José CarrascosaPsicólogo especializado en deportes y director de ‘Saber Competir’
Psicólogo especializado en deportes y director de ‘Saber Competir’
La explicación y el éxito de La Roja en esta Eurocopa, a un solo paso del título, no está sólo en la calidad técnica, la inteligencia táctica, la ambición y la competitividad de los jugadores, sino también en otras armas que ayudan a marcar la diferencia. Esas armas no van asociadas al talento, sino que se trabajan y se construyen internamente por parte del seleccionador, Luis de la Fuente, y su cuerpo técnico. La selección española es un equipo
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Se presentó en Austin a 55 puntos del liderato y pone rumbo a México a sólo 40, con la mirada inyectada en sangre, cada vez más convencido de que puede obrar el milagro. Max Verstappen venció con autoridad en Austin por delante de Lando Norris y Charles Leclerc, reducidos a comparsas, enfrascados en su particular duelo, definido más por sus carencias que por sus virtudes. No hubo modo de acercarse al tetracampeón, que enlaza tres victorias en las cuatro últimas carreras para pánico de Oscar Piastri. El líder del Mundial, quinto en la meta, se limitó a pasar desapercibido y a sacar la calculadora hasta cruzar quinto la meta.
Siempre lo hace parecer sencillo, pero baste recordar la suerte que corrieron los tres anteriores polesitters en el Circuito de las Américas, donde Norris acabó cuarto el año pasado, Leclerc fue descalificado en 2023 y Sainz tuvo que abandonar en 2022. Ajeno a estas contingencias, Verstappen lideró de punta a punta, con vuelta rápida abrochó ayer su séptimo grand chelem, superando ya a Lewis Hamilton y a sólo uno del récord de Jim Clark.
En el momento en que retiraron las mantas del Ferrari, dejando al aire los neumáticos de Leclerc, el panorama se despejó aún más para Mad Max. La única prioridad del holandés era doblar la primera curva en cabeza, un logro en apariencia sencillo, pero que ningún autor de la pole había llevado a término desde 2019. A partir de ese momento, sólo debía apretar a fondo para cimentar su ventaja. A partir de ahí, calcar la estrategia de Norris en boxes.
Abandono de Sainz
Verstappen cumplió con creces su cometido, favorecido además por la elección de Leclerc, ganador el año pasado en esta pista. Con los blandos, el monegasco había prendido de inicio sus fuegos artificiales, superando incluso a Norris, obstaculizando de este modo cualquier intento del británico. De sobra sabía Max que no podían permitirse ciertas licencias en McLaren, con Piastri atascado en la quinta plaza, por delante de George Russell.
Durante el primer tercio de carrera, las únicas noticias de McLaren llegaron a través de las advertencias de los comisarios por los track limits. Hasta que en la vuelta 20 enseñaron una bandera blanca y negra a Norris. Si volvía a rebasar alguna línea blanca con las cuatro ruedas sería penalizado con cinco segundos. Por entonces, Lando parecía desesperado a la estela de Leclerc, a quien sólo pudo superar traccionando en la curva 11. Sin gomas, Leclerc suponía otra presa fácil para Lewis Hamilton. Sin embargo, en lugar de cederle paso, los Ferrari se jugaron el pellejo en una absurda pugna, previa al paso por boxes de Charles.
La inercia positiva, reforzada con su podio del sábado en la sprint race, le duró apenas seis vueltas a Sainz. Las prisas fueron malas consejeras para el madrileño, que obsequió al respetable con una fantástica maniobra ante Oliver Bearman en la curva 12, pero que no anduvo tan fino frente a Andrea Kimi Antonelli. Se empeñó Carlos en meter el morro en el interior de la curva 19 y se topó con el Mercedes. Con tan mal fario que el impacto le forzó a la retirada, mientras el italiano marcaba la vuelta rápida rodando penúltimo, sólo tras Alex Albon, que también había chocado con Gabriel Bortoleto.
Sainz, frente a Antonelli, el domingo en Austin.AFP
Mientras tanto, Alonso controlaba los bostezos en la décima plaza, a mitad de camino entre Nico Hulkenberg y Liam Lawson. No daba para más el AMR-25, el octavo coche de la parrilla, así que ese punto debería incluso considerarse como bueno en Aston Martin.
En la vuelta 32, Norris se pasó de frenada en el pit-stop, bloqueando a su llegada al cajetín. Las operaciones de los mecánicos se alargaron 3,8 segundos, un retraso que le obligaba a ceder otra vez la segunda plaza a Leclerc. Por descontado, Verstappen pidió de inmediato su turno y los mecánicos de Red Bull cumplieron con solvencia (2,6 segundos). A partir de ese momento su única preocupación sería redondear el grand chelem, completado gracias al pit-stop de Russell, que le permitía liderar las 56 vueltas.
