Oro europeo en los 5.000 metros en 2016, detenido poco después acusado de un delito contra la salud pública, asegura que la Policía Nacional creó un caso en su contra. Pasó cuatro años de sanción trabajando como mozo de almacén y ahora ha vuelto a competir: “¿Qué ganaba yo traficando? Ya era campeón”
Ilias Fifa posa para EL MUNDO en Santa Coloma.David RamírezAraba Press
«Pregunta lo que quieras, yo respondo», avanza Ilias Fifa en conversación con EL MUNDO en Santa Coloma de Gramenet, donde todavía es un ídolo, «el rey», como le llaman unos vecinos. Fuera de aquí, ya es otra cosa. «Soy el patito feo del atletismo esp
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«Comencé a escalar a los 15 años. Nací en Barcelona, en el barrio de Gracia, y allí conocí a unos chicos que escalaban, que iban todos los fines de semana a Montserrat, que encontraban así la libertad que tanto se anhelaba en esa época. Me gustó mucho y fui conociendo a más gente, viajando más...», relata Meri Puig (Barcelona, 1962) como inicio de una de esas biografías perdidas en el deporte español.
Fue la primera española que pisó el Everest o la jefa de la primera expedición femenina europea en el Himalaya, pero sus logros han quedado sepultados por las gestas posteriores de alpinistas como Araceli Segarra o Edurne Pasaban. Nunca alcanzó la cima de la montaña más alta, no conquistó ningún ochomil, pero en los años 80 Puig fue la primera mujer en completar varias vías en los Pirineos, los Alpes o los Picos de Europa, como la Rabadá Navarro del Picu Urriellu con Anna Masip o la arista sur del Aiguille Noire de Peuterey con Mònica Verge.
¿Sintió que le faltaba reconocimiento en su momento?
No, porque en aquella época tampoco le daba importancia. No iba a una vía para ser la primera mujer, ni pensaba en ello, iba porque me gustaba. Estoy muy contenta de haber llegado donde llegué, aunque me quedé con la espinita de no poder subir al Everest.
Aquel ascenso al Everest fue un chasco, pero antes hubo muchos éxitos. En 1984, por ejemplo, se juntó con otras amigas que escalaban, como la propia Verge o Mari Carmen Magdalena, y formaron el primer grupo de mujeres europeas -y segundas en el mundo- que atacaba una montaña en el Nepal. Fue el Kangtega, de 6782 metros.
La primera expedición europea femenina
«Estábamos en el vestuario del gimnasio y dijimos: '¿Por qué no?'. Buscábamos una aventura, piensa que yo tenía 22 años. Conocíamos a Lluis Belvis, cónsul del Nepal en Barcelona, y nos propuso el Kangtega como objetivo. Era una montaña muy poco conocida y con pocas ascensiones desde que subiera un grupo liderado por Edmund Hillary en 1963. Se suponía que era asequible, pero luego fue más complicado de lo que parecía», recuerda Puig que en el primer tramo, un glaciar, se encontró junto a sus compañeras unas enormes grietas y tuvieron que abrir una variante. Alcanzaron la cima, todo un hito en su momento, que mantuvo en vilo a miles de lectores... en la revista Lecturas.
¿Por qué publicaron sus crónicas en Lecturas, una revista del corazón?
Nos financiaron el viaje junto a Freixenet y Perlas Majorica. No fue nada fácil encontrar el dinero para viajar, lo tuvimos difícil por ser mujeres. La mayoría de empresas interesados en el montañismo no confiaban en nosotras y nos cerraban las puertas. Lecturas nos ayudó y a cambio montamos todo un sistema para enviar las crónicas. No había radios ni teléfonos así que hacíamos fotos y escribíamos textos y un guía sherpa bajaba de la montaña a Lukla, cogía la avioneta a Katmandú y desde allí enviaba todo a la revista.
Un documental llamado Obrint camí. Kangtega 84 de Miquel Pérez recuerda ahora ese grupo y su éxito fugaz. Porque después del Kangtega no se volvió a reunir. Accidentes como el que sufrió en 1985 Verge en los Pirineos, en la Torre de Marboré, fueron obstáculos y finalmente cada alpinista hizo su propio camino. En 1988 a Puig le llegó una llamada especial: el Everest.
«Nos invitaron a mí y a Coco [Mari Carmen Magdalena], pero ella se quedó embarazada», rememora Puig que formó parte del equipo Everest'88 Epson. Junto a ella estaban Nil Bohigas, Lluis Giner y Jerónimo López, que hollaron la cima y colocaron allí la primera bandera española -las dos expediciones anteriores no lo habían hecho-, pero Puig se quedó abajo, viviéndolo desde la distancia.
¿Qué ocurrió?
Sufrí una parálisis facial por la altitud. En la misma expedición ya había habido un compañero que había padecido un edema cerebral y conmigo el médico se curó en salud: no me dejó subir. No íbamos por la vía normal, íbamos por la arista oeste y llegué a los 7.500 metros, al último tramo de la vía de los yugoslavos. Pero di media vuelta.
