. Con la altura que tenía, apuntaba al baloncesto", presume David. "Poco a poco me fui dando cuenta de que se me daba bien. Y como no tenía nada que hacer y necesitaba despejarme un poco, empecé a jugar más", rememora ella de eso que era "vía de escape". "En la residencia de acogida hay gente muy diferente y no me identificaba del todo con lo que había ahí. Necesitaba algo para despejarme y salir adelante. Cambiar el chip, decir qué puedo hacer para que a partir de ahora mi vida sea mejor. El baloncesto fue mi oportunidad", explica sobre esas canastas que fueron el vehículo para cambiar su mentalidad. Y ejemplo a tantas vidas.
"Ahora empieza una época de mucho trabajo", dijo Luis de la Fuente pasada la medianoche en La Cartuja. Faltan cuatro meses para que la selección vuelva a juntarse, y seis, casi siete, para el Mundial. Pero en las próximas semanas España conocerá a sus rivales (el 5 de diciembre es el sorteo), deberá elegir dónde vivirá durante la primera fase del torneo (luego habrá de mudarse en función de los cruces) y tendrá que preparar todo el operativo que supone trasladar hasta Estados Unidos, México y Canadá a la gran favorita a ganar el Mundial en una comitiva que rondará las 100 personas.
Esas serán las tareas de la Federación. En ellas participará el técnico, cómo no, quizá también liberado porque de aquí a entonces, en lo que al listado de jugadores se refiere, no tendrá mucho que decidir. Salvo lesiones o alarmantes momentos de forma, Luis de la Fuente tiene decididos alrededor de 23 de los hasta 26 futbolistas que se puede llevar a una cita como esta. Lo mejor será explicarlo línea por línea.
PORTERÍA. Aquí hay dos nombres intocables. Unai Simón y David Raya son el uno y el dos de la selección. Hasta ahora, Álex Remiro también ha sido intocable en ese perfil de tercer portero. Sólo peligra tal condición si Joan García regresa al Barça y reemprende el camino que llevaba antes de la lesión. Pero conviene no olvidar el papel concreto que tiene un tercer portero en un torneo así. Las cualidades que se exigen no son siempre estrictamente deportivas.
DEFENSA. Empezando por el lateral derecho, aquí los dos nombres están claros. Dani Carvajal y Pedro Porro. Las dudas surgen por cómo llegará el capitán del Madrid a mayo. Si no está en condiciones, se abriría un cásting donde está Marcos Llorente, pero también Álex Jiménez, el titular de la sub'21, jugador del Bournemouth. Luego están los centrales, que también tienen nombre y apellidos. Laporte, Le Normand, Huijsen y Cubarsí, si están en condiciones, serán los cuatro que vayan. Si alguno falla, Vivian sería el recambio. Por último, el lateral izquierdo. Aquí Cucurella y Grimaldo se han hecho fuertes, y sólo un bajón de este último daría paso, si sigue la progresión de estos primeros meses de temporada, Carreras.
CENTROCAMPISTAS. Aquí hay un puñado de jugadores que se van a quedar fuera. Como mediocentros, no hay duda, Rodri y Zubimendi, y si Rodri no terminase de ser el que fue, aparece Aleix García, titular ayer en La Cartuja. Para los puestos de interior también hay varios fijos. Pedri, Merino, Fabián y Olmo. Y luego quedarían otros dos o tres puestos (en función de si lleva ocho o nueve centrocampistas) a repartir entre Fermín (este parece cada vez más seguro), Gavi, Barrios, Fornals o Isco.
EXTREMOS. Serán cuatro, dos en cada banda, y aquí no hay casi margen de error. Por la izquierda, Nico Williams y Alex Baena. Por la derecha, Lamine Yamal y Ferran Torres. El perjudicado aquí tiene pinta de ser Yeremi Pino.
DELANTEROS. Cómo no, Oyarzabal. Indiscutible. Y titular. Luego, detrás de él, y en función de si lleva otro más (otros dos, como mucho) están Morata, Samu, Borja Iglesias o Ayoze. ¿Cómo está este tema? Más o menos así: Morata no está pasando un buen momento, pero si despertara, sería él. Entre otras cosas porque, como se ha visto en esta ventana de noviembre, ni Samu ni Borja parecen mucho mejores. Así las cosas, la opción de Ayoze, una de las debilidades del seleccionador, crece, y mucho, a expensas de que le dejen sus constantes lesiones (ya estuvo en la Eurocopa, y se lesionó).
Del hotel del UAE Emirates a las afueras de Montpellier parten a media mañana Tadej Pogacar y sus compañeros, seguidos de un enjambre de ciclistas amateur que no tardan en perder comba. Es el día de descanso, pero las piernas no pueden parar en seco. Un par de horas suaves, un café y vuelta al cuartel general, que comparten con el Lidl y el Bahrein, y en el que Joxean Fernández Matxin despacha su frenética rutina: sponsors, periodistas y agentes.
Para saber más
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¿Le mosquea que todo vaya tan bien?
