Fue el desconsuelo de un gigante. Roto sobre el tatami, derrotado cuando el oro era su único objetivo en Tokio. «He aprendido a disfrutar del proceso», dice ahora Niko Sherazadishvili. Viajó el domingo a París, observando desde sus últimos entrenamientos en el Dojo de Brunete los éxitos de su gran amigo y compañero Fran Garrigós, los pupilos de Quino Ruiz. El resurgir del judo español. Superado el proceso del salto a otro peso (-100 kilos) y una
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De las cinco finales que le restaban al Real Madrid en esta áspera temporada regular de la Euroliga, como si fuera un playoff con cinco rivales diferentes, el Asvel Villeurbanne en el Palacio era la cita más sencilla. Una trampa también. No cayeron en ella los blancos, que ante los franceses, ya desahuciados, se otorgaron una noche sin sobresaltos para llenar la mochila de confianza. Ahora vendrán curvas, cuatro envites directísimos con todo en juego (también una eliminación que resultaría histórica), el primero el martes en el Palacio ante el Armani Milán. Con un Tavares así, todo resultaría menos arduo. [81-70: Narración y estadísticas]
El partido del gigante fue estupendo. Deambuló por la pintura como si los de enfrente fueran niños. Amaneció con 10 puntos seguidos y sus compañeros se dieron cuenta que era apuesta segura. Le buscaron una y otra vez y él embocaba como si jugara en un minigolf. Tras su renovación millonaria del pasado verano, no había aparecido el Tavares dominante de antaño, el pívot único en Europa que cambia partidos. Y ese ha sido uno de los principales lastres del Madrid en lo que va de curso. Fueron 23 puntos en 18 minutos.
"Nos va la vida", exageró Chus Mateo en la previa. Pero el mensaje era claro. No había margen para más despistes. Este mismo Asvel había derrotado a los blancos en Lyon unos meses atrás, con una canasta sobre la bocina del pequeño Paris Lee. En él se desempeña Theo Maledon, un jugadorazo que pretende el Madrid para la próxima temporada. Dejó 25 puntos y cinco asistencias como carta de presentación.
El aviso del entrenador blanco caló hondo. Fue un arranque de partido arrollador. Un 15-0 con Tavares como protagonista. Cuando el africano se fue al banquillo sumaba ya 14 puntos en menos de seis minutos. El Madrid coronó el acto con dos triples de Llull para irse 22 arriba. No iba a ser la máxima. A la vuelta, otro triple, esta vez de Andrés Feliz, dejó un 35-10 para frotarse los ojos.
Hezonja, ante Robertson, del Asvel.JUANJO MARTINEFE
Evidentemente, los de Pierric Poupet iban a dejar de perder balones y de hacer el ridículo. También el Madrid se iba a enfriar con los cambios. Llamó la atención el contraste de Tavares con sus suplentes, especialmente con un Ibaka que se marchó enfadado. Pero es que su actuación fue impropia.
El Asvel asestó un 7-20 con 15 puntos de un espectacular Maledon. Se metió un poco en la batalla, pero el regreso de Tavares y de Abalde dio otro pequeño impulso al Madrid antes del descanso.
La noche en el Palacio estaba rota del todo. Sólo se trataba de dejar pasar los minutos sin sobresaltos ni bajones. Sorteó el Madrid ambos aspectos por poco. Nada más volver de vestuarios Campazzo se llevó un fuerte golpe en la cadera en una acción con De Colo y al rato se fue al banquillo cojeando. Sus sonrisas posteriores tranquilizaron al personal.
La excelencia del Madrid, con semejante distancia, ya no volvió. Nunca peligró la victoria, pero a punto estuvo de estropearlo todo. Los galos, que ganaron los tres últimos cuartos, se arrimaron (71-63). Tuvo que volver Tavares y todos los titulares. Hezonja, que se hartó de perder balones, arregló el desenlace junto con Llull.
El segundo triunfo seguido y el favor del Baskonia ganando al Bayern dan esperanza al Madrid en esta recta de meta. De momento, dependiendo de los duelos directos que cierran la jornada el viernes, pueden meterse de nuevo en los puestos play in, a apenas un triunfo del grupeto que val del quinto al octavo puesto. Todo está sobre la mesa.