Norris, por el contrario, debía remar contra corriente, sin abusar en las trazadas, alejándose lo más posible de los bordillos. "No tengo agarre cuando me acerco", lamentaba, en referencia al mal endémico del MCL-39 con aire sucio. Se percibía su desesperación a través de la radio, pero él aguardó su momento. A cinco giros del final, Lando reconquistó la segunda plaza con una bonita maniobra en la curva 12. Muchos metros por detrás, Piastri jamás inquietó a Hamilton. Más que satisfecho con mantenerse lejos del alcance de Russell, el australiano pensó que ese quinto puesto podría valer también un título.
Para sobrevivir a una temporada en que no hay más en juego que la honra, el Barça necesitaba cabeza. Mucha cabeza. Por tres veces se lo recordó al Valencia para mandarlo a la lona a fuerza de saques de esquina, rehaciéndose ante su propio esperpento con el testarazo de Fermín y el hat trick a balón parado de Lewandowski. [Narración y estadísticas (4-2)]
Querían los culés celebrar la continuidad de Xavi en una noche desapacible que lo que deparó fue una retahíla de errores que se iban alternado de área a área. El Valencia buscaba resistir fiándolo todo a encontrar las grietas a la espalda de la defensa culé, cuando pudiera y a trompicones. Fue así como Peter Federico hurgó en la orilla por donde Cubarsí cubre los despistes de Cancelo y se plantó ante Ter Stegen con la fortuna para los azulgranas de que no supo qué hacer.
Mucho más claro lo tuvo Fermín, que voló para rematar de cabeza un preciso centro de Raphinha. Al Barça le había costado 22 minutos descifrar los planes de Baraja y ahora sólo tenía que manejarlos. En lugar de eso, se descosió por donde menos se esperaba.
Si hay un jugador de rendimiento seguro en el Barça es Ter Stegen, pero sus 12 porterías a cero no evitaron que hiciera un mal despeje con los pies fuera del área que acabó convertido en una asistencia a Hugo Duro para que, mansamente, enviara la pelota al fondo de la red. El partido empezaba de nuevo pero, antes de caer en la cuenta, llegó otro mazazo. Esta vez fue Araujo quien arrolló a Peter Federico y provocó un penalti que Pepelu no falló. En diez minutos y por errores no forzados, el Valencia parecía haberse metido el partido en el bolsillo.
avi corregía el agujero en su banda izquierda enviado a Koundé a taponar mientras pedía una intensidad que fue apareciendo. Probó Cancelo con un derechazo al palo corto que salvó Mamardashvili. Los síntomas indicaban que al Valencia le podía costar sostenerse en el añadido, como así fue. Asediado por saques de esquina, uno de ellos rematado por Araujo al palo, cuando se desató llegó el error del Mamardashvili.
Se apoyó en él Yarek para dormir el duelo esperando el final de la primera pero cuando al georgiano, presionado por Lamine Yamal, se le escapó. Su reacción, fuera del área, fue tapar con el cuerpo... y la mano. Tuvo que revisar el VAR, pero el meta sabía que su partido había acabado. Al Valencia, encomendado a Jaume Domenech, le tocaba sufrir.
Polémica y asedio
Lo confirmó cuando, tras el descanso, volvió el asedio. No vio De Burgos penalti en un choque de Iñigo Martínez con Peter Federico y Lewandowski hizo el empate a dos, otra vez aprovechando una jugada a balón parado desde la esquina con una polémica posición en fuera de juego y de influencia de Fermín.
Se había protegido Xavi apuntalando la defensa vasco y la medular con Sergi Roberto. Era necesario mientras Raphinha, Fermín y la estrategia está enganchando al Barça en cada partido. El Valencia, apenas tiene armas para sobreponerse al más mínimo contratiempo.
Corre, pelea, trata de forzar errores, algo que con inferioridad es una tarea titánica, imposible hasta para el incombustible Hugo Duro, con el único auxilio de puertorriqueño cedido por el Real Madrid. Aún así, intentó que el Barça no corriera y no lo hizo. Pero había que resistir ante la lluvia de saques se esquina.
Salvó Jaume el remate de Araujo, Yarek el disparo de Gündogan pero tuvo que aparecer Pedri a la carrera para rebañar el balón a Diego López cuando encaraba a Ter Stegen. Pero el Valencia no tenía opción. Apareció Lewandowski con otro testarazo y un último gol de falta que los condenó.
