Oro europeo en los 5.000 metros en 2016, detenido poco después acusado de un delito contra la salud pública, asegura que la Policía Nacional creó un caso en su contra. Pasó cuatro años de sanción trabajando como mozo de almacén y ahora ha vuelto a competir: “¿Qué ganaba yo traficando? Ya era campeón”
Ilias Fifa posa para EL MUNDO en Santa Coloma.David RamírezAraba Press
«Pregunta lo que quieras, yo respondo», avanza Ilias Fifa en conversación con EL MUNDO en Santa Coloma de Gramenet, donde todavía es un ídolo, «el rey», como le llaman unos vecinos. Fuera de aquí, ya es otra cosa. «Soy el patito feo del atletismo esp
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«¿Lo coges tú mismo?», le preguntaba John Newcombe, ganador de cinco Grand Slam, y Jannik Sinner sostenía el trofeo del Open de Australia, lo mostraba a los aficionados para que echaran un vistazo, lo levantaba muy levemente y ya está. A otra cosa. Cuando acabó la ceremonia, tuvo que ir alguien de la organización a pedirle que repitiera la celebración y que la exagerara un poco porque los fotógrafos se habían quedado a medias. Nunca hubo un campeón tan discreto.
«Los partidos pueden durar entre tres y cinco horas: ese es el tiempo del día en el que sé que tengo que estar concentrado. Fuera de la pista, en cambio, pasan cosas que nadie conoce», explicaba Sinner, siempre tan enigmático. En la pista y fuera de ella, sus golpes, sus movimientos y sus gestos son indescifrables e invitan a pensar qué se esconde detrás. ¿Qué piensa? Ganador de tres Grand Slam a los 23 años, Sinner ha abierto una era de dominio del tenis sin mostrar al mundo sus secretos.
Su carácter
Y posiblemente ese hermetismo sea uno de sus puntos fuertes. «No puedes leer lo que le pasa por la cabeza y eso te destroza los nervios», analizaba en la previa John McEnroe en conversación con EL MUNDO y en la final de ayer en Melbourne sus palabras se convirtieron en imágenes. Desde el primer set, Alexander Zverev mostraba su frustración ante un rival tan inaccesible y Sinner, en cambio, nada. Incluso en el tie-break del segundo set, el momento más tenso del partido, el número uno mantuvo la misma cara. Al final, 6-3, 7-6(4) y 6-3.
ADRIAN DENNISAFP
En realidad, Zverev, de padre ruso, parecía menos alemán que Sinner, criado en los Alpes en la frontera entre Italia y Austria. Ni una comunicación con su equipo, ni un renuncio ni tan siquiera un grito de celebración. Si hubo algún «¡Come on!» fue de Zverev. Más allá de los temblores en cuartos de final o de los calambres en semifinales, Sinner fue un muro durante todo el torneo.
Su juego
Su tenis también se lo permitió. La velocidad de su derecha le otorga mucha seguridad y en el resto de juego tampoco se observa un punto débil. Su revés, especialmente el cruzado, es difícil de responder. Sin ser quien saca más rápido, es letal al servicio: ayer no concedió bolas de break y sólo perdió nueve puntos con los primeros. Y si antes sufría en la red con la volea, ahora ya no lo hace. Si acaso le falta un punto de creatividad, como se observa en otras superficies, especialmente en tierra batida, pero en pista rápida no le hace falta.
«Te lo mereces, Jannik. Eres demasiado bueno. Es así de simple. Nadie se merece más este trofeo. Creo que estoy haciendo un buen trabajo, pero no soy lo suficientemente bueno», reconocía Zverev después de la final como habían hecho los adversarios anteriores, especialmente un Álex De Miñaur hundido en cuartos.
Su equipo
Ante el australiano, de hecho, sí se vio la necesidad que Sinner tiene de estar en contacto con su equipo, apoyado cuando hay dudas. Cuando el calor casi le noquea, la ayuda de los suyos le salvó. El italiano lleva con Simone Vagnozzi desde los 14 años, pero la llegada hace dos temporadas de Darren Cahill fue clave. Ex técnico de Andre Agassi, Lleyton Hewitt y Simona Halep, le ha dado confianza y ha aportado variedad en su juego.