JAUME ALTADILL
Al año siguiente su compañera, Mònica Verge, se convirtió en el Cho Oyu en la primera española en lo más alto de un ochomil, pero Puig ya no volvió a intentarlo. Hija de unos tenderos del barcelonés mercado de la Abaceria Central, secretaria de formación, reorientó su vida hacia la psicología y se fue a vivir a los Pirineos, a la Seu d'Urgell. Ahora desde allí, a sus 62 años, ayuda a deportistas como los piragüistas que entrenan en el Parque Olímpico del Segre.
«Volví dos veces al Himalaya a hacer trekkings y ahora hace tiempo que no escalo, llevo un grupo de marcha nórdica. Ahora veo a muchas más mujeres en la montaña, pero no me atrevo a decir que lo tienen más fácil que yo. Todo evoluciona y la evolución está bien. Quizá hay más oportunidades, pero también más exigencia», finaliza Puig, parte de la historia del alpinismo español.
Entrevista
JAVIER SÁNCHEZ
@javisanchez
Actualizado Jueves,
19
octubre
2023
-
02:14"Aún me quedan cosas por hacer, puedo animar a más gente a correr",...
"Que el caso se cierre significa que soy inocente. La Justicia alemana no cerraría un caso si fuera culpable. No sé qué traducción del comunicado tenéis, pero eso es lo que significa. Ya está, pasemos página. No quiero volver a escuchar ninguna pregunta sobre esto nunca más. Y eso va para todo el mundo", amenazaba Alexander Zverev en sala de prensa este viernes después de un doble logro: clasificarse para la final de Roland Garros en la que se enfrentará a Carlos Alcaraz este domingo (14.30 horas, Eurosport) y cerrar el caso de violencia doméstica que pendía sobre él.
El Tribunal Penal de Berlín anunció un acuerdo entre Zverev y su ex pareja, Brenda Patea, por el cual el tenista pagará 200.000 euros de multa -que irán mayoritariamente a las arcas públicas- y no habrá juicio. De alguna manera, el pacto otorgaba la razón al ahora finalista de Roland Garros porque meses atrás un Juzgado de Primera Instancia le había impuesto un castigo superior, 450.000 euros, y él había apelado. Pero en ningún caso la Justicia alemana reconoció su inocencia.
Los hechos siguen sin esclarecerse, más cuando Patea denunció penalmente un episodio concreto -supuestamente Zverev la intentó asfixiar en Berlín en mayo de 2020-, pero públicamente habló de muchos sucesos a lo largo de sus cuatro años de relación. "Es un hombre celoso, revisaba constantemente mi teléfono y a veces un simple 'me gusta' de alguien a una foto mía era suficiente para enfurecerlo. Su ira se convirtió en violencia física varias veces", confesaba ella al periódico Süddeutsche Zeitung, en cuyas páginas se recordaba que una pareja anterior, Olga Sharypova, ya le imputó unos hechos similares.
En plena madurez tenística
En todo caso, con el pacto y su advertencia en rueda de prensa, Zverev seguramente logrará este domingo apartarse de la polémica si vence en la Philippe Chatrier. Hasta ahora, cada día era preguntado por los detalles de su juicio. Hasta ahora, una amenaza se mantenía latente: el alemán podía alcanzar el momento cumbre de su carrera, su primer Grand Slam, y pocos días después ser declarado culpable. La situación le preocupaba a él, evidentemente, pero también a su principal patrocinador, Adidas, a la ATP y a la propia organización de Roland Garros.
Sea cual sea la verdad de lo ocurrido, ya no habrá escándalo. Zverev podrá centrarse en su duelo ante Alcaraz y en sus clásicas armas, el servicio y ese revés demoledor. Como ya hizo en el Masters 1000 de Roma, durante todo el torneo parisino el alemán ha mostrado una gran evolución más en lo mental que en lo tenístico. A sus 27 años, en otras ediciones no habría solucionado momentos peliagudos como los que vivió en tercera ronda ante el holandés Tallon Griekspoor o en octavos ante Holger Rune. De hecho, el más joven Zverev no hubiera aguantado la presión de debutar en una Philippe Chatrier llena ante una leyenda como Rafa Nadal.
Aquel encuentro le pasó factura, pero después fue creciendo en la competición. Su dominio ante dos 'terrícolas' como Alex De Miñaur yCasper Ruud demuestran que puede poner en apuros a Alcaraz, aunque el español es favorito. Los dos están ante su primera final en el Grand Slam galo, pero Alcaraz ya sabe qué es ganar dos 'grandes' y Zverev sólo ha tenido una posibilidad de conseguirlo. Fue en la final del US Open de 2020 y cayó con estrépito ante Dominic Thiem: dominó los dos primeros sets y luego se dejó remontar. Ahora ha crecido personalmente, ha afinado su juego y, después del pacto de este viernes, se ha liberado de sus problemas judiciales.