Aún no ha cumplido los 40 años y Nicolás Almagro, que llegó a estar entre los 10 primeros del ranking ATP, ya recuerda su vida de tenista como algo lejano. Su rodilla izquierda, siempre delicada, le obligó a retirarse en 2019 y le hizo estar «un tiempo» sin ver ni un solo partido. «Pero luego volvió el gusanillo y...», cuenta en conversación con EL MUNDO y lo que sigue es su conversión en comentarista, ya fijo en Eurosport y Max, que retransmitirá al completo el Open de Australia que empezó este domingo. «Me gusta mucho comentar, es divertido. Cuando jugaba ya pensaba que podía ser mi futuro porque siempre he comunicado de manera muy directa», asegura.
¿Fueron difíciles los meses posteriores a la retirada?
No mucho. Necesité una desintoxicación para alejarme un poquito, pero mi cuerpo ya pedía auxilio. Podría haber intentado seguir, pero tenía que volverme a operar de rodilla, la rehabilitación iba a ser complicada, y quería dejarlo en la pista. Me ayudó que acababa de ser padre, quizá por eso no fue traumático.
En su último torneo, el Open de Murcia de 2019, ganó un partido un niño llamado Carlos Alcaraz, que apenas tenía 15 años.
A esa edad ya se veía que marcaría una época. Fue una sorpresa que creciera tan rápido, pero ya se le veía un talento increíble. Su entrenador de entonces, Kiko [Navarro] fue compañero mío de generación, un buen amigo, y siempre me decía que había un chaval que hacía cosas distintas. También le ayudaba que se pasaba muchas horas en el club, jugando con la raqueta, desarrollando esa creatividad suya. De niño Carlitos ya tenía esa aura, esa estrella.
¿Es favorito en Australia?
Su primera semana será clave por los cambios que ha hecho en pretemporada, pero si consigue pasarla con buenas sensaciones, será muy difícil ganarle. Por su juego y su físico, hay que estar muy fino para ganarle a en cinco sets. Sólo veo a dos tenistas capaces de hacerlo.
¿Sinner y Zverev?
No, Sinner y Djokovic. A Zverev no lo pongo a ese nivel porque todavía no ha ganado un Grand Slam. Está un escalón por debajo. Sinner es el vigente campeón y Djokovic volverá a estar ahí. El año pasado se quedó vacío después del oro en los Juegos Olímpicos, pero ahora estoy seguro que tiene un objetivo. Aunque no sé cuál puede ser. Quizá sumar otro Grand Slam o llegar a los 100 torneos ATP ganados.
¿Ha cambiado el tenis?
Cada vez es más físico y menos técnico. En mi tiempo ya había grandes sacadores, Isner o Karlovic, pero en general no llegábamos a las velocidades actuales. Ahora parece que todo importa menos. Pienso en Giovanni Mpetschi-Perricard, que mete los segundos saques a 215 km/h.
¿Le convenció el adiós de Rafa Nadal?
Me esperaba más del acto, pero se retiró haciendo lo que quería, que era competir. Salió a dar el 100% y no pudo sacar el partido adelante. Fue el mejor deportista español de la historia, un tenista que cambió el juego, el mejor en tierra batida que jamás veremos. Que se retirara de la manera en la que se retiró, pues, bueno, qué le vamos a hacer.
Al final no ganará Roland Garros hasta los 65 años.
(Risas) Pero estuvo cerca. Aquello lo solté en un momento de agobio en París y quedó grabado, pero lo podía haber dicho cualquiera. En Roland Garros, Rafa te desesperaba, no sabías qué hacer para ganar un par de juegos. No volveremos a ver a un tenista ganar 14 veces allí.
En el Godó de 2014 le derrotó en cuartos y él se marchó cabreado.
Quizá por mi carácter, más volcánico, a veces hacía cosas que podían molestarle un poco, pero no pasaban de ahí. Teníamos y tenemos una relación muy sana. Éramos compañeros en la Copa Davis y compartimos aficiones, el Real Madrid o el golf.
En el Open de Australia llegó una vez a cuartos, en 2013, y allí se topó con David Ferrer. Menuda generación española le tocó.
La verdad es que sí. Contra David tuve muchas oportunidades para ganar y sólo lo conseguí una vez. Recuerdo aquel partido en Melbourne, estuve dos sets arriba y saqué tres veces para meterme en semis, pero no pudo ser. David era mucho más sólido y siempre le daba la vuelta a los partidos.