Hace tiempo el baloncesto se demostró a sí mismo que nada es lo que parece, que no hace falta ser un gigante para dominar la pintura o que los que miran por encima al resto puede también ser la mayor amenaza desde el triple. En ese juego de espejos se mueve Usman Garuba, en el difícil camino de encontrar su sitio de vuelta a Europa. Sigue midiendo poco más de dos metros, pero es en el puesto de cinco donde mejor rinde. De largo. Su hueco en este Madrid que, a falta de tres jornadas (el viernes visita Belgrado para enfrentarse al Estrella Roja), sigue buscando billete para los playoffs de la Euroliga, es un hueco abarrotado. Un problema para Chus Mateo.
Cuando Usman partió rumbo a la NBA en 2021, con apenas 19 años, su intención era no regresar. Una apuesta total por conquistar aquel baloncesto. Por eso no dudó en abonar, a plazos, los tres millones de su cláusula de salida. Se empeñó cada verano, incluso jugando con la selección sin contrato, por cumplir el sueño, pero en agosto pasado acabó desistiendo después de una temporada en el olvido de los Warriors y sin ofertas de enjundia. Volvía a casa, una opción, aparentemente, de éxito seguro.
Pero deshacer el camino no siempre es tan sencillo. Garuba no volvió a la casilla de salida. Tres años después ya no era ese jugador potentísimo y veloz capaz de recorrer botando la cancha tras atrapar un rebote defensivo. El tipo ágil al que Pablo Laso usaba de punta de lanza en su zona defensiva o incluso para agobiar al base rival. En la NBA, el de Azuqueca trabajó su lanzamiento exterior (sin mucho éxito aún) pero a la vez se hizo un pívot, fortísimo, con muchísimos más kilos para dominar la pintura e impactar con los rivales. Garuba ya no era Antetokounmpo, ahora era Draymond Green.
Comprender esa transformación ha llevado un tiempo. Tampoco ayudó la lesión por estrés en la pierna izquierda que sufrió a su vuelta de unos Juegos en los que rindió por debajo de lo esperado, lejísimos de la versión que ofreció apenas unas semanas atrás en el Preolímpico de Valencia. Como aparente sustituto de Yabusele, ha tenido que compartir cancha con alguno de los cincos. Parecía un estorbo. El cinco, el mejor relevo de Tavares, es él.
Garuba, en un partido reciente.ACB Photo
Así lo demostró el domingo en el Martín Carpena, el estallido. Ya venía apuntando mejores maneras después de pasar casi desapercibido por la Copa de Gran Canaria. Cuando Bruno Fernando sufrió un golpe en el muslo, fue su momento. Ante el Unicaja firmó 18 puntos, su tope en ACB, también en valoración (25), pues aportó ocho rebotes, dos robos... Y todo el ímpetu que le caracteriza. Defensivamente es incomparable.
Contra sus desconexiones
La confirmación llegó el martes ante el Armani. "Estoy casi al 100%", se congratulaba en vestuarios, después de una poderosísima primera mitad, clave en el amanecer blanco, defendiendo como nadie a Mirotic. "Cuando da la versión de Málaga o de esta primera parte, me parece un jugador que todo el mundo querría tener en sus filas. Ha dejado a Mirotic en dos puntos; ha sido capaz de defender francamente bien y ha atacado diligentemente cuando le ha tocado", le alabó Mateo, que le había incluido en los jugadores que están "luchando por encontrar su mejor versión".
Sin embargo, su despertar es un paradoja. El hueco para que su rendimiento se dispare está ocupado y su entrenador deberá hacer malabares de aquí a final de temporada. Por ser el relevo de Tavares pujan Serge Ibaka -cada vez más irregular y fuera de tono- y el fichaje de invierno Bruno Fernando.
Contra ellos deberá pelear Garuba y contra sí mismo. Contra sus desconexiones. Un tipo tan pasional al que tantas veces le juega malas pasadas su ímpetu. Encauzarlo es su reto. Ante Mirotic, un jugador tan difícil de parar, acabó perdiendo los nervios para casi arruinarlo todo. En el tercer cuarto, tras cometer una falta sobre el hispano-montenegrino, con el que comparte formación en la cantera blanca, le propinó un empujón. La antideportiva era su falta número cuatro y ya no iba a volver hasta los últimos segundos, en la jugada en la que el propio Mirotic anotó un triple para salvar el basket-average de los italianos. "Todos sabemos que tiene carencias en otros aspectos, pero nos da más de lo que nos quita con su corazón, con su voluntad", puntualizó su propio entrenador.