Vincent ThianAP
«Ha madurado muy rápido. Los tenistas viven una vida fantástica, pero necesitan una mente muy trabajada para aguantar la presión», alababa Cahill hace unos días a quien además ha tenido suerte con los cambios. Después de su positivo en un control antidopaje, Sinner despidió a su preparador físico y su fisioterapeuta, Umberto Ferrara y Giacomo Naldi, y los recién llegados a sus puestos, Marco Panichi y Ulises Badio, que anteriormente habían trabajado con Novak Djokovic, han encajado.
El sistema
En su futuro, de hecho, sólo queda la duda sobre ese positivo A mediados del próximo mes de abril, el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) resolverá la apelación en la cual la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) reclama entre uno y dos años de sanción. La ATP aceptó los argumentos Sinner -su antiguo fisio, Naldi, había utilizado una pomada prohibida- y lo exculpó, pero la AMA no fue tan crédula. «No estoy pensando en eso ahora, intento disfrutar del momento», revelaba ayer Sinner.
Un castigo rompería su racha y su dominio actual del circuito, pero su caso revela igualmente su poder en el tenis. Como primer número uno italiano ahora mismo lo tiene todo a su favor. Si años atrás el poder era anglosajón, ahora es transalpino con Andrea Gaudenzi como presidente de la ATP y Massimo Calvelli como director ejecutivo.
El Gobierno de Nepal ha elevado este año la tarifa para subir al Everest la próxima primavera: de 11.000 a 15.000 dólares. Las agencias de viajes ya preparan expediciones que, con ese permiso incluido, costarán como mínimo unos 70.000 dólares. La demanda, sin embargo, será igualmente altísima. Si el año pasado se marcó un nuevo récord con 517 permisos para turistas, no hay duda de que la próxima temporada se superará esa cifra.
El problema para el país es que la montaña más alta del mundo no da más de sí. Puede seguir aumentando los precios y otorgar unos cuantos permisos más, pero el colapso está muy cerca. Para una de las economías más pobres y menos desarrolladas del planeta, los ingresos que se generan en el Everest son esenciales, y su estancamiento, un problema. Por eso, este año Nepal ha expandido su táctica.
Mientras continúa explotando el techo del mundo a precio de oro, ofrece a los extranjeros la mayoría del resto de sus montañas -que son muchas- totalmente gratis. Si un montañero quiere ascender alguno de los 97 picos situados en las regiones más occidentales del país (77 en la provincia de Karnali y 20 en Sudurpaschim), podrá hacerlo a partir de ahora sin coste alguno. Antes tenía que pagar entre 2.000 y 5.000 dólares; ahora ni eso. En la lista figuran el trío formado por el Api, el Nampa y el Saipal -tres cumbres de más de 7.000 metros que forman una extraordinaria cresta- y muchos otros parajes, aunque de momento el interés es limitado.
La solución, otro mundo
Las autoridades locales aseguran que no ha habido un aumento significativo de las solicitudes, que en los últimos tiempos rondaban las 30 o 40 anuales por el conjunto de los 97 picos. Karnali y Sudurpaschim son regiones enormes que, entre ambas, suman unos cuatro millones de habitantes, pero sin turismo, más de la mitad de su población vive por debajo del Índice de Pobreza Multidimensional (IPM), y solo un 3 % tiene acceso a agua potable. Entre las dos presentan los peores indicadores de todo Nepal.
¿La solución? Seguramente no haya solución. Al menos, hasta que el mundo cambie.
«Solemos concebir las montañas como espacios libres, sin conflicto, de una pureza poética, pero en las montañas siempre se ha impuesto la ideología dominante del mundo. El inicio del alpinismo estuvo ligado a la Revolución Francesa; las primeras expediciones al Everest, al imperialismo británico; y ahora el montañismo es mayoritariamente neoliberal. No hay amor por la montaña. El Everest es lo que tiene valor para quien quiere la foto, y eso es lo que busca la mayoría de la gente», explica Pablo Batalla, montañero y autor de La bandera en la cumbre (Capitán Swing, 2025), un libro en el que reflexiona sobre la política en la historia del alpinismo.
Alrededor de la montaña más alta del mundo ha habido iniciativas de todo tipo, incluso un alpinismo con unos valores contrarios a lo que sucede hoy en día, pero un futuro distinto parece aún lejano: «Hay indicios de que el modelo actual está en decadencia y de que puede crecer un alpinismo ecologista, de proximidad, de kilómetro cero, de renuncia incluso, que valore las montañas cercanas. Pero, de momento, predomina otro orden».