Intentas disfrutarlo. He aprendido a hacerlo, porque yo personalmente también he pasado por malos momentos. Te das cuenta de que nada es ni efímero ni eterno.
Como el constipado de Tadej.
Hay tantos cambios de temperatura... En el podio está el aire acondicionado a tope, en las ruedas de prensa, el antidoping y luego de golpe el calor. Afecta. Pero está bien.
¿Llegó a pasar miedo en la caída de Toulouse?
No te da tiempo pensar. Actúas rápido e intentas acudir a la caída para cambiar la bici... Yo siempre tengo dos frases que repito mucho y que ellos me bromean. Una es: "Hoy tenemos que ganar sí o sí". Y la otra: "Cualquier problema tiene solución". Y yo siempre busco la solución.
La sensación es que sólo algo extraordinario, un accidente o una enfermedad, puede hacer que Pogacar no gane su cuarto Tour.
Puede haber más circunstancias. Las hemos vivido y las recordamos. El Granon (2022) fue un día fatal, el col de Loze (2023) otro. Esas cosas no podemos olvidarlas. Hay que tener memoria para los momentos malos.
Matxin y Pogacar, durante el pasado Tour.UAE
Hautacam, Mont Ventoux, la Loze... Este Tour se ha empeñado en volver a los lugares donde Pogacar ha sufrido. ¿Es otra motivación?
Sí, sin duda. Cuando tú consigues algo y acumulas muchas victorias, tienes una memoria general de ellas. Pero cuando tienes un mal día, eso no se olvida. La mejor forma de motivar a alguien es solucionar esos malos recuerdos. El estímulo de alguien como Tadej es eso. Ya se vio en Hautacam. Sólo nos falta Granon en este tríptico. Algún día habrá que quitarse esa espina.
¿Cómo se hace para mantener el hambre de quien gana todo?
Eso es lo más fácil. Sinceramente. Cuando compites te das cuenta de que hay otros 200 corredores que quieren ir para adelante y ganarte. La diferencia entre el yo puedo y yo lo hago es la calidad. Él es consciente de que la tiene y siempre es competitivo. Lo que buscamos con él es variar los objetivos, cambiar de carreras. Está el objetivo prioritario y luego nos aproximamos con otros, como este año con las clásicas.
¿Tadej mira mucho a la Historia?
Se lo ponéis los periodistas en bandeja. A veces yo le digo algo. Él me escribe o me llama más por el tema de los puntos UCI, de los ránkings... Ahora últimamente ya no tanto, porque siempre va primero, así que no hay mucho que mirar.
¿Se está granjeando una mala imagen por ganar tanto?
Si algo tiene Tadej es que no es arrogante. Él se moja y dijo: "Este equipo me paga para ganar". No le pagan para regalárselo a un rival. Y no creo que fuera justo para ellos. Si yo fuese su rival no me gustaría que me lo regalase. Él compite para ganar. Otra cosa es que pueda correr ahora más tranquilo, como el otro día. Posiblemente en Superbagnères, en vez de esperar a que atacara Vingegaard, lo hubiera hecho él. Pero las circunstancias son así, ahora no tiene desasosiego, no hace falta que haga sobreesfuerzos cuando queda una semana tan dura.
Joxean Fernández Matxin, durante la entrevista, en el hotel del UAE.EL MUNDO
Cuando un ciclista domina de forma tan abrumadora no tardan en salir las sospechas de dopaje. ¿Cabrea?
Sinceramente, yo analizo quien habla del tema del dopaje y son gente de hace 20 años. Les diría: "mirad el ciclismo de hoy en día, no tiene nada que ver". Son periodistas que han vivido una época que les ha marcado. Les pediría que vivan el día a día. Hace unos días, David Lappartient (presidente de la UCI) sacó en un medio como Le Figaro una información con la perfomance completa de Pogacar. Se lo agradezco.
¿Nota a Tadej más maduro?
Sí, en todos los aspectos.
¿Por ejemplo?
Ya sabe que tiene que, en vez de 18 autógrafos, firmar sólo cuatro o cinco. Porque si hace 18 hay otros 200 aficionados que se van a enfadar. También en carrera, sabe tener la pausa para estar en el pelotón. Y en cuanto a la motivación de sus compañeros. La diferencia es ser líder o ser campeón y él es un líder. Se preocupa por los compañeros, por el staff... Predica con el ejemplo. Eso es lo que más me gusta de él. Y se lo digo personalmente: "No eres un campeón, eres un puto líder". Cada vez que viene al autobús agradece a sus compañeros y ellos se dejan la vida por él. Estaba más contento por la victoria de Wellens que por las suyas.
¿Y un líder se cabrea?
Sí. Normalmente sabe canalizar bien, pero es muy directo. Tiene valor y huevos para decirme las cosas.
¿Qué le queda por mejorar?
Ser un sprinter masivo y ganar a un pelotón de 200. Pero ni trabajamos ni pensamos en ello.
¿Victoria en Mont Ventoux, en la Loze o París con Montmartre?